Organizada por La CGT-LKN de Bizkaia y la Asociación cultural “Germinal, El Jueves, día 6 de Mayo, a las 7 de la tarde, en la Bolsa de Bilbao, va a tener lugar una Charla-Debate de Cesar M. Lorenzo (Exiliado y residente en Francia), historiador y autor del libro “Los anarquistas españoles y el poder” (Ruedo Ibérico). Hijo del que fuera Secretario General de la CNT, Horacio Martínez Prieto, durante un periodo de la República y la Guerra Civil, nacido en Bilbao.
Frank MINTZ :César
Lorenzo es un hito en la reflexión y la síntesis histórica, porque refleja y aporta datos excepcionales de un sector fundamental en los años 30, por haber sido Horacio Prieto secretario nacional de la CNT y con una fuerte dosis de sensatez y de crítica, y por haber hablado mucho en confianza los amigos del padre al hijo historiador. Se nota sobre todo en la evocación de la creación de la FAI y durante el proceso de la guerra civil ( como la anécdota del congreso de Zaragoza de la crítica de Cipriano Mera -que alcanzó luego un grado equivalente a general-) a Ascaso y García Oliver sobre la creación de milicias confederales : ¿de qué color queréis el fajín de general ?.
Las últimas páginas del libro sobre la originalidad de la experiencia socialista libertaria de 1936-1939 frente a la autogestión yugoslava, el guevarismo o la revolución maoísta, son muy atinadas, así como la necesidad ineludible de discutir la participación gubernamental, para no cosechar amargos frutos en el porvenir.

¿Cómo se articula la acción revolucionaria cuando el horizonte colectivo se vuelve tan incierto que hasta la utopía —ese faro que siempre criticaron— parece un lujo que solo los idealistas pueden permitirse? Si el Estado, el capital y las élites han demostrado una y otra vez su capacidad para cooptar incluso las formas más radicales de autogestión (como señala el texto sobre 1936-1939), ¿no es acaso la práctica —no la teoría— el único terreno donde el anarquismo puede ganar? Pero entonces: ¿qué queda de la coherencia cuando hay que negociar con sindicatos burocráticos, con partidos «revolucionarios» o incluso con gobiernos «progresistas» para sobrevivir en el día a día? ¿Es la táctica una traición, un mal necesario, o simplemente el precio de no ser borrados de la historia? Y si el anarquismo es, como dicen, el arte de hacer sin gobernantes, ¿dónde queda ese arte cuando el enemigo no es solo un hombre con un uniforme, sino un sistema que se reproduce en cada reunión, cada asamblea y hasta en cada libro que se escribe sobre cómo «hacerlo mejor la próxima vez»?