LA REALIDAD PUERILIZADA, PUERTA AL FASCISMO
Una realidad puerilizada es un contexto social lleno de simplezas. Aunque la raíz latina(puer) nos remita al mundo infantil, no me refiero a ello en este caso. Los niños no son pueriles, son niños. Con el adjetivo pueril y su carga desectiva, me refiero más bien a las acepcionesd e trivial, fútil, insustancial… porque estos adjetivos le cuadran como un guante a nuestra actual sociedad del espectáculo, que tan bien describieron Guy Debord o Raoul Vaneigem. Nuestros niños y jóvenes dominan a la perfección los últios inventos en 3D de los juegos de pantalla mientras ignoran con toda felicidad quienes pudieran ser Homero, Sófocles o Safo.
Y no es por estériles culturalismos sino por ampliar nuestra visión de un mundo que ahora permanece encerrado en una pantalla. Los cientos de generaiones que nos han precedido hanido elaborando una seried e múltiples concepciones y explicaciones acerca del mundo en el que vivimos que sería suicida ignorar. Encapsulados en el aquí y el ahora más obvio y ramplón, nos pderdemos las valiosas y fecundas reflexiones de aquellas personas que nos precedieron en el tránsito por la vida.
Rodeados de pantallas, pantallas, pantallas, de todos los tamaños y calibres, de toda clase y condición; parta desinformarnos, para distraernos, para enajenarnos… Desde suprimera infancia sometemos a los niños/as a un constante bombardeo desdee todo tipo de soportes, de manera que, eso que llamamos realidad, les llega siempre mediatizada por los vehículos de hardware con sus correspondientes programas, que la transportan y manipulan. Y esos vehículos no son para nada inocentes: tras ellos se esconden los nuevos-viejos disfraces del fascismo.
Nos iremos como hemos venido: sin haber entendido nada. Sin embargo, hay elementos de conocimiento, como la curiosidad acerca del funcionamiento de lo que nos rodea y las ideas de las personas que nos han acompañado en el tránsito por la vida, que nos pueden ayudar a entender algo de lo que está pasando.
En concreto, por lo que se refiere a la política parlamentaria. En ella, en eso que llaman democracia, el momento de oro son las elecciones. Es la ceremonia de la confusión, mágica e iniciática a la vez, una especied e epifanía en la que podremos decidir uesgtro futuro colectivo mediante un voto-cheque en blanco a favor del partido de nuestras amores, porque nuestro voto, conviene que no lo olvidemos, siempre es importante y decisivo para que pueda desarrollar su programa. Un programa inexistente en algunos casos (PP-VOX) más allá de legislar a favor de sus patrocinadores, o bien, un programa (SUMAR-PSOE) basad0 en el “puede prometer y prometo, que luego, si acaso, ya, ya… ya cumpliré lo que pueda, lo que quiera o lo que me dejen”.
Teniendo en cuenta que nuestro voto saldrá de las tripas de nuestras convicciones emocionales, de nuestros dogmas de fe, de nuestras filias y fobias, de nuestros miedos y, en raras ocasiones, de nuestra lógica y pensamiento racional, se suelen producir resultados insólitos de los que algunas buenas gentes autoconsideradas de izquierdas, se asombran. Uno de los más habituales, contemplar a desempleados o trabajadores en precario que son su salario no llegan a fin de mes, votando a partidos que siguen las consignas del IBEX 35 y de los empresarios que los explotan… aunque en el fondo todo ello tiene una explicación bastante plausible: no responde sino a la lógica de un sistema basado en la sumisión voluntaria y la alienación.
El lenguaje político actual es enemigo d ella complejidad: El hecho de que sea verdad es secundario. Los mensajes complejos y elaborados despistan al electorado y las afirmaciones rotundas, a ser posible escandalosas, proferidas con cara y tono de total confianza, aunque sean falsas, especialmente si lo son, movilizan a los potenciales votantes. Y es que, el valor de verdad está muy devaluado. Vale más una consigna o un bulo colocados a tiempo en el lugar oportuno, que una docena de narrameitos son bien elaborados.
En este orden de cosas,cualquier intento de racionalizar la política parlamentaria, municipal o autonómica (recordemos: hay otras políticas a pie de calle tan importantes o más) es una pasión inútil ocndenada al fracaso. Vivimos en el seno de una realidad puerilizada y banal en la que nos movemos como pez en el agua, al tiempo que abandonamos todo tipo de pensamiento crítico personal.
Y esta distopía previa al Armagedon, no es un relato de ciencia ficción, es una realidad presente y cotidiana.
Sin embargo y a pear de tantos pesares, la lucha continua.
Rafa Rius
Extraido de la revista “Al Margen” Nº 136 Invierno 2025
