CORONAVIRUS, TEORÍAS CONSPIRANOICAS Y LA VULGATA

Coronavirus, teorías conspiranoicas y la Vulgata
Miércoles.18 de marzo de 2020 122 visitas – 1 comentario(s)
Agustín Velloso, Tortuga.
Hola, Pablo:
He leído tu artículo “Tenemos que pensar un par de cosas o tres” sobre el lío del coronavirus en la web del Grupo Tortuga (1).
Me refiero al párrafo: “Las y los seguidores de teorías que plantean permanentes y coordinadas acciones ocultas de misteriosas élites…”
Estoy de acuerdo contigo y las razones son obvias.
Admites que no sabes de virus, así que empiezo por admitir que yo sé menos que tú, especialmente en estos tiempos en los que, como dijo Einstein, “cuanto más aprendo, más me doy cuenta de lo mucho que no sé”, eso sin contar con que no sé si lo dijo de verdad o es otro bulo más.
Al mismo tiempo hay que seguir atento a lo que hacen los que sí saben pero callan (en su propio beneficio) al menos hasta que llegue el apocalipsis, cuando ya sea igual de inútil para unos y otros saber nada de nada.
Mientras tanto queda algún que otro recurso para buscar la verdad sin tener que aceptar esas teorías.
Uno de ellos es la experiencia, otro el estudio de pasado, porque éste es demasiado largo comparado con la experiencia vital de un individuo. Una y otro nos dicen que algunos seres humanos tienen una tendencia irrefrenable a hacer lo que sueñan, desean y planifican. Con otras palabras: no es imposible que cualquier burrada que se pueda hacer se lleve a cabo algún día, habitualmente más pronto que tarde.
Si alguien sueña con pasar a la posteridad mediante una selfi haciendo el pino en lo alto de la torre Burj Khalifa, lo intentará, aparentemente sin que le importe perder la vida, aunque siempre queda la probabilidad de que llegando al suelo se arrepienta, claro que sin ninguna consecuencia para el resultado de su acción.
Estados Unidos ha demostrado que llegará a cualquier extremo para mantener su dominio sobre el resto del mundo. Cierto que no es ni el primero ni el único país del mundo que lo ha hecho en la historia. Sin embargo es obvio que hoy lo sigue haciendo, en los últimos años causando enormes destrozos y espantosas matanzas en Oriente Medio, pero en general actuando en contra de la ONU (o secuestrándola de diversas maneras), la ley internacional y el resto de países, sus aliados incluidos.
Según explicaba El País el 30 de abril de 2015, “los estadounidenses se valieron de las instalaciones del BND —los servicios secretos alemanes— para espiar a altos funcionarios de instituciones tan relevantes como la Presidencia de la República Francesa, el Ministerio de Asuntos Exteriores francés o la Comisión Europea.”
No me entretengo ahora en que en los últimos años esa parte del mundo (mayoritariamente árabe y musulmán) ha sido meramente su campo de batalla contra enemigos mayores, igual que durante la guerra fría Estados Unidos luchaba en África y Latinoamérica contra la Unión Soviética.
Pero, atención, no se trata tampoco de un simple cambio de campo de batalla, de ninguna manera Nicaragua o El Salvador, Mozambique o Angola, eran enemigos de peso para Estados Unidos en aquellos años como tampoco lo han sido Afganistán o Somalia después.
La guerra en curso es contra China, por todos los medios, pero el mundo hoy ya no da más de sí: lo que no se conquiste ahora y se pueda mantener por la fuerza lejos de las manos de los competidores más poderosos, se puede dar por perdido.
Estados Unidos necesita controlar los recursos en el siglo XXI más aún que como en el XX.
El “America First” de Trump es sencillamente, aunque nada menos, la verbalización de la única y constante Weltpolitik (política mundial) de Estados Unidos en su historia.
Hace más de cincuenta años el presidente Lyndon B. Johnson afirmó que “El primer imperativo -constante desde la presidencia de Truman hasta la mía- es éste: los Estados Unidos de América debe permanecer como la nación más poderosa de todo el mundo”.(Public Papers of the Presidents of the United States, L.B.J., 10 de Septiembre de 1968, página 937).
El fin último de los presidentes estadounidenses no es otro que controlar los más valiosos recursos naturales de la tierra, de forma que la población de Estados Unidos, un cinco por ciento de la población total del mundo, pueda mantener el “American way of life” a costa de todos los demás.
Esto es lógico, aunque desalmado. Basta con tener presente unos pocos datos que definen el país y muestran un poder enorme muy superior al del resto de naciones.
Además sabe perfectamente que su competidor en solitario camina casi a la par y a buen ritmo y que en alianza con otros países constituyen una fuerza que solamente podría derrotar provocando un desastre mundial, el cual le alcanzaría a sí mismo.
La población de Estados Unidos no llega al cinco por ciento de la población total del planeta, pero:
En el año 2019 “muy pocos países, entre los que se están Australia, Estados Unidos, Argentina, Brasil y Nueva Zelanda” consumen entre 100 y 120 kilos de carne al año por persona.
http//es.statista.com/grafico/17150/consumo-anual-de-carne-por-persona/
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, en África este consumo es diez veces menor:
www.fao.org/3/a-BT089s.pdf
Si se considera el consumo de agua, más importante, en Estados Unidos cada habitante disfruta de 5.134 litros por día, en África de 685, mientras que la media mundial está en 1.800.
www.ambientum.com/enciclopedia_medi…
Respecto de las emisiones contaminantes, “aunque en la actualidad China es el país que más toneladas de dióxido de carbono (CO2) lanza a la atmósfera, a lo largo de 160 años es Estados Unidos el mayor emisor.
Al sumar todas las contribuciones de contaminantes al planeta, los cálculos de un estudio de la Universidad de Berkeley (EE.UU.) indican que Estados Unidos es el que más contribuye al calentamiento que se ha registrado hasta el momento, con 0,151°C.”
www.bbc.com/mundo/noticias-internac…
Se puede seguir con el consumo de automóviles, vino, petróleo, joyas (43.000 millones en 2018, www.goldandtime.org/) e incluso “se estima que en este país hay cerca de 10,000 tigres en zoos y casas de particulares, cuando en estado salvaje apenas se cuentan 3,890.” www.univision.com/
Por ello no es de extrañar que Estados Unidos sea el primer consumidor del mundo de anfetaminas (casi el doble que el número dos) también de opioides, el segundo de marihuana y el tercero de cocaína.
http://elordenmundial.com/mapas/con… (2019)
En definitiva: no hay manera de mantener ese “way of life” ante más de 7.000 mil millones de seres humanos, entre ellos legiones de miserables que no pueden prosperar por la sencilla razón de que Estados Unidos (junto con sus aliados en el mundo occidental, obviamente) sabe que los recursos naturales mundiales no dan para todos esos millones si se pusieran a consumir como los gringos, motivo por el que no les deja intentarlo.
Obviamente por eso mismo Estados Unidos también tiene el mayor ejército del mundo y un presupuesto militar que anualmente supera al del resto de países juntos.
Me dirás: pero la fuerza, por muy superior que sea, no basta para hacer mal, es preciso querer hacerlo.
De acuerdo y te respondo: Estados Unidos (también el resto de países imperialistas, aunque tengan mucho menos poder) la podría haber usado en beneficio de todos los países y con la colaboración de todos.
Tras la Segunda Guerra Mundial nos dijeron que la Carta de las Naciones Unidas se trataba precisamente del uso del poder:
“Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará; la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos”
www.un.org/es/sections/un-charter/c…
Claro que, bien pensado, si tienes un presupuesto de más de 600.000 millones dólares anuales para hacer la guerra, luego no te han de quedar muchas ganas de gastarlos en alcanzar los objetivos de la ONU, si puedes cargarte con las armas a los que piensan diferente y usar al resto de la población junto con sus propiedades como mano de obra e insumos.
Estados Unidos decidió situarse en contra del mundo y dedicar su superioridad militar a eliminar a cualquiera que se encontrase en su camino, enemigos por supuesto, pero también a innumerables inocentes desafortunados al encontrarse en su línea de tiro.
¿Qué no ha hecho aún Estados Unidos para mantenerse en la cúspide del poder mundial?
Arrasar con poblaciones enteras: vietnamitas, iraquíes, afganos… sembrar el planeta de golpes de Estado, organizar asesinatos que Hollywood aprovecha para hacer taquilla, levantar centros de detención ilegales donde un detenido puede ser sometido a 183 sesiones de axfisia (waterboarding), colaborar decididamente en el genocidio a cámara lenta de palestinos en Gaza por parte de Israel, lanzar dos bombas nucleares en dos ciudades japonesas, apoyar a dictadores crueles durante años, por ejemplo a Somoza en Nicaragua durante 40 un larguísimo etc.
Si esto no te parece suficiente, repara en que Estados Unidos, (también su primer aliado, Reino Unido) experimentó su potencial militar químico con su propia población, la cual era ajena a su condición de cobaya:
“Al entrar las tropas de Hitler en Polonia, en septiembre de 1939, tanto Alemania como Estados Unidos y Reino Unido eran auténticas potencias en guerra química. Y los tres usaron a humanos en sus experimentos. Los nazis recurrieron en muchas ocasiones a prisioneros, en su mayoría judíos, rusos y polacos para sus ensayos. Pero también en Porton Down (R.U.) usaron a extranjeros. A finales de la guerra, ante la escasez de soldados disponibles, los científicos británicos utilizaron a ciudadanos de las potencias del eje que habían sido confinados al comienzo de la contienda.”
http://elpais.com/elpais/2015/08/28…
La lista de crímenes no cabe aquí y tampoco puede mostrar toda su sevicia y su infinita voluntad para causar muerte, destrozo y horror. Por tanto no es preciso decir nada más, los datos, testimonios y juicios están a la mano de quien quiera conocerlos: “Decenas de miles de personas participaron sin saberlo en pruebas de armas químicas, bacteriológicas y drogas en EE UU y Reino Unido” (ídem) (2)
Por tanto rechazo las teorías de la conspiración, pero más aún me niego a creer que una potencia con ese historial esté descartada de antemano de cualquier barbaridad que hoy sea imaginable.
Es claro que no hay información fidedigna sobre el virus, hay algunas especulaciones y cada día aparece algún indicio y datos que poco a poco se irán acumulando para construir un relato u otro, ¡quién sabe!:
“El mecánico de la RAF, Ronald Maddison, murió en 1953 tras ser expuesto al gas sarín. Su caso no se reabrió hasta 2004.” (ídem)
Mientras tanto no veo dónde está el valor de la teoría de la conspiración y la paranoia a la hora de tener en cuenta que para esa potencia:
técnicamente no parece que diseminar un virus, con el que previamente ha trabajado en laboratorio y mediante modelos por ordenador, sea algo complicado;
menos aún lo es pagar lo suficiente a algún anormal para que ejecute el plan;
el enemigo ha sido señalado públicamente numerosas veces por el presidente de esa potencia;
el Cui Bono está más claro que un ático a mediodía;
el estado mental -o moral- de sus líderes ha demostrado que no pone impedimento alguno para el logro de sus fines criminales (aunque afirme hacer lo que hace por el bien de la humanidad, etc.).
Aún quedaría la cuestión de arriesgarse a perder más que ganar con una acción como la de soltar un virus maligno, lo cual algunos precisamente emplean para decir que es imposible que suceda algo así: que diseminar un virus es una acción incontrolable y podría perjudicar a la potencia responsable.
Esto no se sostiene. Escribir de Estados Unidos, en todo caso, significa referirse a sus dueños: las grandes corporaciones y sus empleados, los congresistas y el presidente. Éstos son los conspiradores.
En su soberbia creen que con su ejército, su seguridad privada, búnkeres y aviones privados, podrán librarse del desastre que afectará al resto de la población mundial. No les afecta en absoluto que como en las demás ocasiones los jóvenes serán la carne de cañón en la guerra y los civiles recibirán el castigo de los combates, la escasez y la enfermedad.
La vanidad del que se sube a la torre citada hace que desprecie el riesgo y se mate a sí mismo, la soberbia del que tiene un enorme poder hace que se ofusque y que cause un enorme daño a los demás.
Lo cual es sabido miles de años antes de la irrupción del coronavirus: “El Rey imprudente echará a perder su pueblo” (Biblia Vulgata Latina)
(1): www.grupotortuga.com/Tenemos-que-pe…
(2) Sobre la guerra biológica contra Cuba, lo que incluye el intento de asesinato por envenenamiento de Fidel Castro (no olvidar el asesinato de Hugo Chávez) y el uso masivo del Agente Naranja en Vietnam, hay información, incluso fuentes estadounidenses: http://whowhatwhy.org/2018/05/09/jf…

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