Descenso a los infiernos de Ecuador

DESCENSO A LOS INFIERNOS DE ECUADOR

La atmósfera política y social que se vive en Ecuador, en términos generales, se transformó muy vertiginosamente, abrupta y desconcertantemente hasta llegar al estado de shock actual. Un proceso orgánico ni paulatino. En el contexto de las prisiones, empieza a construirse una violencia organizada con capacidad de administración de poblaciones, ya no es una violencia propia de los grupos delictivos de fases anteriores. Que si que daban golpes importantes y que si que tenían armas, pero no tenían tan enorme capacidad de acción actual acompañada por el Estado. Por eso ponemos el énfasis para comprender la formación del clima político y social en las prisiones. En 2019 empezamos a ver escenas violentas en las prisiones. Un líder importante del crimen organizado fue decapitado, empiezan a verse cosas que rozan lo inhumano. Sin embargo, ersistía la idea de Ecuador como “isla de paz”, comparada con Colombia o Perú. Hacia 2018, después de los tratados de paz en Colombia, empezamos a experimentar escenas y situaciones que daban cuenta de que el clima estaba cambiando. En esa época, grupos irregulares y facciones de las FARC que quedaron en armas empezaron a tener intervenciones en la zona norted el país, especialmente en Esmeraldas, donde se estaban desplegando “paragobiernos”. Esto llegó al país cuando en 2018 fueron asesinados tres periodistas de un importante diario, “El comercio”, por una facción disidente de las FARC. Ya se daban situaciones de violencia armada, pero se consideraron violencias coyunturales. Esto empieza a convertirse de manera abrupta en un fenómeno muy impactante con las masacres carcelarias que además son pospandemia. La pandemia ha tenido impactos que no comprendemos. Durante la pandemia la población se dedicó paradójicamente a sostener la vida, y nuestros antagonistas estaban al mismo tiempo avanzando de manera brutal. Así que en febrero de 2021, justo cuando empezábamos a salir de la pandemia, de manera simultánea en tres prisiones del Ecuador vimos en tiempo real y a través de redes sociales masacres que, cuando sumamos, indicaron la muerte cruenta de alrededor de 500 hombres presos. Se vio a presos pidiendo ayuda y a funcionarios del Estado sin hacer nada. Esas masacres fueron de muy alto impacto, nos dejaron perplejos como país, sin palabras, había desconcierto porque se vieron actos inhumanos. No entendíamos este tipo de asesinato cruento, de regodeo en la súperviolencia. Era muy desconcertante y legitimó transformaciones importantes. Primero el discurso securitario, que ha permitido que este país viva en estado de excepción la mayor parte del tiempo, muy especialmente en las ciudades y provincias racializadas, en los que se concentra la acumulación de capital ilegal en puertos, zonas de frontera , etc Se ha convertido a poblaciones como desecho, pero también se legalizó el libre porte de armas para las clases medias. Se disminuyó el impuesto para la importación de armas a favor de las empresas privadas de seguridad, que empezaron a encontrar un nuevo mercado en las clases medias desesperadas, en los empresarios angustiados… Las clases medias somos el gran mercado de las empresas de seguridad privada, puesto que obviamente no operan en los sectores depauperados y entonces de manera abrupta, entre 2013 y 2021, antes de la llegada de Noboa al poder en este país se institucionaliza el discurso securitario y empezamos a observar que distintos sectores están armados de manera legal. Además, los militares en estado de excepción pueden hacer control de manera interna, una cosa que en tiempos de paz no pueden, porque es la policía la que guarda el control interno.

Una escena que fue un hito fue la aparición de tres cuerpos colgados en un puente de Guayaquil, la ciudad portuaria y económicamente más importante de Ecuador. Fue la evidencia de una violencia que los medios de comunicación empezaron a socializar y que creó un pánico hacia lo que el Gobierno empezó a llamar “grupos de crimen organizado”, que nos decían están poniendo en peligro la vida de todos. A partir de ese momento comienzan las noticias permanentes y cotidianas sobre muertes violentas en barrios, sobre las “vacunas”, que son los impuestos que estos grupos cobran en las poblaciones…. una cosa mediática insistente en torno a la seguridad con imágenes harto racistas.

Se empieza a hablar de inseguridad, se muestran imágenes de actividades inhumanas y, sobre todo, cuando estos crímenes son contra población de clase media blanqueada se “sobremediatizan2. Hay un caso muy importante, ocurrió con una pareja de clase media, que fueron secuestrados en una carretera y el caso es que entre los detenidos había un muchacho de tresce años afroecuatoriano: el Boquita. Se mostró a este niño como haciendo cosas que no hacen los humanos, se llevó la propuesta de que los menores tenían que ser sancionados por este tipo de crímenes igual que los adultos. Eso desató discusiones, porque incluso sectores llamados de “izquierda” o “feministas” parecían aprobar esa medida, y había que tener una discusión que dejase claro que estábamos hablando de un niño,un menor.

Se empieza a construir un enemigo interno para que la sociedad identifique quién es. El enemigo son hombres jóvenes, racializados, que calzan chancletas y son presuntos criminales. Con esa excusa, se legalizan políticas securitarias de militarización, de control privado de la seguridad, que es la defensa armada de las clases medias. Y eso ijplica algo que es clave y que no habíamos visto antes en ecuador y es una auténtica segregación. Hasta hace poco, aunque el país era asquerosamente racista, estábamos mezclados y aparentemente no había problemas, pero ahora hay una segregación social total. Hay regiones del país donde para mucha gente de las clases medias e incluso popuolares no se puede entrar si una quiere salir con vida. Empiezan a ser lugares desconocidos, donde ya nadie va, como puede ser Esmeraldas. Se empiezan a construir en la geografía ecuatoriana zonas y poblaciones que son de riesgo y se pierde cualquier conexión, también la posibilidad de tener un criterio propio.

Esa segregación es crucial, porque se entiende que la criminalidad tiene ya una cuna, un origen. Pero en realidad todo esto convive con casos muy escandalosos que tienen que ver con las elites, que los medios lo usan como si fuera algo excepcional y distinto del crimen organizado. Pero son casos que hacen evidente que entender la acumulación de capital en amércia Latina te obliga a pensar en la intersección entre lo legal y lo ilegal. No es razonable pensar la acumulación de capital legal como un punto y aparte de la acumulación ilegal. Cuando se expande la frontera minera legal, se expande la frontera minera ilegal, el crimen organizado ofrece servicios de seguridad privada e incluso cuando se desplazan poblaciones por proyectos hoteleros ves esa unión de intereses perfectamente. Te das cuenta que la masa de armas que circula en este país viene de industrias legales. Hubo un referendum en 2023 para saber si las armas ilegales incautadas podían pasar a manos legales y se dijo que sí, así que incluso policía y ejército pueden tener armas no registradas.

Hay tráfico de influencias, hay proyectos que están ligados al tráfico de drogas, hay muchos casos de pederastia, porque todo el mundo tiene aquí “rabo de paja2 y eso es clave en muchos negocios, hay tráfico de cocaína masivo a través, por ejemplo, de la familia del actual presidente, grandes capos están vinculados al sistema jurídico y a la policía… Pero el discurso oficial habla de “elementos contaminados del Estado” y no de algo generalizado, que es una evidencia. El Estado se muestra como el único actor para atajar el problema de la seguridad frente al crimen organizado, pero es parte del mismo. Una parte de la izquierda sigue sosteniendo que el problema es la caída del Estado del bienestar, porque si no das educación y garantías solo recibes violencia, pero nosotros hablamos de paramilitarismo. Porque el narcotráfico es un producto de la elite, que pone a trabajar a sectores populares. Pero en el discurso oficial es una cosa de raigambre popular, que nos pone en riesgo como sociedad. Se ha construido un clima en torno a la inseguridad, así que no se puede hablar con ellos. A eso se suma que aquí realmente no gobierna Noboa, gobierna el Pentágono y hay políticas complementarias con países donde ya está gobernando la extrema derecha.

Es paradójico y complejo el presente paramilitarista con el anterior gobierno de izquierdas de Rafael Correa. Así se gobierna a las familias, a las mujeres y a los pueblos. Esto es muy importante porque el sector progresista, caracterizado por su tecnocracia, no podía evitar gobernar este país como los blancos, de manera científica, en un proyecto que se dice civilizatorio y que fue aupado en 2007 (y la Constitución de 2008) por los movimientos sociales. Hay una primera fase, de 2007 a 2010, muy convulsa pero muy bella. La constitución era muy avanzada en algunos aspectos como cuando habla de los “derechos de la naturaleza”o la inclusión del concepto de las “familias alternativas”. Fue todo muy disputado desde abajo. Por eso, considero que fue muy progresista, incluso la tabla sobre las drogas, que descriminaliza el consumo, que pasa a aser un problema de salud pública, y eso alivió las cárceles que estaban llenas de consumidores y se les juntaba con traficantes generando caos. Esa fase fue constructiva, con mucho debate y participación.

En la fase progresista, hacia 2008, sucedieron cosas interesantes, por ejemplo el indulto a las mulas del narcotráfico, porque se sacaba a las reincidentes, solo mujeres víctimas de hombres podían tener indulto. Se discutió también el tema de las madres que vivían en la cárcel con sus hijos e hijas. Se hizo mucho para denunciar las condiciones de vida ultraprecarias en las cárceles, que además eran centros que estaban enclavados en las ciudades, por ejemplo en Quito en el mismísimo centro histórico. La gente que empezó a diseñar el nuevo sistema penitenciario, diseñó un proyecto civilizatorio, donde se trabajaba en horario, se ganaban derechos. Todo muy paternalista y patriarcal, pero más o menos tenía buena fe.

Pero 2010 fue un punto de inflexión, en septiembre hubo un intento de golpe de estado por parte de la policía. Eso modificó la percepción del Gobierno y del propio Rafael Correa, que generó un cambio fundamental, porque un personaje macabro como José Serrano Salgado recibió el encargo de ministro del Interior. Fue un vuelco, de una fase debatida a otra punitivista. El correísmo es responsable de lo que está pasando ahora. El sistema penitenciario anterior a Serrano estaba muy permeado por las economías populares urbanas, muy poblado de gente y aunque había violencia en la cárceles de varones no eran los niveles de ahora. Era casi una cultura popular lo que había. Pero de pronto lo que se construye con Serrano son tres enormes ciudades penitenciarias en las que segregaban absolutamente a la población, las alejaban de las ciudades, blindadas a las visitas, que ahora eran con guardias y muy restringidas. Esa geografía de población segregada que luego sería capturada por los que se llama grupos del crimen organizado la creó el correísmo. En este proyecto civilizatorio correccional punitivista y patriarcal crearon enormes ciudades penitenciarias que es lo contrario a una política que quiera atajar el problema. Ese proceso fue inhumano, se negaba la posibilidad de tener fotografías o un simple lápiz. Serrano decía: “Este es un proyecto socialista, tdos los presos se van a vestir de anaranjado (…) ya no habrá presos ricos y presos pobres”. Es decir, para ellos el socialismo era la deshumanización, la uniformización. El correísmo hicieron Estado.

Al principio ampliaron lo público. Por ejemplo, el sistema de salud es innegable que mejoró o el tema del registro civil… Es cierto que invirtieron en el Estado en el sentido de que todas podíamos acceder a servicios dotados, en los que podías adquirir medicación. Eso es real, pero ese mismo proyecto en el plano educativo destruyó la educación intercultural bilingüe, porque crearon las famosas escuelas del milenio, que eran “escuelotas” para que todos los niños fueran igualados, para que todos tuvieran internet, banquitas bonitas… En las comunidades indígenas fue una violencia cultural por parte del Estado.algunos sectores ecologistas mostraban también como la mejora de las carreteras era con el objetivo de facilitar el extractivismo. Es en definitiva,esa idea horrible de gobernar “para civilizar”, un concepto racista y blanco. Entonces si, se dio esta paradoja, crearon Estado y luego derivó en ese sistema penitenciario.

Obviamente eso recibió muy pronto resistencias populares, especialmente del movimiento feminista, porque hubo grupos que estaban por ejemplo trabajando muy duro con la prevención del embarazo. Pero como todo proyecto civilizatorio el desorden y la pluralidad es un maldito estorbo, porque unas piensan de una forma, otras son punkies, otras quieren aborto libre para todas, otras quieren las cosas ahora… Entonces, como buen proyecto civilizatorio, empezó a recortar y a reprimir e incluso a encarcelar a las disidencias. Crearon organizaciones sociales paralelas a las históricas para bloquear a estas. Apresaron por ejemplo a líderes sociales indígenas antiextractivistas y empezaron a entregar a los sdectores sociales más conservadores todos los temas asociados a la sexualidad.

El aborto ha estdo penalizado siempre, pero el liberalismo no gastaba el tiempo en encarcelar mujeres. Pero en el correísmo se empieza a encarcelar mujeres por abortar, con la excusa, esa es la paradoja, de construir Estado. Se criminalizó la pobreza directamente. Pasamos de 8.000 o 9.000 personas presas n el periodo neoliberal, luego bajó en 2008 por los indultos y a partir de 2010 hay una curva de crecida de gente presa que hizo que se terminara ese periodo con cenrca de 40.000 personas presas.

Se construyó una cultura punitivista en la sociedad. Ellos metieron las cámaras en las calles, más policía, etc. ellos construyeron la capacidad de captura del Estado punitivo. Luego fue la presidencia de Lenin Moreno, en la que todo sale mal, y a partir de 2017 y, más tarde, cuando llega la pandemia es todo peor. La gente moría en las cárceles y no había capacidad de gestionarlo, metían a la gente en ataúdes de cartón. Ahí es cuando, con esas macrocárceles y en esa situación de pandemia, sec rea el caldo perfecto para el crimen organizado. Y a partir de ahí el Estado paramilitar y toda la violencia actual que sufrimos.

Se han sofisticado los mecanismos de represión. El paro, por ejemplo, es algo aglutinador en nuestro país. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) es una organización indígena ecuatoriana, la más grande a nivel nacional y que ha sido la gran organizadora de paros en Ecuador. A partir de los años noventa fue un sector de vanguardia muy importante, porque logra aglutinar a los pueblos. Ha sido muy valioso lo que ha logrado crear la CONAIE con la idea de plurinacionalidad, porque no es el mundo de los indígenas para los indígenas, sino que somos los pueblos los que nos agregamos. Entonces, cuando todos los colectivos estabamos peleados, hay convocatoria de paro nacional y todas nos unimos. El paro siempre fue una posibilidad de converger con valentía, con humildad, con alegría. Es una figura, una cita, que conquista mas de lo que logramos por los hechos. Construye vínculo social entre organizaciones. Vienen las poblaciones indígenas de las comunidades y viene muy jodida. Y se produce una generosidad social tremenda, hay muchísimas donaciones que se entregan a las comunidades. El paro nos recuerda la pluralidad y la solidaridad. Construimos una comunidad de vida que se reproduce para hacer posible la manifestación del paro. Hay espacis de cuidados, de acopio de comida, de zonas infantiles… Eso la elite lo entendió y confrontó con una estrategia militar similar a la que se está viendo hoy en Bolivia. En el último paro de octubre de 2025, el gobierno experimentó la represión porque se aliaron con pequeños líderes indígenas a los que entregaron dádivas para no apoyar el paro, y esto confundió a la gente. Así que hubo muchísima represión en una zona del país y el resto no paró.

En Quito hubo muchísima represión, activaron incluso el código plata: si eras herido en las manifestaciones no podías acceder al sistema nacional de salud… El movimiento indígena nos agrega pero tiene que estar unido. Hubo una sistemática campaña publicitaria y mediática contra el paro y se “reabrió la herida colonial”. Los blancos y mestizos culpaban de lo ocurrido a los indios. Hubo que parar el paro porque no se podía sostener la vida. No sabemos todavía lidiar con la militarización interna y eso nos asusta. Grupos estratégicos en el mundo indígena están siendo judicializados y criminalizados. Han llegado a ilegalizar a la Revolución Ciudadana, el partido de Correa, y también a la Unidad Popuular. Ambos no pueden participar en las próximas elecciones. Hay una estrategia metódica clara. Todo esto paraliza.

Y hay un últijo asunto de por qué no logramos aglutinar. La izquierda, el feminismo, todos quizás menos el movimiento antirracista, estamos pensando en las coordenadas securitarias del Estado. Ahí tenemos un asunto problemático importante. Hemos aprendido a entender la justicia como castigo. Es difícil entendernos como antipunitivistas. Se ha instalado una guerra ede los pueblos contra los pueblos y eso es lo que hay que romper.

Donde hay violencia empieza a florecer la inteligencia, lo que pasa es que es un proceso que se demora.

No dejamos de querer vivir, pero esto es una guerra de contrainsurgencia ampliada, ya no va contra tal o cuál movimiento, sino contra los que puede resistir. Es una guerra muy especialmente contra las juventudes racializadas, porque son las más pobres y la suya es una cuestión de vida o muerte, las clases medias al menos pueden elegir. Nos están disputando a las personaas jóvenes y la pregunta es quién se va a quedar con ellos. Hay una cultura de cooptación cultural. Hay una “meritocracia del crimen”, que te obliga a ser alguien en la vida. Y ese cncepto significa que se considera que uno es guapo si tiene arma, moto y puta. El Estado, los paramilitares, el crimen, necesita fuerza de trabajo descartable, necesita sicarios para resolver sus asuntos y luego prescindir de ellos. Y no hay que aceptar su marco, porque estaríamos cediendo a nuestros jóvenes para sus intereses. Las mamás lo saben y luchan para que ellos no se dejen llevar. Hay movimiento pero estamos en una fase de capitalismo avanzado en donde la clave, al menos en nuestra región, es la alianza entre la acumulación de capital legal e ilegal. La encrucijada que nos han impuesto es letal y se está imponiendo una política de muerte que nosotras podemos cambiar.

Resumen de una conversación con Andrea Aguirre Salas

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