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CRÍTICA DE LA RAZÓN POLÍTICA NEOEPICÚREA
En este difícil siglo XXI la crisis civilizatoria que enfrentamos, multicausal e insidiosa, se intenta enfrentar por algunos conscientes del sentido común antisistema, por vías de acción no revolucionarias, resucitando viejas concepciones filosóficas como el estoicismo o el nihilismo hedonista, que pretenden alejar sus efectos negativos y proporcionar un objetivo de vida no utópico, pero si satisfactorio y posible en si mismo. La democracia liberal, con su mastodóntico Estado, que aplasta a base de impuestos, sanciones, embargos y expropiaciones una vida pública traducida en el mero voto electoral y, con su Capitalismo que lo ha mercantilizado todo (con sus deudas, su propaganda consumista, exutorios del mercado, empobrecimiento, desigualdades crecientes, etc) que impone estilos de vida desposeídos, condenando al consumismo, con un aumento de la carestía de la vida, inflación, atropellos bancarios, etc, se está desacreditando frente a una alternativa burda, un autoritarismo representativo de unidades nacionales modernas, que se asquea de lo posmoderno y busca chivos expiatorios en los extranjeros pobres.
El caos de la vida, el desprecio por la libertad que no se forja, la búsqueda de seguridad gregaria, el materialismo triunfante, etc, ha conducido a una contracultura de la felicidad como sinónimo de placer, una huída de la vida pública y privada sistémicas, y una reacción al Sistema no reformista ni revolucionaria, sino mimética del conservadurismo y cohabitable , que solo aguarda el colapso económico-político vigente por sus contradicciones internas. Es decir, en la sombra del árbol podrido del Sistema, algunos quieren llevar la vida de los hongos alternativos. Este tipo de contracultura apolítica maduró tras la plandemia con la llamada “gran dimisión” en la que el latente cuestionamiento de la vida sistémica dió lugar a que una minoría la población huyera dsel trabajo asalariado, la vida urbana, el consumismo antiecológico, llendo al culto a la salud fisico-mental, la vuelta a la naturaleza, el apoliticismo, el colapsismo y espiritualidades “new age”. Básicamente, este nuevo hedonismo o la felicidad neoepicúrea acá y ahora, acoplados al Sistema irreformable e indestructible, es el objetivo de este totum revolutum que oculta una felicidad como satisfacción de los placeres simples del vientre y el emboscamiento de la real esclavitud del Sistema por su no disputa del imaginario político.
Pero, veamos qué características políticas tenía el Epicureísmo, y por qué el hedonismo es una trampa compensatoria de la no autonomía ni autogestión reales, sólo disputables al Sistema política y socialmente. El contexto del epicureísmo es que nació en la época helenística(bajo el imperio de Alejandro Magno), es decir, en una época imperialista como la del siglo actual. El hecho decisivo es que el imperialismo supuso que el pensamiento político griego tradicional entró en crisis por la desaparición de la polis (actualmente la desaparición de las democracias por presión de los subalternos, de los derechos humanos y del derecho internacional y el enfriamiento del humanismo). La geopolítica del nuevo siglo contemporáneo ha despertado la división mundial en bloques imperialistas con su hipostatación autoritaria y represiva y el vaciamiento de la participación mayoritaria y representativa de las democracias liberales. En sus restos, el conflicto social se ha museificado y la comunidad de intereses de los ciudadanos atomizado, con la alternativa fascistizante de la violencia excluyente con los extranjeros pobres y la aparente unidad nacional de los indígenas (guerra a los pueblos y paz entre clases), mientras existe una elite de magnates que teledirigen tecnocráticamente la destrucción del planeta y sus habitantes comunes. La creencia de que los pueblos no pueden hacer política más que democráticamente, al desaparecer su autonomía esencial, hace que el Sistema es irreformable y la opción revolucionaria también se descarta (ensayada mundialmente en 2019 hasta que la plandemia la cortó) pues fue apolítica en forma de estallidos sociales incapaces de institucionalizar un orden neodemocrático.
El epicureísmo de Epicuro y sus seguidores fue, por otro lado, una reacción a la filosofía platónica o aristotélica que no previó la nueva colectividad que pasó de ciudadanos a súbditos. Al no haber autonomía política ni económica sus máximas se dirigen al individuo privado, no al hombre público demócrata desaparecido, y su fin es la propia felicidad y no los ideales de la polis(públicos o políticos) o de la mayoría. La situación fue la de la pérdida de la cosmovisión política griega: la “liturgia política”, la religiosidad ciudadana que giraba en torno a lzas necesidades concretas, fines realísticos y deseos individuales de los ciudadanos griegos se ssustituyó por la nueva condición de súbditos imperiales sometidos a una religión cosmológica astral, dominada por fuerzas superiores o independientes, del hombre, como el destino o la fatalidad (Fin de la Civilización, irreversible cambio climático, extinción masiva de la biodiversidad, etc), que imponían resignación ante la vida y que sumían en la incertidumbre y la desesperanza(con sus deseos securitarios y la cultura de la muerte).
Epicuro, pues, se replanteó los principios sobre los que se asentaban Platón y Aristóteles. Su interrogación era idéntica: “¿Cómo vivir?”. Vedada la opción revolucionaria y reformista de un Sistema que conduce al apocalispsis, la contracultura se plantea qué hacer, en un intento de deserción o huída hacia adentro.
Epicuro pensó que el fracaso práctico de la teoría política de sus predecesores residía en que arrastraban determinados compromisos con “la forma de lo real” a superar precisamente: Restos mitológicos, nostalgias de idílicas edades, donde la escasez no había troto aún la plenitud de la naturaleza(planeta de recursos finitos o mundo conocido de la Hélade); ideologías adecuadas a una clase social que “tenía tiempo” para la reflexión sobre las palabras y las cosas (papel de la clase media con colchón financiero que se replanteó su situación durante el confinamiento y parón del mundo); nacionalismos anacrónicos-griegos y “bárbaros”-que Alejandro ya había diluído (la actual globalización ha mezclado gente de todos los continentes en todos los continentes); “vida teórica” como principio supremo del conocimiento (primado humanistico actualmente sustituído por oportunismo pragmático primando la acción sobre lo reflexivo); lejanos órdenes cósmicos que dictaban sus leyes a la mente y a sus productos (indiferencia religiosa sustituída por irracionalismos y cientificismos maquinales); idealización de un ajusticia, una sabiduría, una belleza que estaban más allá de dónde podía verla, sentirla, intuirla el ser humano(imperfección del hombre actual frente a la máquina y la tecnología); hermosos sueños de la razón(no utopía de ningún lugar sino apocalispsis distópico catastrófico).
Epicuro quería crear un “orden del pensamiento” que fuera una teoría del más acá, cuyo centro era el cuerpo (indiferentismo religioso y materialismo). La cultura tradicional del “logos” eran “ vanas opiniones” producidas por la búsueda de riquezas, por inercias mentales o los intereses del cuerpo y el placer(culto al cuerpo y dopaminas), produciendo la “doble moral”, la “doble verdad” y el “único engaño” (lo no material como hipocresía).
El filósofo proponía la autarquía, la autosuficiencia, el incesante combate contra las palabras “armas ideológicas” (actual manipulación sistémica), contra la dependencia del poder de los otros(elitismo antipopular), llevando a la libertad(solipsismo), a la “democratización del cuerpo y del placer” (dietas obligatorias, ejercicio físico, medicalización, drogas, obsesión gastronómica, mdas de vestuario, etc), al inapelable derecho al cuerpo y su intenso indicador de felicidad y equilibrio que era el gozo( la ataraxia de atender a las pantallas para multiplicar vidas vicarias, al límite y preformateadas, pero sin sufrir).
Epicuro dijo que había que liberarse de la cárcel de los intereses y de la política porque dañan y destruyen la felicidad (causan sufrimiento y división como vemos con los poderes actuales que mienten, torturan y matan). La igualdad de intereses como prerrequisito de la autoconciencia de la mayoría implica la igualdad de condiciones vitales, un común que regular horizontalmente pero, sin embargo, el Sistema atomiza y legisla en una jerarquía vertical de elite-subditos. Para Epicuro era inútil conjugar filosofía (actividad que con la razón y con el diálogo consigue una vida feliz) con política(gestión común de la res pública). Pero la pregunta por cómo vivir, decimos los libertarios, precisa de la constatación de la autonomía que rechaza todo poder heterónomo (Imperialista y Capital monopolista)para lo que se precisa tiempo de dedicación y participación en sus procesos y la destrucción del Sistema. Finalmente, Epicuro prescribe que hay que cultivar la filosofía con la que se alcanza la verdadera libertad , es decir, anestesiar el sufrimiento y cultivar el cuerpo y crear una política de la amistad, es decir, eliminar el conflicto y elegir las relaciones no biológicas, de relaciones humanas liberadoras, felices, auténticas, sabias y solidarias (como actualmente se busca en la psicologiación de las relaciones personales), la amistad desde la corporeidad (cuerpos afines a otros cuerpos).
Por sus frutos los conocereís y Epicuro fundó “El Jardín”, un cenáculo de amigos donde se dedicaban a maximizar el placer de sus cuerpos y mentes ajenos a la vida pública y familiar o privada. Pero la Primavera no conoce jardín y su materialismo ramplón es refutable con la evidencia de que la evolución tan exitosa de la especie humana no se ha debido a sus dotaciones materiales naturales del cuerpo, sino a las mentales, espirituales y de conciencia, todas dones inmateriales no compartidos con los otros seres vivos. Y el ejercicio de estos ingenios precisan de la libertad que les aherrajona el cuerpo. La vida meramente material y de culto al cuerpo no evita el sufrimiento y consigue una esclavitud feliz que supone el primado de lo peor, la vida del cerdo mientras lo ceban.
Podemos objetar a la felicidad corporal de afinidad que constituye una entelequia fantasmal propia de una edad que no alcanza la plenitud humana, que , esta si, exige la lucha por la autonomía común. Es , la de Epicuro, una utopía adolescente que, simplemente, niega la dominación en un ámbito libre(elección afinitiva) e igualitario (cada uno es un cuerpo) lo que no es ajeno en absoluto a la problemática del poder pues perpetúa la esclavitud. Además,la autosuficiencia que no deriva del logro de la autonomía (capacidad real para dirigirse a uno mismo) oculta la explotación de terceros en forma de autoexplotación o de explotación “voluntaria”. Por otro lado, la amistad es solidaria pero no institucionaliza la resistencia pues en el grupo el número de individuos es pequeño y desorganizado, construyendo su ingenio tramas que el poder del Estado-Capital-Tecnología puede destruir a su antojo. Pero no es solo un pensamiento reaccionario naif. Históricamente, los ejemplos de derrota colectiva en que la desesperación ha dado paso a la forma de vida amistosa de una manera sociológica típica han supuesto la huída de la realidad o de la vida en la forma del sexo colectivo, el abuso de drogas o el suicidio colectivo. En definitiva, la desesperación de la utopía de los cuerpos gozosos culmina en una exasperación orgiástica autodestructiva y autolítica, al extasis del sufrimiento por el abuso del cuerpo hasta la muerte.
En conclusión, frente a la sumisión de “súbditos felices” de los que optan por la extrema derecha ante los designios de los magnates tecnócratas(con su lema “guerra entre pueblos-sumisión a las elites) en que consiste la actual fascistización del siglo XXI, el neoepicureísmo constituye una huída a ninguna parte que no resiste al Sistema por no ser una alternativa institucional sustentable y parasitar la sociedad constituída con lo que seguirá la suerte de su huésped. Distintos son los ensayos efectivos de autonomía política y autogestión económica reales, que carecen del atractivo contracultural de “placeres y amistad” por “sufrimiento y camaradería” conformando la semilla de una nueva civilización de la libertad que no está derrotada como en la opción ficticia apolítica. El neoepicureísmo es como la rama que arrastra la corriente del río-Sistema. La revolución de la autonomía y la autogestión es la piedra humanística que trata de erigir una presa para llevar la corriente por nuevos cauces. A grandes males, grandes remedios, dice el refranero, pues los amigos de verdad son pocos y, los neoepicureos, cobardes que tampoco huirán la muerte como todo cuerpo.
Crítica de la razón política neoepicurea
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