LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCION

La corrupción nos habla del ser humano, de nosotros mismos. Los hombres, por naturaleza, somos egoístas, somos codiciosos. ¿Es posible eliminar la codicia del ser humano?

Desde hace unos pocos años varios investigadores (fiscales de los estados) están intentando combatir la corrupción de altos vuelos de las altas esferas. Ellos están expuestos. Se encuentran muy solos pues cuando se investigan los círculos del poder, a nadie le gusta, pues se empieza a molestar a las autoridades y a todo el mundo. Son rechazados pues les quieren matar, y viven con un alto nivel de miedo, un miedo de asumir responsabilidades sobre los riesgos que toman y, más allá del sentimiento de rabia, les asalta también una sensación de alarma, es decir, de ser alguien “buscado”. Son apasionados pues hace treinta años no había investigaciones sobre grandes casos de corrupción y ahora han entrado en la “ciudad prohibida” donde está la gente “respetable”. Y están fuera de la justicia pues cuanto más ven, más se enfadan con la gente que accede a cargos públicos con el único objetivo de enriquecerse.

Los fiscales que persiguen la corrupción no le gustan a nadie. Son ninguneados y amenazados en sus propios países. Y tienen que buscar el apoyo de unos en otros. Son un incordio para sus propios gobiernos. Los fiscales representan al pueblo a través de sus estados para proteger el bien común. La corrupción tiene tres efectos destacables: envenena la democracia, aumentan la concentración del poder económico y simultáneamente las desigualdades y reduce la capacidad económica del estado para la inversión social. La corrupción hace así daño a la mayoría de los ciudadanos. Pero ni el estado ni los gobiernos protegen suficientemente a los investigadores.

En todos los países del mundo hay corrupción. Pero el Sistema no garantiza la independencia de los fiscales.

La corrupción forma parte del estado o gobierno del que forman parte jerárquicamente los fiscales. El fiscal debe ser independiente y protegido por el estado con una verdadera división de poderes. Los medios de comunicación deben difundir las denuncias y arropar a los investigadores y difundir su trabajo. Los medios de comunicación deberían ponerse de parte de los investigadores pues representan a la mayoría de los ciudadanos a los que hace daño la corrupción.

En muchas sociedades la corrupción es una forma de vida, una forma de funcionar, se instala, pero en otras nos creemos en un país no corrupto pero lo que pasa es que es menos visible. La corrupción es de los otros. Y es un problema de educación pues nos afecta a todos. La gente no le da la suficiente importancia y es corrupción lo pequeño también.

La corrupción merma al final el bienestar social por detraer recursos públicos a manos privadas.

Resultado de imagen de corrupción      Los corruptos creen que su acción forma parte de la naturaleza humana y que no se puede hacer nada por combatirla. Como todos tenemos la tendencia a ser corruptos, el que tiene la oportunidad lo hará. Pero el ser humano tiene tendencia al mal y esto debe ser combatido. El ejercicio de apropiarse del bien público para hacerlo privado cala en la sociedad y se admira al pillo, al pícaro, al que se ha enriquecido robando sin esfuerzo porque es capaz y tiene la oportunidad. Esto envenena la democracia social. Corrompen no solo porque roban, sino porque hacen aceptable ese robo.

La corrupción a ciertos niveles se acaba convirtiendo en un mecanismo de control social. Lo usan los dictadores y grupos opresores, que usan la corrupción selectivamente y crean clientelismo controlando la sociedad. No se deja más opción pues no hay libertad de expresión y pueden matarte o no puedes denunciar. Si no eres corrupto no eres de fiar, si no formas parte del Sistema. O plata o plomo: o te corrompes o te matan. Hay países en que la corrupción no se ve como algo perverso  o incorrecto.

Estos fiscales están extremadamente solos pues no tienen ayuda. La división de poderes del estado no es respetada por la mayoría de los gobiernos y esto desarticula y desarma a la fiscalía en su defensa de la ciudadanía. Los poderes políticos, económicos y mediáticos no garantizan la labor de los investigadores.

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