CORPORATIVISMO EN LUGAR DE CLASE SOCIAL
El movimiento obrero organizado realizó una gran evolución en las primeras décadas del siglo XX al pasar de la asociaciones de oficio (canteros,costureras, carpinteros, etc) a los sindicatos de rama y las federaciones de industria, lo que les dotó de más fuerza por agrupar a todos los trabajadores de un mismo sector (transporte, metal, madera, cnstrucción, etc) en una misma agrupación y de mucha más capacidad de reivindicación al conseguir que todo un sector productivo pudiera movilizarse y, llegado el caso, ponerse en huelga conjuntamente.
Figuras tan destacadas y clarividentes del anarcosindicalismo como Joan Peiró y Salvador Seguí pusieron gran empeño y toda su capacidad oratoria para introducir en los congresos de la CNT el debate sobre las ventajas de dar paso primero al sindicato de oficio y posteriormente a las federaciones de industria.
Un siglo después, en muchas actividades laborales, el proceso se da en sentido inverso. Ahora son determinados oficios -generalmente los más cualificados y mejor pagados-los que organizan sus sindicatos y plantean las correspondientes reivindicaciones al margen del resto de trabajadores de su mismo sector, ya sea este la sanidad, la educación o el transporte.
Así tenemos que los pilotos de aviación se organizan en el SEPLA, al margen de ausiliares de vuelo, personal de tierra y otros muchos colectivos del sector aéreo; a los maquinistas de tren, que lo hacen en el SEMAF y solo defienden mejoras para los conductores ferroviarios; a los médicos, que se excluyen de los sindicatos de sanidad y montan sus propios tinglados para pantear reivindicaciones corporativas a las correspondientes administraciones; a los sindicatos que actuando en el sector de la enseñanza solo se mueven (más bien poco) por los intereses del profesorado, pasando de puntillas sobre los problemas que aquejan al sistema educativo (recortes, falta de personal, privatizaciones, etc) y marginando a sus compañeros y compañeras de comedores, limpieza o mantenimiento que, en muchos casos, ya han sido transferidos a subcontratas para una mayor precarización.
La patronal y el gobierno (que en los servicios públicos desempeña el papel de empleador) ven con buenos ojos esta división dentro de sus plantillas, puesto que se les brinda la oportunidad de negociar acuerdos relativamente pasables con unos colectivos más reducidos -pero que son los que más daño pueden hacer al negocio o al servicio si se ponen en paro- y enfrentarse después con un mayor margen de maniobra y dilación a la negociación de los convenios del resto del personal.
Pueden dormir tranquilos sabiendo que si tienen conformes a médicos, maquinistas, pilotos , profesores.. a los currantes de a pie los pueden torear durante meses y someterlos a sueldos y condiciones de trabajo mucho más precarias.
Se da últimamente (y tengamos en cuenta que podemos estar hablando de años) otra nueva situación que deja absolutamente indefensos a nuevos colectivos laborales. Me estoy refiriendo a actividades tan novedosas y crecientes en la economía capitalista como las compras por correo, el reparto de comida y paquetería, el telemarketing, el comercio digital, los falsos autónomos, la banca digital y otras muchas ideas que irán saliendo.
Estos trabajadores, que en muchos casos son presentados como autónomos, emprendedores y otras formas de explotación total, no es que estén decidiendo libremente actuar al margen del sindicalismo clásico; es que por sus peculiaridades han sido abandonados por los sindicatos oficiales y encuentran muchas más dificultades para organizarse y reivindicar las muchas mejoras que necesitan.
Como podemos ver, el sindicato está pasando a ser una estructura burocrática, alejada de los puestos de trabajo y centrada exclusivamente en defender, a su manera y sin irritar a la patronal, a los colectivos que todavía tienen empleos relativamente dignos y se pueden permitir ejercer el frágil derecho a la afiliación sindical.
Extraído de la revista “Al Margen” Nº136 Invierno 2025 Antonio Pérez Collado
