Los magos del odio(I)

 

LOS MAGOS DEL ODIO(I)

 

Introducción

 

Tras las apariencias desenfrenadas del carnaval populista, se oculta el duro trabajo de docenas de sin doctores, de ideólogos y, cada vez más, de científicos y expertos en Big Data, sin los cuales los líderes populistas nunca habrían alcanzado el poder.

 

Estos ingenieros del caos están reinventando una propaganda adaptada a la era de los selfis y de las redes sociales y, al hacerlo, están transformando la naturaleza misma del juego democrático. Su acción es la traducción política de Facebook y Google. Esta es naturalmente populista porque, al igual que las redes sociales, no tolera ningún tipo de intermediación y usa con todo el mundo la misma vara de medir, con un sólo parámetro de juicio: los “me gusta”. Es indiferente al contenido porque, como las redes sociales solo tiene un objetivo: el que los jóvenes genios de Silicon Valley llaman “compromiso” y que en política se traduce como adhesión inmediata.

 

El algoritmo de los ingenieros del caos los empuja a la posición que haga falta (razonable o absurda, realista o intergaláctica), a condición de que capte las aspiraciones y los temores-especialmente los temores- de los votantes.

 

La jugada es inflamar las pasiones de la mayor parte de grupúsculos y sumarlas a continuación, incluso sin que estos lo sepan. Para conquistar una mayoría, su idea no es converger hacia el centro, sino aglutinarse en los extremos.

 

Al azuzar la ira de cada grupúsculo sin preocuparse por la coherencia del conjunto, el algoritmo de los ingenieros del caos diluye las viejas barreras ideológicas y rearticula el conflicto político sobre la base de una oposición maniquea entre el “pueblo” y las “élites”. El éxito de los nacional-populistas se mide por su capacidad de hacer saltar por los aires la división izquierda/derecha y captar votos de todos los enojados, no solo de los fachas.

 

La nueva propaganda se alimenta principalmente de emociones negativas porque estas aseguran la mayor participación; de ahí el éxito de las noticias falsas y las teorías de la conspiración. Pero también cuenta con un lado festivo y liberador. El escarnio ha sido siempre el instrumento más eficaz para derribar las jerarquías. No hay nada más devastador para la autoridad que la impertinencia que la convierte en blanco de las burlas. Los tabúes, las hipocresías y las convenciones lingüísticas se desmoronan en medio de los aplausos de la multitud delirante.

 

El nuevo carnaval despliega su propia lógica, más cercana al teatro que a las aulas, más deseosa de cuerpos e imágenes que de textos e ideas, más centrada en la intensidad narrativa que en la exactitud de los hechos.

 

Desde el punto de vista de los líderes populistas, los hechos alternativos no son solamente un mero instrumento propagandístico. A diferencia de la información fehaciente, son un formidable factor de cohesión. “En muchos sentidos, los exabruptos son un instrumento organizativo más eficaz que la verdad-escribía Mencius Moldbug, bloguero de la derecha alternativa estadounidense-. Cualquiera puede creerse la verdad, mientras que creer en lo absurdo es una auténtica muestra de lealtad. Y quien tiene un uniforme tiene un ejército”.

 

El líder de un movimiento que integra noticias falsas para construir su propia visión del mundo se desmarca del común de los mortales. Se trata de un hombre de acción que construye su propia realidad para satisfacer las expectativas de sus discípulos. Las mentiras están en boga prque se funden en un relato político que capta los miedos y las aspiraciones de una parte cr3ciente del electorado, mientras que los hechos de los que luchan contra ellos se insertan en una narrativa que ya no se considera creíble. En la práctica, para los seguidores de los populistas, la veracidad delos hechos tomados uno por uno no cuenta. Lo que cuenta como cierto es el mensaje en su conjunto, que se adecúa a la experiencia y sensaciones de éstos. Frente a esta evidencia, es inútil acumular datos y correcciones, siempre que la vision general de los gobiernos y partidos tradicionales se siga percibiendo por un número creciente de votantes como irrelevante respecto a la realidad.

 

La ira de algunos ámbitos de la clase trabajadora, que se alimenta de motivos sociales y económicos reales; y una maquinaria de comunicación imponente, originalmente concebida con fines comerciales, que se ha convertido en el principal instrumento de quienes quieren multiplicar el caos.

 

Para mal, sus intuiciones, contradicciones e idiosincrasias son las de nuestro tiempo. El conocido Steve Banon fue uno de los primeros en comprender que “politics is downstream from culture”, la política deriva de la cultura. Desde los inicios, luchó por arrebatar a la “intelligentsia” progresista el centro de la hegemonía cultural. El poder ha sido tomado por una nueva modalidad de tecnopopulismo postideológico, sustentado no ya sobre ideas, sino sobre algoritmos desarrollados por ingenieros del caos.

 

El populismo a la conquista del planeta

 

Las fuerzas de la indignación popular se han reorganizado y expresan su voz en el seno de la galaxia de los nuevos populismos, los cuales, desde Estados Unidos hasta Italia, pasando por Austria y Escandinavia, dominan cada vez más la escena política en sus respectivos países. Dejando a un lado todas sus diferencias, estos movimientos coinciden en emplazar en primera línea de la agenda política el castigo a las élites políticas tradicionales a derecha e izquierda. Estas últimas son acusadas de traicionar el mandato popular y cultivar los intereses de una minería atincherada en lugar de atender los de la “mayoría silenciosa”.

 

Más que medidas específicas, los líderes populistas ofrecen a los electores una oportunidad única: votar por ellos implica dar una bofetada en la cara a los gobernantes.

 

Y en la Antigua Grecia, el castigo a los poderoso siempre encabezaba el programa de medidas de los demagogos.

 

La promesa central de la revolución populista es humillar a los poderosos y este hecho se materializa en el mismo momento en que llegan al poder.

 

Detrás de la ira pública, hay causas reales. Los votantes castigan a las fuerzas políticas tradicionales y recurren a líderes y movimientos cada vez más extremos porque se sienten amenazados por la perspectiva de una sociedad multiétnica y, en general, penalizados por procesos de innovación y globalización que las élites les han endosado en dosis de caballo a lo largo del último cuarto de siglo.

 

No son solo las élites las que han cambiado, sino también “el pueblo”.

 

Nos hemos habituado a recibir una respuesta instantánea a nuestras peticiones y deseos. Una forma de impaciencia legítima se ha apoderado de todos nosotros: ya no estamos dispuestos a esperar.

 

Pero detrás del rechazo de las élites y de la nueva impaciencia de los pueblos está la forma en que las propias relaciones interpersonales están mutando. Somos criaturas sociales y nuestro bienestar depende, en buena medida, de la aprobación de quienes nos rodean. El diabólico poder de atracción de las redes sociales se basa en este elemento esencial. Cada “me gusta” es una caricia materna hecha a nuestro ego.

 

La maquinaria hiperpotente de las redes sociales, enlazada a los manantiales más primarios de la psicología humana, no fue diseñada para apaciguarnos. Por el contrario, fue construida para mantenernos en un estado de incertidumbre y de vacío permanente. El cliente ideal es un individuo compulsivo, incitado por una fuerza irresistible a volver a la plataforma docenas o incluso centenares de veces al día, en busca de esas pequeñas dosis de dopamina con las que ha establecido una relación de dependencia.

 

La rabia, dicen los psicólogos , es el “efecto narcisista por excelencia” que surge de un sentimiento de soledad e impotencia y que caracteriza la figura del adolescente, un individuo ansioso que busca en todo momento la aprobación de sus compañeros, siempre temeroso de la idea de su propia inadecuación.

 

Y, como un adolescente-dicen los psicólogos-, tenemos altas probabilidades de terminar en dos tipos de sitio web que alimentan aún más nuestra frustración. Los sitios pornográficos y lo sitios de teorias conspirativas, que ejercen un intenso poder de satisfacción porque ofrecen, al fin y al cabo, una explicación plausible a las dificultades en que nos encontramos. La culpa es de otros, nos dicen, los cuales no hacen más que manipularnos para lograr sus perversos objetivos. Te revelamos la verdad, prosiguen estos, para que puedas aliarte con otros iguales que tú han despertado.

 

El teórico de la conspiración siempre ofrece un mensaje halagador. Entiende al indignado, conoce su ira y la justifica: no es culpa suya, es de los demás, pero todavía puede redimirse convirtiéndose en un actor de la batalla por la verdadera justicia.

 

Las redes sociales no son, por naturaleza, propensas a la conspiración. No obstante, las conspiraciones funcionan en las redes sociales porque invitan a las emociones intensas, a la indignación, a la rabia. Y estas emociones generan clics y mantienen a los usuarios pegados ala pantalla.

 

La información falsa tiene, en promedio, un 70% más de probabilidades de ser compartida en Internet, por que es generalmente más peculiar que una verdadera.

 

Para mantener a sus usuarios conectados, una red social debe más bien lograr que se enojen,, que se sientan inseguros y asustadizos. La situación más favorable es esa en la que los usuarios entran en extrañas espirales de consenso desmedido o, por el contrario, de conflicto con otros usuarios. La situación perdura indefinidamente, y esa es la intención. Las empresas no planifican ni organizan ninguno de estos modelos de uso. En cambio, se alienta a terceros a que se ocupen del trabajo sucio.

 

Uno de los efectos de la propagación de las redes sociales ha sido elevar estructuralmente el nivel de ira ya presente en nuestra sociedad.

 

Las redes sociales tienden a exacerbar conflictos, al radicalizar los discursos hasta puntos que, en algunos casos, derivan en un verdadero factor de violencia.

 

El algoritmo de la plataforma Youtube, responsable del 70% de los videos visionados, fue diseñado para encauzar a su audiencia hacia un contenido cada vez más extremo y garantizar así el mayor nivel de afinidad.

 

Facebook funciona como un multiplicador formidable, al absorber los ingredientes más dispares para alimentar una epidemia de ira que se ha contagiado desde la dimensión virtual a la realidad.

 

La rabia contemporánea no nace solo de causas objetivas, ya sea de naturaleza económica o social. Esta rabia nace también del reencuentro entre dos grandes tendencias ya mencionadas. En materia de oferta política, el debilitamiento de las organizaciones que caracterizan tradicionalmente la rabia popular: la Iglesia y los partidos de masas. Y, en términos de demanda, la irrupción de nuevos medios que parecen creados a medida-en realidad, lo son- para exacerbar las pasiones más extremas, los “fight-club” de los cobardes.

 

El auténtico talento de los ingenieros del caos reside en su capacidad de posicionarse en el vértice de esta intersección. En 2011 hubo una gran cantidad de rabia en todas partes. Había un grito al unísono: “nos quitan nuestro trabajo, cambian nuestra forma de vida”. Todo esto producirá una demanda de gobiernos mas firmes y hombres más fuertes, que “detengan a esa gente”, sea cual sea “esa gente”. Hablarán de la economía, pero el corazón de su asunto es muy distinto: es la rabia.

 

Los ingenieros del caos comprendieron antes que otros que la rabia constituía una fuente colosal de energía, y que podría explotarse para lograr cualquier objetivo, siempre y cuando se entendieran los mecanismos y se dominara la tecnología.

 

Las redes sociales son una maquinaria terrible que se alimenta de rabia y tiene como único principio el compromiso con sus simpatizantes. Lo importante es alimentar la rabia con contenidos “calientes” que susciten emociones.

 

Poco importa que sean positivos negativos, progresistas o reaccionarios, verdaderos o falsos, los conceptos que agradan son desarrollados o recuperados, y se transforman en campañas virales e iniciativas políticas. El resto desaparece, en un proceso darwiniano que tiene por único criterio la atención generada en la red.

 

El secreto de Salvini reside en el hecho de haber logrado catalizar una constante en torno a su figura. La continuidad del contacto es lo más importante.

 

El parámetro clave es siempre el mismo: Compromiso.

 

Los nuevos ingenieros de caos son a menudo creativos y a veces dominan técnicas que los propagandistas tradicionales no conocen.

 

La verdadera ventaja competitiva no es de naturaleza técnica. Reside en la naturaleza del contenido en el que se basa la propaganda populista. La indignación, el miedo, los prejuicios, el insulto, la polémica racista o sexista se propagan en la web y generan mucha m´zas atención y compromiso que los debates soporíferos de la vieja política.

 

Que más da si el compromiso de fidelidad procede de avivar los rescoldos de los prejuicios y el racismo, o de propagar informaciones falsas.

 

Pero, al posicionarse como reflejo de lo peor actúa en calidad de su multiplicador. El primer y principal efecto de la nueva propaganda es la relajación del habla y del comportamiento.

 

Por primera vez en mucho tiempo, la vulgaridad y los insultos personales han dejado de ser tabú. Los prejuicios, el racismo y el sexismo salen de su escondrijo. Las patrañas y las teorías conspirativas se convierten en una clave para interpretar la realidad.

 

Y todo esto se presenta como una guerra sacrosanta para la liberación de la palabra del pueblo, finalmente liberada de los códigos opresivos de las élites globalizadas y “políticamente correctas”.

 

Una vez que la ira se ha desatado, se hace posible construir cualquier tipo de operación política.

 

Gamergate

 

En 2005 había millones de jóvenes en línea, sobre todo hombres, inmersos en una realidad paralela a la que se sentían ferozmente unidos y por la defensa de la cual estaban dispuestos a movilizar una potencia de fuego descomunal, capaz de derribar empresas y de doblegar a colosos mundiales. Por supuesto, era un mundo anárquico, conformado por comunidades dificiles de controlar e impregnado de una cultura a menudo misógina e hiperviolenta, al menos en su dimensión virtual. Sin embargo, es en ese ámbito donde se había transferido una gran parte de la energía que siempre ha hecho de los jóvenes el pilar de las revueltas y lAs revoluciones. Simplemente, uno debía saber como interceptarla y darle a continuación una orientación política.

 

Plataformas como 4chan, 8chan o los subgrupos de Reddit, que atraían a millones de usuarios a través de acaloradas controversias contra el poder establecido de los medios de comunicación, los políticos y los nuevos dogmas de lo políticamente correcto. Se trataba de los microcosmos para los que ningún argumento era tabú: la única norma era la tarnsgresión para atraer la atención y escandalizar a los bienhechores con comentarios escandalosos, misógenos, racistas o antisemitas.

 

Así habría nacido el Aparato Mediático Demócrata, una maquinaria inexorable que establecía los límites de lo justo y lo injusto, de lo que podía o no decirse, persecutora eficaz de todos los heréticos y los iconoclastas. (sobre todo los de la derecha). Combatir esta maquinaria en su propio terreno, a través de los medios tradicionales y la industria del entretenimiento, era una batalla perdida de antemano: en ese mundo el pensamiento único progresista se había enraizado hasta convertirse en una segunda naturaleza para los involucrados.

 

En cambio, Internet era todavía territorio virgen. Una frontera inexplorada y salvaje, en la que la hegemonía de lo políticamente correcto aún no había tenido tiempo de arraigarse.

 

En 2005 recuperar la cultura era la obsesión de Breitbart (un destacado extremista de derecha). Era la razón por la que había situado los problemas del momento, en particular los problemas de la inmigración, el terrorismo y la crisis de los valores tradcionales, en el esquema más amplio de una gran batalla contra el poder establecido, que incluía tanto a demócratas como a republicanos moderados, esclavizados por la opinión del pensamiento único.

 

“Los hechos generan tuits; las opiniones generan indiferencia”.

 

Bajo la superficie de Internet, se agitaban corrientes imperceptibles pero muy poderosas, alimentadas por la frustración de millones de individuos que se sentían en los márgenes de la sociedad, así por esta “ira innata y sorda” de Estados Unidos.

 

Y apareció el “gamergate”. ¿Quién es dueño del mundo de los videojuegos? ¿Todos los que, ya hombres o mujeres, quisieran participar y acabaran aportando sus ideas y pasión? ¿O más bien el núcleo duro de jugones, apenas unos millones de jóvenes unidos en torno a una subcultura misógena y violenta, alimentada con años de uso de Internet e intercambios en plataformas como 4chan, 8 chan o Reddit?

 

Gamergate se presentaba como la oportunidad idónea para enrolar a los jugones al fin en su batallla contra los poderes políticos y mediáticos establecidos.

 

Milo Yiannopoulos, el mas famoso ingeniero del caos, comprendió que Gaemrgate era un gran movimiento sin rostro y decidió convertirse en esa cara visible. Las auténticas víctimas no eran Qinn y los demás periodistas y desarrolladores involucrados-la mayoría mujeres- que sin embargo habían sido blanco de insultos y amenazas. No, las auténticas víctimas eran los propios troles, esoso guerreros contemporáneos que luchaban contra la censura progresista en nombre de la libertad de expresión, la cual debía ser absoluta, según Milo. “Hay un ejército de programadoras y activistas feministas psicópatas protegidas por blogueros politicamente correctos que buscan la capitulación de la cultura de los videojuegos”. Era normal que, frente a semejante ofensiva, los jugadores trataran de defenderse”.

 

Bannon dijo a Milo: “Tienes que movilizar a este ejército. Los podemos atraer con el señuelo del Gamergate u otra cosa, y luego los convertimos a la política de Trump”.

 

Tanto para Milo como para Bannon, la batalla de los jugones se integraba en un contexto más amplio: las libertades fundamentales, empezando por la libertad de expresión, estaban siendo amenazadas por la ortodoxia progresista.

 

Su mensaje era : Vuestro mundo está en peligro, la poderosa maquinaria de corrección política y los censores demócratas quieren desproveeros de todo lo que os importa verdaderamente, de la libertad al anonimato: es decir, la esencia de lo que hasta ahora ha definido la cibercultura. La única manera de salvaros consiste en involucrarse en la política. Acompañadnos a nosotros y a Trump en la lucha contra el poder establecido, los medios de comunicación y la política tradicional, para defender así vuestros derechos y vuestra identidad.

 

De este modo, el soberanismo clásico se aliaba con una forma más contemporánea de soberanismo digital., al ciberespacio, que debía mantenerse como hasta ahora, sin interferencias.

 

Por su parte, la izquierda hacía de censora del humorismo porque no lograba controlarlo, pero en realidad pretendía erigirse en juez de la sensibilidad de la gente, con su habitual complejo de superioridad. “Los límites de lo que se considera un discurso aceptable en los Estados Unidos se han estrechado demasiado”.

 

Para Milo, el troleo era”una formad e periodismo hecha por alguien que no está sentado en una redacción” y los troles eran “las únicas personas que todavía dicen la verdad, como los bufones de la Edad Media”; quienes tras la superficie de la pantalla, revelaban la desnudez del poder.

 

El megáfono de Trump era la propia incredulidad e indignación de los medios tradicionales, los cuales caían una vez y otra en sus provocaciones. Estos le hacían publicidad y, sobretodo, otorgaban credibilidad a su reivindicación-aparentemente ridícula para un multimillonario de Nueva York- de ser el candidato contra el poder est

política consiste, ante todo, en identificar al enemigo. Fue bajo esta premisa fundamental que se conformarían una trayectoria y una comunidad de personas unidas enla lucha.

Finkelstein nunca se ha dejado amedrentar por la realidad. “Lo más importante es que nadie sabe nada. En política, es lo que se percibe como verdadero lo que acaba siéndolo, y no lo que es verdad”. “En definitiva, un buen político es un tipo que nos dice una serie de cosas verdaderas antes de empezar a decirnos una serie de cosas falsas, porque de esa manera creeremos todo lo que dice, verdades y mentiras”.

En la crisis migratoria de la primavera de 2015, haciendo suyo el principio de Maquiavelo según el cual nunca hay que dejar pasar una crisis, crearon las condiciones ideales para transformar el flujo de refugiados procedente de Siria en una maquinaria de adhesión política.

En poco menos de dos años, Orban había logrado convertir su país en una especie de búnker y embaucar a los demás países de la región para que firmaran, en Visegrado, un pacto hitórico de oposición a cualquier método de redistribución de refugiados. Orban también lograría sus conversos en europa occidental, donde había empezado a ser percibido como abanderado de un modelo alternativo que se oponía con firmeza a la tecnocracia de Bruselas.

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