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LA GEOPOLÍTICA DE LA ARENA, UN RECURSO IMPRESCINDIBLE Y SOBREXPLOTADO


La geopolítica de la arena, un recurso imprescindible y sobrexplotado

La geopolítica de la arena, un recurso imprescindible y sobrexplotado

Fuente: US army.

La arena es un recurso usado en multitud de procesos industriales e imprescindible en la construcción, pero engrosa la lista de recursos naturales por los que es necesario preocuparse, ya que su extracción masiva provoca graves daños medioambientales. Además, la alta demanda de este material ha provocado el desarrollo de peligrosas mafias que operan y comercian con ella de forma descontrolada, perjudicando también a la población local que convive con estas organizaciones.

Parece infinita, como demuestra que se hayan hecho tantas alusiones a su eterna presencia. Quizá por eso se ha prestado poca atención al importante papel que juega la arena tanto en la naturaleza como en el desarrollo de las civilizaciones; quizá por eso se ha tardado tanto en asumir que su sobreexplotación trae graves consecuencias políticas, sociales y, por supuesto, medioambientales. Los titulares más pesimistas anuncian que la arena se acaba y los especialistas confirman que es un recurso natural sobreexplotado, especialmente desde el boom global de la construcción y la irrupción de las nuevas tecnologías.

Como otros recursos naturales, la arena ha acompañado a la humanidad desde sus inicios a través de joyas de vidrio o como material para la edificación de las pirámides de Giza o el Coliseo. En la actualidad lo sigue haciendo: está presente en objetos y elementos cotidianos como cerámicas, cristales —desde el de las ventanas hasta el de las gafas—, aparatos electrónicos, pinturas o carreteras. A esto se suma el uso industrial, que abarca prácticamente todos los sectores, desde la aeronáutica, el fracking y la eléctrica hasta la cosmética o la alimentación. También tiene usos puramente recreativos, como la elaboración de material deportivo o de pistas de tenis y, en relación a los territorios, la arena puede usarse para recuperar playas o ganarle terreno al mar. Es curioso que algo tan pequeño como un grano de arena constituya el que se ha convertido en el segundo recurso natural más usado después del agua, o el tercero si se tiene en cuenta el aire. Porque, por encima de todo, la arena se utiliza para la construcción: es fundamental para elaborar hormigón, cuya composición es de entre 60 y 75% de arena. Y para ese uso en particular, debe usarse un tipo concreto de arena.

Existen diferentes tipos de arena en función de su origen, pues este determina su composición, propiedades y características: la que se encuentra en las playas es diferente a la que se encuentra en el fondo de un lago o la que hay en el desierto. Para la creación del hormigón que se usa en la actualidad, la mayor parte de la arena del desierto es menos eficaz, ya que es demasiado fina y redonda debido a la actuación del viento. Por tanto, hay que recurrir a canteras naturales de arena: lechos de ríos, lagos, mares y océanos. El problema es que se está abusando de la capacidad de estos escenarios para producir arena, pues se extrae más de la que se crea. Se estima que cada año se extraen entre 40.000 y 50.000 millones de toneladas de arena, más del doble de lo que se genera de forma natural anualmente. Se trata de un escenario insostenible, con serias consecuencias globales y comparable, por ejemplo, a la deforestación. Sin embargo, nadie habla sobre ello.

Los todavía escasos informes sobre el consumo de arena coinciden en que hay una clara relación entre la sobreexplotación de este recurso y la edificación masiva, especialmente en Asia. Las pistas para rastrear el destino de la arena extraída se encuentran en los datos de la industria de la producción de hormigón y cemento. China, India y Estados Unidos son, en ese orden, los países que mayor cantidad de este material fabrican. Ahora bien, hay un salto cuantitativo notable entre ellos: el gigante asiático produjo 2.400 millones de toneladas de cemento en 2017, frente a los 270 millones de India y los 86 de Estados Unidos.

La producción de cemento se ha triplicado en las últimas décadas debido, en buena medida, a China. Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente

China e India están edificando como nunca antes. Así pues, la mayor parte del hormigón que se produce, y por tanto de la arena que se extrae, es para consumo regional. En total, China, India y el sudeste asiático suponen el 67% de la producción de hormigón mundial. El crecimiento poblacional y económico del subcontinente indio, África y Latinoamérica va a suponer, además, un nuevo incremento de la demanda para 2030.

Para ampliar: “Los nuevos faraones: la apuesta china por los megaproyectos”, Luis Martínez en El Orden Mundial, 2018

El medioambiente, la primera víctima 

Las consecuencias de la extracción de arena son más graves de lo que en un principio parece. El impacto más inmediato, el que se da en el paisaje, es inevitable. Se produce a través de la erosión de las costas y los cambios en la estructura de los deltas o ríos. Además, las pérdidas de arena provocan la erosión de los suelos, la contaminación de las aguas de los ríos y, en última instancia, también de la atmósfera a través de las emisiones de la propia industria del cemento y el transporte de su producción, según el informe de la ONU que en 2014 dio la voz de alarma sobre las consecuencias silenciadas de la extracción de arena. No obstante, cada escenario natural reacciona de forma diferente a la falta repentina de arena.

En la costa, y en el lecho de mares y océanos, la extracción de arena provoca la destrucción del ecosistema marino, lo cual conlleva una gran pérdida de biodiversidad que incluso afecta a la actividad de la pesca. Además, la arena funciona como protección frente a fenómenos extremos como tormentas y subidas del nivel del mar, que serían mucho más perjudiciales. En los ríos causa alteraciones en el pH del agua, la reducción de los acuíferos, y un aumento del riesgo de inundaciones y de su frecuencia. En cuanto a los lagos, se estudia muy de cerca el ejemplo del lago Poyang, en China, cuyo destino recuerda al del mar de Aral: el que se tenía como el mayor lago de agua dulce del país ha pasado de tener varios metros de profundidad a quedarse prácticamente seco, y hay estudios que vinculan directamente la extracción de arena en el lago con este suceso.

Efectos de la extracción de arena en el lago chino de Poyang entre 1995 y 2013. Fuente: Observatorio de la NASA

Para ampliar: “Aral, el mar que nunca existió”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2018

Arena empresarial y política 

La necesidad de arena ha generado una industria que mueve miles de millones de dólares. Existen empresas especializadas en la extracción de este material que trabajan con potente maquinaria en los lechos de ríos, lagos y mares en todo el mundo. Pero la gran demanda, y el cuantioso y rápido beneficio que reporta esta actividad, han creado un nicho de mercado interesante para las mafias. El secretismo en el que el negocio de la arena ha estado envuelto y la incertidumbre sobre a quién pertenece han permitido la proliferación de grupos especializados en la extracción y venta ilegal de este recurso en varios países del mundo, como Marruecos, Kenia, Jamaica, Cabo Verde, Camboya e Indonesia.

El caso más reseñable es el de India, donde los mafiosos se toman la libertad de amenazar e incluso asesinar a todo aquel que estorbe en su negocio, incluidos periodistas. Además, en países africanos o asiáticos, los locales admiten extraer arena para las mafias, un trabajo muy tentador en comparación con la poca rentabilidad de otros oficios tradicionales como la pesca. Lo hacen sin saber, quizá, que así contribuyen al final del entorno en el que viven.

Por otro lado, la arena también está permitiendo aumentar la extensión de ciudades y hasta países enteros ganándole terreno al mar. Hay numerosos ejemplos, aunque el caso más paradigmático es el de Países Bajos, que lo consigue desde hace siglos mediante un sistema de drenaje. Otras zonas como Macao, Hong Kong, Tokio, Singapur o Dubái, por mencionar algunas, dependen de la arena para la ampliación de sus territorios allí donde sólo hay agua.

El problema político de ganarle unos metros al mar aparece cuando estas prácticas se realizan en zonas cuya soberanía está en disputa. Ejemplo de estas son el caso de Gibraltar, que entró en una polémica en 2013 con España por esa razón; o el de China, que está creando islas artificiales en el mar de la China Meridional, un espacio marítimo que reclaman también al menos otros tres Estados. Esas islas sirven a Pekín para legitimar sus reclamaciones territoriales sobre esas aguas y suponen un aumento de la presencia china en la zona, lo que está generando tensión en la región.

Singapur ha aumentado su territorio un 20% gracias a la ayuda de grandes masas de arena con las que ha ganado terreno al mar. Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente

Singapur es otro de los países que ha necesitado más territorio para gestionar su densidad demográfica. Y lo ha hecho con una apuesta clara por ganarle metros al mar con la ayuda de grandes masas de arena. ¿El resultado? Un 20% más de terreno, ciento treinta kilómetros cuadrados, en cuatro décadas, además de un deterioro de la relaciones con los países vecinos. La arena que Singapur ha utilizado durante su boom de la construcción era importada de países vecinos como Indonesia, Malasia, Tailandia y Camboya. Pero el abuso en su extracción provocó que desaparecieran venticuatro islas indonesias, un suceso que desencadenó tensiones ya que, sin esas islas, oficialmente Indonesia ha perdido territorio, con todo lo que eso suponía también en lo relativo al control marítimo de la zona. Así pues, tanto Indonesia como otros países vecinos han dejado de exportar arena a Singapur, lo cual tampoco implica que el país deje de hacer uso de la arena para expandirse, ya sea adquiriéndola con origen legal o ilegal.

Para ampliar: “Singapur, la villa de pescadores”, Benjamín Ramos en El Orden Mundial, 2015

Un futuro sin arena

Es inevitable que el ritmo de construcción se mantenga en zonas en pleno apogeo como el sudeste asiático y China. Por tanto, se mantendrá la demanda de materiales como el hormigón, con la consiguiente sobrexplotación de la arena. Frente a las limitaciones de este recurso, se plantean alternativas para conseguir una edificación algo más sostenible: reciclaje de tipos específicos de residuos, polvo y cenizas —como las del carbón—, compuestos de plástico, materiales tradicionales como la madera y, especialmente, nuevas opciones nacidas de la investigación científica. El objetivo es reemplazar el uso de recursos naturales para la elaboración de hormigón y cortar de raíz el negocio ilegal de la arena, que supone una amenaza económica, social y medioambiental relevante.

La toma de conciencia del valor de la arena como recurso es solamente el primer paso para evitar que las consecuencias de su extracción se agraven. De la misma manera en que se tomó conciencia de la importancia de otros fenómenos ambientales provocados por el ser humano como la deforestación, el efecto invernadero o las situaciones derivadas de la presencia de plásticos en los mares, es momento de que también se conciba la que ya es una nueva emergencia medioambiental. La arena debe salir del silencio en el que está envuelta.

Para ampliar: “La deforestación del Amazonas”, Teresa Romero en El Orden Mundial, 2019

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