Zapatismo y luchas comunitarias

Zibechi
  • ZAPATISMO Y LUCHAS COMUNITARIAS

    Podemos vivir de otra manera, no subordinados al capital, sino de una manera que decidamos entre todos nosotros, porque no hay una manera buena de vivir, cada colectivo o cada sector decide cómo quiere. Y tiene que ver con ponerle un límite a esa colonización de la vida cotidiana que es el capitalismo y que se reduce a trabajar, consumir y tener algunos ratos de ocio. Dentro del ocio capitalista, claro, de la mercantilización del tiempo libre. El zapatismo es la apertura a que otra vida es posible, otra realidad y que está en nosotros organizarnos. No para un futuro en que llegue la revolución, no. Es ahora mismo cuando podemos empezar a tener formas de vida aparte de lo que el capital quiere. No es fácil, pero es posible. Hoy podemos empezar a hacer al go distinto, para vivir de la manera que queremos vivir.

    El zapatismo sigue existiendo, pero además hay decenas de pueblos en América Latina que están en un proceso de autonomía similar. En México, en Cherán, también en lugares de Guatemala, en Chile con los mapuches, decenas de pueblos amazónicos, también en lugares de Peru y Brasil. Creo que se puede criticar a los que somos autonomistas, pero estamos ahí. Me gusta decir “somos minoría, pero ya no somos marginales”.

    Ahora el progresismo es cada vez más débil y más frágil.

    Creo que procesos populares muy vinculados al progresismo sufren sus oleajes porque no tienen real autonomía. Creo que no hay que confrontar radicalmente con los progresismos, no hay que enfrentarse, incluso cuando hay gente que, directamente, te dan ganas de pegar, pero tampoco subordinarse a ellos. Hay que ser inteligentes, aprovechar las circunstancias sabiendo que no son parte de lo nuestro.

    Es muy interesante todo lo que podemos aprender del movimiento feminista y de los pueblos en América Latina. Que tampoco son todos los feminismos ni todos los pueblos. Toda esa realidad de feminismos realmente emancipatorios nos abre la cabeza y las puertas para actuar de otra manera. Para no seguir con la misma lógica de siempre.

    Es importante situar quiénes somos. El sistema quiere fragmentar el campo popular. Tenemos que apostar para que las identidades no se conviertan en prisiones. Si nos separamos no vamos a ningún lado y hacemos el juego al capitalismo. No hay una posición única sobre las identidades, en última instancia dialogar y juntarnos gentes diferentes con trayectorias distintas nos hace fuertes. Esa idea zapatista de crear un mundo nuevo donde quepan muchos mundos es bien importante.

    Gaza tiene la característica de ser el emergente más claro de las clases dominantes contra todos los pueblos, con los indígenas, con las mujeres, con los migrantes, con los diferentes. Viene a decir algo así como “podemos vivir sin ustedes”. El capitalismo siempre necesitó a los obreros. Pero hoy en día los burgueses tienen la idea, acertada por otra parte para ellos, de que pueden vivir sin nosotros. No necesitan ya la explotación de los obreros, el trabajo lo pueden hacer las máquinas y los robots. Ellos con apropiarse de los bienes comunes ya están montando el negocio. Gaza nos muestra eso. Un mundo sin palestinos, un mundo sin obreros, un mundo sin pobres. Para el capital, los seres humanos son prescindibles y esa es la perversión del sistema hoy. No es solo un problema con los palestinos, y el proyecto viene de lejos. Es el colonialismo, que son también cinco siglos en América Latina. Hoy el rasgo fundamental del capitalismo es el colonialismo. La última Estrategia Nacional de Defensa de Estados Unidos ya no apunta contra China. Se han dado cuenta de que con ellos no van a poder, así que apunta a blindar el hemisferio occidental, las Amércas, Europa e Israel. Con eso saben que sobreviven como clase dominante, tienen muy claro su proyecto y están dispuestos a lo que sea para mantener su poder.

    Las mujeres y los pueblos nos enseñan que otro mundo es posible. Si aliamos todas estas iniciativas autónomas, con pequeñas dosis de autogobierno, y las ponemos en contacto, estaremos en otro lugar. Seríamos ya una masa crítica, no mayoría, pero tampoco marginales como ahora. Y en esto son imprescindibles dos patas: la visión del pasado para recuperar lo mejor de lo ocurrido y la visión de estrategia a futuro. Esto último es lo que más falta hoy, ver como avanzar colectivamente y con nuestras diferencias en este proceso emancipatorio. El trabajo memorialista es importante en varias capas, una en el terreno de poner a disposición de la gente abiertamente elementos que no se sabe que existían o que son fundamentales para comprender dónde estamos. La memoria transforma a uno mismo, en el sentido de que te completa cosas que no sabías o que las tenías ahí pero no podías conectarlas con otras. Desde muchos puntos de vista, la memoria es fundamental, porque si no la buscamos, no sabemos dónde estamos ni quiénes somos. La clase obrera tuvo una cosmovisión, una mirada del mundo completamente opuesta a la de la burguesía. La clase obrera vivía en otros barrios, se vestía de otra manera, socializaban en tabernas o iglesias incluso, pero de otro tipo. Era un mundo distinto. Pero hoy, aunque esa clase obrera manual ya no exista materialmente, si el mundo y la cosmovisión; la manera de esa clase es importante no perderla, mantenerla como referencia, porque si no lo hacemos estamos completamente perdidos. El mundo material puede cambiar, pero el espiritual tiene otras lógicas que sí es importante recordar y los archivos y la memoria ayudan.

    Resumen Entrevista a Raúl zibechi

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