LOS MAGOS DEL ODIO (ii)
“La nación húngara es una comunidad que debe organizarse, reforzarse y, en definitiva, construirse. En este sentido, el Nuevo Estado que estamos construyendo en Hungría es un Estado iliberal, y no un Estado liberal. No niega los valores fundamentales del liberalismo como la libertad, pero no hace de esta ideología el elemento central de la organización estatal.
En la práctica, para Orban, el Estado debía estar al servicio del pueblo, entendido como la mayoría de los húngaros. Y nada ni nadie tenía la potestad de oponerse al ejercicio de la soberanía popular en nombre de la defensa de alguna minoría o principio constitucional cualquiera. “en la actualidad, el liberalismo europeo no gira en torno a la libertad, sino sobre la “corrección política”. Se ha convertido en una ideología esclerótica y dogmática. Los liberales son los enemigos de la libertad”. En cuanto a los contrapoderes, eran una “invención estadounidense que Europa ha adoptado por mediocridad intelectual”.
Orban era un político oportunista, asistido por algoritmos y con sed de poder.
Bajo la batuta de los nuevos líderes soberanistas, las democracias iliberales del Este se presentan como un modelo alternativo para todos aquellos que se atrincheran en torno a los valores seculares de la “verdadera” Europa: Dios , la patria y la familia. Estos regímenes se erigen hoy en tanto que baluartes contra la dictadura de la “corrección política” y los derechos de las minorías, que diluyen las tradiciones y contestan la importancia de la familia. Se oponen, además, a una inmigración masiva que amenazaría la homogeneidad y la identidad cultural de los pueblos europeos.
Hoy, en cambio, su misión es preservar la llama de los valores que el Oeste ha perdido. “Ahora tenemos la impresión de representar el propio futuro de Europa”.
En todos los países industrializados, los ingenieros del caos han instrumentalizado el miedo al extranjero, ya se trate de refugiados, inmigrantes e incluso compatriotas de origen étnico o religión diferentes, para convertirlo en populista.
Desde su punto de vista, la ventaja de la cuestión migratoria no consiste únicamente en reforzar la división de Schmitt entre nosotros y ellos, sino que sobretodo quiebra las barreras tradicionales entre la derecha y la izquierda.
El énfasis sobre la inmigración permite desarticular el discurso de las formaciones tradicionales y libera un enorme espacio político para que el populista pueda presentarse, de este modo, como alguien ni de derechas ni de izquierdas.
“Pero la razón por la cual tuvo tanto éxito es precisamente porque su mensaje no se circunscribe en exclusiva a la derecha”.
La cuestión migratoria es el tema sobre el que la derecha populista podría sellar su colaboración con la izquierda populista. Sólo se trata de transformar la oferta política para sincronizarla con la demanda.
Física política
Algunas elecciones se deciden con márgenes tan estrechos que la capacidad para influir sobre un puñado de votos, de manera específica, podría marcar la diferencia.
En los últimos años, por vez primera, comportamientos humanos que hasta ahora habían permanecido como un fin en sí mismos empezaron a producir un flujo masivo de datos.
Gracias a Internet y a las redes sociales, nuestro hábitos, preferencias, opiniones e incluso emociones pueden medirse.
Esta profusión de datos sin precedentes es el origen del nuevo papel de los físcios en la política.
“las leyes de la física se aplican al comportamiento humano agregado. Hay analogías sobre la based e las cuales se pueden aplicar ciertos principios, pese a tratarse de sistemas caóticos”.
“Decir que un sistema es caótico implica hablar de un sistema en el que una pequeña variación de sus condiciones iniciales puede producir enormes efectos en su evolución. Un sistema de seres humanos que interactúan entre si puede ser un sistema caótico en el que, por ejemplo, una noticia falsa puede ser la pequeña modificación inicial que produciría enormes efectos secundarios”.
“Si se analiza Facebook en la actualidad, hay casi tantos sensores como moléculas (es decir, usuarios). El problema aparece entonces en la interpretación de los datos. Y ahí interviene la ventaja competitiva del físico que, a diferencia del político, está acostumbrado a trabajar con una cantidad infinita de datos”.
Desde Tucídices, el líder es aquél capaz de “predecir, entre los distintos eventos inminentes posibles, aquel que en realidad tendrá lugar”.
“Antes de intervenir en un sistema es necesario entenderlo, algo que el político no sabe hacer. Este último se basa en muy pocos elementos, algunas encuestas, sus instintos. La política recaba información básica y actúa en función de esta: Salvini, por ejemplo, es consciente de que hay personas que están en contra de los migrantes y trata de acaparar sus votos”.
“El físico, por el contrario, está habituado a reunir tantos datos como sea posible, al ser los valores de las variables que describen el sistema. Asimismo, casi siempre efectúa experimentos que someten el sistema al máximo de condiciones diferentes, a través de simulaciones de software”.
“Hoy día, hay datos suficientes para obtener respuestas en tiempo real a estas y otras muchas preguntas. Pero, para conseguirlos, hay que ser capaz de conducir experimentos, hay que saber cómo recopilar los datos y hay que saber cómo analizarlos”.
“Los físicos trabajan mediante simulaciones”.
“En la actualidad, las simulaciones se llevan a cabo con datos reales. Una vez que uno ha realizado la experiencia, que ha recopilado los datos y los ha analizado,, es capaz de identificar las correlaciones, es decir, el modo en que la modificación de un parámetro-incluso uno pequeño- afecta al sistema en su conjunto. Un sistema, en este caso, con muchas variables y posibles efectos caóticos”.
Solo entonces es posible empezar a intervenir para lograr un efecto determinado sobre otro.
“Se hace posible al optimizar los parámetros del sistema, Cambias algo y mejora el resultado a partir del objetivo que te has marcado. ¿Lograr que alguien vote por ti o que, por el contrario, se quede en casa el día de las elecciones? Más allá del objetivo, hay mensajes más y menos eficaces. Los clics lo indican en tiempo real y, en función de su deriva, es posible hacer pruebas para modificar mensajes continuamente, tanto en el contenido como en su forma, mientras conservamos las características que funcionan y descartamos las menos eficaces. Sin duda, modificamos el sistema cada vez que optimizamos sus parámetros, de modo que hay que recabar nuevos datos para comprender cómo, para acto seguido optimizar de nuevo y así sucesivamente, en un ciclo casi infinito”.
En la actualidad, el trabajo de los físicos permite enviar a cada votante un mensaje personalizado en función de sus características individuales. Ello posibilita una comunicación mucho más eficaz y racional que en el pasado, pero también plantea nuevos problemas.
Dado que gran parte de esta actividad tiene lugar en las redes sociales, ello implica, al menos en apariencia, una comunicación entre pares más que un mensaje oficial procedente de las altas esferas: este tipo de propaganda viral escapa a cualquier forma de control y verificación de hechos. Si fuera revelada por casualidad, su autoría podría ser fácilmente negada por el actor político que la hubiera originado. La consecuencia es lo que algunos ya han empezado a definir como “dog whistle politics”, una política que se serviría del equivalente cognitivo a silbatos para perros en la que solo unos pocos percibirían y comprenderían la llamada, mientras el resto no oiría nada.
Una maquinaria poderosa, diseñada en su origen para ajustarse con increíble precisión a cada consumidor, a sus gustos y a sus aspiraciones, ha irrumpido en la política.
Y dado que las redes sociales son dispositivos comerciales en estado puro, no están equipadas para impedir las derivas y abusos en este dominio.
Lo único que les interesa es el interés suscitado, el tiempo que cada usuario pasa en la plataforma.
Gracias a esta maquinaria, las campañas electorales se están transformando cada vez más en guerras relacionadas con el software, durante las cuales los opositores see nfrentan con la existencia de armas convencionales (mensajes públicos e información veraz), así como con armas no convencionales (manipulaciones y noticias falsas), con el objetivo de lograr dos resultados: multiplicar y movilizar su apoyo, por un lado; y , por otro, desmovilizar el de los demás.
Esta contienda todavía no ha anulado por completo el juego político tradicional, pero está ganando importancia y su impacto es ya patente en nuestra sociedad.
En el viejo sistema, cada líder político tenía instrumentos muy limitados para segmentar a sus votantes. Podía enviar mensajes específicos a determinadas categorías básicas-sindicatos, pequeños empresarios, amas de casa-, pero para lograrlo debía hacerlo públicacmente. Cualquiera que quisiera crear un consenso mayoritario-y no solo un nicho- se veía obligado a abordar al votante promedio con mensajes moderados sobre los cuales pudiera converger el mayor número posible de personas.
Un juego democrático tradicional tenía por tanto una tendencia centrípeta: ganaba quien lograba ocupar el centro del espectro político.
En el nuevo contexto, el desarrollo de un proyecto político capaz de convencer a tofos-para crear consenso- importa mucho menos que la multitud, la masa compacta, fue abolida en favor de la confluencia de individuos separados, cada uno de los cuales se puede seguir en detalle.
En una situación semejante
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el objetivo ahora es identificar los temas que importan a todos y luego explotarlos a través de una campaña de comunicación individualizada. La ciencia de los físicos permite a las campañas contradictorias coexistir sin conflicto, sin reunirse en ninguna ocasión, hasta el momento de la votación. En el nuevo contexto, la política se vuelve centrífuga. Ya no se trata de unir a los votantes en torno al minimo común denominador, sino más bien de inflamar las pasiones de tantos grupos como sea posible y sumarlas luego, incluso sin el conocimiento de los implicados. Las inevitables contradicciones contenidas en los mensajes dirigidos a unos y ottros permanecerán en cualquier caso invisibles a los ojos de los medios de comunicación y del público en general.
Este razonamiento es tan aplicable a las comunidades más inofensivas como a los fanáticos religiosos. Mientras el movimiento convergente de la vieja política marginalizaba a los extremistas, la lógica centrífuga de la política de los físicos los valoriza. No los sitúa en el centro, porque el centro ya no existe, pero les ofrece un espacio y respuestas.
Una dinámica económica que sigue la misma lógica refuerza también esta tendencia. Hasta hace unos años no era cómodo ser un extremista en política. Hoy, por el contrario, Internet ha abierto un panorama de oportunidades económicas a los propagadores de odio. La lógica de los nuevos medios, que hace hincapié en los contenidos capaces de suscitar las emociones más intensas, crean obstáculos para los creadores más moderados, que afrontan mayores dificultades para generar tráfico en Internet y lograr así ingresos satisfactorios para ellos y para los medios que los alojan.
En un entorno de este tipo, el comportamiento de los líderes y los partidos se hace inestable. Incluso para los partidos “clásicos”, la motivación para elaborar una plataforma coherente y un mensaje unificado capaz de atraer al elector promedio disminuye, mientras crece la tentación de multiplicar las señales-incluso las contradictorias-, con el objetivo de captar los grupos más dispares. El líder y el partido se transforman en un algoritmo sin linea propia definida, pero capaz de interpretar las demandas más diversas gracias a la brújula que representan los datos.
El líder político se convierte en “un hombre hueco”: “Los temas de su conversación le son otorgados por quienes lo interrogan: ellos son los que ponen las palabras en su boca y crean la conversación”. El único valor añadido que se le pide es el propio del contenido del espectáculo: “Never be boring”.
En la dialéctica de este proceso, la coherencia y la veracidad importan mucho menos que la magnitud de la resonancia, que abarca todo el espectro de opiniones: desde quienes se identificaban como simpatizantes de la izquierda radical hasta hace poco a los que pertenecen a la extrema derecha. Sin ninguna intención de moderarlos ni de agruparlos, sino por el contrario de radicalizarlos y sumarlos.
Para sembrar la duda dentro de la mayoría flexible, es necesario que el argumento radical obtenga una relativa masa crítica de apoyo. Es por ello que Trump y los otros populistas no pueden permitirse renegar de sus seguidores más extremos. Son ellos quienes constituyen la piedra angular de la movilización en su nombre.
Se trata de la lógica, conocida por los investigadores en ciencias sociales, de la teoría de la avalancha. Confrontados a una nueva opinión, nos interesamos por las fuentes y por las personas que conforman nuestro propio entorno de referencia: ¿es ésta una opinión aceptable? ¿Se puede compartir con otros?¿O debe en cambio rechazarse por falsa y engañosa? Para solventar dudas, nos dirigimos a los demás porque es parte de nuestra naturaleza como animales sociales y porque, en definitiva, es la respuesta más racional. En la mayoría de las cuestiones, carecemos de información de primera mano y debemos confiar en lo que interpretamos como la opinión dominante.
El umbral de resistencia frente a una nueva información u opinión varía entre las personas. Algunos lo aceptan con mayor facilidad porque refuerza convicciones ya existentes, mientras otros tendrían un umbral de resistencia más elevado. Pero lo que queda claro es que, cuanto más aumente el número de personas que adopta una nueva idea más cae la resistencia efectiva de quienes son más dificil de convencer al respecto. Una vez lograda una cierta masa crítica, puede suceder que, de manera relativamente insensible, una comunidad adopta en su conjunto una opinión o un comportamiento que inicialmente apenas era compartido por una minoría cerrada en si misma
Los extremistas se han convertido, en todos los aspectos, en el centro del sistema. Son ellos quienes marcan el tono de la conversación.
Mientras en el pasado el juego político consistía en idear un mensaje capaz de aglutinar, en la actualidad se trataría de desunir de la manera más chocante posible. Para consolidar una mayoría ya no hace falta converger en torno al centro político, sino más bien sumar los extremos.
De vuelta a la física, el riesgo reside en que un sistema caracterizado por un movimiento centrífugo es, inevitablemente, cada vez más inestable. ¿Cuánto tiempo más será posible gobernar las sociedades plagadas de impulsos centrífugos cada vez más poderoso?
Por lo que respecta a la información, el proceso es más reciente, pero ya muy avanzado. Hoy en día, la idea de una esfera pública en la que todos estén más o menos expuestos a la misma información (como ocurría en el pasado gracias a la difusión de periódicos y el ritual del telediario), casi ha dejado de existir.
Liberar los “animal spirits”-los impulsos del público más inconfesables y violentos- es relativamente fácil,. Mientras que seguir el camino opuesto es mucho más difícil. Tump, Salvini, bolsonaro y otros están destinados a decepcionar, tarde o temprano, las expectativas que han generado y a perder el consenso entre sus electores. Pero el estilo político que introdujeron, conformado por amenazas, insultos, alusiones racistas, embustes deliberados y teorías conspirativas, ha irrumpido en el centro político tras pasar décadas conminado a los márgenes del sistema.
Cuando los líderes actuales pasen de moda, es poco probable que los votantes, acostumbrados a las drogas dras del nacional-populismo, soliciten de nuevo la manzanilla de ls partidos tradicionales. Pedirán algo nuevo y puede que todavía más fuerte.
Conclusión
En la era del narcisismo de masas, es probable que la democracia representativa se encuentre más o menos en la misma situación que los gatos negros, que nadie los quiere prque no salen bien en los selfies. No en vano, su principio fundamental,, la intermediación, contrasta con el espíritu de los tiempos y con las nuevas tecnologías que posibilitan la desintermediación en todos los ámbitos. Así, sus tiempos, necesariamente dilatados al basarse en la exigencia de establecer compromisos, suscitan la indignación de los consumidores, acostumbrados a ver sus demandas satisfechas a golpe de clic. E incluso la democracia representativa se muestra como una maquinaria diseñada para dañar el ego de los adictos al selfie. ¿Qué quieres decir con el voto es secreto? Las nuevas convenciones consienten-o más bien afirman- que cualquiera puede ser fotografiado en cualquier ocasión. Pero, cuando uno intenta hacer lo mismo en la cabina de votación, ¿todo se anula? ¡Pero bueno, ese no es el tratamiento al que Amazon y las redes sociales nos han habituado!
Los nuevos movimientos populares y nacionalistas también se nutren de esta insatisfacción y no es casual que casi siempre emplacen en el núcleo de su programa la intención de hacer que la democracia representativa siga los mismos derroteros que el gato negro.
La oferta de participación de los nuevos movimientos populistas a sus simpatizantes es ya de por sí una propuesta de superación de la democracia representativa.
Para quienes viven en condiciones de aislamiento real, unirse al carnaval populista implica formar parte de una comunidad y, en cierto modo, transformar sus vidas incluso cuando no se logran los políticos de la iniciativa.
“Muchas de sus acciones, que tienen na indudable naturaleza lúdica y festiva, contribuyen a crear lazos de amistad y de solidaridad que convierten el activismo no en una actividad de riesgo sino en una actividad placentera”.
Se oculta una especie de enseñanza de desarrollo personal que pretende liberar las energías del individuo tras permanecer reprimidas durante demasiado tiempo. “La clave del éxito de Trump-escribe Matt Taibbi-es la idea de que las viejas del decoro son para los perdedores sin agallas, el coraje y la “trumpitud” para ser simplemente ellos mismos”. Es un mensaje liberador, poderoso, perfectamente en línea con la era del narcisismo de masas”.
Más allá de la dimensión física, es en el campo virtual que la adhesión a los movimientos nacional-populistas encuentra su realización más completa. Allí, los algoritmos desarrollados por los ingenieros del caos dan a todos la impresión de formar parte del núcleo de un levantamiento histórico y de haberse convertido en actores de una historia que creían estar condenados a sufrir de manera pasiva.
“Recuperar el control”, el eslogan del Brexit, que es también el argumento principal de todos los movimientos nacionalpopulistas, se basa en un instinto humano primitivo. Cuando se permite a los moradores de estas instituciones nimiedades viven más y mejor que cuando deben someterse a condiciones de vida ajenas a su voluntad.
En esencia, la democracia no es más que eso. Un sistema que permite a los miembros de una comunidad ejercer un control sobre su propio destino. Es también el no sentirse a merced de los acontecimientos ni de ninguna fuerza superior. Garantizar la dignidad de individuos autónomos, responsables de sus propias decisiones y de las consecuencias de estas. De ahí la dificultad de hacer la vista gorda si, en todas partes, los votantes , sienten haber perdido el control de su destino, debido a fuerzas que amenazan su bienestar sin que las claves dominantes muevan un dedo para ayudarlos.
Los ingenieros del caos han sabido leer que este malestar podía convertirse en un recurso político formidable y han usado su magia-más o menos negra-para multiplicarlo y orientarlo en la dirección que mejor se amolde a sus propósitos. En cuanto al programa, la respuesta de los nacionalpopulistas dan a la pérdida de control es la tradicional: el aislamiento. Cerrar las fronteras, abolir los tratados de libre comercio, proteger a los que permanecen en el interior con un muro-metafórico o real-que marque distancias con el mundo exterior. Pero, como hemos tratado de mostrar hasta ahora, en términos de formas e instrumentos, los ingenieros del caos han tomado una notable ventaja. En palabras de Woody Allen, en la era del narcisismo tecnológico, “los malos han comprendido algo que los buenos no saben”.
Para lograr este resultado, los ingenieros del caos han recurrido a veces a medios ilegales.
Es probable que este tipo de abusos se multipliquen a medida que los ingenieros del caos accedan al poder.
Pero, más allá de los abusos, la fuera de los ingenieros del caos ha radicado sobretodo en rememorar que la política no está compuesta solo de números e intereses. La capacidad de liderazgo y el brío de una visión política propia siguen siendo determinantes. No puede haber un proyecto político victorioso que no incorpore el deseo contagioso de querer transformar la realidad, incluso para realizar la involución que desea la mayoría de los nacionalpopulistas.
Dominique Reynié ha llamado la “crisis patrimonial”: el temor cada vez más generalizado a perder a la vez el patrimonio material-el nivel de vida-; y el patrimonio inmaterial-el estilo de vida-.
Con la política cuántica la realidad objetiva no existe. Cada cosa se define, temporalmente, en relación con otra cosa y, sobre todo, cada observador, determina su propia realidad. En este nuevo contexto es cada vez más raro acceder a contenido que no esté hecho a medida. Los algoritmos de Apple, Facebook y la propia Google garantizan que cada uno de nosotros reciba la información que nos interesa.
Así, en la política cuántica, la visión del mundo que cada uno de nosotros ve permanece oculta a los ojos de los demás. Este fenómeno dificulta cada vez más la posibilidad de alcanzar consensos. Según la sabiduría popular, para entenderse sería necesario “ponerse en el lugar del otro”, pero en la realidad de los algoritmos esta operación se ha vuelto imposible. Cada uno de nosotros camina en su propia burbuja en cuyo interior se escuchan unas voces determinadas y no otras, donde unos hechos existen y otros no. Y no tenemos ninguna posibilidad de salir de ella, ni mucho menos intercambiarla con otra persona. Porque lo que nos divide ya no son nuestras opiniones sobre los hechos, sino los propios hechos.
El derecho a contradecirse y a marcharse-que Baudelaire había requerido para los artistas- se ha convertido, para los nuevos políticos, en el derecho a contradecirse y a mantenerse en el cargo, al apoyar una cosa y lo contrario en una sucesión de tuits y de entradas de Facebook que construyen, la drillo a ladrillo, una realidad paralela para cada uno de sus seguidores.
“Debemos inventar una nueva sabiduría para una nueva era. Y al mismo tiempo, siaqueremos reconstruir algo consistente, apareceremos como heréticos, inapropiados, peligrosos, y desobedientes a ojos de todos los que nos han precedido”.
Es en este espíritu, a laq vez creativo y subversivo en el que todos los demócratas deberán ampararse para reinventar las formas y los contenidos de la política de los próximos años, si quieren defender sus valores y sus ideas en la era de la política cuántica.
Epílogo
Durante el período del COVID, en casi todas partes,los años 2020-2021 coincidieron con el revés electoral de los ingenieros del caos y el advenimiento de líderes moderados. Durante la pandemia la rebelión se desplazó definitivamente hacia la derecha, frente a una izquierda que no hacía más que desde hace tiempo imponer limites y correcciones en nombre de lo políticamente correcto o lo ecológico.
Una vez importadas al mundo real, las nuevas leyes de la política cuántica siguen afectando el mundo real. Así, los ingenieros del caos multiplican los guiños a los violentos, porque saben que así consiguen el doble resultado de galvanizar al núcleo duro de los extremistas y rebajar el coste de adherirse a lzas ieas más extremas para el resto.
A diferencia de hace años, nadie aboga por abandonar la UE ni el euro. Al mismo tiempo, la mayoría de las fuerzas políticas europeas que habían mantenido relaciones, a veces financieras, con el régimen ruso se vieron obligadas a distanciarse de Putin.
El resultado es el nacimiento de lo que Gilles Gresssani denomina “tecno-soberanismo”, que encontró su primera expresión con la victoria en Italia de Giorgia Meloni. Se trata de una nueva fórmula política, una síntesis entre la aceptación de la lógica tecnocrática de la Unión Europea y el marco geopolítico de la Alianza Atlántica, por un lado, y, por otro, la insistencia en valores muy conservadores y la guerra cultural a favor de una Europa “tradicional y cristiana”, de la que Meloni y los demás líderes nacional-populistas han hecho bandera. De acuerdo con esta estrategia, el nuevo gobierno italiano intenta evitar cualquier confrontación directa con las instituciones europeas, al tiempo que persigue directamente una línea fuertemente antiliberal. La estrategia de los ingenieros del caos que importan la lógica de las plataformas de Internet a la política permite desafiar las leyes de la gravitación conciliando lo irreconciliable.
La única posibilidad de escapar de las garras de los ingenieros del caos consiste en afirmar una visión motivadora del futuro y sustituir el miedo por el deseo, lo negativo por lo positivo. Pero la prevalencia de las narrativas negativas es abrumadora. No es solo una frase ni se debe solo a la política. Esto no es cíclico, sino estructural.
