COP 30 ¡Poca broma!
por Michael Roberts
El chiste habitual sobre la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP) es que cada una de ellas es un cop-out (escaqueo). Cada vez que se reúne, las partes no logran ponerse de acuerdo para acabar con la producción de combustibles fósiles como fuente de energía, a pesar de que se sepa con certeza que el carbono y otras emisiones de gases de efecto invernadero provienen precisamente del uso de combustibles fósiles. Cada vez se muestran incapaces de planificar e implementar reducciones significativas de las emisiones de todas las fuentes, la producción, el transporte, las guerras, etc. En cada ocasión dejan de acordar cualquier reversión significativa de la interminable deforestación, de la contaminación de los océanos y de la extinción acelerada de especies y de la biodiversidad.
La broma de decir que es un cop-out ya no tiene gracia. La COP30 no ha sido un chiste, por mucho que el acuerdo alcanzado sí lo es. No queda tiempo para más. El mundo se calienta hasta el punto de causar un daño irreversible para la humanidad, otras especies y el propio planeta.
Harjeet Singh, de la Fundación Climática Satat Sampada, ha declarado: “La COP30 pasará a la historia como la tertulia más mortífera de todos los tiempos”. Los negociadores pasaron en Belém, Brasil, “algunos días debatiendo sobre lo que había que debatir e inventando nuevos diálogos tan solo para evitar tomar las medidas que importan, comprometiéndose a emprender una transición justa y poniendo dinero sobre la mesa”. Descartaron abordar la cuestión fundamental del abandono de los combustibles fósiles debido al bloqueo de los países petroleros y de la mayoría de las potencias occidentales. Incluso se opusieron a la idea descafeinada de una hoja de ruta hacia una transición.
También se pospuso la cuestión de cómo deberían responder los países al hecho de que los actuales planes climáticos nacionales, las llamadas contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN), conducirán a un aumento de la temperatura global hasta alrededor de los 2,5°C por encima de los niveles preindustriales, muy por encima del límite de 1,5°C establecido en 2015 por acuerdo de la COP de París. El acuerdo de la COP30 consiste en “seguir hablando”de la enorme distancia que media entre los objetivos nacionales y las reducciones de las emisiones de carbono necesarias para no rebasar los 1,5°C.
Los y las científicas presentes en la COP30 lo dejaron claro… una vez más. Las emisiones tienen que empezar a descender el año que viene, afirman, y después seguir menguando de modo constante en las décadas siguientes: “Hace falta empezar desde ya a reducir las emisiones de CO2 procedentes de los combustibles fósiles a razón del 5% anual. Esto es necesario para poder evitar unos impactos climáticos imposibles de gestionar y extremadamente costosos que afectarán a todo el mundo.” Es imprescindible acelerar la reducción de emisiones: “Es preciso que nos acerquemos lo más posible a las cero absoluto emisiones de los combustibles fósiles de aquí a 2040, a más tardar a 2045. Esto implica a escala global poner fin a toda inversión en combustibles fósiles y a todo subsidio a su producción y trazar un plan mundial para la introducción de fuentes de energía renovables y de bajas emisiones de carbono de manera justa, abandonando rápidamente los combustibles fósiles.”
Añadieron que la financiación –de los países desarrollados a los países en desarrollo– es fundamental para dar credibilidad al Acuerdo de París de 2015 para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 ºC. “Ha de ser predecible, basada en garantías y coherente con una transición justa y equitativa”, declararon. “Sin escalar y reformar la financiación climática, los países en desarrollo no pueden planificar, no pueden invertir y no pueden llevar a cabo la transición necesaria para asegurar una supervivencia compartida.” La COP30 ha acordado incrementar la financiación de los países ricos a los países pobres, pero esta financiación incrementada se repartiría entre los próximos diez años, ¡no cinco como antes!

[Es preciso que las energías renovables sustituyan rápidamente a otras fuentes de energía para cumplir los objetivos climáticos / Generación mundial de electricidad en %]
En cambio, según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, la demanda global de petróleo y gas aumentará durante los próximos 25 años si el mundo no cambia de rumbo. Las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando a pesar del crecimiento exponencial de las renovables. El uso de carbón marcó un récord el año pasado en el mundo pese a los esfuerzos por implantar las energías limpias.

De modo que las emisiones globales de CO2 van al alza, no a la baja. Las emisiones anuales de CO2 asociadas a la energía aumentarán ligeramente de los niveles actuales y se acercarán a 40 gigatoneladas de dióxido de carbono al año a comienzos de la década de 2030, manteniéndose más o menos en este nivel hasta 2050. Puede que las emisiones disminuyan en las economías avanzadas, sobre todo en Europa, así como en China a partir de 2030, pero aumentarán en el resto.
Y no solo se trata de las emisiones de carbono. El metano es un gas de efecto invernadero 80 veces más potente que el dióxido de carbono y es responsable de alrededor de un tercio del calentamiento registrado últimamente. En las cop-outs anteriores se había acordado recortar un 30% las emisiones de metano hasta 2030. Sin embargo, las emisiones de este gas han seguido aumentando. Colectivamente, las emisiones de seis de los Estados miembros –EEUU, Australia, Kuwait, Turkmenistán, Uzbekistán e Iraq– se sitúan por encima del nivel de 2020.

[Emisiones antropogénicas totales de gases de efecto invernadero 1990-2024]
De manera que el planeta sigue calentándose. Este año y los últimos dos han sido los tres más cálidos desde que este dato empezó a registrarse hace 176 años. Y los últimos 15 años, o sea, desde 2015, también serán los 11 más cálidos que se hayan registrado. Estamos alcanzando los puntos de inflexión (irreversibles): los glaciares se funden, los bosques desaparecen, hay cada vez más incendios forestales, inundaciones y sequías. El mundo va rumbo a los 2,8°C de calentamiento, y como revela el último informe de Naciones Unidas, las promesas climáticas no hacen otra cosa que marear la perdiz.
El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025: Fuera del Blanco, del PNUMA, muestra que los nuevos compromisos climáticos disponibles al amparo del Acuerdo de París solo han reducido ligeramente el ritmo de aumento de la temperatura global en lo que llevamos del siglo XXI, abocando al mundo a una grave escalada de los riesgos y daños climáticos. Menos de un tercio de los países (62 de 197) han presentado sus planes de medidas climáticas, las llamadas contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN) del acuerdo de París. EEUU, el país con más emisiones por habitante, ha abandonado el proceso y no se ha dejado caer en la COP30. Europa también ha dejado de aportar. Ninguno de los 45 indicadores globales analizados van camino de cumplir los objetivos.

[Ninguno de los 45 indicadores globales analizados en el informe van camino de cumplir los objetivos: Financiación climática privada / Eólica y solar / Deforestación / Descarbonización del acero]
Los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera se dispararon marcando en 2024 un nuevo récord, según datos de Naciones Unidas. La concentración media global del gas registró un aumento de 3,5 partes por millón (ppm) para alcanzar 424 ppm en 2024, el mayor incremento desde que se iniciaron las mediciones modernas en 1957, de acuerdo con el informe de la Organización Meteorológica Mundial.
Varios factores contribuyeron al aumento del CO2, entre ellos otro año de quema incesante de combustibles fósiles. Otro factor fue la proliferación de incendios forestales en condiciones más cálidas y secas debido al calentamiento global. Las emisiones de los incendios forestales en América alcanzaron niveles históricos en 2024, que fue el año más caluroso jamás registrado.
Los y las científicas climáticas también están preocupadas por un tercer factor: la posibilidad de que los sumideros de carbono del planeta estén empezando a fallar. Aproximadamente la mitad de todas las emisiones de CO2 cada año se retiran de la atmósfera al disolverse en el océano o ser absorbidas por los árboles y las plantas en crecimiento. Pero los océanos están calentándose y, por lo tanto, absorben menos CO2, mientras que en tierra firme las condiciones más cálidas y secas y el aumento de los incendios forestales comportan un menor crecimiento de las plantas.
Para cumplir los objetivos del Acuerdo de París de 2°C y 1,5°C, respectivamente, es necesario reducir las emisiones anuales en un 35% y un 55% en 2035, con respecto a los niveles de 2019. Dada la magnitud de las reducciones necesarias, el poco tiempo disponible para llevarlas a cabo y el difícil clima político, es inevitable que se produzca un aumento permanente de la temperatura global antes de que termine esta década. El objetivo de París está tan muerto como las personas y las especies que mueren a causa del cambio climático.

[Probabilidad de que se limite el calentamiento por debajo de un umbral de temperatura específico (%) a lo largo del siglo XXI]
De hecho, el aumento del calor global está matando a una persona por minuto en todo el mundo, según revela un importante informe sobre el impacto de la crisis climática en la salud. El informe afirma que la tasa de muertes relacionadas con el calor ha aumentado un 23% desde la década de 1990, incluso teniendo en cuenta el aumento de la población, hasta alcanzar una media de 546.000 al año entre 2012 y 2021. En los últimos cuatro años, la persona media ha estado expuesta a 19 días al año de calor potencialmente mortal, y 16 de esos días no se habrían producido sin el calentamiento global provocado por el ser humano, según el informe. En total, la exposición a altas temperaturas provocó una pérdida récord de 639.000 millones de horas de trabajo en 2024, lo que causó pérdidas del 6% del PIB nacional en los países menos desarrollados.
La quema continua de combustibles fósiles no solo calienta el planeta, sino que también produce contaminación atmosférica, causando millones de muertes al año. Los incendios forestales, avivados por unas condiciones cada vez más cálidas y secas, se suman a las muertes causadas por el humo, con un récord de 154.000 muertes registradas en 2024, según el informe. Las sequías y las olas de calor dañan los cultivos y el ganado, y 123 millones de personas más sufrieron inseguridad alimentaria en 2023, con respecto a la media anual entre 1981 y 2010.
¿Por qué no se están cumpliendo los objetivos de reducción de emisiones o ni siquiera se han acordado? La respuesta es el dinero. A pesar del daño, los gobiernos del mundo proporcionaron 956.000 millones de dólares en subvenciones directas a los combustibles fósiles en 2023. Esta cifra eclipsó los 300 000 millones de dólares anuales prometidos en la COP29 en 2024 para apoyar a los países más vulnerables al clima. El Reino Unido proporcionó 28.000 millones de dólares en subvenciones a los combustibles fósiles en 2023 y Australia asignó 11.000 millones. Quince países, entre ellos Arabia Saudí, Egipto, Venezuela y Argelia, gastaron más en subvenciones a los combustibles fósiles que en sus presupuestos nacionales de salud.
Las 100 mayores empresas de combustibles fósiles del mundo aumentaron su producción prevista en el año hasta marzo de 2025, lo que daría lugar a unas emisiones de dióxido de carbono tres veces superiores a las compatibles con el objetivo del acuerdo climático de París de limitar el calentamiento a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, según el informe. Los bancos comerciales están apoyando esta expansión, y los 40 principales prestamistas del sector de los combustibles fósiles invertirán colectivamente en 2024 la cifra más alta de los últimos cinco años, 611.000 millones de dólares. Sus préstamos al sector verde fueron inferiores, con 532.000 millones de dólares.

[Financiación acumulada de los combustibles fósiles, 2016-2023]
La razón para ampliar la producción de combustibles fósiles es que resulta mucho más rentable que cambiar a las energías renovables. El problema es que los gobiernos insisten en que la inversión privada debe liderar el impulso hacia las energías renovables, pero la inversión privada solo se produce si es rentable.
La rentabilidad es el problema, en dos sentidos. En primer lugar, la rentabilidad media a escala mundial se encuentra en niveles bajos, por lo que el crecimiento de la inversión en todos los ámbitos se ha ralentizado de forma similar. Los precios de las energías renovables han caído drásticamente en los últimos años. Irónicamente, los precios más bajos de las energías renovables reducen la rentabilidad de este tipo de inversiones. La fabricación de paneles solares está sufriendo una grave contracción de los beneficios, al igual que los operadores de parques solares. Esto pone de manifiesto la contradicción fundamental de la inversión capitalista entre la reducción de costos mediante una mayor productividad y la ralentización de la inversión debido a la caída de la rentabilidad.
Brett Christophers, en su libro The Price is Wrong – why capitalism won’t save the planet (El precio es erróneo: por qué el capitalismo no salvará el planeta), sostiene que no es el precio de las energías renovables frente al de los combustibles fósiles lo que supone un obstáculo para alcanzar los objetivos de inversión destinados a limitar el calentamiento global, sino la rentabilidad de las energías renovables en comparación con la producción de combustibles fósiles. Christophers muestra que, en un país como Suecia, la energía eólica se puede producir a un precio muy bajo. Sin embargo, la propia reducción de los costos también reduce su potencial de ingresos.
Esta contradicción ha reforzado los argumentos de las empresas de combustibles fósiles de que la producción de petróleo y gas no se puede eliminar rápidamente. Peter Martin, economista jefe de Wood Mackenzie, lo explicó de otra manera: “El aumento del costo del capital tiene profundas implicaciones para las industrias de la energía y los recursos naturales”, y que las tasas más altas “afectan de manera desproporcionada a las energías renovables y a la energía nuclear debido a su alta intensidad de capital y bajos rendimientos».
Como señala Christophers, la rentabilidad del petróleo y el gas ha sido, en general, mucho mayor que la de las energías renovables, lo que explica por qué, en las décadas de 1980 y 1990, las grandes empresas petroleras y gasistas cerraron sin contemplaciones sus primeras iniciativas en el ámbito de las energías renovables. “El mismo cálculo comparativo explica igualmente por qué esas mismas empresas están pasando a la energía limpia a un ritmo más lento que el de un caracol.”
Christophers cita al director ejecutivo de Shell, Wael Sawan, en su respuesta a una pregunta sobre si consideraba aceptables para su empresa los bajos rendimientos de las energías renovables: “Creo que en lo que respecta a las bajas emisiones de carbono, permítame ser categórico al respecto. Buscaremos obtener buenos rendimientos en cualquier negocio en el que nos involucremos. No podemos justificar la búsqueda de un rendimiento bajo. Nuestros accionistas merecen vernos perseguir fuertes rendimientos. Si no podemos lograr rendimientos de dos dígitos en un negocio, debemos plantearnos seriamente si debemos continuar en él. Por supuesto, queremos seguir reduciendo cada vez más las emisiones de carbono, pero tiene que ser rentable.”
Por estas razones, los economistas del banco JP Morgan concluyen que “el mundo necesita un baño de realidad en su transición de los combustibles fósiles a las energías renovables”, y afirman que pueden hacer falta “generaciones” para alcanzar los objetivos de cero neto emisiones. JP Morgan considera que cambiar el sistema energético mundial “es un proceso que debe medirse en décadas, o generaciones, no en años”. Esto se debe a que la inversión en energías renovables “ofrece actualmente rendimientos inferiores a la media”.
La única forma de que la humanidad pueda evitar un desastre climático es mediante un plan global basado en la propiedad común de los recursos y la tecnología que sustituya al sistema de mercado capitalista. Mientras tanto, el escaqueo continúa.
Traducción: viento sur, Viento sur
