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(COBIG-BROTHER)LA ÚNICA CONSPIRACIÓN POSIBLE

[COBIG-brother] La única conspiración posible
16 mai 2020
A nadie se le escapa que el mundo es imperfecto porque los seres humanos lo somos. A nadie, excepto a quienes anhelan el poder porque ellos aspiran a ese ideal totalitario de “la perfección” y del control total. Y es de eso de lo que también va esta “nueva normalidad” postpandémica.
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Si tomamos una situación controlable y, sin que nadie más lo sepa, provocamos su descontrol en la sociedad, generaremos cierto pánico social y una dependencia de los gobernantes y gestores que salgan al paso de la crisis. Es “la doctrina de shock”.

Si ese pánico es a su vez magnificado a través de los medios de masas, tendremos a grupos de población aterrados y esperando que se tomen medidas contra esa terrible amenaza, sin capacidad para cuestionar las verdades oficiales que nos convencen que quieren acabar con ese mortal desorden, pero que para ello, necesitan de nuestra total obediencia.

Siempre nos han explicado que frente a un peligro infranqueable, la reacción humana puede ser la lucha, la huída o la parálisis. Si desarman toda resistencia a base de represión y escarnio público, la huída juega a favor de ese sistema de terror, pues las poblaciones corren a resguardarse en sus refugios, que son el lugar en el que creen sentirse seguras.

Lxs afectadxs por la parálisis, son más fáciles de influir si lxs causantxs del terror, se les ofrecen a acompañarlxs y a protegerlxs.

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Así tenemos a los estados del mundo en búsqueda de ese ideal de “perfección” a través del control total. Sucede que cada estado tiene su propia opinión sobre “la perfección”, pero todos coinciden, en la necesidad de ese control total para alcanzarla.

Con la aparición del coronavirus, la mayoría de estados industrializados, en principio han tenido reacciones muy similares de menosprecio a la pandemia, lo que ha causado un número importante de muertes. En territorio español, a las personas que se acercaban a su centro de asistencia sanitaria con síntomas leves, no se les hacía ningún test, sino que se las devolvía a sus casas, con riesgo de contagio para quienes compartían la vivienda.

Ahora se sabe que antes de hacerse pública la aparición del coronavirus, a las personas contagiadas se les diagnosticaba y trataba como una gripe, porque la sanidad pública, ha dejado de preocuparse por la salud y solo atiende a la aplicación de protocolos. Medicar, devolverlos a casa, y si a la semana siguiente no mejoran, volver a la consulta y empezar a valorar pruebas posibles. Y esto frente a un virus de rápida expansión que necesitaba de una inmediata actuación. Así se ha ido extendiendo y contagiando el virus a la población y creando el pánico porque los medios se encargaban de alimentar el miedo con el número de contagiadxs y muertxs.

Presas de ese miedo al contagio, las poblaciones han aceptado las aplicaciones de medidas excepcionales como la del “estado de alarma”, asumiendo resignadamente la suspensión de su libertad de movimientos y el confinamiento.

Los gobiernos han aprovechado esta situación para generar preocupación y desconcierto, estimulando la participación ciudadana en este macabro espectáculo, desde los balcones de sus casas y en las redes sociales, siendo parte del espectáculo mediático y motivando la delación de “los policías de balcón”.

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La pandemia ha sido utilizada como “doctrina de shock”, para mantener el miedo y nuestro corazón en un puño, mientras por otra parte desarrollaban estrategias para que las poblaciones reclamen mayoritariamente el “antídoto”, que al contrario de lo que a primera vista parece, no es una vacuna, sino la inmediata desescalada a esa “nueva normalidad”.

El mundo industrial y tecnológico, la economía mundial de los países que se consideran desarrollados, necesitan de un cambio radical de paradigma productivo y gestión de multitudes, para revivir un neoliberalismo agotado.

Hace tiempo que el desvencijado capitalismo, necesita de un trascendental cambio tecnológico desde el que renacer de sus hediondas cenizas. Las investigaciones y avances tecnológicos de los últimos años, han despertado de nuevo esa reaccionaria ilusión distópica del control total de tiranos y explotadores.

Nos repiten que este virus ha llegado para quedarse, y aunque se le conozca por su nombre científico, realmente se llama “nueva normalidad”. El virus y su “antídoto”, son lo mismo.

Para conseguir esta finalidad totalitaria, necesitaban crear el falso imaginario de un “fin del mundo”. Lugares recónditos e inhóspitos, más allá de los límites conocidos, en los que sólo hay abismos de oscuridad, monstruos terribles y desgarradores tormentos de muerte.

Sin ese amenazante imaginario, no nos confinaríamos voluntariamente en las viviendas y nadie tendría miedo a contagiarse por salir y encontrarse con más personas en la calle. Necesitan mantener ese miedo, porque sino su sistema de “shock” no es tan efectivo.

La distancia de lxs demás, es la estrategia para sostener la paz social, para evitar que la rabia contra esta total dominación, se propague desde la proximidad y el apoyo mutuo solidario.

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¿Pero qué es esa “nueva normalidad” que tienen prevista para nosotrxs, las personas de abajo?

Se trata de una nueva ampliación entre esa inmensa grieta que genera la desigualdad. Mayor desigualdad social y económica en un sistema neoliberal tecnológicamente avanzado, generada por los avances tecnológicos para la explotación y el mayor control social de las poblaciones que hasta ahora hayamos podido imaginar.

Para imponer esas tecnologías, utilizan la misma lógica que emplearon para conseguir aprobar la “ley mordaza”, la medida preventiva de seguridad en la que todxs somos potencialmente culpables de estar infectadxs, hasta que no se demuestre nuestra inocencia con alguna aplicación sanitaria en el celular, un negativo del test o alguna cartilla de “inmunidad”.

Hemos podido comprobar como con esta pandemia, aparte de las carreras de las industrias farmacéuticas por conseguir una vacuna, diversas empresas de tecnología les llevaban la delantera y ya ofrecían diferentes aplicaciones para el celular, que permitieran avisarnos si entrábamos en contacto con alguna persona de riesgo, es decir, contagiada. Estas aplicaciones, tenían además sistemas de geolocalización, con la excusa de conocer el recorrido de una persona con los síntomas del virus.

Hay toda una industria que intenta anticiparnos e integrarse en esa “nueva normalidad”, y nos ofrecen multitud de productos para adaptarnos a ella. Por ejemplo, se trabaja en el diseño de mascarillas que estéticamente sean más acordes con los grandes “avances” que nos reportarán estas tecnologías y los nuevos modos protocolizados de vida.

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Ya existen serios proyectos de túneles “desinfectantes”, por los que habrá que pasar para asistir a los espectáculos o comercios con grandes aglomeraciones. Y no someterse a ellos, nos convierte peligrosamente en sospechosxs.

Unos de esos túneles son de luz ultravioleta, otros de baños de ozono, otros de aspersión de algún tipo de desinfectante, etc. Nadie sabe cuál será el efecto en nuestra salud de esas medidas que supuestamente van a ayudar a protegernos de un posible riesgo de contagio, pero sí que se sabe que, por ejemplo, no es saludable bañarse en desinfectante o que el ozono es ineficaz para combatir el virus, o que los test dan falsos positivos o que la inmunidad no la puede garantizar ningún documento, pero aunque perjudiciales o inútiles, son medidas que sostienen ese terrorífico imaginario de la seguridad que falsamente espanta al contagio.

Entramos de lleno en un mundo en el que la ciencia se parece cada vez más a la brujería. Nadie sabe casi nada acerca de este nuevo virus, pero todos hacen predicciones. Y en esa especie de “tarot tecnológico”, los expertos vaticinan fatales consecuencias si no se siguen sus “consejos”. Y como la relación de personas muertas aumenta constantemente, el miedo a ser la siguiente, aparece junto al otro miedo a que la persona que va a pasar a tu lado, sea la portadora de esa muerte televisada. Es así como la red de apoyo mutuo se intenta resquebrajar, y a pesar de ser la legislatura que ha anunciado el mayor presupuesto para gasto social, las colas de personas que van a buscar comida a los bancos de alimentos o a las ong’s, son cada vez más largas, la pobreza aumenta y las diferencias sociales se incrementan.

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Esta “nueva normalidad” persigue la construcción de un mundo con soporte virtual. Los trabajos se deshumanizan a través máquinas programadas y despidos de trabajadorxs. Nosotrxs no seremos más que ”imputs” binarios y la atención al público, las compras, las consultas médicas y tantas otras actividades humanas, se realizarán telefónicamente o vía “on line”.

La “nueva normalidad” no es más que los primeros pasos de la combinación de eso que llaman “la smart cities”, “el internet de las cosas” y los bancos de datos analizados por multitud de algoritmos de la “big data”. Para ese mundo, dejaremos de ser seres humanos para convertirnos en determinados perfiles para el consumo, delincuenciales, patológicos o productivos… Tras la aprobación de la ley mordaza, ya se alertó del peligro del cruce de los bancos de datos de diferentes instituciones, de manera que al solicitar un trabajo, aparecieran junto a las anteriores ocupaciones laborales, el expediente médico, los penales, los movimientos bancarios, etc…

Las estructuras jerárquicas en esta “nueva normalidad”, en muchos casos se convierten en “invisibles”. El lugar de producción y la explotación pueden estar en tu casa, pero tu jefe no. Y quien controla esa producción, son a su vez “imputs” que circulan por la red y que trasladan toda esa información detallada de lo que haces, a distancia y en donde están los controladores, que pueden ser máquinas, que según la producción y como estén programadas, enviarán un mensaje con tú despido. Para alcanzar los niveles productivos exigidos por las inteligencias artificiales, estxs trabajadorxs tendrán que revivir la experiencia de confinarse.

El viejo ideal de las profesiones liberales del trabajo en casa, estudio o taller, cambia por el neoliberal de la explotación a tiempo completo en tu domicilio. Quien deambule por las calles, sino se encuentra ejerciendo una “actividad esencial”, será un improductivo o un delincuente. No hay mayor explotador que cuando uno se exige a sí mismo. Y además no te puedes organizar colectivamente y se desdibuja contra quien hacerlo. Este modelo es la definitiva desaparición de los convenios colectivos que cambia lxs asalariadxs por falsxs autónomxs.

Una de las cuestiones de esa “nueva normalidad” que empieza a descubrirse, es la desaparición del papel moneda como dinero. Otra utopía, la de la desaparición del dinero, que se la apropia el sistema para pervertirla. Con la excusa del contagio y de que el cobre es uno de los materiales que mantiene más tiempo vivo al virus, en muchos lugares exigen el pago con tarjeta de crédito o aplicaciones de celulares, como si las tarjetas o los celulares no pudieran “contaminarse” o nos hicieran inmunes.

Parte importante de las oficinas bancarias con atención al público, ya desaparecieron antes de la pandemia. Es decir, las entidades financieras ya se preparaban para esta “nueva normalidad”, y llevan tiempo y tienen experiencia con sus oficinas virtuales y las transacciones on line. No debemos dejar pasar por alto, que las tarjetas de crédito, o cualquier otro tipo de tarjeta, dejan rastros muy evidentes y son parte de esa multitud de datos analizados.

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La mirada al paisaje de las calles y viviendas en las grandes ciudades, deberá acostumbrarse a infinidad de antenas 5G, cámaras y toda suerte de terminales tecnológicos que analizarán a las personas, sus movimientos y controlarán las calles.

Para quienes no conozcan la tecnología de las redes 5G, decirles que las están introduciendo con publicidad de falsas realidades. Nos hablan de su importancia para poner en funcionamiento cuestiones como la telemedicina, para que inminentes cirujanxs puedan realizar complejas intervenciones quirúrgicas con infinita precisión, a distancia, con inteligencia artificial, robótica y sin desplazarse a un quirófano a miles de kilómetros de distancia, creando la estúpida fantasía de que, la atención médica de los mejores especialistas, será universal y que los más complejos tratamientos médicos podrán ser accesibles para todxs.

Las redes 5G disponen de una mayor capacidad de transmisión de datos, una velocidad 10 veces superior a la 4G, y un tiempo de respuesta (latencia), tan rápido, que colma el sueño de una realidad virtual y una transmisión con apariencia de tiempo real. Nos dicen que estas redes nos traerán grandes avances y progresos para la humanidad, que sólo podrán ser superados por las redes 6G, con las que ya están experimentando.

Las grandes industrias y empresas multinacionales están todas expectantes para que se implante en todo el mundo la tecnología de esta red cuanto antes, sin importarles el posible impacto que pueda tener en la vida de los seres vivos, en los espacios naturales y en las libertades de las personas y los pueblos.

Hasta el momento, se ha ocultado el impacto que producen las actuales redes en el entorno y la salud. El sistema de antenas que soportan estas tecnologías, crean unos campos electromagnéticos, que pueden afectar el normal desarrollo de los seres vivos en el área de su influencia. Si bien es cierto que la tecnología 5G tiene un menor alcance y penetración que la 4G, sin embargo es muchísimo más potente, y su menor alcance y penetración la suplen con la instalación de muchas más antenas, que actúan como emisoras y repetidoras de los potentes campos electromagnéticos.

No voy a extenderme en las dolencias que pueden producir estas redes, porque son tan diversas como las personas. De la misma manera que a cada unx de nosotrxs no nos influye de igual manera la radiación solar, porque nuestros cuerpos son tan únicos como la biología química que se genera dentro nuestro. Lo que sí que podemos entender sin lugar a dudas, es que la exposición a la radiación solar puede modificar nuestro tono de piel, y que produce vitamina E necesaria para nuestro organismo y nuestros huesos o que las exposiciones prolongadas, pueden acarrear consecuencias para la salud mucho más graves. De la misma manera la exposición a radiaciones electromagnéticas, aunque sean no ionizantes, producen cambios y nos afecta. El micro-ondas es un electrodoméstico que emite radiación no ionizante, y es fácil comprobar cómo altera lo que introducimos dentro, y como cuanto mayor sea su potencia, la modificación molecular que provoca es más grande.

Nos aseguran y justifican que con esta red se podrá llevar internet a todas las partes del planeta, como si internet fuese el alimento que va a acabar con el hambre o el antídoto global contra todas las enfermedades y la pobreza. Más bien al contrario, estas tecnologías seguirán siendo inaccesibles para esas personas y poblaciones que el neoliberalismo ha llenado de pobreza y miseria.

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Al contrario de lo que difunden, esta tecnología no está pensada para universalizarla y hacerla accesible a todo el mundo, sino que ha sido ideada para ser instalada en lugares como grandes polígonos industriales y comerciales o en las grandes ciudades en las que se desarrollan los certámenes empresariales y financieros, y en las que se realizan las cumbres donde se reúnen los máximos mandatarios de los países, sus bancos mundiales, fondos monetarios internacionales o tratados de libre comercio.

Además, esta red es el soporte ideal para todas las tecnologías que se han desarrollado para hacer más efectivo el control social y policial. Buena parte de las investigaciones policiales que desarrollaban sobre el terreno la policía secreta o la científica, actualmente tienen su trabajo de campo en la red, y de la misma manera que se realizaba una investigación forense con los cadáveres y los lugares en los que se han encontrado, ya se hacen también investigaciones forenses virtuales que analizan los datos, metadatos y sus rastros.

Este conjunto de tecnologías de utilidad orwelianas, sólo son operativas si la gestión de datos se produce en tiempo real y a gran escala, pero no son necesarias para el desarrollo de las libertades, sino para su restricción y control total.

Cuando se promulgan leyes, es para poner límites a las acciones, a la libre asociación y para establecer los actos considerados delictivos que trasgreden esos límites y proteger los privilegios de clase. Esas leyes pueden ser analizadas, cuestionadas o revocadas, pero estas tecnologías que se imponen, aunque veamos los aparatos, sus efectos son como invisibles y pasan desapercibidas.

No podemos ver a simple vista al virus, como tampoco podemos ver a simple vista cómo nos afectan a la salud esos campos electromagnéticos, ni qué datos están circulando en estos momentos haciendo referencia a nuestra persona y privacidad.

La mayoría de estos datos tienen múltiples finalidades comerciales, y la finalidad de vigilancia y control policial, tal vez sólo sea una parte, pero no nos engañemos, también hay una cárcel en el consumo y que además nos va a costar la salud, va a afectar al entorno y a toda vida que se desarrolle en él.

Estas tecnologías hacen mucho más efectivo el control social que tiene como finalidad mantener el orden social y las condiciones que lo mantienen. Las redes sociales, ya actualmente están siendo un importante instrumento para ese control social que, a través de apariencia de medios de difusión de informaciones “alternativas”, manipulan y tergiversan las informaciones. A su vez son un complemento y un contrapunto para los medios de comunicación de masas que no hacen más que repetir las versiones oficiales y son medios de formación de masas a través de las diferentes versiones oficiales que, refuerzan las ideas del orden social establecido, lo que es correcto y lo que no. Los medios de comunicación de masas han sobrepasado sus funciones (informar, formar y entretener), invadiendo todos los ámbitos de las experiencias sociales.

Estas son unas tecnologías que potencian el individualismo del propio beneficio y a su vez facilita la emergencia de un proyecto político de disciplinamiento de las masas, para su sometimiento a una vida de explotación, obediencia ciega y control. Estas tecnologías con sus mecanismos de control social, son de vital importancia para preservar el poder y vigilar el funcionamiento de los nuevos procesos socializadores que van a acompañarnos en esta “nueva normalidad” y que darán sentido a las lógicas de un nuevo orden mundial.

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Diversas fuerzas políticas de ideales reaccionarios, ven en este futuro que tenemos a la vuelta de la esquina, la oportunidad de imponer sus totalitarismos desde el proyecto de las democracias de mayorías socialdemócratas. En el territorio español, al igual que en otros países del viejo continente, son las izquierdas de la socialdemocracia las que están construyendo puentes para las organizaciones ultraconservadoras, preparándoles el terreno y facilitándole los medios para que puedan imponer sus totalitarismos, democráticamente y conforme a las leyes. La “nueva normalidad” son los puentes que nos llevan a ese nuevo orden mundial totalitario.

Varixs compañerxs me explican con cierta preocupación, que las redes sociales son un hervidero en el que se cuecen y difunden todo tipo de teorías conspiranoicas, bulos, manipulaciones, noticias falsas o tergiversadas, con finalidades de generar y agitar malestares contra el poder actual, y propiciar que este cambie de manos.

Para constatar la actividad de estas fuerzas políticas en las redes sociales, me aseguran que no hay más que entrar en grupos que se crean con las aplicaciones de celulares e intentar participar en sus comentarios. Explican que en ellos se mueven materiales en formato vídeo y texto, sustentando todo tipo de teorías conspirativas, invocando a llevar a cabo protestas en las calles.

Precisamente a través de estas teorías de la conspiración, les es muy fácil conectar e influir en las personas que tienen cierta tendencia a creérselas, porque nunca se refieren a la experiencia de lo cercano y cotidiano, sino a los temores causados por unas supuestas fuerzas mayores, que están conspirando detrás de todo mal que le suceda a la humanidad, disociando así los problemas sociales de toda relación con la lucha de clases y creando un imaginario de unos grupos de poder que conspiran contra todxs lxs demás.

Recientemente hemos visto en los medios de comunicación algunas de estas convocatorias y movilizaciones, con un claro protagonismo de esos partidos políticos ultraconservadores. Esto lo hemos podido ver en movilizaciones como la que se ha convocado recientemente en el barrio de Salamanca de Madrid, en la que la clase alta ultraconservadora, sacaba a pasear sus banderas españolas pidiendo al gobierno “libertad”. En otras, ese protagonismo está encubierto, asegurando que es solo “un movimiento de protesta popular, sin colores, ni banderas”, pero sin llegar nunca a aclarar, ni saber concretar cuales son las finalidades de la protesta porque no pueden desvelar que lo que se va a reclamar, es la dimisión de un gobierno para poner a otro.

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Las teorías conspirativas, especialmente en circunstancias como la actual, tienen mucha aceptación porque ofrecen hipotéticas soluciones a nuestros problemas, situando a unos pocos poderosos detrás de esas conspiraciones. Esta burda manipulación conspiranoica, la organizan parte de los responsables de este sistema capitalista, pero sin intención de acabar con su sistema, sino de desnivelar la balanza del poder hacia los dirigentes de los dogmas de sus ideas políticas. No existe tal conspiración, es un hecho que se produce delante nuestro y no por una familias adineradas del poder, sino por todos los que sustentan este sistema. No es una conspiración, es el capitalismo y sus reinvenciones. Contradecir y hacerles frente desmontando esas teorías con argumentos, comporta descalificación y todo tipo de acusaciones de ser parte del gobierno y del mal. Si el grupo está bajo su total control, la expulsión es la manera más rápida de evitar que el grupo empiece a pensar por sí mismo y pierdan su control.

Si el grupo no lo controlan ellxs, hay estrategias para conseguir que la gente lo abandone o lo cierren, sin argumentos, provocando constantes discusiones con insultos y descalificaciones, o cuestionando a las personas críticas acusándolas de “no hacer propuestas”, de “estar en contra de todo”, de “ser infiltradxs” o cualquier otra infundada acusación que genere desconfianza en quien hace crítica.

El formato de comentarios en estas redes sociales, por su inmediatez y mensajes breves pero continuados, pueden fácilmente desviar la atención hacia otras cuestiones cuando no se desarrolla como desean, y esa inmediatez de los mensajes seriados, al generar una sensación de esperar una rápida respuesta, no permite mantener activo el pensamiento crítico. Esta es otra parte del control social que se intenta conseguir a través de las redes sociales, con la aparición de múltiples grupos y perfiles falsos que crean cuentas, en las que se apropian de las inquietudes y malestar de las personas, para reconducirlas hacia la protesta en la calle. Esta ultraderecha conservadora sabe que no dispone de un potencial de movilización, que haga salir a la calle a personas que se distancian de sus reaccionarias ideas, y con estos grupos, consiguen colocar progresivamente sus ideas, apoyándose unxs a otrxs, entrando varios en los grupos y subiendo poco a poco el tono de los bulos y las descalificaciones contra quienes les estorban con sus dudas.

La “nueva normalidad” camina hacia sistemas similares a los que se reproducen en esas redes sociales, en las que hay una apariencia de libertad para expresarse y opinar, pero que las opiniones que no se ajustan al orden de la finalidad del grupo, son desaparecidas, al igual que quienes las expresan.

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Las tecnologías que utilizarán la infraestructura de la red 5G, podrán localizar a quien sea en cualquier parte del mundo donde estén instaladas tecnologías de ese tipo, y “sus administradores”, hacerlo desaparecer. Países que llevan tiempo utilizando estas tecnologías, son expertas en el uso de aparatos como los drones, que pueden convertirlos en armas o en el complemento perfecto para su eficacia.

En esta “nueva normalidad”, la resistencia, la disidencia y la lucha contra ese sistema totalitario, tendrá en la desobediencia individual y colectiva, una de sus respuestas. No llevar un celular de esa tecnología, nos convertirá en peligrosísimxs luditas y adictxs de los encuentros clandestinos. El underground rebelde se reflejará en periodos como los de la ley seca, aflorando por todo el mundo las conspiraciones insurrectas de lxs de abajo.

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Si las calles se llenan de ojos delatores, crearemos espejismos los dejaremos ciegos.

No nos asustan los virus, ni tampoco empezar a vivir sobre las ruinas de este mundo.

La única conspiración que tiene sentido, es la de lxs nadie. Lxs que no tienen nada y nada son.

Frente al oscurantismo de las distopías de “nueva normalidad”, los ardientes latidos de las utopías de eso “nuevos mundos” que anidan en nuestros corazones.

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