Recensión -Resumen: Desafíos comunitarios para después de la tormenta «

RECENSIÓN-RESUMEN “DESAFÍOS COMUNITARIOS PARA DESPUÉS DE LA TORMENTA »

Prólogo

Los pueblos habitan el colapso, creativamente, construyendo vida donde parecería que solo queda desesperanza.

Si las propuestas de cambio social presentadas por la izquierda, desde la más institucional a la más radical, permanecen ancladas en estrategias basadas en la conquista el poder y la centralidad del Estado, los pueblos originarios han ido dando forma a un imaginario basado en las autonomías territoriales, no entendidas como instituciones destinadas a cristalizarse en la forma estatal, sino como organismos vivos capaces de asumir otras condfiguraciones.

Estas experiencias colectivas que, poniendo en el centro las relaciones comunitarias y su defensa, ya son hoy capaces de inspirar otros modelos de sociedad. Pues no hay modelo único, un síntoma del colonialismo, sino principios compartidos: territorio, trabajo compartido, autogobierno, justicia propia, defensa autoorganizada, espiritualidad como eje.

Introducción

En el zapatismo la autonomía es algo positivo y necesario, pero insuficiente si mantenemos la propiedad privada y las jerarquías.

Debemos concebir las autonomías como organismos vivos capaces de cambiar, de modificar su rumbo, lo que puede suceder en un sentido cada vez más anticapitalista.

No se trata de una opción en sentido ideológico, sino impulsada por la viva necesidad de sobrevivir en medio de la catástrofe que están viviendo.

La espiritualidad supone que un materialismo crudo no es suficiente para explicar las opciones de los seres humanos, y muy en particular para sostener la vida colectiva.

Pero resulta imprescindible se parar espiritualidad de religión. La espiritualidad indígena no tiene instituciones ni autoridades. Las espiritualidades populares alimentan los imaginarios de un mundo mejor.

Desorden Sistémico

La unidad que están soldando las elites dominantes europeas y norteamericanas tienen mucha relación con el neo-colonialismo y el racismo que ordenan sus mundos, con una clara conciencia de sus priviegios de clase fujdados en el color de piel, lo que aníbal Quijano denominó “colonialidad del poder”.

Los movimientos antipatriarcales están generando un doble movimiento contradictorio, típico de los períodos de crisis civiizaroria y de bifurcaciones sistémicas: la crisis del patriarcado no sólo afecta a las estructuras tradicionales ( como las iglesias), sino también a las izquierdas y a los movimientos, ya que amplias camadas de la población rechazan sumarse a partidos y organizaciones formateadas en torno a caudillismos o, simplemente,, participar en estructuras verticales. Pero, en paralelo, asistimos a una reacción brutal que propone una reconfiguración extrema del patriarcado, proceso visible en la militarización de nuestras sociedades, en el ascenso de las extremas derechas, y sobre todo, en la paramilitarización propiciada por el narcotráfico y las nuevas economías ilegales, como el tráfico de personas o de órganos,,que, en su conjunto, encarnan un neo-patriarcado, más jerárquico y brutal, modelado por la violencia pura y dura.

Las clases peligrosas se han convertido en un factor estructural por primera vez en la historia del capitalismo, siendo por tanto un elemento clave enla evolución de su crisis.

Ahora el futuro será delineado en gran medida por los y las de abajo.

Las clases dominantes del Norte y de Sur trabajan unidas para mantener sus privilegios, con plena conciencia de que la potencia de los pueblos puede crearles graves problemas de gobiernabilidad y, de modo muy particular, puede afectar la legitimidad de su dominación.

No se trata de luchar contra los poderes establecidos para ocupar los espacios gubernamentales de poder, sino de construir desde las bases contrapoderes capaces de convertir a las comunidades indígenas en sujetos políticos con capacidad para tomar decisiones sobre su vida al tiempo, que modifican las reglas por medio de las cuales se relacionan con el resto de la sociedad, incluidos otros pueblos indígenas y los tres niveles de gobierno.

Las movilizaciones más importantes de los pueblos no son visibles desde fuera ya que las realizan “al interior de sí mismos” y muchas veces no las dan a conocer. Se movilizan para restablecer la armonía, apelando a sus guías espirituales, recorriendo sus espacios sagrados, proceso en el cual desenpolvan sus propias formas de lucha para organizar la resistencia a a su manera. Son las movilizaciones más significativas para los pueblos, porque a partir de ellas consgtruyen su autonomía.

Los pueblos que viven de forma sustentable son los indígenas, los negros y campesinos. Se esmeran en conservar sus modos de ser/vivir a contrapelo de esto que llamamos modernidad y desarrollo. Seguir siendo quienes son es su aspiración básica.

Enfrentamos el desafío de luchar por una transición a contrapelo de la cultura dominante, en un mundo sin estabilidad y en crisis permanente.

El sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein, en un txto de 1992, sostiene que el peor camino que pueden tomar las fuerzas antisistémicas es la de la conquista del poder estatal, “pues siempre incluye el riesgo de la religitimación del orden social existente”. Critica también la cultura política de esas fuerzas que consideraron que la estructura organizativa sería más eficaz cuanto más unificada y centralizada estuviera, algo adecuado para la toma del poder pero que, con el tiempo, “transformó la ideología socialista en liberal-socialista”.

Por eso defiende que las fuerzas anticapitalistas deberían ser muy flexibles, moverse a muchas velocidades, expandirse a nivel de las comunidades de base y no pretender la unificación de los movimientos. En suma, la ruptura con las viejas estrategias debería ser completa y no solo discursiva ni al nivel de las ideas.

El problema es que una transición controlada y ordenada y jerarquizadamente “tiende a implicar cierta continuidad de la explotación”, o sea hay un alguien que la controla y ese alguien es la futura clase dominante. Aparece aquí un balance sencillo y nada pretencioso de toda una cultura política que dominó (ay aún sigue dominando) el campo anticapitalista desde la comuna de París.

“Debemos perder el miedo a una transición que toma el aspecto de derrumbamiento, de desintegración, la cual es desordenada, en cierto modo puede ser anárquica, pero no necesariamente desastrosa. Las “revoluciones” incluso pueden ser “revolucionarias” en la medida que promuevan tal derrumbamiento. Las organizaciones pueden ser esenciales para abrir camino, pero es poco probable que puedan edificar la nueva sociedad”.

La quiebra de la civilización industrial no ocurrirá de forma súbita y total, sino que será un proceso largo, complejo y diferencial, con altibajos.

Aunque este colapso tienen causas estructurales no se abonan a un determinismo ciego o mecanicista, sino que sostienen que serám los pueblos organizados o los movimientos sociales los hacedores de los cambios necesarios. Es apenas una posibilidad, porque el derrumbe puede quedar apenas en eso, en la catástrofe.

Podemos pasar de lo “complejo, grande, rápido y centralizado, a lo sencillo, pequeño, lento y descentralizado”, esa transición no puede ser dirigida ni planificada, y no forma parte de la ideología del progreso, del avance hacia algo superior, sino una suerte de retorno a la vida sencilla del pasado. Mediante la lucha conseguiremos entrar en un giro de la espiral que se sitúa en paralelo a las antiguas sociedades igualitarias.

Este derrumbe o largo declive no nos conduce al socialismo o hacia un tipo de sociedad preestablecida, sino hacia la pérdida de complejidad y, probablemente, en ese proceso iniciaremos una reorganización social.

La transición implica salir de la complejidad que es sinónimo de elevado consumo energético. Lo sencillo consume mucha menos energía.

Los cambios de actitud de los colectivos humanos están en marcha, pero no se pueden conseguir en poco tiempo.

Al aferrarse al materialismo, gran parte de la izquierda no entendió el papel de la ancestralidad en los pueblos. Es posible leerla como “la memoria de los pueblos, su registros de luchas, sufrimientos, victorias, en otras palabras, el camino que hicieron para llegar hasta aquí. La preservación y respeto de la memoria van a contrapelo del capitalismo, que necesita aplastar el pasado (tabula rasa) para imponer sus interreses, entre ellos el consumismo.

“La ancestralidad contribuye a la cohesión del pueblo, ya sea por los continuos rituales que realizan en el territorio, por el trabajo colectivo trad icional o por el intercambio de conocimientos entre los mayores y las generaciones futuras”. Hay trres aspectos decisivos en la vida sencilla: el trabajo colectivo, el intercambio de saberes entre generaciones y los rituales en un territorio determinado.

Después de la tormenta

Estamos atravesando un declive de Occidente, centrado en Estados Unidos y Europa. Emmanuel Todd en su libro “La derrota de Occidente” sostiene que la decadencia de las sociedades occidentales presenta un carácter estructural que resulta por lo tanto irreversible.

La desaparición del “sustrato cristiano”, y en Estados Unidos de la religión protestante, que, en línea con Max Weber, considera estubo en la base del despegue de Occidente, desemboca en un vacío de valores y objetivos que es ocupado por una suerte de nihilismo, en el doble sentido de pulsión auto-destructiva y de incapacidad para comprender la realidad.”El nihilismo tiende irresistiblemente a destruir la noción misma de verdad, a prohibir cualquier descripción razonable del mundo”

“La preferencia de Washington por la violencia, rechaza la moral común de la humanidad”.

La “desaparición” de los estados-nación occidentales y el fin de la democracia en Occidente es la decadencia profunda.

El dirigente kurdo Abdullah Ocalan sostiene que “en el materialismo histórico se debería sustituir la lucha de clases por la “comuna”; y añade que “la historia no es la historia de la lucha de clases, sino un conflicto entre el Estado y la Comuna”. Defiende la idea de que el fracaso del socialismo se debió a su insistencia en la dictadura de clase, optando de ese modo por situarse del lado del Estado contra la comunidad.

El colapso civilizatorio destaca la confluencia de varias crisis, destaando especialmente la crisis ambiental. “EL Vivir Bien andino es la expresión de una civilización opuesta en muchos aspectos al paradigma civilizatorio y filosófico de Occidente”.

Estamos transitando de un mundo unipolar centrado desde 1945 en Estados Unidos, a uno multipolar, lo que viene provocando una escalada de guerras y una creciente inestabilidad que puede agudizarse con la utilización de armamento nuclear.

Sin embargo, el colapso es la vida cotidiana de las y los de abajo. Que muestran alegría, el regocijo de estar juntos y la celebración de la vida; una dimensión profundamente espiritual. Que se combina y complementa con el espíritu comunitario y colectivo que rehúye la posibilidad de abordar el colapso desde lo individual. Los pueblos afrontan el colapso no para la seguridad individual de las personas, sino para proteger y cuidar la vida en la tierra, en toda su diversidad, y en esa vida aparecen los seres humanos que no son el centro sino un sujeto más junto a ríos, montañas y animales no humanos.

La descomposición de nuestras sociedades, que están produciendo un colapso de las “democracias” y la aparición de presidentes autoritarios de extrema derecha. El fenomenal crecimiento de las ultraderechas no debe desgajarse de la evidencia de sociedades en descomposición, en gran medida por la implantación del neoliberalismo hace tres décadas, las privatizaciones, el deterioro de los servicios públicos y de la vida colectiva.

Por descomposición de una sociedad entiendo tanto una pérdida generalizada de valores que la cohesionen y le den sentido, como que todos sus miembros dejen de sentirse parte de algo mayor que los contiene. Cuando el otro y la otra pasan a ser enemigos (por sus ideas, opciones sexuales, género, color de piel, generación o nacionalidad), las personas dejan de rconocerse como parte de unmismo conglomerado humano.

Cuando la gente no puede salir por las noches la idea de sociedad como una unidad, donde las personas se reconocían como parte de una misma nación, compartiendo valores vitales y experiencias de sentido, ha quedado completamente destruída por el avance del neoliberalismo.

El dominio del capital financiero y de la acumulación por despojo están en la base de este colapso societal. En nuestros países del Sur, la crisis económica se convirtió en endémica, con la mitad de la población en situación de pobreza y, muy en particular, la certeza de un no-futuro para la porción juvenil de la sociedad, generando desasosiego particularmente entre los varones que no encuentran un rumbo para sus vidas. La frustración y una cultura patriarcal revitalziada por los efectos del narcomachismo y la militarización los llevó en muchos casos a culpar a las mujeres de su situación, adoptando actitudes violentas.

El acceso a la salud, la educación y la justicia se están desmoronando. El Estado-nación ha mutado. El Estado fue apropiado por las fuerzas más violentas y regresivas de la sociedad. Es un “Estado miliciano”. Se han apropiado de aparatos del Estado, como los policías, sus miembros han sido elegidos como concejalesy diputados, y tienen la capacidad de subordinar al poder político y a la justicia.

Aparte de los anteriores poderes paralelos hoy estamos ante estados criminales. La mayoría de los diputados electos están vinculados al crimen organizado.

Nos encontramos con gobiernos o regímenes progresistas que no pueden utilizar la herramienta del Estado para realizar cambios.

La alternativa al dominio de Estados Unidos no es Rusia ni China, que también aplican la acumulación mediante el despojo. Los problemas de los pueblos originarios son los mismos con ellos.

Lo que podemos hacer es revisar el pensamiento crítico heredado.

El concepto de autonomía occidental vine de la Grecia clásica. La vinculada con los pueblos originarios, negros y sectores populares de América Latina, que necesitan la autonomía como forma de proteger sus modos de vida heterogéneos, que no pueden subsumirse en la modernidad capitalista sin desaparecer.

Para los indígenas, los campesinos, los sectores populares y negros de América Latina, las tradiciones democráticas como las europeas no existen. Para luchar por la libertad los esclavos debían escapar de las plantaciones hasta lugares remotos, porque no podían reclamar derechos ni organizarse.

La prefiguración no es posible en cualquier parte del mundo ni para cualquier sujeto colectivo. La idea de prefigurar implica un proceso de aproximación gradual a la sociedad deseada. En los espacios que liberan, en los territorios donde se asientan, desarrollan la vida que quieren llevar.

Quienes viven en la zona del “no-ser” (Fanon), donde la violencia modela la vida cotidiana, no pueden luchar por la autonomía del mismo modo que aquellos que tienen derechos y su vida es respetada. Mientras que la autonomía en la “zona del ser” puede realizarse en espacios comunes a los diversos sectores sociales, como la fábricas, los colonizados deben protegerse en espacios alejados del control de los poderosos, trazar una frontera infranqueable para los opresores . En esos espacios autocontrolados, los sujetos oprimidos socializan “las prácticas y los discursos de resistencia”

Los espacios propios como eje de un tipo de autonomías que deben abordar todos los aspectos de la vida, desde la producción de alimentos hasta la justicia y el poder, porque la rebelión no puede constreñirse a un solo aspevto de la vida (salud, empleo, educación), porque es la vida misma lo que está en juego.

Las autonomías realmente existentes en esta parte del mundo están todas ancladas en territorios propios, históricos o recuperados, ya que son los espacios donde los pueblos se sienten seguros y pueden desarrollar procesos de decisión auto-controlados. La territorialización es la primera y fundamental característica de esta camada de procesos autonómicos. El haber vivido una historia colonial, que está lejos de haber finalizado porque el extractivismo la actualiza, explica buena parte de estos derroteros.

Siendo grupos, pueblos, comunidades y sectores sociales subalternos, dominafos a través de la violencia deben construir autonomías integrales, que abarquen todos los aspectos de la vida. En particular, necesitan construir las condiciones materiales de la autonomía, ya sea cultivos familiares para el autoconsumo o formas de producción colectivas o comunitarias.

La autonomía material es la que se asienta en trabajos colectivos (minga o tequio).

Los sectores populares necesitan sus propias formas de tomar decisiones y de hacerlas cumplir, de administrar justicia según sus propios criterios, ya que el aparato estatal de justicia suele ser corrupto, caro e ineficiente para los pobres. Los publos necesitan defenderse del propio Estado, de grupos paramilitares y narcotraficantes que suelen trabajar para corporaciones multinacionales, y lo hacen creando guardas indígenas, cimarronas y campesinas, o mediante las más diversas formas de organización comunitaria.

Hay diversas autonomías, en plural, porque cada pueblo responde a historias particulares y realidades diversas.

Son autonomías de hecho, que suelen ser toleradas o no por los Estados, pero que no piden permiso para constituirse.

No existe una única forma de constituirla. Hay muchas maneras, pero todas implican la afirmación del territorio, de las autoridades territoriales elegidas por el propio pueblo, el autogobierno o los métodos que elijan. No son las autoridades estatales quienes gobiernan estos territorios, sino las propias autoridades indígenas, quienes luchan por desarrollar sus propios cuidados en la salud, la educación y la producción.

“No se trata de luchar contra los poderes establecidos para ocupar los espacios gubernamentales de poder sino de construir desde las bases contrapoderes capaces de convertir a las comunidades indígenas en sujetos políticos con capacidad para tomar decisiones sobre su vida interna, al tiempo que modifican las reglas por medio de las cuales se relacionan con el resto de la sociedad, incluidos otros pueblos indígenas y los niveles de gobierno local, municipal y regional.

El objetivo del movimiento es la autodefensa de sus territorios, la creación de espacios propios para defenderlos y la discusión y confrontación de propuestas que, en algunas ocasiones, los llevan a apoyar al Estado en temas favorables a sus derechos. Su principal energía es afirmar el territorio y crear condiciones para que no sea invadido por el agronegocio y la minería y crear las mejores condiciones para la reproducción de la vida. Esta es la energía más importante de las personas. Es la lucha por la autonomía, “el camino para la autonomía”.

Las revoluciones han operado siempre concentrando poder y medios de producción y de cambio en el Estado, sin llegar a evaluar si los resultados han sido los buscados o, por el contrario, dicha opción terminó perjudicando los objetivos de largo plazo de caminar hacia la extinción del aparato estatal, tal como rezan las recomendaciones de los fundadores del socialismo científico.

La centralización de los medios del producción en el Estado se ha convertido en una idea tan potente, como lo sigue siendo la toma del poder.

Dicha concentración ha provocado grandes problemas ya que para administrar las grandes empresas estatizadas es necesario contar con una amplia camada de especialistas (administradores y gestores, profesionales y técnicos, directores y gerentes), todos ellos muy bien remunerados al punto que se convierten en un sector social interesado en reproducirse sin el menor intrerés en los trabajadores que gobiernan.

En gran medida, esa decisión está en la basre del fortalecimiento del Estado, proceso que han vivido todas las revoluciones.

En todos los casos hubo un crecimiento considerable de las burocracias civil y militar, un mayor control de la sociedad por parte de un Estado considerablemente más fuerte y una mayor capacidad para penetrar capilarmente en los instersticios de la vida cotidiana que los Estados imperiales anteriores. Pero esos estados poderoso los controla efectivamente una pequeña porción de la sociedad, que tiene potestades para tomar las grandes y también las pequeñas decisiones.

Para los pobres de la tierra, la imposición del capitalismo significó la pérdeida de su escasa autonomía al tener que despojarse de sus huertos, sus viviendas y sus formas de producción, que les brindaban un paraguas protector ante la desnudez en que los dejó el capitalismo.

En términos históricos el capitalismo ha representado una regresión moral y, para la amyor parte de la población mundial, una regresión material, incluso si ha asegurado para la clase alta un nivel de vida material superior al de los “potentados orientales” de antaño.

El capitalismo es saqueo por los monopolios no sin el papel determinante del Estado.

La centralización de los medios de producción en el Estado implica una propiedad pública o estatl que se pretende opuesta o antagónica a la propiedad privada. Sin embargo, esa contradicción es aparente. La propiedad pública no es gestionada más que por un pequeño grupo de personas, los gestores, que la administran como si fuera de ellos. O sea, tenemos una propiedad formalmente pública pero la gestión sigue los criterios de lo privado.

Por otro lado tenemos formas de propiedad comunitaria, que se caracterizan por que la gestión la realiza la gente de la comunidad y/o sus autoridades elegidas y revocables. Si la propiedad y la gestión se concentran en el Estado, las comunidades son despojadas de ambas cosas, por lo tanto, pierden todo poder sobre sus territorios y sus tierras deajn de ser suyas. Cuando eso sucede, el resultado es un Estado poderoso y una sociedad debilitada, lo que dificulta y hasta bloquea las luchas emancipatorias.

Las luchas en curso demuestran que existen otras alternativas tanto a la toma del poder como a la consecuente centralización de los medios de producción en los Estados. Todos los procesos en los cuales los pueblos están intentando construir realidades anticapitalistas enseñan una multiplicidad de emprendimientos de pequeño y mediano tamaño, descentralizados y bajo control comunitario o cooperativo.

Todos ellos eligieron no crear extensas unidades como los monocultivos, ni empresas productivas o de servicios de gran tamaño que no puedan controlar directamente. Tampoco las han centralizado en alguna instancia del poder, ni siquiera de carácter comunitario. De hecho, las redes de emprendimientos se presentan como una enorme diversidad coordinada, o no, pero con autonomía de cada una de ellas y sin pretender aglutinarlas en una macroestructura.

En Rojava funciona una “economía anticapitalista”, o sea, formas comunitarias y cooperativas de producción y de servicios que abarcan agricultura y ganadería, energía, agua y minería, industria y comercio. Se trata de una economía “comunal, democrática, ecológica y libertaria de las mujeres”. Se organiza a través de asambleas comunas y cooperativas que no se rigen por el salario y buscan crear “mercados solidarios” y otros espacios comunes con el objetivo de autogestionar la economía.

En rigor, no se trata de una estructura económica ni de un aparato, sino de un flujo de relaciones cuyo horizonte es que “la riqueza social esté bajo gestión y control del pueblo”. No han creado monopolios ni grandes empresas y discuten en asambleas cómo producir y cómo compartir lo producido. Eso es la autogestión, que las más de las vecess asume la forma de la cooperativa, que siempre está en tensión con el capitalismo.

En general, se trata de pequeños y medianos productores rurales y pequeños comerciantes, porque “una economía anticapitalista no puede organizarse mediante la creación de un poder centralizado jerárquico, sino que debe organizarse a través de formas de ayuda mutua, solidatidad, comunidad y resistencia. Los sujetos colectivos de esta economía anticapitalista son mujeres, las personas campesinas, pzastoras y pequeñas comerciantes. La economía comunal no funciona en base al dinero sino a los intercambios y la confianza mutua, no crea juntas directivas con gerentes y administradores que no puedan controlar las bases.

Se rechaza tanto la propiedad individual como la estatal pero siempre se pone en primer lugar el derecho al uso, como hacen las comunidades desde siempre (derecho a usar, consumir y producir comunitariamente), en detrimento de la forma jurídica de propiedad. Más ijportante que la propiedad son las relaciones sociales que se establecen en cada espacio. Las cooperativas, por ejemplo, no deben ser entendidas como una estructura (con sus autoridades y estatutos) sino como un tipo de funcionamiento basado en el trabajo colectivo (minga en América Latina), el control comunitario y la producción para las necesidades de la comunidad.

La lógica comunitaria lo impregna todo, y las comunidades por definición tienen una escala determinada, la que hace posible el autogobierno y la autonomía, y no más.

El capitalismo solo triunfa cuando se identifica con el estado, cuando es el Estado.

Los emprendimientos de la “economía anticapitalista” kurda, la “economía propia” nasa, las comunidades productivas de Cecosesola y la “resistencia económica” zapatista se despliegan en la parte baja de la sociedad, conformada por la vida economica y la economía de mercado. Se trata de pequeños emprendimientos, familiares, comunitarios y colectivos, “unidades minúsculas”. Una revolución debería conservar este sector que tiene una cultura independiente y que el mundo nuevo podría consistir e una “economía de mercado sin artimañas, más un poco de fraternidad”.

En los espacios de los pueblos en movimiento el salario no es la forma de trabaj dominante, sino la pequeña producción mercantil y la reciprocidad, o diversas combinaciones entre las tres. En el mundo zapatista no existe el salario y la moneda juega un papel secundario, las más de las veces como valor de uso, al igual que los productos del trabajo colectivo y familiar. En Cecosesola los trabajadores reciben un “anticipo” de lo que les corresponde como cooperativistas, no estando sujeto a negociación sino a la valoración colectiva sobre lo que les corresponde en cada situación concreta.

El salario es solo una de las formas que asume el trabajo, en modo alguno la única y, muchas veces, no es la dominante. Por supuesto no lo es, icluso en las ciudades, en las ollas y en las huertas comunitarias.

Existe una “economía política de las revueltas”, articulada en torno al trabajo colectivo de las poblaciones de periferias urbanas que dejan dea cudir al empleo asalariado durante meses (o sencillamente no lo tienen), pero son capaces de vivir en hermandad y reciprocidad en sus barrios mientras dura la revuelta. Esta “economía” solo existe como”poder otro”, o sea en la resistencia a los machs armados, siendo las mujeres y las y los jóvenes sus dinamizadores y articuladores, productores de valores de uso en la alimentación, el cuidado de la vida (a través de primeras líneas y autodefensas), la autoformación colectiva, y en todos los aspectos de la vida. Durante la revuelta los pueblos y sectores sociales practican en los espacios comunes sus modos de relacionarse, desde el trueque y la reciprocidad hasta los rituales de armonización, para resistir y seguir siendo.

El capitalismo no hubiera crecido con semejante fuerza en un espacio económico limitado.

Es la cuestión de la escala. Si el capitalismo lleva a la formación de grandes monopolios, ellos son intrínsecamente consecuencia de una escala determinada. e La cúspide capitalista mnopolista y financiera es el “capitalismo de altos vuelos, que flota sobre la doble capa subyacente de la vida material y de la economía coherente de mercado, representa la zona de las grandes ganancias”. Crece parasitando y despojando a los dos pisos sobre los que flota.

El Estado que controla los medios de producción es imposible hacer algo que no sea más capitalismo. Las transformaciones pueden producirse en la vida material cotidiana y enla sencilla economía de mercado, pero nunca desde los espacios de los monopolios y los Estados.

La espiritualidad guaraní es ese tremendo esfuerzo colectivo para mantener los equilibrios, para seguir siendo pueblos vivos en un medio vivo y sano. No tiene nada que ver con la religión, y todo con la vida.

“No necesitamos caciques sino liderazgos colectivos”. Parece evidente que el papel de las mujeres (y los jóvenes) es mucho mas profundo, se han convertido en la fuerza colectiva más importante, en los mismos espacios que antes dominaban los varones mayores.

En el área educativa optaron por la descentralización.

Las educadoras recorren las comunidades y enseñan “en base a la experiencia de vida, respecvtando los valores de nuestros mayores, de nuestra cultura”. “Se aprende en las prácticas, concentrándose, dialogando, escuchando a los animales y a la tierra”.

“Alfabetizar en nuestra lengua es descolonizar”. La vida comunitaria gira en torno a la generosidad, que diferencia de reciprocidad porque “consiste en dar sin esperar retorno y representa la abundancia”.

ºEstán recuperando áreas degradadas por siglos de devastación y diversifican los cultivos que siempre son para consumo propio. Siempre dan prioridad a los cultivos que alimentan a la comunidad y tienen muy pocos productos para la venta en el mercado. Ya no hay monocultivos sino huertas donde las diversas plantas se entremezclan y protegen. Se trata de depender cada vez menos de los recursos externos.

La espiritualidad guaraní mbya apunta a la reproducción de la comunidad, de la sociedad en su diferencia respecto al afuera. El afuera puede derrotarlos, destruyendo el sentido comunitario, la identidad y su cultura guaraní.

De algún modo, su espiritualidad les afirma en el arte de seguir siendo el afuera de este sistema, de no perder la diferencia.

Se trata de pueblos de una “extrema” espiritualidad, que no es privada ni individual sino “social y colectiva”. A tal punto, que los “ancestros” y su actitud mítica son considerados la vida misma de la sociedad.

Pero la espiritualidad tine un fin, que consiste en reafirmar de modo permaennte y continuo “su ser cultural”, sin apartarse de las normas y reglas que los mitos tienen por objetivo trasmitir y revivir. Como toda sociedad, los pueblos originarios dedican sus mejores energías a seguir siendo lo que son, a reafirmarse en su ser.

“Las sociedades primitivas de América del Sur se comprometen totalmente en su vida religiosa y ritual que se despliega como afirmación repetida sin cesar de su Ser comunitario. Cada ceremonia es una nueva ocasión de recordar que si la sociedad es buena, soportable, es gracias al respeto de las normas legadas mucho tiempo atrás por los ancestros”.

La espiritualidad guaraní, en este caso, se propone la reproducción del mundo comunitario, en armonía con la naturaleza y los miembros de las comunidades, aldeas y del conjunto de las territorios indígenas. No es una espiritualidad para algo externo o un objetivo fuera del pueblo originario, sino en relación de inmanencia, de afirmación colectiva y comunitaria.

La espiritualidad juega un papel central en la existencia de las comunidades, en la persistencia y en el crecimiento del pueblo guaraní mbya y en el sostenimiento de la vida, en general.

Por su lado, el zapatismo adopta aspectos centrales de una cultura que considera que “el corazón se convierte en una filosofía del ser y deber ser de las personas, en valores y éticas. El o´tan (corazón) es el centro del ser, hacer, sentir, pensar y vivir tanto de los pueblos mayas como de muchos otros pueblos originarios. A diferencia del conocimiento frío científico de Occidente, emerge el poder insurgente de la ternura, dela sensibilidad y la afectividad que permiten formas distintas de vivir y actuar.

Es a través del corazón como se puede conocer la cosmovisión maya, por que en él se conserva el conocimiento, “la sabiduría milenaria” que permite salvaguardar la tierra madre. El corazón es el centro del pensamiento, el sentimiento y la acción de los pueblos, además de un reservorio de la memoria al que retornan una y otra vez como fuente de sabiduría y de orientación en los momentos más difíciles. Sin embargo, también afirma la necesidad de descolonizar el corazón para liberarse de las cargas qu ha dejado el colonialismo a lo largo del tiempo.

La aparición del derecho a definir y desarrollar su propia espiritualidad es un hecho nuevo en los movimientos indigenas, que va de la mano con la destacada participación que las mujeres adquirieron en los últimos tiempos.

Las mujeres juegan un doble papel: por un lado, promueven la sabiduría ancestral plasmada en la cosmovisión y la espiritualidad; por otro, “desafían y cuestionan aquellas tradiciones que obstruyen o atentan contra su espacio como mujeres”, mientras defienden aquellas que les fortalecen colectivamente. Exigen que se les reconozca su forma de vestir, de hablar, de gobernarse, de organizarse, de rezar, de curar, de trabajar en colectivos, de respetar la tierra y de entender la vida.

A parecen concepciones profundas, que consideran la espiritualidad como el eje principal de la cultura, que consiste en la búsqueda de “equilibrio y armonía con nosotros mismos y con los demás”, y que “la espiritualidad está ligada al sentido comunitario de la visión cósmica de la vida, donde los seres se interrelacionan y se complementan en su existencia”.

La espiritualidad se inspira en la naturaleza, que les proporciona elementos para elaborar conceptos como “complementariedad”, “interrelación”, “equilibrio” y “comunidad”, entre los más destacados. “La dualidad es el eje de la espiritualidad”, una percepción que no maneja la idea de conceptos que atraviesa el pensamiento indígena y no “tiene equivalente dentro del pensamiento occidental”. La dualidad es un par comlementario de opuestos que es la fuerza que ordena el universo: vida-muerte, luz-oscuridad, arriba-abajo, etcétera, que interaccionan de manera constante y “fluyen interpenetrándose”.

Frente a esta concepción de la vida, Occidente se ha entrampado en la exclusión de los contrarios que nunca se complementan (principio del “tercero excluido”, formulado por Aristóteles), que tiene una expresión sobresaliente en el concepto de “síntesis” necesariamente excluyente, ausente en el mundo indígena, que dialoga con la idea del Estado. Las oposiciones binarias no existen en el mundo indígena (espíritu-materia, cuerpo-alma), sino que los opuestos se interrelacionan y complementan.

Los tojolabales, en su visión del mundo existe “una pluralidad de sujetos y la exclusión de toda clase de objetos”. Todo lo que hay en el universo tiene corazón y vida, todos son sujetos iguales pero diferentes, sin jerarquías.

Mientras la religiosidad es “unn pensar que se nos impone”, lo espiritual es “el cúmulo de elementos que te rodean”, como ríos, montañas, valles; ella no tinene discurso sino percepciones, deberes, obligaciones, y que “la espiritualidad es una totalidad”. La fuente de la espiritualidad es la naturaleza, “un pensar natural”, anclado en territorios habitados por comunidades y familias que trabajan en colectivo y celebran la alegría de la vida del mismo modo.

Las comunidades campesinas andinas desarrollaron el concepto de “crianza”, adecuado para transmitir el corazón de su cosmovisión, que dice que las personas ayudan a crear, mantener y nutrir la naturaleza, mientras la naturaleza ayuda a su vez a crear, mantner y nutrir a la gente.

En la cosmovisión andina no hay una relación sujeto-objeto,y el aprendizaje es “el resultdao de una relación de cariño recíproco entre los miembros del pacha o microcosmos andino”. En este proceso se ponen en juego sensaciones y emociones, el conjunto del cuerpo. La comunidad andino-amazónica siente que la naturaleza le habla, le dice, les enseña, por lo tanto no es una naturaleza-objeto sino una naturaleza vivienda, un ser que posee también sentimientos y afectos y de la cual formamos parte. Si nos enseña, es porque sabe. Este es el aspecto que destacar: “El saber en los Andes y en la Amazonía se expresa en el criar”.

En la idea de crianza-criar se manifiesta la espiritualidad andina. Nombra el vínculo entre todos los seres que pueblan el espacio comunitario y dialogan, conversan entre ellos, mirándose mutuamente. A la vez la entiende como cuidar, cultivar, proteger, anidar, ayudar, asistir, alimentar, sustentar, mantener, encariñarse, dar afecto, conversar, cantar, arrullar.

Los movimientos sociales, desde hace mucho tiempo, practican diversas formas de espiritualidad en sus acciones cotidianas. No sólo los indígenas, sino también lo spueblos negros organizados y los campesinos entre las que destacan las “místicas” del MST. Ligadas a las prácticas de las comunidades eclesiales de base y la cultura popular campesina, que forman parte de todas sus actividades colectivas, en las movilizaciones, en los asentamientos y campamentos.

La Teia dos Povos, movimiento integrado por indígenas, quilombolas y campesinos, ha reflexionado sobre la espiritualidad vinculada a lo que denomina como “ancestralidad”, de una forma creativa. Sostienen que las revoluciones dirigidas por las izquierdas han tenido un fuerte contenido ideológico , que no cuestionan.

El contenido ideológico de estos grandes levantamientso de los pueblos son la cosmoviiones de los propios pueblos y, por tanto, su propia espiritualidad, cosmovisiones de lo pueblos y la defensa de su territorio rebelde, que no era más que un territorio ancentral o un nuevo territorio rebelde donde podían conservar su ancestralidad.

En consecuencia, una de las vertientes del movimiento consiste en recuperar la espiritualidad y escuchar las voces y enseñanzas de sus ancestros. Agregan que los saberes de los pueblos originarios son más valiosos que las armas en una revolución. Pero rechazan el concepto dominante de refvolución, que aceleraría el desarrollo del capitalismo y se acercan a la célebre frase de Walter Benjamin de la revolución como “freno de emergencia” y no como locomotora de la historia.

Por eso la Teia dos Povos piensa que el sentido de una revolución debe consistir en “recuperar aquello que el capitalismo buscó atar en nuestras comunidades”. Para que los procesos de cambio no sean aliados del colonialismo y del capitalismo, necesitan recuperar las cosmovisiones ancestrales, cuestión en la cual la espiritualidad juega un papel destacado. El sentido de la ancestralidad maya es “hacer volver de nuevo el corazón”. Pasa por visibilizar los modos indígenas de cohabitar el mundo, de sentir y nombrar la vida en y con el cosmos. Apela al concepto maya de Ch´ulel, o espíritu-conciencia colectivo, que al despertar “nos permite como pueblos prefigurar nuestros modos de vida digna posible como consecuencia de una experiencia común y colectiva que hemos vivido históricamente”.

En esta visión del mundo, la lucha zapatista es el despertar del Ch´ulel que parte de lo personal (no individualista), la familia y la comunidad, para expresarse en el espacio territorial. “El sujeto que insurgió”, explica López Intzín, “fue desde la tierra que comenzó a prefigurar espacios-territorios muy otros, autónomos y, por lo tanto, liberados”. La palabra colectiva en torno a la fogata les permite recrear el poder comunal y tejer la palabra en “común-unidad”.

“Cada zapatista cuida ese espacio-territorio como su milpa ya que esta milpa es estratégica para la supervivencia de la autonomía!

Una forma de movilización que se ve poco porque es muy propia de los pueblos es la que realizan al interior de sí mismos. Refrendan su compromiso de recomponer sus reladciones con sus antepasados, sus deidades y la naturaleza. Son las movilizaciones más significativas para lospueblos, porque a partir de ellas construyen su autonomía.

Las prácticas espirituales en los pueblos contribuyen a la fortaleza colectiva, en particular cuando enfrentan enemigos que pretender destruirlos o en momentos que deben tomar decisiones importantes.

La espiritualidad también se manifiesta en algunos movimientos educativos. No se trata de “enseñar” sino de inducir a “aprender”, o sea de que los niños y las niñas se conviertan en sujetos de su auto-aprendizaje. Se llega a esta situación a través de la concentración y la atención, en espacis que conocen y les resultan familiares, rodeados de vecinos de la comunidad, de amigos y de sus propias familias.

Una “pedagogia del aprendizaje” que se sustenta sobre todo en “la estrategia de la visualización, antes que la interacción verbal; por lo tanto, se habla de una pedagogía visual táctil antes que oral, donde poco se usa la palabra “enseñar”. Los modos de aprenden y enseñar son: aprendizaje discreto (los niños generan sus propios espacios, tiempos y recursos, observando a sus padres pero tomando ellos la iniciativa); aprendizaje interactivo (en base a la reciprocidad, cuando todos comparten lo que saben, una suerte de “red de autoaprendizaje comunal”); y el aprendizaje guiado (la madre entrega una pallara, un instrumento sencillo para tejer, que lo guía en su tarea).

Estas pedagogías contrastan con las metodologías utilizadas por la educación popular que son “homogeneizadoras”. La diversidad andina de modos de aprender puede vincularse a la no-estatización de la educación, en espacios que vn desde la familia y la comunidad hasta los grupos de amigos y vecinos, pero también a la superación de la dicotomía sujeto-objetivo, profesor-alumno, al punto que entre grupos quechuas se registra un proceso de aprendizaje sin enseñanza que es un “aprendizaje implícito”.

Las espiritualidades nos iluminan sobre las instituciones y las prácticas propias del sistema-mundo capitalista que no son las que podrían resolver la crisis en la que estamos inmersas.

Estos pueblos nos dicen que no sólo otro mundo es posible sino que ya existe en medio del que ya está desmoronándose; y que son un camino de vida en un mundo que parece atenazado por la cultura de muerte.

Se trata de una política que busca rescatar la historia de los pueblos, actualizarla en el combate contra la opresión y, por lo tanto, se encuentra con la necesidad de una liberación colectiva de aquellos rasgos de los opresores que hemos interiorizado. Por eso el punto de partida no es un programa general, sino la espiritualidad y los lugares sagrados. Es desde esos vínculos profundos como podemos recuperar/recordar lo que somos, paso precio e inevitable para ponernos de pie. Digamos que la espiritualidad nos permite, como personas y como pueblos, encontrar la brújula que nos guia en el camino. Ella nos ayuda a ponernos de pie, a reencontrarnos con lo que somos y habíamos perdido en estos cinco siglos de opresión y de interiorización de la opresión.

La espiritualidad originaria es una ética de vida. Son horizontes, brújulas, nortes para no perdernos. La resistencia es un paso defensivo importante para poner un límite al opresor. Pero ella no nos libera de la opresión que hemos interiorizado.

Se pierden y son derrotados cuando dejan de ser lo que son, cuando dejan de identificar quiénes son sus compañeros de camino y quienes los van a inducir en el camino de la corrupción y el individualismo. Por eso la ética es lo fundamental. Porque nos ayuda a mirarnos al espejo para tomar las decisiones fundamentales de nuestras vidas.

Gobiernos autónomos amazónicos del Perú: Sujetos políticos defendiendo la vida

el principal problema que enfrentan los pueblos amazónicos es el avance del extractivismo minero y maderero, aliado con el narcotráfico y la indiferencia o complicidad estatal. La extracción de oro con draga suele ir de la mano de actores armados. L

Las autonomías territoriales y los autogobiernos de lo spueblos necesitan defender sus espacios en un período de crecientes violencias estatales y del crimen organizado, que son los actores de las guerras de despojo. Si no lo hicieran, tanto la supervivencia de los pueblos y colectivos como de las autonomías, estarían en serio riesgo. Sin embargo, muchas autonomías no han avanzado en el camino de crear sus guardias indígenas y de defensa, o lo vienen haciendo de manera gradual y parcial. Sucede que los pueblos construyen autonomías por necesidad y van comprendiendo de a poco las reglas del juego que les impone este sistema ecocida y genocida.

Su misión es clara: defender el territorio y combatir cualquier tipo de minería, formal o informal, que amenace el equilibrio social y ambiental.

Las autonomías de lo pueblos indígenas nos permiten repensar la política, ya no basada en la acumulación de poder ni capital, sino arraigada en los territorios, centrada en la colectividad y la reproducción de la vida.

El gran reto es impedir que el sentido común extractivista se instale entre la población más joven.

También están dando una batalla por el reconocimiento de los profesores de los pueblos, de sus lenguas y de las prácticas de salud propias dentro de las políticas públicas.

Los gobiernos autónomos en organización en Perú, no esperan que el Estado les resuelva sus necesidades, pero no ignoran sus atribuciones. NO pretenden separarse del Perú, reivindican la ciudadanía peruana, pero a la vez reivindican su control sobre el territorio ancestral. Por lo tanto, están interesados en organizar sus necesidades: producción, salud, género, justicia, medio ambiente, comunicación.

La vitalidad y diversidad del bosque es esencial para la autonomía comunal y por consecuencia del gobierno autónomo.

El gobierno wampis viene impulsando la instalación de emprendimientos comunitarios para el procesamiento de sus productos. Estos emprendimientos buscan “diversificar las fuentes de ingresos de las comunidades, con un enfoque que integra la autogestión desde una perspectiva horizontal y la identidad cultural”. Entre las mas destacables figuran la creación de mercados locales, la promoción de la agricultura ecológica y el fortalecimiento de la economía familiar con énfasis en la autonomía alimentaria. En el terreno de la salud, muchas comunidades wampis han logrado acceso a servicios de salud “dignos y culturalmente adecuados”.

Destaca el sistema de justicia comunal irreductible a la estructura del gobierno, bajo decisión de las asambleas comunales y sus autoridades. Se retoman las prácticas de justicia ancestrales que”buscan fortalecer la justicia indígena y los mecanismos internos de resolución de conflictos”.

El Estado no ha reconocido los gobiernos, ni ha incorporado las figuras del gobierno autónomo, como ha hecho con las rondas campesinas. El gobierno wampis reivindica que le ueden llegar los recursos del Estado, pero manteniendo el control de la ejecución de las políticas en sus territorios, como para la educación pluricultural bilingüe, la atención a la salud. También existe una dependencia de ONGs europeas y estadounidenses, y hasta con Gobiernos del Norte.

Descolonizando los Comunes: prácticas anti-capitalistas y anti-coloniales

Los pueblos que habitan América Latina tienen una dilatada experiencia de vivir en/lo Común, que incluye trayectorias propias enraizadas en territorios diversos y en prácticas colectivas. La genealogía del Común en este continente es bien diferente a la europea y conoció derivas completamente alejadas con la tradición de luchas y resistencias campesinas que desembocaron en la formación de la clase obrera. En general, son espacios mantenidos durante largo tiempo por los pueblos originarios, que supieron resistir la Conquista alejándose de las grandes ciudades y refugiándose en bosques o en la selva amazónica para reproducirse como pueblos.

Los pueblos negros que resistieron en quilombos y palenques también sostuvieron el Común, así como los que viven en riberas de los ríos como pescadores artesanales, o los “faxinalenses” que tienen sus pastos comunales, recolectores de flores y de mangaba, cortadores de coco babasú, entre los 28 pueblos y comunidades tradicionales de Brasil.

Estos pueblos evidencian la diversidad de comunes, la infinidad de relaciones posibles con la naturaleza, los ríos, los bosques, los pastos, las plantas y los árboles, en función de cada historia y cada cosmovisión. Una diversidad que es irreductible a un concepto unitario/unico de Común. Porque el Común de nuestros pueblos, si bien se asienta el la tierra/territorio, no se define solamente en base a la ocupación del espacio ya que en muchos casos lo común puede ser una planta como el coco babasú o las flores, las frutas, los ríos o incluso, el arte des anar de las “rezadeiras”, curanderas brujas, cuyos saberes de sanación son considerados bienes comunes.

Lo Común no preexiste como tal, sino solo como potencia. LO común son relaciones sociales, no objetos materiales o simbólicos. Lo común es el resultado de una lucha. De una pelea por defender o crear Comunes. Como relación social, lo Común se activa, se pone en movimneto en y con el conflicto, y es inseparable de la situación en la cual se creía.

Raúl Zibechi

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