“ANTIFA. EL MANUAL ANTIFASCISTA” DE MARK BRAY: PROPUESTA Y RECURSOS

“Antifa. El manual antifascista” de Mark Bray: Propuesta y recursos

Por un antifascismo anticapitalista. Ejes de una propuesta integral

La crisis económica, de civilización, el capitalismo en su fase terminal, pueden generar las mejores condiciones para el ascenso de la ultraderecha y el fascismo, y somos más vulnerables de lo que creemos. De ahí la relevancia del libro de Mark Bray y de la propuesta para una estrategia y táctica antifascista, capaz de responder a todas las facetas de la amenaza.

Mark Bray ha publicado en España su libro Antifa. El manual ANTIFASCISTA (Capitán Swing, 2018, 300 páginas). Si temes que pueda ser un libro cargado de demasiada testosterona juvenil, con mentalidad un tanto escorada a lo hincha de fútbol, comprobarás que no puede ser más maduro, inteligente, y con todo el valor necesario para afrontar el problema. Si, como yo, detestas la violencia, pero comprendes que no siempre se puede renunciar a ella (nos la imponen), y te emocionas (quizás hasta las lágrimas) viendo la extraordinaria película Espartaco (1960, director Stanley Kubrick, interpretado por Kirk Douglas); si estás en contra de los matones, de los que no respetan los derechos más elementales de los demás, los que persiguen, hieren y matan a trabajadores/as, mujeres feministas, lesbianas, gays, judíos, refugiados, etc., y si te alegras de que se lleven su merecido, entonces soltarás alguna que otra carcajada de desahogo y un “¡bien hecho!” cuando leas algunas de las historias de lucha antifascista militante que nos relata Bray; si te resultan repelentes personajes políticos, como el presidente norteamericano Donal Trump, el brasileño Bolsonaro, o más próximos como los impresentables del partido español Vox, entonces, seguro, comprenderás cuánta razón tiene Bray. Y si ya estás bastante enterado/a del tema del fascismo y antifascismo, verás que Bray no te defrauda y te aporta mucho.

Como siempre hago cuando comento un libro, quiero ayudaros a que éste os sirva de base de partida, pero aportando consideraciones y materiales que os permitan avanzar todavía más en esta situación que se irá haciendo cada vez más crítica y peligrosa, y tal vez de forma un tanto repentina y acelerada, sorprendiéndonos. Por eso propongo algunos ejes para el antifascismo que ahora y en adelante necesitaremos. Comprobaréis que van mucho más allá de las típicas respuestas limitadas a lo económico, social o político, o por sectores, y que abarca desde las cuestiones más públicas y políticas a las más privadas (con implicaciones políticas). Quiere ser una respuesta INTEGRAL al ascenso de la ultraderecha y el fascismo, o al menos apuntar en esa dirección para que vosotros/as lo desarrolléis todo lo que podáis. Me gustaría creer que haciendo una especie de fusión entre el Manual de Bray y mi reseña y propuestas, estaría obteniendo la guía básica para la lucha antifascista que hoy necesitamos.

Las secciones de este texto son: I.- Antifascismo militante. Historia y prácticas. II.- ¿Cuál es hoy la función del ascenso de la ultraderecha y el fascismo? ¿Y la de los anti-fascismos?. III.- Algunos “caballos de batalla” de la ultraderecha y el fascismo. IV.- Nuestra respuesta ¿Cuál debiera ser?. V.- Propuesta para un anti-fascismo anti-capitalista y anti-patriarcal. Diez ejes. VI.- El futuro y el fascismo. VII.- Otros recursos recomendados.

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I.- ANTIFASCISMO MILITANTE. HISTORIA y PRÁCTICAS

No soy experta en el tema de la historia de la lucha antifascista en las democracias después de la Segunda Guerra Mundial, y ni conozco obra que trate tan extensa cuestión, aunque sí alguna dedicada a los neonazis y otros casos. Pero vista la corrección con la que Bray aborda la historia del antifascismo hasta la Segunda Guerra Mundial (capítulo 1 ¡No pasarán! El antifascismo hasta 1945), confío en que lo está haciendo bien para lo que siguió hasta nuestros días, pues así lo parece por la coherencia de su exposición, y las numerosas fuentes a las que remite.

En el capítulo 2 “¡Nunca más! El desarrollo del antifascismo moderno (1945-2003)”, Bray nos expone numerosas experiencias en Europa y norte-América de organización de la lucha antifascista. Tras conocerlas, sólo cabe expresar nuestra solidaridad con las víctimas del fascismo, y nuestro agradecimiento a todos esos luchadores/as que, con inteligencia y valor, se enfrentaron a los matones fascistas (algunos, asesinos), consiguiendo muchas veces aminorar su crecimiento, incluso hacerlos desaparecer de la vida pública. Nunca sabremos cuánto habría empeorado la situación si ellos no la hubiesen encarado como lo hicieron, a cuántas personas han salvado de sufrir agresiones graves e incluso de perder la vida, pues si algo se hace evidente es que no se puede esperar a que el Estado burgués tome la iniciativa y el peso en esa lucha cuando muchísimas veces, los fascistas cuentan con la “neutralidad” del Estado burgués democrático (no se puede ser “neutral” y equidistante entre fascismo y antifascismo, como tampoco entre un caníbal y alguien que no lo es), cuando no su abierta simpatía, su colaboración, la integración de policías y militares en las organizaciones fascistas (o dando su voto a esas formaciones, como en España el caso evidente de Vox), y hasta su instrumentación por las “cloacas” del Estado para luchar contra los movimientos obrero y populares.

Los fascismos no son una alternativa respetable entre otras posibles, pues no tienen nada bueno que ofrecer a la Humanidad y menos en estos y futuros tiempos críticos, como su “teoría” y práctica han demostrado hasta la saciedad. Los judíos ¿debieran esperar, para defenderse, a que fascistas anti-judíos les agrediesen sistemáticamente o nuevamente estuviesen en el poder? La clase trabajadora ¿debe esperar, para defenderse, a las agresiones sistemáticas o a que el fascismo esté nuevamente en el poder y utilice todos los recursos del mismo para aplastarla? ¿Podemos esperar a que el fascismo tenga a su disposición un armamento apocalíptico, desde la ciber-guerra, la guerra biológica o la nuclear? La tolerancia hacia las personas no debe confundirse con la tolerancia hacia el mal.

Recordemos lo que los líderes nazis decían de sí mismos y de las posibilidades de haberlos derrotado: Hitler lo explicó claramente: “Sólo una cosa podía impedir nuestro desarrollo: que el adversario comprendiera el principio y que, desde el primer día, con toda la brutalidad posible, hubiera aplastado el núcleo de nuestro nuevo movimiento.” Discurso al congreso de Nuremberg, el 3 de septiembre de 1933, una vez ya en la cumbre del poder. Y Goebbels añade: “Si el enemigo hubiera conocido nuestra debilidad, probablemente nos hubiera aplastado […] Habría ahogado en sangre los primeros logros de nuestro trabajo” Goebbels “Lucha por Berlín”.

Cuando el Estado burgués reclama el monopolio del uso de la violencia, lo hace muchas veces para condenar a la indefensión a las víctimas de los fascistas, en tanto “se pone de perfil” o “mira para otro lado” ante la violencia fascista, o abiertamente se pone de su lado “mano a mano”, o acusa de los crímenes fascistas ¡a los antifascistas!. Suele ser muy frecuente que cuando los fascistas atacan una manifestación, la policía no está o apenas para impedirlo, pero una vez que los anti-fascistas se están defendiendo, la policía interviene supuestamente de modo “neutral”, pero cargando sobre todo contra los anti-fascistas, rematando así, de hecho, la actuación de los fachas. Los antifascistas suelen sufrir, además de los ataques fascistas, una represión policial y judicial muy superior a la que cae sobre los fascistas, pues estos no suelen ser objeto del mismo celo “justiciero” por parte del Estado burgués, sobre todo si los consideran como los encargados de hacer el “trabajo sucio” del que todavía no conviene que asuma abiertamente la policía por el rechazo de la opinión pública, porque hay que guardar las apariencias de la democracia, porque no esté lo suficientemente fascistizada la policía y la sociedad.

La justicia es “ciega” e “igual para todos”, a su manera. Así, se puede medir la violencia en términos individualizados, como si se tratase de una pelea común. Si un antifascista, preventivamente, pega el primer puñetazo (“el que pega primero pega dos veces”; la iniciativa y la sorpresa son factores de éxito), se convierte en el agresor, y el verdadero agresor (el fascista), pues es una amenaza social, actuará “en legítima defensa”. A ojos de la ley, una violencia es igual a otra violencia, aunque su finalidad sea exactamente opuesta, una sea fascista y la otra antifascista, una quiera anular las libertades y derechos básicos, aterrorizar a la gente que se resista, y otra defienda sus derechos como no quiere hacerlo el Estado burgués, aunque teóricamente estén respaldados por la ley. Es como decir que el racismo y el anti-racismo son ambos malos, y que la violencia de uno y otro son iguales; o equiparar al esclavista y al anti-esclavista y sus violencias, al violador y a la que se resiste a ser violada… Demuestra lo poco que importa la opresión y sin embargo lo mucho que escandaliza la lucha contra la opresión.

Incluso cuando la violencia es claramente unilateral por parte del fascismo y sin posibilidad de autodefensa, el Estado burgués tiende también a dejar impune la agresión, a minimizar su importancia, no tomar las debidas medidas preventivas de persecución para evitar que se repita, y a achacar las responsabilidades por igual a verdugos y víctimas, calificándolo de “enfrentamiento violento entre extremistas de derecha e izquierda”. Eso si la violencia fascista no cuenta con el apoyo de policías, militares, servicios secretos… que les dotan de medios (dinero, armas…), información sobre las personas a atacar, y encubren sus actuaciones para que no vayan a parar a los tribunales o lo hagan de tal manera que sea muy difícil condenarles y llegar hasta el final de sus complicidades. Es como juntar a un caníbal y a quien no lo es, y pretender que no son más que dos potenciales comensales, y que quien puede ser comido por el otro puede entablar tranquilamente una conversación sobre cuál es la receta de carne más exquisita, y que atenta contra su libertad de expresión si no le permite hacer la apología de su “hábito culinario”, o montar un club de caníbales, y deba esperar a que se coman a alguien (y probarlo) para levantar alguna queja ante la ley.

En el capítulo 4 “Cinco lecciones históricas para antifascistas”, Bray aporta un material de reflexión muy importante para comprender que no podemos quedarnos en una falsa oposición antagónica entre fascismo y democracia burguesa, como si la segunda fuese un verdadero dique a la primera, como si la segunda no fuese una forma de dominación del capital que, llegado el caso, deja paso al fascismo, como si pudiésemos limitarnos a una lucha antifascista sin apuntar a la denuncia y la lucha contra su raíz, esto es, el capitalismo mismo y el Estado burgués democrático que, sin apenas transformación, puede adoptar la forma de Estado burgués fascista, para seguir protegiendo, con métodos algo diferentes, los mismos intereses fundamentales del capitalismo que venía protegiendo con la democracia. La experiencia de Italia y Alemania con el ascenso del fascismo y nazismo demuestran de modo incuestionable cómo es la burguesía (clase capitalista y afines políticos o culturales con poder), al menos los sectores más poderosos, la que muy pronto apoya ese movimiento de masas y la que le pone finalmente la alfombra roja y le abre de par en par las puertas para su ascenso definitivo al poder del Estado. No es sólo que los fascismos protejan al máximo los intereses más desmedidos de la burguesía contra la clase trabajadora (también llamada clase obrera y proletariado), lo que es la demostración principal del carácter de clase de los fascismos (movimientos de “clase media” al servicio de la burguesía), sino que, por ello mismo, la clase capitalista los financian con generosas donaciones durante su ascenso, como lo demuestra sin lugar a la menor duda las investigaciones históricas. La democracia burguesa no es enemiga mortal del fascismo, sino su potencial aliada, aunque con ese movimiento se sacrifique, desaparezca, para así garantizar mejor los intereses de la clase capitalista a la que ambas formas del Estado burgués representan, eso sí, en momentos políticos diferentes, dependiendo de la dificultades de la economía capitalista, el aumento de las tensiones entre estados burgueses, y la necesidad de aplastar a la clase trabajadora. La burguesía “despide” a la democracia burguesa y “contrata” a un “matón” plebeyo.

El hecho de que durante la Segunda Guerra Mundial algunas democracias se opusieron al eje fascista-nazi-japonés, no se debe a que la democracia burguesa sea amante de la libertad y enemiga irreconciliable del fascismo, sino porque las burguesías de todos esos estados estaban en pugna por el reparto del mundo (las democracias del Reino Unido, Francia, Holanda… protegiendo su sistema colonialista, negando la libertad y la democracia a los nativos contra los que muchas veces albergaba sentimientos profundamente racistas, y el trato consiguiente) y, dependiendo de la correlación de fuerzas interna entre burguesía y clase trabajadora sobre todo, adoptaron el tipo de régimen político (demócrata o facha) que mejor les venía para someter a su respectiva clase trabajadora, lograr el apoyo de la “clase media” y luchar a escala internacional, incluso con medios militares (escusa: “no defendemos nuestro imperialismo, sino la democracia contra el fascismo”). Los fascistas italianos y los nazis gozaban de mucha “comprensión” y simpatías en amplísimos círculos conservadores (políticos y empresarios más poderosos) de Francia, Reino Unido, EEUU…, por su orientación abiertamente anti-proletaria y su respeto al capitalismo y al Estado burgués. La única pega era que, como en el caso de esos países demócratas simpatizantes, el capitalismo italiano y alemán eran nacionalistas-expansionistas, y eso chocaba de frente con los mismos intereses que tenían los estados capitalistas democráticos. “Meter en cintura” y aplastar a la clase trabajadora podía ser motivo de envidia; pero cuestionar el reparto del mundo entre los capitalistas-imperialistas, y querer quitarles “lo suyo”, ¡eso sí que no!.

Una vez derrotada la política expansionista de los fascismos, lo que quedaba era su anticomunismo, compartido por la burguesía democrática. Por eso los vencedores demócratas occidentales sólo procedieron a una tibia desfastización de Italia, Alemania, Francia…, y adoptaron los servicios de numeroso personal fascista, salvándolos de la condena por crímenes de guerra y contra la Humanidad, para que les hiciesen todo tipo de trabajos sucios en las guerras coloniales, contra los comunistas, o el apoyo a los golpes de estado y dictaduras militares que esas democracias promoverían.

Por eso, una vez ganada la II GM, como el Régimen de Franco era, económica, política y militarmente, extremadamente débil, no suponía el menor riesgo expansionista en Europa y ni siquiera ya en el norte de África (donde, a cuenta de los nativos, había hecho buena parte de su “brillante” carrera militar Franco y los militares “africanistas” golpistas, con la Legión y los Regulares), y tenía “atada y bien atada” a la clase trabajadora para beneficio también de las inversiones de los capitales de los estados democráticos, las democracias no hicieron nada por derribar a Franco (protegido y aliado de las vencidas Alemania e Italia), sino que, al contrario, lo apoyaron hasta su muerte (especialmente EEUU, el supuesto “capitán” de la democracia mundial) (NOTA 1).

Y por supuesto, el colonialismo, el neo-colonialismo, el imperialismo en todas variantes, el militarismo, las agresiones a otros estados, las invasiones, las grandes matanzas, son patrimonio, no sólo de los regímenes fascistas, sino de las democracias más consolidadas, empezando por el Reino Unido, Bélgica, Francia (ahora sobre todo en África francófona), EEUU (por todo el mundo). Para llegar a la Primera Guerra Mundial (I GM), con su gigantesca matanza y economía de guerra, no hubo necesidad de fascismo ninguno y se enfrentaron entre sí las democracias de la época; bastó con la existencia del capitalismo, su Estado burgués y las exigencias expansivas del capital en un mundo colonizado que obligaba a un nuevo reparto entre las potencias (mercados, mano de obra barata, materias primas…).

Como complemento a esta lectura y para comprobar hasta qué punto no podemos confiar en dejar la lucha antifascista en manos del Estado democrático-burgués, hasta qué punto puede haber una alianza entre el Estado democrático-burgués, en la persona de sus más altos representantes políticos elegidos, las organizaciones fascistas-terroristas, los servicios secretos, los militares, la CIA, la OTAN, las “cloacas” del Estado y el crimen organizado (mafioso), es importante conocer la experiencia italiana y la llamada “estrategia de la tensión” con sus atentados fascistas con matanza de masas (al menos 105 asesinados en atentados fascistas de masas entre 1969-80). Un libro de reciente publicación, “Italia oculta. Terror contra democracia” de Giuliano Turone (Editorial Trotta, Madrid, 2019, 380 páginas), donde una vez más comprobamos que la realidad supera la ficción de la novela negra, de intriga o de espías. Bray trata brevemente este asunto en las páginas 99-101. Y estamos hablando de un Estado burgués democrático desde el final de la II GM (Segunda Guerra Mundial), que tuvo un potente movimiento partisano antifascista, luego un potente partido comunista, y sindicados, etc., miembro del Mercado Común Europeo (ahora Unión Europea y eurozona), y de la OTAN. Esto podría dar lugar a muchas películas de lo más educativas, pero no interesa, pues la conclusión es: la democracia burguesa apesta a cloaca fascista.

Sin olvidar el grado de represión al que pueden llegar las democracias burguesas sin fascistizarse directamente, como conocemos por innumerables experiencias durante décadas, por todo el mundo “democrático”, hoy mismo, permanentemente. No sólo por el endurecimiento legislativo del tipo “ley mordaza” y similares, por el recurso a los Estados de Alarma, de Excepción, de Sitio, etc., o la brutalidad de la represión policial (muertos, tuertos, apaleados y violadas en comisarías, etc.) como hemos visto recientemente en las democracias latinoamericanas (Chile, etc.), o la violencia policial racista (los negros muertos por la policía democrática sin la menor justificación, en EEUU), sino por el uso de los servicios secretos y la “cloacas” del Estado, el Estado de vigilancia (gracias a la inteligencia artificial). No es tampoco una rareza el recurso a la violencia más extrema, como en el aplastamiento de los movimientos revolucionarios inspirados en el antifascismo pero que iban también contra su raíz en el capitalismo y el Estado burgués (el caso de la Comuna de Asturias de octubre de 1934 en España, aplastada por el entonces general Franco con la Legión y los Regulares de África, el Ejército y la Guardia Civil, de la II República); o el Mayo de 1937 en Cataluña de los republicanos burgueses (junto con el PSOE y el PCE) contra los revolucionarios antifascistas y anticapitalistas (anarquistas y del marxista POUM); o el gobierno de la socialdemocracia alemana dirigiendo a los Freikorps (grupos paramilitares reaccionarios bien equipados y financiados, cuna de ultraderechistas y nazis) para aplastar brutalmente las intentonas revolucionarias tras la I GM (Primera Guerra Mundial) y asesinar a líderes comunistas como Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht; o cómo las democracias consolidadas (como la de EEUU, y otras) han promovido golpes de estado militares y dictaduras de lo más sanguinarias en todos los continentes, la guerra contra Vietnam que costó entre dos y tres millones de vietnamitas muertos, y protegieron durante 30 años al Régimen franquista (incluso antes, con la política de “no intervención” de las democracias a favor de la II República burguesa, mientras toleraban el apoyo más descarado de la Italia y Alemania fascistas al ejército golpista franquista, y su intervención directa en suelo español cometiendo toda clase de barbaridades –como el bombardeo de Guernica-Gernika por la nazi Legión Cóndor-, pues preferían – especialmente la burguesía del Reino Unido- a Franco antes que una democracia burguesa con una clase trabajadora fuerte y combativa).

Los fascistas y nazis fueron entusiastas partidarios de la tortura de las personas a las que daban “caza” (los italianos, además de darles palizas monumentales, les obligaban a tragar grandes cantidades de aceite de ricino que los descomponían del todo, humillándolos y enfermándolos, incluso de aceite de motor que llegaban a matarles) y de los detenidos cuando ya estaban en el poder, y no digamos el trato en los campos de concentración. Pero las democracias nunca han sido completamente ajenas a esas prácticas. EEUU, el “campeón” de la democracia y de las campañas por los derechos humanos, durante décadas, a través de la CIA y organismos similares, o de la Escuela de las Américas, se ha dedicado a promover la selección y adiestramiento de torturadores para la práctica más eficiente del tormento en otros países, ha legalizado algunas formas de tortura que no son nada “blandas” por mucho eufemismo rebuscado que usen para denominarlas y, con el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, ha establecido por todo el mundo un sistema de cárceles y traslado secretos de personas capturadas, a las que luego encierra en el siniestro centro de detención (continuando con los más sofisticados maltratos y torturas) de la base militar de Guantánamo (incrustada en Cuba), sin derechos y sin juicio, causando numerosas víctimas demostradamente del todo inocentes. Y otras democracias han colaborado en esto, siquiera sea “mirando para otro lado”. Véase por ejemplo, https://www.documaniatv.com/search.php?keywords=Guantanamo

La democracia española, incluso con gobiernos del PSOE, tiene un lado muy oscuro, en el que se proyecta también la larga sombra del franquismo. Una información de actualidad (15-5-2020) al respecto https://kaosenlared.net/gobierno-reconoce-mas-de-950-casos-de-tortura-en-carceles-espanolas-entre-2010-y-2019/ . Como no se trata de exponer aquí multitud de casos, valga como muestra, un botón, el del policía apodado “Billy el Niño” (NOTA 2).

Una conclusión evidente: entre la democracia burguesa y el fascismo hay multitud de vasos comunicantes; la democracia abre la puerta al fascismo, y cuando el régimen fascista caduca, la democracia no termina de cerrar la puerta al fascismo que fue, y puede acabar abriéndola al que vendrá.

En los capítulos 5 y 6 «“¡Se acabó la izquierda tolerante!”: “sin tribunas” y la libertad de expresión», y “Estrategia, (no) violencia y antifascismo cotidiano”, Bray expone y rebate, con argumentos muy poderosos, el argumentario liberal, tan tibio y tolerante con el fascismo, y tan hipócrita con el antifascismo (no tiene tantos miramientos para los movimientos populares de izquierda con sus leyes “mordaza” y todo un enorme arsenal de prácticas legales, alegales e ilegales), y con la falta de realismo de quienes rechazan totalmente el uso de la violencia contra el fascismo, a la vez que Bray se aleja de cualquier apología de la violencia o de los valores de “machito”. Los grupos antifascistas luchan también con modos no violentos, incluso muy considerados, con los que obtienen también importantes éxitos. Pero esto no significa que la lucha antifascista deba renunciar por principio a la violencia pues es un medio, no de agresión, sino de autodefensa contra la violencia consubstancial al fascismo, especialista en intimidar y agredir sin justificación ninguna y del modo más cobarde y criminal, sobre todo cuando el Estado burgués democrático, que reclama el monopolio de la violencia, sin embargo la tolera en los fascistas y no la ejerce contra ellos cuando debiera, pero sí que la aplica contra los antifascistas. Me han parecido dos capítulos brillantes por la calidad de los argumentos de los que dota a la hora de abordar un debate sobre estas cuestiones (NOTA 3).

Sobre el tema de la no-violencia, reflexiones de calado en estos dos libros: “Cómo la no violencia protege al Estado” de Peter Gelderloos (editorial Descontrol, Barcelona, 2015, 237 páginas), y “El fracaso de la no violencia. De la primavera árabe al movimiento 15M” de Peter Gelderloos (Descontrol editorial y Editorial Segadores, Barcelona, 2017, 458 páginas) (NOTA 4)

Sobre el papel de las mujeres en el movimiento antifascista, hay un par de historias muy sorprendentes y divertidas en la página 259.

En el libro se recogen muchas experiencias de problemas y soluciones que pueden inspirar a la hora de organizar grupos y movimientos antifascistas, siempre partiendo de un buen análisis de la situación concreta y de las fuerzas inicialmente disponibles para no caer en el error de importar experiencias válidas en otro momento y lugar, pero no en el propio. Para eso es también útil el Apéndice A “Consejos de los antifascistas pasados y presentes a los del futuro”.

En el capítulo 3 «El ascenso de los “nazis de corbata” y el antifascismo actual», Brady nos muestra el ascenso de la ultraderecha -visible en las elecciones y hasta entrada en los gobiernos- que estamos viviendo en los últimos años, tanto en Europa como en Latinoamérica y en EEUU, y sus relaciones con la promoción de los grupos fascistas (en sentido amplio). Ante este fenómeno son insuficientes los métodos del antifascismo militante dedicado a enfrentarse a los grupúsculos fascistas. Hace falta una conciencia antifascista mucho más extendida a nivel de masas y también mucho más amplia en su contenido, y más profunda en su comprensión de la naturaleza del fenómeno. Pero si no queremos que el antifascismo caiga en la trampa de la ideología liberal y de la no-violencia, o en pensar que el problema es de determinados grupos sociales exclusivamente (gays, negros, inmigrantes, refugiados, musulmanes…), o en la falsa oposición entre democracia burguesa y fascismo, debemos desarrollar un antifascismo anticapitalista y anti-Estado burgués.

El ascenso de la ultraderecha y sus características no son las mismas que las de los fascismos de las décadas de los 20s y 30s del siglo pasado, sino las propias de un capitalismo que no sólo está en decadencia como ya lo estaba entonces, sino que, con la crisis del neoliberalismo globalizado, ha entrado en lo que pueden ser ya el preludio de su fase terminal, pero también con una clase trabajadora más débil que nunca. Por tanto, la respuesta que demos al ascenso de la ultraderecha debe tener muy presente todo el contexto histórico de nuestra época, hacia dónde se dirige la civilización capitalista, o de lo contrario, no podremos detenerlo y vencerlo y acabaremos siendo derrotados y aplastados, sin que ninguna democracia nos salve como al final de la II GM (pero ahí tampoco a los españoles bajo Franco).

Cuando ya está terminando el cuerpo central de su libro, Brady nos dice “a partir de un cierto punto, destruir el fascismo consiste realmente en promover una alternativa socialista revolucionaria (en mi opinión una que sea antiautoritaria y no jerárquica) ante un mundo en crisis.” (página 280)

Esto me da pie para exponer, en esa línea, lo que sigue, pasando de la reseña del libro a lo que es propiamente mi aportación.

II.- ¿Cuál es HOY la FUNCIÓN del ASCENSO de la ULTRADERECHA y el FASCISMO? ¿Y la de los ANTI-FASCISMOS?

Así como no definimos al ser humano por lo que es un bebé recién nacido, sino una persona en plenitud, el fascismo en general, debemos definirlo por su versión desarrollada y exitosa.

El fascismo y nazismo histórico (no cualquier grupúsculo facha con pretensiones pero incapaz de superar la marginalidad política por no darse las condiciones o no saber explotarlas), eran movimientos políticos burgueses (no se salían del marco del capitalismo y su Estado, sino que lo reforzaban) pero impulsados sobre todo por sectores muy importantes de la “clase media” “rebelde”, con el “tono” ideológico y político propio de esa clase (incapaz de establecer una política realmente independiente de los parámetros burgueses), eso sí, muy movilizados y organizados, fuera de los partidos de la derecha, ultraderecha y las organizaciones que controlaban, y cuyos objetivos pasaban por aplastar la lucha de la clase trabajadora, por mucho que elogiasen a los trabajadores/as y les prometiesen mejorar su situación y lugar en la sociedad.

El fascismo y nazismo auténtico no es una corriente reaccionaria más dentro de la élite burguesa (empresarios, políticos, militares, burócratas, clérigos…), sino un movimiento de masas con fuertes raíces en la pequeña burguesía (“clase media”), ferozmente antiproletario (totalmente opuesto a la superación del capitalismo y su Estado, pero alegando una superación de la lucha de clases que en realidad es la completa supeditación de los trabajadores/as al capital), practicando la violencia como “guerra interna de baja intensidad” (el Estado, aunque sigue proclamando el monopolio de la violencia y podría imponerlo, cuando menos tolera la violencia si la ejercen los fascistas), nacionalista (la nación como fuente de la identidad social de los individuos –yo soy…- y marco para la “armonización” de intereses de clase en realidad opuestos) y expansionista por medios militares (imperialismo belicista), y que para llegar al Gobierno, explota los recursos de la democracia burguesa (sin caer en el legalismo) con el objetivo de acabar con ella, e imponer una dictadura con los mayores y más amplios poderes para el Gobierno, y su jefatura. Otros aspectos no son imprescindibles ni necesariamente compartidos (teoría racista, antijudaísmo, culto a la personalidad, etc.). La razón de ser del fascismo en general, su objetivo principal, nunca fue exterminar a los judíos, o adorar a un líder, sino servir al capitalismo del mejor modo posible, aplastando la resistencia de la clase trabajadora; el resto, son objetivos secundarios y no inevitables, por muy terribles y condenables que sean, y por tanto, no tendrán por qué reproducirse en el futuro.

Hoy no estamos ahí, pero la evolución del capitalismo decadente acercándose a su etapa terminal podría volver a llevarnos a eso aunque las formas se diferenciasen mucho. En tanto, se irá preparando el terreno con movimientos populistas de derecha, ultraderecha, fascistoides y algunos fascistas, que no serán poco peligrosos por no ser el fascismo plenamente desarrollado.

Los “caballos de batalla”, los temas que hoy explotan y que veremos más adelante, tienen mucho en común con los fascismos históricos y, por tanto, sirven de puente o transición hacia un fascismo genuino que podría emerger cuando se diesen las condiciones objetivas y subjetivas. Por tanto, los partidos hoy existentes a los que se les carga tan fácilmente con la etiqueta de fascista, en algún caso ya marginal son post-fascistas, y en la mayoría son más bien proto-fascistas (previo o anterior al fascismo del futuro) o pre-fascistas. Por ejemplo, el partido francés de la familia Le Pen, durante un tiempo, con su padre y sus nostalgias, se podría entender en buena parte como post-fascista, pero con los cambios liderados por la hija, ya no es justo calificarlo ni siquiera así, y sin embargo, por las temáticas que aborda, puede ir abonando el terreno a un futuro fascismo que no dependería necesariamente tanto de la evolución del propio partido de Le Pen, como de ramas desgajadas u organizaciones sin un previo pasado partidista común, totalmente nuevas, por lo que podría entenderse como proto-fascista.

El hecho de ser “sólo” proto-fascista no lo hace poco peligroso, pues puede gestar el fascismo del futuro, y aunque no llegue a tanto, un gobierno de esas características, con los recursos de los que hoy disponen los estados para controlar, reprimir a la gente, y organizar guerras (no digamos, si cuenta con armamento nuclear) sería peligroso en extremo, como también, a su modo, una dictadura militar. Un gobierno de ese tipo –sin renunciar a medidas anticonstitucionales que pudiese imponer impunemente- aprovecharía todas las posibilidades que le ofreciese la democracia para, legalmente, adquirir poderes extraordinarios semidictatoriales, como en Alemania lo hicieron los derechistas que poco antes precedieron a Hitler, sentando así el precedente para imponer la dictadura más descarada. Por ello, esos gobiernos todavía formalmente “democráticos”, suelen ser la antesala del fascismo.

De ahí que sea una creencia suicida la de que se debe apoyar a esos gobiernos para que la burguesía no se decida por el fascismo, que esos gobiernos son el “mal menor”, pues todavía no son el fascismo, y que no hay que adoptar una política decidida de oposición al conjunto de la reacción, al Estado burgués, al capitalismo, pues eso “les asustaría y echaría en brazos del fascismo”. Semejante política lo que hace es dejarnos a expensas de la supuesta buena voluntad y determinación de esa fracción de la burguesía. La verdad es que para entonces, la burguesía dirigente (la que controla realmente la evolución de la situación, la que tiene la última palabra, aunque no esté en ese momento en el gobierno, no reine) ya ha dictado sentencia y sólo espera al momento más adecuado para ejecutarla, cuando más impotente esté la clase trabajadora gracias precisamente a esas políticas del “mal menor”, pues habrá renunciado a su defensa independientemente de la “buena” voluntad de la burguesía (su gobierno, policía y ejército, tribunales), y a pasar a la contraofensiva. Esto no quiere decir que, a la hora de los movimientos tácticos, aunque todos son enemigos, no deba distinguirse entre la amenaza principal, la inmediata, la secundaria o la a mayor plazo, e incluso aprovechar cualquier nivel de unidad de acción, por muy puntual que sea (explotando, si se puede, las posibles contradicciones y conflictos entre las fracciones de la clase dominante que no suele ser monolítica –gran capital, medio, bajo; importador, exportador; industria pesada o ligera; medios de producción y armas o bienes de consumo; de tal o cual nacionalidad dentro del mismo Estado, etc.-), que pueda ayudarnos a ganar tiempo, fortalecernos, a debilitar y vencer al conjunto de la reacción, aunque no sea todos “a la vez”.

Qué hacer en cada momento y situación, sólo puede decirlo el más riguroso análisis concreto de la situación concreta, siendo siempre fieles a la orientación estratégica comentada, sin caer en el tacticismo, teniendo bien en cuenta las consecuencias más allá de lo inmediato. Es decir, teniendo presente que al capitalismo, en términos históricos, ya se le ha pasado la fecha de caducidad (con el inicio del siglo XX, I GM), que ya es una civilización caduca, reaccionaria. Por ello, a la burguesía o la pequeña burguesía, ya no les corresponden ninguna tarea civilizatoria progresista, y si algo hubiese quedado pendiente o apareciese como nuevo (crisis climática, cambio energético…), no sería nada que no pudiese hacerlo igual o mejor el poder de la clase trabajadora para la superación del capitalismo y su Estado y, por tanto, no justifica la permanencia del capitalismo. Por consiguiente, la única revolución pendiente e históricamente progresista en el capitalismo decadente y más si cabe en el terminal, la única que vale la pena todos los esfuerzos, riesgos y sacrificios inherentes a una revolución, es la revolución socialista-comunista, ninguna “revolución” democrático burguesa, “popular”, “nacional”, “anti-imperialista” o similar. Sobre esto véase mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016), con enlace al final de éste, y “Crisis triple ¿Derrota total y destrucción en este siglo?” (18-2-2020) — largo documento sobre la crisis de civilización, del sujeto revolucionario y de la teoría revolucionaria, y prospectiva del curso histórico — https://kaosenlared.net/crisis-triple-derrota-total-y-destruccion-en-este-siglo/

Aunque parezca imposible, en un futuro en crisis, nunca se deberá subestimar la posibilidad de que un movimiento fascista consiga alcanzar el poder. En Italia, desde las ocupaciones de fábrica de agosto de 1920, hasta la “marcha sobre Roma” a finales de octubre de 1922, y la entrega de las llaves del poder por parte del rey Victor Manuel III (29-10-1922) a Mussolini, pasan sólo dos años. En Alemania, en 1931 (todavía sufriendo de pleno las consecuencia de la crisis iniciada en 1929), los socialistas y comunistas, pese al espectacular ascenso del nazismo en la calle y en las elecciones, todavía pensaban que “Alemania no es [la atrasada] Italia” y que, por tanto, era imposible que un movimiento fascista llegase al poder, pero lo hizo muy pronto, el 30-1-1933, con el nombramiento de Hitler como canciller.

Esto quiere decir también que hoy la función principal del antifascismo, no es tanto combatir los pequeños movimientos fascistas que existan, como prevenir el fascismo del futuro de la mejor manera, y de paso combatir hoy del modo más eficiente a toda la reacción. Que el fascismo no sea hoy una amenaza inmediata nos da un tiempo para prepararnos del mejor modo posible, pero no por ello debemos relajarnos lo más mínimo, pues partimos de un nivel de fuerzas mínimo, ínfimo, y dependiendo de la gravedad de la crisis del sistema, el tiempo histórico puede acelerarse enormemente y generar en muy pocos años un gran movimiento fascista.

El uso y abuso del término fascista para caracterizar hoy a la ultraderecha, aunque pretende movilizar contra ella agitando los fantasmas del pasado, nos hace en el fondo un flaco favor pues lleva a trivializar el fascismo, restarle importancia (“¿Esto es el fascismo? Pues no me parece tan terrible. Por tanto, puede que tampoco lo fuese el histórico”), y no ayuda a prevenir bien lo que significaría la emergencia de un nuevo fascismo equivalente al que fue, que no se limitó a ser reaccionario al estilo de las élites -como puede serlo un presidente con enormes poderes o un gobierno militar tras un golpe de estado-, sino una respuesta reaccionara de masas movilizadas. Son, en todo caso, fascistoides o proto-fascistas, sin duda también peligrosos.

El abuso del término fascista atribuido a comportamientos de estados que siguen siendo democracias, se suele corresponder con una idealización de la democracia burguesa, pues muchos de esos comportamientos no son más que las políticas reaccionarias, represivas, belicistas, imperialistas propias también de las democracias burguesas. Pensemos en la historia de la política interior y exterior de los EEUU, por ejemplo (podríamos decir también del Reino Unido, Francia, Bélgica…); todas las injusticias y barbaridades que viene cometiendo y que muchas veces se tachan de fascistas, en realidad, no tienen nada de fascistas, son prácticas propias de la democracia burguesa, y el parecido que podemos hallar con el fascismo, se debe a que ambos son “hijos de la misma madre”: el capitalismo y la dominación de clase de la burguesía. Porque tanto la democracia como el fascismo son expresión de la dictadura del capital, es por lo que tienen a veces ese “aire de familia”. Sí, es cierto, a veces cometen fratricidio, uno mata al otro, pero llegado el momento renacen y se cuidan mutuamente; también puede verse como el caso de las hembras (democracia) de algunas especies que, después de reproducirse (engendrar y dar a luz al fascismo), agotadas, mueren.

La democracia burguesa, cuando se pone violenta, se parece mucho a la fascista con sus crímenes de masas y genocidios: véase la crueldad de la campaña de bombardeo aliado sobre las ciudades alemanas y japonesas, utilizando bombas incendiarias y napalm sobre objetivos que no eran militares, además del lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón; véase la escalada armamentística nuclear (siempre muy superior y por delante de la de la URSS, pese a las mentiras de la propaganda) y la campaña de destrucción de Vietnam, Irak (ésta televisada en directo, pero sin permitirnos ver el sufrimiento de la gente), etc.; véase un caso muy ocultado durante mucho tiempo, pero muy real y revelador: el de la masacre de París del 17 al 18 de octubre de 1961, contra pacíficos manifestantes argelinos asesinados (entre 70 y 200), muchos fueron torturados en el Palais des Sports, y algunos arrojados al río Sena, por la policía democrática de la República, durante el gobierno civil y democrático del general Charles de Daulle ¿alguien puede decir y demostrar que Francia era entonces un régimen fascista?, https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Par%C3%ADs_(1961) , la web de la asociación que lucha contra el olvido http://17octobre1961.free.fr/ , http://www.papelesdesociedad.info/IMG/pdf/la_mayor_masacre_en_suelo_frances_desde_la_ii_guerra_mundial.pdf — un dossier http://www.papelesdesociedad.info/IMG/pdf/masacre_de_paris_1961_.pdf (NOTA 5).

A la burguesía actual le interesa que pensemos en el fascismo como nuestro enemigo, pero en un relato del fascismo que tiene poco que ver con el real, con su naturaleza de clase (asunto que nunca mencionan, por ejemplo, los numerosos documentales y películas sobre los nazis), y que no reconozcamos en la democracia burguesa a nuestro enemigo aquí y ahora. La democracia burguesa y su fascismo caricaturizado, se hacen así irreconocibles como dos modalidades del Estado burgués, de la dictadura del capital.

Esa es hoy también la función del fascismo: asustarnos para que nos echemos en brazos de la democracia burguesa (el “abrazo del oso”), para que en su momento la democracia burguesa nos abandone a las garras del fascismo.

Tachando de fascistas determinados comportamientos propios de la democracia burguesa, se quiere hacer creer que puede haber una democracia real, perfecta, pura e inmaculada, lo cual es imposible, pues la democracia, en tanto existan las clases sociales, es una forma de poder político (no sólo el método de tomar decisiones por mayoría cuando no hay solución mejor), de dominio de una clase sobre otra: en la Atenas clásica, de los esclavistas sobre los esclavos, y entre nosotros, de la burguesía-clase capitalista, sobre la clase trabajadora. Ese antifascismo demócrata tiene poco que ver con el que defiendo, que es también contrario, no a la democracia en sí (tomar decisiones por votación, en lugar de que uno decida y los demás obedezcan), menos a la democracia para las más amplias masas trabajadoras (el poder de los trabajadores/as para superar el capitalismo y las clases sociales y el Estado), sino a la democracia burguesa, expresión del imperio del capital, y partera y cuna del fascismo. Por consiguiente nuestra lucha contra el fascismo pasa también por la lucha contra la democracia burguesa, en suma, contra el Estado burgués en cualquiera de sus variantes.

Hay un antifascismo promovido sobre todo por aquellos sectores que se sienten amenazados en su particular identidad o situación al margen de la estructura social de las clases sociales: judíos, inmigrantes, negros, miembros del colectivo LGTBI, musulmanes en Occidente, etc. Este antifascismo fragmentario, estrecho, no suele cuestionar la democracia burguesa y el capitalismo, bien por cortedad de miras o porque a veces sus miembros son integrantes de la “clase media” o directamente de la burguesía baja o media o alta. Al no ir a la raíz de las causas del fascismo, su antifascismo acaba por ser impotente o en tanto sigue justificando a las mismas causas que lo generan: el capitalismo y la “fraternidad” del Estado democrático burgués con el fascismo. Estos sectores son proclives a etiquetar de fascista cualquier cosa que les moleste (con razón o sin ella), con lo cual contribuyen a trivializar el fenómeno y a que bajemos la guardia ante la peligrosidad real del verdadero fascismo. Sus preocupaciones a veces pueden estar bastante lejos de las de los sectores populares proclives a apoyar a la ultraderecha y el fascismo; compárense las de un trabajador/a de baja cualificación y parado que ha sufrido la deslocalización de su empresa, o un tendero ahogado por las deudas, apegados a su población rural, con las de un judío gay con negocios importantes en el mundo de la moda o el entretenimiento y acostumbrado a viajar por el mundo. Por consiguiente, sus denuncias no consiguen el efecto de alejarles del fascismo, y las organizaciones proto-fascistas lo tienen bastante fácil para contraatacar a esas acusaciones, por lo que esos antifascistas tampoco son eficaces para combatir el proto-fascismo. Ese antifascista puede considerarse progresista en su particularidad pero ser, en lo referente a las clases sociales, tan reaccionario o incluso más que el que se siente atraído por los mensajes proto-fascistas, pues puede tratarse de un gay burgués al que le importa un bledo la suerte de los trabajadores/as precarizados, en paro, etc., pero justificadamente se siente perseguido por la homofobia. Con estos sectores puede haber unidad de acción, cooperación contra la discriminación, etc., pero no unidad estratégica en cuanto que colectivos, sin hacer una distinción por clase social y opción política (NOTA 6).

La función del ascenso del fascismo y nazismo al poder no fue exactamente la de impedir una revolución obrera que en otro caso habría sido inminente, sino la de aplastar y rematar un movimiento obrero ya debilitado, en reflujo tras las intentonas revolucionarias, antes de que pudiese recuperarse y revertir la correlación de fuerzas en el sentido de una ofensiva contra el capitalismo y su Estado. La burguesía necesitaba hacerlo recuperando a una “clase media” (pequeña burguesía) descontenta, enloquecida (machacada por el gran capital, el fascismo recupera su descontento para ponerlo al servicio del gran capital), pues el capitalismo, en ese momento (tras la I GM y tras la crisis mundial de 1929), necesitaba que la clase trabajadora estuviese completamente atada de pies y manos, y amordazada, aterrorizada y desmoralizada, para proceder a su explotación máxima e impulsar sus proyectos imperialistas-militaristas de largo alcance. Para ello no se bastaba sola la burguesía con su Estado, pues no podría hacerlo con la “clase media” también en su contra, o sin un apoyo social más amplio. Sin embargo, esa “clase media” también terminará por salir perjudicada, pero no se podrá acoger a la fuerza de una clase trabajadora a la que habría contribuido a aplastar.

Por tanto, es absurdo acusar a la clase trabajadora (o más en concreto, a comunistas y anarquistas o socialdemócratas de izquierda) de “extremismo” y de provocar con ello el ascenso del fascismo-nazismo; fue el debilitamiento de los trabajadores/as lo que los alentó, y sólo su mayor fortaleza y determinación contra el capital y su Estado, podría haber evitado la victoria de los fascismos. Según la acusación, los trabajadores/as, después de haber sufrido la matanza y miserias provocadas por la I GM por culpa del capitalismo, deberían resignase a seguir padeciendo este sistema social, la crisis de 1929, renunciar a todo y aceptar otra guerra mundial (mucho peor) para “salir” de ella al modo capitalista. Si la clase trabajadora hubiese aceptado sin más toda la explotación y miseria, y falta de derechos y libertades básicas que les hubiera gustado a la clase capitalista y los partidos más tradicionales de la burguesía, también imperialistas y militaristas, tampoco habría evitado el ascenso de algo similar al fascismo, pues la “clase media” descontenta y en “rebelión” habría despreciado todavía más a la clase trabajadora por su debilidad, y al no poder seguirla, se habría echado en brazos de un poder “fuerte” que le infundiría seguridad y aplacara sus miedos, alguna ultraderecha populista.

Esta es la basura de discurso que ha venido alimentando la socialdemocracia para culpabilizar a los “extremistas” de izquierda, y justificar su tibieza y claudicación, y no tener que cuestionar al capitalismo y su Estado burgués, al que previamente había contribuido a reforzar contra los trabajadores/as (sobre todo en el caso de Alemania tras la I GM, contra los movimientos revolucionarios). Esto es como echar al esclavo la culpa por los latigazos que recibe de su amo por haberle disgustado de alguna manera, o culpabilizar a una mujer del maltrato físico (o asesinato) por su marido por no someterse lo suficiente a su maltrato psicológico, sus imposiciones o intentar defenderse.

Esto se confirma hoy día cuando la clase trabajadora mundial está extremadamente debilitada y desorientada (nunca han tenido menos peso en ella las corrientes comunistas, anarquistas, socialistas de izquierda), incomparablemente más que en aquellas décadas de los 20s y 30s, y sin embargo, estamos viviendo un innegable ascenso de la ultraderecha y los fascismos en sentido amplio, apoyados nuevamente por sectores importantes de la clase capitalista, y una “clase media” descontenta, por la crisis del neoliberalismo. Ayer como hoy y en el futuro, si la clase trabajadora está débil y/o desorientada, el liderazgo fuerte que necesitan sectores muy importantes de la “clase media” enfadada y asustada, no lo buscarán ya en la clase trabajadora, sino en el fascismo, y no se la podrá atraer con la defensa de una democracia burguesa a la que culpa de sus males, y de la que la burguesía también quiere deshacerse pues la limita (por poco que sea) en sus planes, y a la que acompañan sectores decisivos del aparato de Estado burgués (ejército, policía, judicatura, burocracia…) que saben que permanecerán bajo otro régimen político, y quizás con más poder y privilegios.

Hoy, el ascenso de la ultraderecha no tiene una función directa e inmediatamente contrarrevolucionaria como en otros momentos históricos en los que la clase trabajadora era mucho más fuerte políticamente (expresada, mejor o peor, en un gran peso del anarquismo y anarcosindicalismo, una socialdemocracia con sectores más de izquierda que hoy, autodenominados comunistas, de diferentes corrientes, como estalinistas, consejistas, trotskistas…), y se trataba pura y simplemente de aplastar al movimiento obrero, destruyendo hasta sus organizaciones sindicales y por supuesto a comunistas, socialdemócratas, anarquistas, utilizando directamente la violencia ilegal incluso durante la democracia burguesa. Hoy no se persigue esto, lo que no quiere decir que no pueda ocurrir más adelante, tal vez tras un período preparatorio bajo el poder de la ultraderecha.

Hoy el ascenso de la ultraderecha y fascismo, quiere servir a la burguesía en unas condiciones de neoliberalismo en crisis (dentro de un capitalismo en decadencia avanzada) gestionando el descontento actual orientándolo de un modo reaccionario (o sea, volviendo hábilmente el descontento de la gente, contra la gente, empezando por otra y acabando por la descontenta), y ante todo una función preventiva, para contribuir a derrotarnos ideológica y políticamente de modo que seamos completamente imponentes para cuando en los próximos tiempos se agraven todavía más los problemas causados por la crisis de la civilización capitalista (crisis propiamente económicas, energéticas, climática, alimentaria, pandemias y sus consecuencias económicas, conflictos militares…). En Europa, hoy, la ultraderecha y los fascismos no pueden perseguir la expansión imperialista contra otros países europeos o la conquista de territorios coloniales. Pero el nacionalismo, además de cumplir ahora una función reaccionaria, puede adquirir una importancia mayor en el caso de que la crisis de esta civilización lleve a una crisis de la globalización y entonces los capitales nacionales persigan su expansión por medios parecidos a los del pasado, quizás incluso en la misma Europa, sobre todo si se hubiese hundido la eurozona y la Unión Europea. Recordemos lo inesperado y horrible que fue el conflicto que llevo a la desintegración de Yugoslavia (aquí, al lado de Italia) a comienzos de los 90s, a través de una cruel guerra de “limpieza étnica” alimentada por los nacionalismos y las pretensiones de serbios y croatas de hacer su Gran Serbia, su Gran Croacia, a cuenta de otros, y cómo volvieron a aparecer y legitimarse los fantasmas del fascismo más terrorista durante la II GM, el croata de los Ustacha de Ante Pavelic (hasta los nazis se escandalizaron por sus métodos, pero en buena parte para sentirse mejores y superiores, como si ellos no cometiesen atrocidades similares). Véase la dicho en nota previa.

III.- Algunos “CABALLOS de BATALLA” de la ULTRADERECHA y el FASCISMO

El capitalismo tiene de por sí los medios para su reproducción (ampliada además) en el ciclo automático Dinero – Trabajo producción Mercancía – Dinero más, nueva inversión aumentada, nuevo ciclo; y el enmascaramiento de la relación social de explotación, en el supuesto de la contratación libre (el trabajador/a es “libre” de trabajar como asalariado o no, no es un esclavo ni siervo de la gleba) y la fetichización de la mercancía (véase mi texto «“La sociedad autófaga” de Jappe. Capitalismo y narcisismo» (6-2-2020) – una presentación y comentario extenso del libro de Anselm Jappe, destacado miembro de la corriente llamada de la “critica del valor” (wertkritik en alemán) – https://kaosenlared.net/la-sociedad-autofaga-de-jappe-capitalismo-y-narcisismo/ )

Sin embargo, como los seres humanos somos mucho más que el rol (papel) social que nos vemos obligados a jugar, son inevitables la resistencia y hasta la rebelión contra las “reglas del juego” del orden social. Por eso, en el capitalismo, pese a que los trabajadores/as, para subsistir, se ven obligados a laborar bajo el control del capitalista, como lo hacen en unas condiciones que no son las suyas y por un un salario que supone un intercambio de valores (trabajo / salario) desigual (en su contra), pese a su necesidad, espontáneamente resisten la explotación, y por ello es inevitable que el capitalista imponga también la disciplina mediante reglamentos de empresa y sus castigos, y como esto tampoco basta, recurre a leyes del Estado burgués y sus fuerzas del “orden público”, para evitar que los conflictos sociales rompan la sociedad y asegurar el poder de la clase dominante (burguesía o capitalista).

Pero incluso esto se hace insuficiente. Para que el Estado no tenga que estar interviniendo constantemente dando órdenes, reprimiendo y masacrando, es necesario conseguir su legitimación, su aceptación social “por las buenas”. Por lo tanto, en la práctica, el capitalismo y su Estado, necesitan reforzarse en su legitimación y poder para que puedan seguir funcionando del mejor modo para el sistema y de la manera más satisfactoria para la clase dominante. El capitalismo y su Estado burgués son autoritarios de por sí. Ese autoritarismo se ve legitimado y reforzado por la proyección de la mente “formateada” en la autoridad por la familia patriarcal y la religión. Éstas, junto con la educación autoritaria, desde la más tierna infancia, ayudan a crear el tipo humano mejor adaptado a las necesidades de funcionamiento del capitalismo y su Estado. Sirven, digamos, a modo de lubricante y correas de transmisión que mejoran el funcionamiento del mecanismo. Los temas típicos de la ultraderecha y del fascismo están enfocados precisamente en esa dirección.

La ultraderecha y sobre todo el fascismo, no se caracterizan precisamente por la importancia de su pensamiento, de sus bases teóricas, filosóficas y científicas. En este sentido, no tienen ni punto de comparación con el marxismo, el anarquismo o ni siquiera el tramposo liberalismo burgués. Aunque también se da y mucho en la burguesía democrática, a la ultraderecha y el fascismo les caracteriza especialmente la miseria y deshonestidad intelectual, la demagogia, la arenga frente al discurso lógico y las pruebas, la mentira, embarrar el debate político, la manipulación del pensamiento y, en particular, de las emociones más primarias (miedo, resentimiento, odio, pertenencia, obediencia, dominio, búsqueda de culpables, castigo…). No buscan la verdad, sino el discurso que les permita expresar sus emociones, manipular a la gente, alcanzar el poder, lograr sus objetivos y aplastar a sus oponentes, depreciando valores universales, proclamando valores particulares y degradantes (lucha de razas, prioridad a una nación sobre todo el mundo, etc.), hasta de los más elementales escrúpulos morales (justificación del genocidio). Ese extremismo es el que les lleva a despreciar a los burgueses más democráticos, entendiéndolos como débiles, pusilánimes ante la izquierda y la clase trabajadora, y al calificativo de “derechita cobarde” aquí popularizado por Vox pero que no es exclusivo de ellos.

Con los fascistas y similares es imposible el debate racional y sereno, pues no respetan las reglas más básicas de la lógica, la prueba de los hechos, no caer en contradicciones, etc. Pues no buscan la verdad, sino imponerse, y para ello recurrirán a todas las marrullerías que puedan, el ruido, las fruslerías, las mentiras más desvergonzadas, la intimidación, el acoso, etc., más ahora con las redes sociales y las campañas con sus ejércitos de troles (algunas robotizadas). Por su autoritarismo extremo, sentimiento de superioridad, desprecio por quienes no son como ellos, y actitudes violentas, no se puede decir de ellos que sean buena gente, y muchísimos son, sencillamente, gentuza (gente despreciable, aunque vistan con ropa y calzado caros y tengan un cierto nivel de educación académica), potenciales asesinos o incitadores al asesinato cuando menos. La dictadura del proletariado se pensó, entre otras muchas razones, precisamente para hacer sentir todo su peso a personas como esas e impedir que puedan mover ni un músculo contra el pueblo.

Que sea prácticamente imposible tener una conversación racional, serena y adulta con un fascista se debe a lo que el Análisis Transaccional (Eric Berne, Claude Steiner, Roberto Kertész, etc.) llaman las transacciones cruzadas. Como cuando el antifascista, desde un razonamiento serio, con evidencias (pensemos, por ejemplo, en las pruebas sobre el genocidio nazi a los judíos), se dirige a la capacidad de racionamiento objetivo del yo Adulto del facha y recibe como respuesta una descalificación sarcástica e intimidante como si el antifascista fuese un niño que debiera doblegarse a la autoridad del padre o del profesor, aunque sepa que lo que dice es falso. Aquí, el estado del yo Adulto del antifascista se ha dirigido al mismo estado del yo del facha, pero éste, en vez de responderle en paralelo, desde su estado del yo Adulto, le ha respondido desde su estado del yo Padre Estricto cerdo, dirigiéndose al estado del yo Niño del antifascista, en concreto a su Niño Adaptado en la faceta de Sumiso. Esto es sólo un ejemplo de que los diálogos que impiden una comunicación real y avanzar hacia un acuerdo, son inevitables tratando con fachas, y perfectamente analizables y explicables con las debidas herramientas psicológicas.

Es tal la deshonestidad intelectual y el juego sucio que, con los fascismos y similares, si no se quiere estar permanentemente a la defensiva, en una guerra de desgaste, agotamiento y desmoralización, para acabar siendo derrotados, y “volverte loco”, hay que disparar directamente a su corazón político, esto es, la base de su pretensión de legitimidad con el resto de la burguesía, como planteo en mi propuesta. Con un asesino no discutes las “razones” y justificaciones para asesinar, ni te enredas en sus intentos por construirse una coartada, sino que expones las pruebas de su crimen y te centras en eso, y si son lo suficientemente sólidas, es suficiente para condenarle. El crimen del fascismo es la perpetuación del capitalismo y de su Estado burgués (con métodos abiertamente terroristas), crimen compartido con el resto de las tendencias políticas burguesas que por eso le ceden el poder, y en eso hay que centrarse.

La ultraderecha y el fascismo agitan determinados temas que pueden variar más o menos según el contexto social e histórico (nacionalismo, inmigración, minorías étnicas o religiosas, antifeminismo, homofobia, anticomunismo…). Algunos resultan tan sobredimensionados, tan dramatizados, que vistos en sí mismos, resulta difícil comprender tanto empeño, su utilidad, y por qué consiguen calar tanto y servir de trampolín al fascismo.

Pero no debemos subestimarlos lo más mínimo, y menos ahora. La ultraderecha y proto-fascismos saben aprovecharse mucho mejor que nosotros (disponen de muchos recursos institucionales y de dinero de sobra para pagar a todo tipo de profesionales y expertos), de los conocimientos científicos de la psicología y de la comunicación, y los unen a su experiencia acumulada para mejor manipularnos, cuando no engañarnos pura y simplemente (las mentiras, los bulos…).

Si conducimos la batalla limitándonos a llevar nuestra defensa a tales o cuales temáticas que son con las que nos agrede la ultraderecha y el fascismo, estaremos jugando en el campo que a ellos más les favorece y terminando por tragar su marco de debate que explica la orientación dada a cada temática en concreto. Detrás de todo eso, lo que más les interesa a ellos es reforzar toda una visión del mundo, de la vida, de la moral, los valores y de los seres humanos (tanto por lo que dicen como por lo que callan y sobre todo por lo que hacen), que se traduce en reforzar la mentalidad autoritaria (todos tenemos este rasgo más o menos marcado o dominante), dividirnos, enfrentarnos “los de abajo” entre nosotros, aislar a algunos para derrotarlos sin nuestra solidaridad y así debilitarnos también. Si no somos muy conscientes de todo esto y no nos esforzamos por abordar tanto lo particular como lo general, lo manifiesto como lo oculto, lo que conseguiremos es dispersar nuestros esfuerzos reaccionando ante ataques concretos, cayendo en el particularismo e inmediatismo, sin visión general y a largo plazo. Permitiremos así que la ultraderecha y el fascismo impongan la agenda política, lleven la iniciativa, nos quedemos a la defensiva siempre (respuestas reactivas, no proactivas), y seamos derrotados, y entonces impongan toda su agenda real (no sólo ni necesariamente la que más han publicitado hasta entonces). Esta agenda consiste esencialmente en aumentar la explotación, la opresión política general y el militarismo. Y esto pasa por debilitarnos y ganarnos a cuenta de nuestra corrupción moral (aceptando la discriminación, la persecución, la falta de empatía, el odio, la agresión militar, etc., empezando por pequeñas medidas para habituarnos y llevarnos a aceptar otras mayores y mucho más graves) que es para lo que sobre todo sirven determinados temas (machistas, homófobos, racistas, xenófobos…).

Así, los temas referentes a la discriminación de la mujer, trabajadores/as inmigrantes, musulmanes, etc., convierte a esos sectores en víctimas (lo que ya de por sí es gravísimo, pues, por ejemplo, las mujeres somos la mitad de la población cuando menos), pero ese no es el objetivo último de esa política. Lo es infundir un tipo de mentalidad autoritaria que por contagio (explotando al máximo la tendencia autoritaria que todos conservamos en alguna medida, por pequeña que sea), se acabará extendiendo a todas las facetas de la vida social, en particular en la económica (la autoridad “natural” o “meritocrática” del empresario sobre el trabajador/a y la consiguiente reducción de los derechos del último) y general del Estado (el ciudadano de primera y el de segunda, el que no merece tener la ciudadanía ni sus derechos por mucho que trabaje y pague impuestos; la autoridad de la dirección del Estado y sus súper-poderes sobre el resto de la ciudadanía; la autoridad del policía, militar y juez –incluso el clero- sobre el ciudadano “de a pie”…). En el fondo, sirven de caballo de Troya (un regalo a los prejuicios machistas, la desconfianza al extranjero, al que no tiene la fe verdadera, etc.) para conquistar todo el poder y destruir todo lo que habíamos conseguido.

Lo que buscan mediante la aceptación de su agenda en el debate público, su presencia en la calle y en las instituciones, es su normalización, su legitimación como algo respetable, lo que facilita enormemente expandir su capacidad de manipulación, su influencia social, su persuasión (sin necesidad de coacción, somos más vulnerables a todo esto, de lo que nos gusta creer, como demuestran la historia y los experimentos en psicología), a otros ámbitos más peliagudos, con los que la mayoría de la gente no estaría de acuerdo de entrada, pero que, paulatinamente y aumentando en su gravedad, acabarán aceptando, o al menos acatando, obedeciendo. Lo que pretende es que empecemos por admitir situaciones de desigualdad, discriminación y persecución que afecten a una minoría para, a partir de ahí, ir extendiéndolo a otros, a cada vez más. A esto se le llama la táctica del “pie en la puerta” (el vendedor, para que no le cerremos la puerta y para conseguir que le compremos, usa la táctica de empezar con una aceptación nuestra “consiga el sí al principio en lugar del no, y así será más fácil que siga aceptando hasta el final”). La táctica del paso a paso, aceptando cada avance de la ultraderecha y el fascismo como “no es grave” o el “mal menor” (“podría ser peor”), que va acostumbrado a la degradación de la vida y que mina la resistencia, fue practicada con especial éxito por parte de los nazis con los judíos. Aquí, parafraseando, valdría aquello de “Primero fueron a por los musulmanes, pero como yo no lo era, no hice nada; luego fueron a por los inmigrantes, pero como yo no lo era, no hice nada; luego a por las mujeres feministas, pero como yo no lo era, no hice nada; después a por los comunistas y anarquistas…; finalmente vinieron a por mí, pero ya estaba solo”.

La islamofobia generalmente no lo es por defender sinceramente los derechos de las mujeres o de gays, lesbianas… (se ve por el resto de su política), sino por sembrar la discordia entre la gente para impedir la unidad por objetivos comunes, por recurrir a una “cabeza de turco” sobre la que descargar el descontento y resentimiento por los problemas causados por el capitalismo y su Estado, para dar una cobertura ideológica para la promoción de las políticas de odio (anti-empatía, etc.), y el autoritarismo, amplificar el miedo para aumentar la legislación represiva y las condenas de prisión y el reforzamiento de los cuerpos policiales y militares (con la escusa de combatir el terrorismo yihadista pero, como demuestra la experiencia, extensible y aplicable a otros sectores perfectamente legítimos en cuanto les interese, recortando de hecho sus libertades), y justificar las guerras de rapiña contra algunos países islámicos productores de petróleo (recordemos la guerra contra Irak para apoderarse de su petróleo con la excusa de las inexistentes “armas de destrucción masiva”, y la falsedad de su apoyo al terrorismo del 11-S; las pretensiones contra Irán), aunque el yihadismo tenga sus raíces en Arabia Saudí, el principal productor de petróleo y gran aliado de los EEUU en la región. Como en general la presencia de musulmanes en la vida real de la gente es muy inferior a la de los gays, feministas, etc., resulta más fácil demonizarlos y que la propia experiencia personal no lo desmienta. Recuerdo haber leído que un dirigente nazi se quejaba de que si le preguntaba a algún alemán, diría que el judío que conocía personalmente (fulano de tal) era una persona decente, y que eso dificultaba la propaganda anti-judía de los nazis, en la que el judío no era más que un pelele prefabricado para convertirse en “cabeza de turco”.

El capitalismo, en estado puro y en determinadas condiciones de su desarrollo, no necesita inevitablemente de la discriminación contra la mujer (o sí, pero en una pequeña medida), pero en otras circunstancias (la mayor parte de su historia), a una parte de la burguesía (o a toda) le interesa esa discriminación, por varias razones. 1) Controlar a las mujeres es controlar ya de entrada a la mitad de la especie y usarnos como instrumento para educar a los niños y niñas sobre todo, en esa sumisión, transmitiendo los valores del patriarcado, su moral, su religiosidad…, facilitando así el poder de la clase dominante. 2) Por la división social del trabajo que favorezca sus ganancias (doméstico y de cuidados no pagado, salarios inferiores para las mujeres, etc.). 3) Por la consiguiente división y enfrentamiento de la clase trabajadora por razón de género. 4) Por el fomento del autoritarismo, pues negar a las mujeres el control de su capacidad de reproducción, y más en general de la expresión de sus afectos y sexualidad, es una forma muy importante de sumisión, de obediencia a una autoridad externa que decide sobre algo tan personal como el propio cuerpo. Esto hace más fácil aceptar que otro también decida sobre otras facetas de la existencia no tan privadas, como el trabajo y la política, por tanto, la sumisión en todo. 5) Mujeres reprimidas, frustradas, resentidas, mutiladas en su afectividad y sexualidad, que no controlan su maternidad (si es deseada o no, en qué momento y cuánta), en su papel de madres no serán capaces de dar todo y el tipo de amor que necesitan las criaturas que, así, no podrán tener un desarrollo autónomo en libertad y se apegarán a lo que puede darles una falsa sensación de seguridad en sí mismas a través de la identificación con las figuras del poder y de ganárselas (agradarlas sometiéndose), esto es, la de criar personalidades con importantes rasgos autoritarios (sea en posición de dominación, sumisión o rebelión autoritaria), personas también endurecidas para una lucha por la vida, individualista, competitiva al extremo, vida que no se cuestiona aunque no sea inevitable (como el capitalismo), lo que conduce más fácilmente a la falta de empatía y solidaridad. 6) Porque da a los hombres de la clase trabajadora un poder secundario como “compensación” de su posición subordinada al capital y al Estado, haciéndolos partícipes y cómplices en la jerarquía del poder, como agentes del capital y del Estado contra las mujeres, contribuyendo así a la división en la clase trabajadora por razón de género. Contra todo esto lucha (o debe luchar) un feminismo radical anticapitalista (no anti-hombres). 7) Así como el machismo estereotipa a la mujer y la divide entre la virgen y la puta, la mujer de “mala vida” y la esposa y madre fiel y abnegada, a través de la figura femenina-materna proyecta su papel nutricio sobre el suelo patrio-Estado, la familia-hogar-refugio como parte de la nación-Estado, la movilización para la guerra como la entrega abnegada de la esposa y madre de su marido e hijos al bien superior de la familia-Estado, identificado a la madre con la patria-Estado (defensa de la Madre Patria), incluso más directamente, con el mensaje de “defendamos de los invasores-violadores a nuestras madres, novias, esposas e hijas”, cuando no la “pureza de nuestra sangre” (etnia, etc.) de la que la mujer debe ser especial garante, todo ello a los fines de la movilización nacionalista y la guerra del Padre Estricto (volveremos sobre esto más adelante) representando por los hombres políticos y militares que la dirigen. El cristianismo, el catolicismo en particular, es capaz de unir en el personaje de la Virgen María la figura de la virgen, la esposa fiel y la madre que entrega a su hijo al sacrificio violento por la salvación de todos, y enlazar así también con el icono de la Madre Patria en el apoyo de la religión al nacionalismo y la guerra. Por todo esto, el feminismo consecuente es la “bestia negra” de los neoconservadores, ultraderecha y proto-fascistas, aunque acabar con él no sea su objetivo último.

Pero debemos tener cuidado de que no se utilicen las campañas contra la mujer (o cualquier otro tema) como medio transitorio para desviar la atención sobre problemas graves. Por ejemplo, el presidente turco Erdogan, numerosas veces ha recurrido a alguna escandalosa propuesta contra las mujeres (prohibición del aborto, penalización del adulterio) para agitar la opinión pública y así desviar la atención de asuntos que le podían causar problemas serios, como el número de bajas mortales sufridas por Turquía en su intervención militar en Siria (marzo 2018). Si se cae en esa trampa, se agotan las fuerzas luchando contra una cortina de humo y se deja el campo libre para lo que interesa realmente al poder en ese momento.

El peso tan importante que algunos movimientos conservadores, de ultraderecha y fascistas, le dan a la religión en su versión más reaccionaria, de un Dios severo y castigador, incluso en las sociedades de mayor desarrollo del pensamiento científico y tecnológico (como los EEUU) y no digamos en otras muchos menos desarrolladas, con grandes niveles de ignorancia (Brasil), se entiende por lo siguiente. Imponer unas creencias contrarias al saber actual (como las del creacionismo contra las teorías científicas de la historia del Universo y la evolución de la vida y las especies), unas normas de vida y comportamientos contrarios a la autonomía personal y las posibilidades de la vida moderna, infundir un gran temor a las consecuencias por desviarse de ellos (el repudio social y sobre todo el castigo eterno en las terroríficas penas del infierno), y una actitud salvadora-persecutoria hacia quienes no comparten esas creencias y comportamientos, ofrece ventajas. Estas son, promover una mentalidad de subordinación de la razón y del sentido común, de las necesidades más personales e íntimas, de las decisiones que una persona joven o adulta puede tomar, a la obediencia a una autoridad supuestamente divina pero que se personaliza en los “pastores del rebaño”, religiosos que a su vez lo conducen a apoyar fuerzas directamente políticas que están al servicio del capital y su Estado y que se caracterizan por su especial conservadurismo, ultraderechismo e incluso fascismo. Como esta religiosidad tiene un marcado carácter patriarcal, también llega al dominio de la mujer y sus ventajas antes explicadas, y a través de la autoridad del padre-esposo-hombre, se proyecta a las autoridades civiles en la forma del patrón y del representante del Estado (político, policía, militar, juez, burócrata…). Esta religiosidad ve en los menores de edad y en la mujeres su víctima más vulnerable, e instrumento para seguir reproduciéndose en las siguiente generaciones (de ahí su rechazo al feminismo).

Una mente con unas ideas que se oponen al conocimiento científico y la razón, tiende a ser una mente cerrada, sin curiosidad, que no busca la verdad, acrítica, prejuiciosa, dogmática, hasta fanática, pues considera que la verdad indiscutible la tiene ella (avalada, quizás, por Dios, nada menos), una mente autoritaria. Una mente intolerante y represiva consigo misma, también lo es con los demás; una mente que odia facetas de sí misma (como la “debilidad” de una afectividad sin represión –no es lo mismo que sin autocontrol-, o la empatía), también odia eso en los demás; una mente así, responde a las contradicciones y los conflictos propios con la negación (represión), y con los otros, con el castigo y hasta la destrucción, pues el odio sirve para “autoafirmarse” cuando no se hace de modo auténtico a través de la autonomía y desarrollo personal. A través de consideraciones intolerantes sobre la forma de vivir que se considera moral, primero se rechaza a quienes las contravienen, como las parejas que conviven sin casarse, las madres solteras, las mujeres que abortan, el colectivo LGTBI…, y seguido a todos los que los apoyan (liberales progresistas, socialistas, comunistas, anarquistas…). Y como los últimos son especialmente peligrosos para los intereses del capital, esa mentalidad autoritaria, aunque no haya empezado por ahí, sirve para combatirlos también, y ese es el objetivo último, aunque no se confiese, de los movimientos reaccionarios, y es por eso por lo que pueden ser tan funcionales al capitalismo y su Estado y por lo que éste puede abrirles las puertas para el acceso al poder.

Esta mentalidad tan autoritaria es muy fácil de proyectar e instrumentalizar para otros fines, como son la obediencia ante la autoridad del empresario capitalista y de su Estado, y convertirse en cómplices de ellos acosando moralmente y persiguiendo con el castigo-represión, a los disidentes, resistentes. De ahí, el odio al agnosticismo, el ateísmo, el socialismo, el comunismo, el anarquismo, en principio por no ser creyentes, por cuestionar su fe, y luego por resistirse a tanta autoridad investida de una aureola religiosa (sea patronal, o sobre todo estatal) porque, ella sí, cree en ese Dios (al menos es lo que dice), lo cual contribuye a la represión y aplastamiento del movimiento obrero y sus organizaciones. Violencia y hasta asesinato, justificados “en nombre de Dios”. Vemos a Bolsonaro y Trump apoyados por corrientes religiosas de lo más reaccionarias y haciendo gestos como si fuesen hombres muy religiosos, apoyándose en la autoridad de la religión para justificar la suya, como los reyes se suponía que reinaban por la voluntad de Dios. Especialmente repugnantes los posados de Trump (biblia en mano, visita al monumento al papa polaco de la guerra fría Juan Pablo II – Karol Wojtyla-) en tanto ordena reprimir y amenaza a la gente con la intervención del Ejército por protestar contra los asesinatos policiales racistas que no condena.

El extremo de identificación religiosa con el capitalismo, nos lo encontramos en las comunidades evangélicas neopentecostales y su “teología de la prosperidad” que atribuye la riqueza, la fama, la salud, a la bendición de Dios (no a la explotación, a la desigualdad de oportunidades, etc.), y lo contrario, al pecado, empujando a los pobres y desafortunados a la auto-culpabilización. La figura del gran empresario capitalista, de éxito, de derechas, defensor del “orden” y del aumento del castigo penal, partidario de un ejército fuerte, de la reducción de los “gastos” sociales (no son “gastos”, sino inversión en salud, educación, vida garantizada, etc.), a la vez que exigente con los rescates a la banca y todas las ayudas estatales a las empresas que procura que no conozcamos, enemigo de todo le parezca que huela (aunque sea de lejos) a socialismo, comunismo, anarquismo, etc., es el prototipo humano del conservadurismo de derechas y fascista y de esa corriente religiosa. Y en Latinoamérica están consiguiendo una influencia de masas asombrosa, en particular en Brasil, apoyando el ascenso al poder del ultraderechista Bolsonaro. Por tanto, son muy peligrosos.

Aunque es importante identificar los “caballos de batalla” de la ultraderecha y el fascismo, no debemos obsesionarnos con ellos, en el sentido de que los fascismos no tienen una verdadera doctrina, un cuerpo teórico y filosófico serio, ni un programa sostenido en el tiempo, sino que cogen de aquí y de allá todo lo que les venga bien en cada momento para aumentar su ascendencia y dominio, para corromper la moral y las conciencias, al servicio siempre de la ascensión de determinadas capas sociales y el mantenimiento del capitalismo y su Estado burgués. Por eso, en medio de la carrera, podrían pasar de un caballo a otro y abandonar alguno. Lo principal es que nosotros disparemos al blanco permanente y que no se mueve: su justificación del capitalismo y del Estado burgués, su verdadera razón de ser, lo que permite que la burguesía les ceda sus recursos, y así se impongan definitivamente. Si la burguesía comprueba que el capitalismo y su Estado burgués se hacen más odiosos a cuenta del protofascismo y fascismo, y que no puede engañarnos a cuenta de la defensa del Estado burgués democrático, quizás se lo piensen dos veces o vacilen más o se dividan a la hora de dar su apoyo a los fascistas, así que, en cualquier caso, les habremos debilitado.

IV.- NUESTRA RESPUESTA ¿Cuál debiera ser?

Aquí quiero traer a colación un libro que desgraciadamente no se puede descargar completo y en español en internet (tal vez haya algún ejemplar de segunda mano en venta, y sería bueno que alguien tomase la iniciativa de digitalizarlo como pdf y hacerlo accesible sin tener que registrarse en nada, pues es muy bueno). Se trata del libro publicado en 1936 por Daniel Guérin, marxista libertario, titulado “Fascismo y gran capital” (445 páginas; debe existir alguna traducción como “Fascismo y grandes negocios”). En España lo publicó la Editorial Fundamentos, en 1973, aunque yo lo leí algo más tarde. Con muy buen criterio, en noviembre de 2014 fue reeditado en francés https://editionslibertalia.com/catalogue/ceux-d-en-bas/daniel-guerin-fascisme-et-grand-capital .

Es un análisis paralelo, muy didáctico, del ascenso del fascismo italiano y del nazismo alemán, desde una clara posición de clase trabajadora anticapitalista. En su día, a bastantes militantes nos ayudó a reafirmarnos en que nuestra lucha durante el franquismo no derivase en un enfoque antifascista pro-democracia burguesa (ni monárquica constitucional ni republicana, ni reforma del Régimen franquista, ni reforma pactada del Régimen con la oposición democrática, ni ruptura democrática contra el Régimen), o “democracia real” que dirían algunos ahora, ni siquiera “frente populista” de democracia “radical” (burguesa en lo principal), sino que tuviese una orientación claramente anticapitalista y contra el Estado burgués, aunque dejase la dictadura militar-fascista y pasase a la democracia homologada en Occidente. Un antifascismo anticapitalista y anti-Estado burgués, para que la conciencia de la gente no quedase atrapada en los mitos de la democracia burguesa (ni de la Transición) y avanzase cuanto antes al cuestionamiento del capitalismo y del Estado burgués (fuese facha, monárquico o republicano). Para conocer mejor aquella problemática os recomiendo mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016), con enlace al final.

Paso a citar la sección 6 “Fascismo o socialismo” de la “Conclusión Algunas peligrosas ilusiones” del libro de Guerin:

De todos modos, la lección de los dramas italiano y alemán es que el fascismo no tiene nada de fatal. El socialismo hubiera podido detenerle si hubiera vencido su parálisis y su impotencia; si hubiera sabido ir más deprisa que su adversario; si hubiera conquistado, o al menos neutralizado, a las clases medias pauperizadas; si se hubiese hecho con el poder antes que el fascismo – no para prolongar mejor o peor el sistema capitalista, como lo han hecho también gobiernos elevados al poder por la clase obrera- sino para poner fuera de combate a todos los financieros del fascismo, socializando las industrias esenciales y confiscando las grandes propiedades. El antifascismo que se limita a la defensiva y no se propone abatir al capitalismo es ilusorio y frágil.

No hay que esperar algo así de los “frentes populares”. Sus hombres se agarran al clavo ardiendo de la “democracia burguesa” y colaboran con los grupos capitalistas “menos reaccionarios”, para guardarse de los “más reaccionarios”. Esperan que les salven un Giolitti o un Brüning [dirigentes políticos burgueses “demócratas”] que acabarán por entregarles atados de pies y manos a un Mussolini o un Hitler. Si prefieren el suicidio, son muy dueños de suicidarse.

Los otros, los que quieran vivir, sabrán elegir entre el fascismo y el socialismo.”

Pues bien. Esa orientación antifascista la necesitamos hoy también si queremos fortalecer a los trabajadores/as para que se constituyan en la principal fuerza antifascista, pero también anticapitalista y contra el Estado burgués que irá derivando a prácticas más autoritarias, fascistizantes, de Estado de vigilancia, aunque conserve una fachada formalmente democrática.

Aunque estemos lejísimos de poder llevar una ofensiva política contra la ultraderecha, el fascismo y la burguesía en el poder, el Estado burgués y el capitalismo, al menos podemos evitar una batalla ideológica a la defensiva y condenada a la derrota. Debemos empezar una ofensiva ideológica dejando de atacar al neoliberalismo, y atacando al capitalismo, dejando de limitarnos a atacar los recortes a las libertades, y atacando la naturaleza burguesa del Estado en el capitalismo, o sea, que es su “órgano de representación y consejo de dirección” y “brazo armado”. Y si se hubiese adoptado, como he defendido desde hace tiempo, el término de Salarismo para denominar al capitalismo y revelar lo fundamental de su naturaleza y clave del sistema de explotación, lo tendríamos ahora más fácil para esa batalla ideológica. Ved, por ejemplo, mi artículo “Salarismo. Para combatir el capitalismo, el mejor nombre y enfoque” (2-10-2016) —- http://kaosenlared.net/salarismo-para-combatir-el-capitalismo-el-mejor-nombre-y-enfoque/ —- también en http://plataformadistritocero.blogspot.com.es/2016/11/salarismo-sistema-de-trabajo-asalariado.html — aunque no pone expresamente el nombre de la autora – idem en http://tarcoteca1.rssing.com/browser.php?indx=13079880&item=693 —- o https://tarcoteca.blogspot.nl/2016/10/ Pero ya se sabe que lo que más pesa es la pereza mental y las rutinas, y con esa actitud siempre nos llevarán la delantera y vencerán. Dentro de esa ofensiva, al menos ideológica, es muy importante también abordar (antes de que nos debilitemos todavía más o sea demasiado tarde) el debate sobre mi eslogan “Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados” que abordo en el artículo del mismo título – https://kaosenlared.net/horizonte-2050-superando-el-capitalismo-o-condenados/

V.- PROPUESTA para un ANTI-FASCISMO ANTI-CAPITALISTA y ANTI-PATRIARCAL. Diez ejes

Para avanzar en esta dirección son imprescindibles, al menos, estos diez elementos o ejes. La extensión dedicada a cada uno de ellos no depende necesariamente de su importancia, sino de la necesidad de explicarlo aquí y/o la posibilidad o no de remitirme a otro texto.

PRIMERO.- Y más trascendental, es el desarrollo de la conciencia anticapitalista (no sólo antineoliberalismo, o contra la banca, o las grandes empresas multinacionales, o los capitalistas negacionistas del cambio climático, etc.) en los/as miembros de la clase trabajadora. Debemos hacerlo demostrando los intereses de clase que realmente defienden con sus políticas quienes se orientan hacia el fascismo, pero también toda la reacción, tanto en sus programas, como en su práctica actual e histórica y, aunque esto sea más difícil de saber, aprovechando toda la información que tengamos sobre los capitalistas que los financian.

Hitler atacaba a los comunistas, anarquistas y socialistas, pero su objetivo principal (su agenda oculta) era poder someter a la clase trabajadora alemana y europea a una mayor explotación y disciplina militarizada tras aplastar la resistencia, sobre todo, de los comunistas. El capitalismo ya se encontraba desde hacía décadas en su fase imperialista y el alemán en particular tenía un gran potencial en esa dirección. Necesitaba expandirse para explotar mano de obra barata, recursos naturales y conseguir mercados para sus mercancías. Pero para ello precisaba hacerse un sitio en el reparto del mundo previo entre las potencias ganadoras de la Primera Guerra Mundial, nuevo reparto que no se preveía nada pacífico. Hitler parloteaba a todas horas sobre la paz y, de forma victimista, denunciaba los atropellos impuestos a Alemania por las condiciones del Tratado de Versalles (como derrotada en la I GM), pero se preparaba minuciosamente para la guerra de expansión y expolio, al Este sobre todo, en busca de una especie de colonialismo continental, su “espacio vital”, a costa de los mayores atropellos, de la esclavización de los eslavos y de la expulsión de los judíos. Mussolini hacía algo muy parecido, y dejó claro cuál era su política de clase cuando manifestó “En materia económica somos liberales en el sentido clásico de la palabra”.

Por ello debemos apuntar precisamente al tema que quieren evitar tratar, y que es donde más les duele, pues va a la raíz de su poder: la explotación mediante el trabajo asalariado está en el origen del beneficio capitalista, y el Estado burgués (sea demócrata o facha), es su garante; éste es el secreto de toda la civilización capitalista.

Para ello es fundamental la reapropiación de la teoría de la plusvalía, de la raíz de la explotación en el trabajo asalariado, pero revisada. Para ello mi texto “Plusvalía y ganancia. Revisión urgente de una teoría necesaria” (9-1-2020) — un planteamiento nuevo de la teoría de la plusvalía — https://kaosenlared.net/plusvalia-y-ganancia-revision-urgente-de-una-teoria-necesaria/.

A partir de aquí, la clase trabajadora tiene una gran arma contra las agresiones fascistas, esto es, la huelga por objetivos políticos y sus movilizaciones masivas y grupos de autodefensa, de mucho mayor impacto que las acciones de los grupos militantes antifascistas. La identidad de colectivo explotado, con el interés común de acabar con el sistema asalariado del trabajo y el imperio de la mercancía (el capitalismo o salarismo), se forja ante todo en la práctica de la lucha; pero ésta no irá lejos si no está reforzada por la comprensión de la teoría de la plusvalía.

El fascismo y nazismo originales no fueron una consecuencia del neoliberalismo y la globalización, sino de lo que todos esos fenómenos comparten de ayer hasta hoy, esto es, del capitalismo en su etapa decadente, expresada dramáticamente por primera vez en la Primera Guerra Mundial (el primer impulso para el movimiento de Mussolini), y luego en la crisis económica de 1929 (Hitler, impulsado por las consecuencias de la I GM 1914-18, y sobre todo de la crisis de 1929). El neoliberalismo y la globalización son otra fase de la etapa decadente del capitalismo, que se basa en los mismos principios que la precedente (el ciclo Dinero – Trabajo-Mercancía – Dinero plus gracias a la plusvalía) pero en otras circunstancias de desarrollo más complicadas para el capital.

Por tanto, no debemos ver el actual ascenso de la ultraderecha como una consecuencia del neoliberalismo que podría ser derrotada promoviendo un capitalismo que no fuese neoliberal, volviendo al pasado de un idealizado “pacto social”, pues si éste se agotó no fue por casualidad o por simple maldad de los neoliberales, sino porque el capitalismo ya no podía continuar con las recetas “fordistas-keynesianas”. El capitalismo ha pasado definitivamente del modelo de producción en cadena con gran necesidad de mano de obra, a una producción cada vez más automatizada, robotizada, con trabajadores/as que sobran; de una gran utilización de trabajo vivo a una mucho menor y por tanto la reducción de la fuente de la plusvalía que es el origen del beneficio. El capitalismo, a la par que ha progresado tecnológicamente, ha aumentado sus contradicciones internas y con el planeta, avanzado en su decadencia como modo de producción viable y sostenible, y por ello, para seguir existiendo, necesitaba pasar a otra fase de acumulación. Parecido a como una persona de 70 años avanza a los 80, y debe adaptar su estilo de vida a esa edad, y no puede volver al de los 20 años por mucho tratamiento que se le quiera dar. Un planteamiento sólo anti-neoliberal y no anticapitalista nos condena a una política a la defensiva e impotente, como pretender defenderse del envejecimiento queriendo volver al estilo de vida propio de la juventud. Hay que mirar hacia adelante, para superar no sólo el neoliberalismo, sino el capitalismo mismo, y para esto es vital cuestionar la plusvalía misma. Más sobre esto en mi texto «“Por un futuro brillante” de Paul Mason. Sin capitalismo» (15-3-2020) –reseña y comentario crítico del libro ofreciendo materiales y recursos para avanzar — https://kaosenlared.net/por-un-futuro-brillante-de-paul-mason-sin-capitalismo/ en la parte dedicada a los capítulos 3 y 4.

La ultraderecha, populismo de derecha y proto-fascismos ascendentes tampoco miran al pasado, en el sentido de que no pretendan impulsar una gran intervención estatalizadora en la economía que tampoco promovieron los nazis y fascistas, pues los primeros se dedicaron más a privatizar que a estatalizar empresas; eran básicamente pro-mercado, como hemos visto antes también en la declaración de Mussolini. En cualquier caso, como sus predecesores, se preocuparán muy mucho de que, en líneas generales, la burguesía aumente sus beneficios, sobre todo el gran capital.

El choque entre los estados burgueses es tanto más posible cuando la expansión del capitalismo se ve limitada por las fronteras nacionales y no encuentra mejor manera para superar esas barreras que romperlas por la violencia de la guerra. Por tanto, pretender “superar” la globalización volviendo a una economía centrada en la nación, con sus fronteras arancelarias, etc., no hace sino agudizar las contradicciones internas del capitalismo siempre necesitado de expansión, y aumentar los riesgos de emergencia de un movimiento nacionalista expansionista como son los fascismos, claramente en el caso de Italia y Alemania que enseguida se lanzaron a la conquista del mundo (cada una a la medida de su poder).

Que no pretendamos volver a una situación pasada ya irrecuperable, no quiere decir que no debamos ofrecer resistencia a un avance todavía mayor del neoliberalismo o intentar recuperar algunas cosas recientemente desaparecidas. Pero debemos hacerlo con una orientación que tenga en cuenta las necesidades de lucha y objetivos futuros. Por ejemplo, ante la política austericida de desmantelamiento de los gastos sociales del Estado, lo correcto no es defenderlo pensando en términos de la soberanía nacional, aislándonos tras nuestras fronteras (deseando volver al marco fordista-keynesiano), sino uniendo nuestras fuerzas con los trabajadores/as de toda Europa con objetivos comunes como la derogación de los tratados europeos que impulsan esas políticas, pues el retroceso a la vía soberanista nacional lleva al nacionalismo y está estrechamente ligada a la que impulsan los partidos de ultraderecha y fachas con mayor base obrera y popular, así que ¡cuidado con esa trampa!. Esto lo he venido defendiendo desde 2012, y por ello os remito a infinidad de artículos en ese sentido y al balance incluido en “Crisis triple ¿Derrota total y destrucción en este siglo?” (18-2-2020) — largo documento sobre la crisis de civilización, del sujeto revolucionario y de la teoría revolucionaria, y prospectiva del curso histórico — https://kaosenlared.net/crisis-triple-derrota-total-y-destruccion-en-este-siglo/ .

La cuestión de la plusvalía no es un asunto específico de un supuesto “frente obrero” en una estrategia antifascista por temas, o sea, por frentes, junto a lo que serían el “frente feminista”, el “frente anti-xenófobo”, el “frente anti-homofobia”, el “frente anti-islamofobia”, y todos los demás que se os ocurran. Entenderlo así supondría un error mayúsculo y fatal, garantía de la derrota general. La metáfora correcta no es la de los frentes, sino la del árbol. La plusvalía está en las raíces de todo el árbol de esta civilización, y otros temas pueden considerarse sus ramas que pueden crecer o no, dependiendo de las circunstancias. Un árbol puede tener o no hojas (en particular el árbol caducifolio, que las pierde desde el otoño a la primavera), pero no puede privarse de sus raíces si quiere sobrevivir. La lucha por temas nos condena, en última instancia, a la defensiva y la derrota estratégica; talar ramas viejas ayuda al vigor del árbol, a que surjan ramas nuevas; la lucha contra la raíz, nos permite pasar a la ofensiva (primero, al menos, en la denuncia) y ganar definitivamente.

La comprensión de la plusvalía es la clave para tener una concepción correcta del mundo, comprender la naturaleza de esta civilización, dónde se sitúa cada uno en ella, los intereses reales que hay detrás de los discursos ideológicos y políticos, para desenmascarar las demagogias populistas y fascistas, para saber quienes son los enemigos y falsos amigos, para desarrollar una estrategia y táctica correctas para vencer también al fascismo.

Si no partimos de la plusvalía, definiremos este sistema social y su Estado burgués desde el punto de vista y los intereses, bien de algún sector de la burguesía, o de la “clase media” (pequeños propietarios y productores agobiados por el capital intermediario, la banca…; profesionales autónomos; funcionarios del Estado de nivel bajo o medio…). Esto haría que nuestro antifascismo y “anti-capitalismo” fuesen muy inconsistentes (al no ir hasta la raíz del problema), cayesen fácilmente en el antifascismo de “tres al cuarto” de la burguesía liberal que acaba cediendo o aupando a los fascistas, y seríamos altamente vulnerables a la demagogia “anti-capitalista” (no la subestimemos aunque se olvide de ella en cuanto asciende al poder) de la ultraderecha y el fascismo, e incapaces de desenmascararla del todo. De modo que estaríamos apostando claramente por nuestra claudicación o derrota.

Hoy más que nunca, sin la teoría revolucionaria de la plusvalía, no habrá práctica revolucionaria, seguiremos cayendo por la pendiente de la desintegración de la identidad y la conciencia de los trabajadores/as, hasta la derrota más absoluta. Si no se comprende esto, todo está perdido por mucho que peleemos en tal o cual asunto que plantee la ultraderecha y el fascismo (bis). De aquí también que debamos prestar mucha más atención a las políticas económicas propuestas y las llevadas a la práctica por la ultraderecha, para demostrar su carácter de clase burgués, su demagogia y la imposibilidad de pretender conciliar lo inconciliable para así defender finalmente al capital.

La legitimación del beneficio capitalista y de la propiedad privada capitalista, elevarlo a valor prioritario sobre otros (encubierto bajo la escusa de la “necesidad económica ineludible” etc.), socava todas las políticas que en alguna medida limiten o reduzcan eso (desde el salario mínimo, la seguridad e higiene en el trabajo, la sanidad, enseñanza y pensiones públicas, el control sanitario de alimentos, agua, etc., la protección del medio ambiente, las medidas contra la contaminación o el cambio climático…), también el cuestionamiento de la defensa que el Estado burgués hace del sistema capitalista (legislación, fondos económicos, aumento de la policía, ejército; política exterior imperialista agresiva y belicista…), y los derechos básicos, como el de organización de los trabajadores/as, huelga, manifestación, expresión. Y a la inversa, la deslegitimación del beneficio capitalista y de la propiedad privada capitalista, como BASE de esta civilización, nos permite deslegitimar todo lo que eso sostiene y alimenta, toda la política burguesa, desde la “izquierda” hasta el fascismo.

La deslegitimación del beneficio supone la del capitalismo y, por tanto, también la de sus gestores que pretenden manejar las consecuencias medioambientales del sistema, en particular la crisis climática y sus secuelas sociales, campo abonado para una crisis terminal de los valores básicos de la humanidad (empatía, solidaridad, igualdad de todos como seres humanos…), y el florecimiento de lo peor de nuestra especie en una lucha darwiniana de la lucha de todos contra todos que se expresaría en la emergencia de las dictaduras más terribles, sean militares, fascistas…, o sea, un empujón definitivo a la extinción de nuestra especie.

La demostración de la plusvalía y deslegitimación del beneficio capitalista cuestiona todo el capitalismo, no salva la cara a un supuesto capitalismo industrial “bueno” frente a un capitalismo financiarizado “malo”, o un capitalismo “verde” frente a uno “fosilista”, un capitalismo “nacional” y proteccionista frente a uno globalista, el pequeño o mediano capital frente al gran capital, o cualquier otra distinción dentro del sistema.

La denuncia de la plusvalía es también un medio extraordinario para evidenciar la inmoralidad del sistema social capitalista y así dejar en su sitio la moralidad de la burguesía y en particular de la extrema derecha que tantas banderas morales levanta (religiosas o no), dejando claro su carácter reaccionario. La denuncia de la plusvalía echa abajo el modelo del ciudadano ejemplar de la derecha y el fascismo, esto es, el capitalista, que se enriquece justamente y gracias a él los demás podemos vivir porque “nos da trabajo”. La apología que desde hace décadas se hace de la figura del capitalista no es para nada ajena al olvido de la teoría de la plusvalía en la clase trabajadora. Y sin esto, no tenemos una sólida roca sobre la que apoyarnos para la denuncia de este sistema social y sus injusticias, siempre estaremos a la defensiva y por tanto condenados a ser derrotados una y otra vez (bis).

La denuncia de la plusvalía nos permite atacar todo el árbol de la civilización capitalista desde su raíz misma, no a través de sus hojas o ramas, ni siquiera queriendo talar el tronco. Esto en sí ya es de una extraordinaria importancia metodológica y estratégica. Pero es tanto más necesario pues permite dar a nuestros escasísimos recursos (humanos, económicos) la mayor eficacia posible. Nunca dispondremos de los gigantescos recursos con los que cuenta la burguesía para sus think tanks (“tanques de pensamiento”, grupos de reflexión, financiados con decenas de miles de millones de dólares-euros anuales, para investigar sobre todo sobre estrategia y táctica política, y el arte de la comunicación política, la lucha ideológica, o sea, propaganda y agitación a favor de la derecha), para disponer de un enorme ejército de “funcionarios” para su política, a través de partidos políticos, fundaciones, asociaciones, iglesias, universidades, editoriales de revistas y libros, cadenas de televisión y de periódicos… Que su ideario carezca de una fundamentación científica no lo priva de fuerza pues no es la razón y la lógica lo que se impone en el funcionamiento normal de las personas, sino sus intereses de clase, sus emociones y la estructura de su carácter (autoritaria o no). Por tanto, no subestimemos su capacidad para desarrollar toda una estrategia abarcando múltiples campos (el caso de los EEUU, tan exitoso, es suficientemente demostrativo). Debemos saber cómo aprovechar al máximo nuestra capacidad de denuncia y lucha, orientarla correctamente, y no llevarnos a engaño cuando conseguimos el éxito tras grandes movilizaciones de masas atacando una hoja o una rama del árbol del sistema que, con el tiempo, volverá a crecer, quizás con más vigor (como ocurre cuando se poda un árbol).

Lo plantearé de otra manera. Si decimos sí a la plusvalía, si aceptamos el capitalismo, terminamos aceptando su Estado burgués, y en las actúales y futuras circunstancias históricas, eso nos llevará a que la política más consecuente, más racional para el mantenimiento del capitalismo y su Estado, pueda ser precisamente la de la ultraderecha y el fascismo.

Por ejemplo, en la Alemania de la década de los 30s, con un capitalismo industrial más avanzado que el del resto de Europa (pese al Tratado de Versalles, la hiperinflación de 1923, y la crisis de 1929), pero acogotado por el imperialismo colonialista de Gran Bretaña y de Francia, la mejor opción de desarrollo capitalista era la nazi: aplastando la resistencia de la clase trabajadora, de expansión al Este (crear allí su particular mundo colonial), acabar con el peligro que suponía la URSS (con la complicidad o simpatía de Francia, etc.), controlar al retrasado capitalismo francés, y limitar el poder del británico. En términos capitalistas, Alemania se lo merecía mucho más que la atrasada y parasitaria Francia y Gran Bretaña. Enfrentándose a tantos enemigos, es lógico (para el capital) que Alemania se mostrase tan despiadada para vencerlos cuanto antes y no permitir que levantasen cabeza, o sería aplastada sin compasión (ya se vio la poca consideración que se tuvo con ella a cuenta del Tratado de Versalles y hechos posteriores). Dentro de esta lógica burguesa, el genocidio es un mal menor o a lo sumo un exceso que ojalá se hubiese evitado, sobre todo si los aliados no se hubiesen mostrado tan monstruosos en su bombardeo de las ciudades alemanas. Etc., etc., etc. Formar un eje con Japón y declarar la guerra a los EEUU supuso la intervención directa de los EEUU que, como en el último tramo de la I GM, condujo definitivamente a la derrota a los nazis, lo que sí que perjudicaba al gran capital alemán en su apuesta, imponiéndose las leyes de la guerra sobre la lógica del capital. Pero es el capitalismo y su Estado el que permite el ascenso al poder de semejantes personajes y movimientos, porque le ha interesado, aunque llegado un punto se autonomicen demasiado y puedan resultarle contraproducente. Que alguien reine (dirija) por encima de la burguesía, no quiere decir que la burguesía deje de ser la clase dominante de la sociedad; saldrá adelante aunque deba cambiar de personal político (“cambio de chaqueta”). Los resultados indeseados y hasta contraproducentes, son consubstanciales e inevitables a la lógica del capitalismo, como las crisis económicas, las guerras imperialistas (apuestas que pueden perderse), la crisis climática… Si aceptas la causa, tragas con las consecuencias, aunque no te gusten.

Por consiguiente, sin romper hasta la raíz con toda esa lógica del capital, todas nuestras tácticas antifascistas se estarían pegando “un tiro en el pié”, acabarían por no ser lo suficientemente convincentes, eficientes, y finalmente, derrotadas. Veamos en otros casos. Nuestra lucha contra la violencia de género, no puede empezar rechazando que un marido mate a su mujer, pero aceptando que sea legítimo que le pegue “lo normal”, o que el hombre debe tener autoridad sobre la mujer, pues nuestra protesta la seguiremos enmarcando en la lógica del machismo, y no superaremos el mensaje de Vox que dice defender a las mujeres porque pide penas de cárcel extrema para sus asesinos y violadores, pero es favorable al patriarcado. Nuestro combate contra el racismo o la xenofobia no debe empezar aceptando los términos con los que se refiere a su víctima (negrata, sudaca, ilegales, invasión…), pues entonces nuestra “lucha” la seguiremos enmarcando en el racismo y la xenofobia, y será derrotada. Así mismo, no hay antifascismo consecuente enmarcado en la aceptación del capitalismo. El antifascismo consecuente debe enmarcarse en el anti-capitalismo y anti-Estado burgués, con una propuesta en positivo de una política por el comunismo, por un ser humano liberado de los condicionamientos de esta civilización de explotación y opresión, y que pueda desarrollar plenamente sus mejores potencialidades.

Pensar en términos de salario es plantear la lucha a la defensiva, partiendo de aceptar el marco capitalista y sus necesidades de funcionamiento que para garantizar el crecimiento mediante la acumulación de capital (nuevas inversiones) puede exigir la limitación o reducción de los salarios, para mantener o aumentar los beneficios. Pensar en términos de plusvalía, permite pensar en términos de ofensiva, de acabar con la relación social que la genera y levanta todo este sistema social y su Estado, hacer propuestas proactivas (no sólo reactivas) de cambio social, poner a la burguesía a la defensiva de tener que justificar la legitimidad del beneficio y su sistema social, en vez de seguir poniendo en un pedestal la figura del capitalista como benefactor creador de empleo y justo merecedor de beneficios personales para nada justificados por su aportación.

Este eje de plusvalía es el pilar fundamental que sostiene todo lo demás; sin esto, toda la alternativa de un antifascismo consecuente, hasta la raíz, por tanto, anticapitalista, se derrumba y, con ello, preparamos el camino para la victoria definitiva de las políticas más reaccionarias (bis)

Por eso, la batalla por la teoría de la plusvalía es hoy la PRINCIPAL BATALLA TEÓRICA y CULTURAL que podemos llevar contra el fascismo, la ultraderecha y todos sus aliados burgueses hoy demócratas, y el Estado burgués que los defiende a todos. No venceremos al fascismo defendiendo a los inmigrantes o luchando contra el machismo, etc. El foco de la atención y de la denuncia debemos ponerlo, sobre todo, en el corazón de la bestia (la plusvalía), no en sus múltiples tentáculos que volverán a creer aunque alguno se lo cortemos. Hoy día les hará mucho más daño artículos, folletos y debates sobre la plusvalía con una teoría bien planteada, que mil artículos sobre esos otros temas con los que nos ataca el monstruo pero a la vez protege su punto débil, su corazón, que es la generación de plusvalía. Si esto se comprende, supondrá un replanteamiento total de la propaganda y la agitación, será como conjurar la vuelta del fantasma que una vez recorrió Europa, el del proletariado comunista.

Sin embargo, una personalidad marcadamente autoritaria, instintivamente rechazará la teoría de la plusvalía pues, consecuentemente, lleva a cuestionar toda la jerarquía de poder de esta civilización. En el “mejor” de los casos, la malinterpretará de tal manera que le lleve a justificar alguna versión de Capitalismo de Estado, donde tendría un lugar destacado si es un rebelde (“quítate tú para ponerme yo”) disfrazado de revolucionario. Por eso este eje primero es también inseparable del eje noveno que luego se verá, que no por estar tan atrás es por ello menos importante que el resto, sino sólo el modo de exposición que me ha parecido más adecuado.

No quería extenderme demasiado con este punto (el texto en su conjunto ya es muy largo). Espero haberme expresado con la máxima claridad y que este eje haya sido para vosotras/os como una revelación. Si no es así, y no lo es porque previamente lo tuvieseis tan claro como yo, por favor, volved a leerlo, pues si no se asume, TODO LO DEMÁS NO SE SOSTENDRÁ O SERVIRÁ DE POCO, y por muy antifascista que te consideres, estarás socavando tu lucha.

SEGUNDO.- La recuperación del internacionalismo proletario, de la unidad internacional de la clase trabajadora frente a todo nacionalismo (y también opresión nacional), militarismo, bloques militares, división y enfrentamiento por excusas económicas, políticas, étnicas, culturales, religiosas, de género, etc. El internacionalismo proletario no es posible si previamente (y a la vez) no se desarrolla la identidad como clase trabajadora (proletariado) y la denuncia de la plusvalía que la fundamenta.

El internacionalismo debe ir más allá de la protección antifascista de los inmigrantes y refugiados, o de las agresiones por diferencias religiosas, el color de la piel, etc. La situación más extrema es la de la guerra, la que pone definitivamente a prueba el internacionalismo proletario.

En caso de guerra imperialista (entre estados burgueses por el reparto del mundo), el internacionalismo exige que los trabajadores/as convertidos en soldados cesen de matarse entre sí en aras de su capital y Estado burgués, confraternicen en el frente los de los países enfrentados (véase al final en Otros Recursos), y vuelvan sus armas contra sus propios estados (sin esperar a que lo haga el del otro bando), hagan la revolución socialista-comunista en su propio país, den el poder a los trabajadores/as, e impulsen la extensión de la revolución a otros; y que los que permanezcan en la retaguardia trabajando, remen en la misma dirección, luchando por sus intereses inmediatos (aumento de salario, disminución de la jornada laboral…), contra la austeridad impuesta por el capital, contra la economía de guerra (contra la prioridad al armamento para la matanza) y la guerra misma, dando todo su apoyo a la resistencia contra la guerra de sus compañeros en el frente, protestando contra la represión disciplinaria del ejército, etc., organizándose para sustituir en el poder al Estado burgués, mediante los Consejos de Trabajadores y sus milicias.

El internacionalismo es contrario a la división, enfrentamiento y matanza entre la clase trabajadora. Pero eso mismo no excluye, sino que exige, precisamente para evitar esos males, la lucha ideológica al interior de la clase, y el reconocimiento de que el grado de responsabilidad puede no ser idéntico. Por ejemplo, y no están en el mismo nivel, impulsando la crítica al machismo dentro de un proletariado que lo es y mucho (por ejemplo, en un determinado país musulmán), o contra la pasividad de un proletariado que no se opone a las intervenciones imperialistas de su país (por ejemplo, EEUU contra países que son musulmanes). Pero si la lucha ideológica no quiere ser hipócrita ni hacer el juego a la propaganda de la propia burguesía y justificar su política, debe priorizar la autocrítica-superación en aquella cuestión que en ese momento es más relevante para el internacionalismo. Por ejemplo, en EEUU no se puede señalar con el dedo el machismo en países musulmanes mientras se permanece pasivo ante lo que ocurre en el propio país o la agresión militar del propio Estado contra un país musulmán; y en un país musulmán, denunciar justificadamente la agresión imperialista no debe servir ni para caer en el defensismo del capital y Estado nacional, ni para defender la discriminación y agresión contra las propias mujeres y la política de la propia burguesía y Estado en esa dirección. Sin embargo, en este caso es sin duda mucho más grave la agresión militar de una gran potencia, no sólo en su aspecto humanitario, sino porque la guerra es el mayor atentado a la fraternidad, a la unidad de la clase, al internacionalismo, pues dejará una secuela de rencor, desconfianza y división, y fomentará el nacionalismo de unos y otros (la unidad con la propia burguesía y su Estado). Por tanto, en este caso, la principal carga de la prueba del internacionalismo, la carga de la responsabilidad, estaría en el proletariado del Estado agresor.

Por eso, en caso de guerra entre estados burgueses, los trabajadores/as de un Estado, en tanto siguen combatiendo como si nada, no pueden exigir al del oponente que sean ellos los primeros en volver sus armas contra su propia burguesía y Estado; cada cual, no debe exigir y esperar del otro, sino dar ejemplo, pues esa es la mejor demostración y estímulo; pues aquí la autocrítica-superación y lo más relevante coindicen (la guerra), si bien la responsabilidad política recaería sobre todo (no exclusivamente) en el proletariado del país más belicista, agresor y causante de los mayores daños. Pero como además esto puede ser muy difícil de medir (quizás se retroceda en décadas en la historia de agravios mutuos) no se trata de caer en el “¡y tú más!”, “tú empezaste primero”, etc., ni de discutir quien debe dar el primer paso y “hasta que no lo des tú, no lo doy yo”, pues ambos tienen la responsabilidad suficiente y compartida solidariamente (sin esperar al otro, a tener que ir “de la mano”) como para ser el primero en darlo, pues lo que está en juego no es un interés nacional, sino el interés superior de la clase trabajadora mundial y las posibilidad de avanzar hacia el socialismo-comunismo, que sólo puede ser internacional, mundial (tanto más evidente en una economía tan globalizada como la actual, y con una crisis medioambiental mundial) y esa es la responsabilidad común. Más escandaloso y ridículo incluso sería, exigir que se deje de discriminar y agredir a las mujeres en el país musulmán si se quiere evitar la matanza provocada por la agresión imperialista del Estado propio que, además, seguro responde a intereses muy diferentes a los de la liberación de la mujer (apropiarse del petróleo, controlar un territorio geográficamente estratégico, o lo que fuere).

En el caso de la agresión de un Estado fascista a un Estado democrático burgués, nos encontramos en la mismas, sobre todo cuando el democrático también practica el imperialismo a su manera (muy claramente si tuviese, como Francia y Reino Unido en los años 30s del siglo pasado, numerosas colonias en África y Asia, a las que exprime, niega la democracia, reprime duramente y aplasta militarmente). En otro plano se situaría una resistencia contra el invasor si su agresión fuese orientada también a la destrucción del movimiento obrero (aunque sólo sea para expoliar al país para el esfuerzo de guerra del invasor en otros frentes, condenando así a los trabajadores/as a la explotación extrema y la miseria) o al genocidio de una parte de la población (como los judíos). En este caso, se debería entender como si se tratase de la agresión de un fascismo nacional, propio y, siempre que se mantuviese una política de clase trabajadora independiente (anti-capitalista y anti-Estado burgués), se podría llegar a acuerdos de unidad de acción (no orgánica ni política) incluso con fuerzas burguesas (sobre todo en lo referente a la protección de la población que pueda ser exterminada). Los soldados que participan en actividades de represión y exterminio de la población civil o de prisioneros de guerra (no combatientes) ya no son como al que le toca luchar en una trinchera (un trabajador vestido de uniforme militar contra otro en la misma situación), sino como policías y bandas fascistas y, por tanto, no merecen la misma consideración. Pero esto no debe confundirse con una “defensa nacional” que sigue legitimando el Estado burgués y el imperialismo del país invadido, expresado, por ejemplo, en sus colonias. Debe seguir viendo en el proletariado del país invasor su principal aliado, interesado en que allí se dé una resistencia contra el régimen y un proceso revolucionario (por tanto, nada de apoyar el bombardeo sobre sus ciudades y zonas industriales). En la medida de lo posible, la clase trabajadora debería recurrir a sus medios de lucha: la huelga y el sabotaje de la producción, las manifestaciones. Pero si no se dispone de los medios propios de un Estado (en armamento y organización del combate), es sumamente difícil levantar una resistencia que sea capaz de arrojar fuera del país o vencer al fascismo. Para colmo, una resistencia antifascista con orientación proletaria contará también con la oposición de la propia burguesía y remanentes del Estado (policías, militares…) que pueden preferir antes el fascismo del invasor (a fin de cuenta, es otra versión de la misma dictadura del capital) que el riesgo de una revolución antifascista anticapitalista y anti-Estado burgués, y por tanto colaborar con el invasor en la represión de la resistencia. Esto obliga a que la resistencia consecuente contra el invasor deba ser también una lucha contra la propia burguesía (sobre todo la colaboracionista) y restos de su Estado, por tanto, anticapitalista. Por lo mismo, los aliados “antifascistas” pueden tener como prioridad el control, desarme e incluso aplastamiento de ese movimiento cuando ya no les resulte militarmente útil, y sí peligroso política y socialmente. También hay un riesgo muy alto, dadas las circunstancias, de que ese movimiento se escore hacia el nacionalismo y por tanto hacia la conciliación con la burguesía y su Estado, la alianza con otra fuerza imperialista, o la degeneración hacia un Capitalismo de Estado supuestamente “socialista”. La II GM nos da muchas muestras sobre el particular. Léase para reflexionar sobre este complejo asunto, Pierre Broué “Trotsky y los trotskistas frente a la Segunda Guerra Mundial” https://www.marxists.org/espanol/broue/1985/trotsky_trotskistas_y_la_2a_guerra_mundial.htm y las partes dedicadas a Grecia en los libros que menciono de Fernando Claudín y Chris Bambery.

El principal obstáculo para una política revolucionaria en caso de guerra es que desde la II Guerra Mundial, las guerras tienden a ser, también e incluso sobre todo, guerras contra la población civil (guerra total), no sólo porque le afecta los ataques a la capacidad productiva y el abastecimiento (fábricas, centrales eléctricas, líneas férreas, puentes, carreteras, hundimiento de buques mercantes…), sino expresamente para doblegar su moral (bombardeo de las zonas residenciales de las ciudades). A diferencia de la lucha en las trincheras, con los aviadores que bombardean una ciudad, no hay manera de comunicarse y jugar un partido de fútbol para confraternizar, no toca más que defenderse e intentar derribarlos. En esas circunstancias, la prioridad a la supervivencia diaria difícilmente permitirá a la gente arriesgarse a debilitar la resistencia militar a los ataques del enemigo por el desorden generado durante un proceso revolucionario; lo más fácil es seguir atado al propio Estado burgués pues es el que dispone y organiza los recursos para la defensa de la población civil. Es más, la burguesía no está interesada en que haya en el otro país una revolución socialista-comunista, pues eso podría contagiarse al propio, así que le conviene machacar a la población civil (sobre todo las zonas proletarias) para que no tenga otro horizonte diario que la prioridad absoluta a la mera supervivencia, sin detenerse a cuestionar el orden social, ni ponerse a organizar una revolución contra su propio Estado. Prefiere una población fiel al Estado burgués enemigo que cuestionándolo. Añádase a esto que, en una escalada militar que puede ser muy rápida, se llegue al uso de armamento nuclear, por lo que no habría dado tiempo a la menor implementación de una política revolucionaria.

Se trata, sin duda, de una situación endiablada y de la que generalmente es imposible salir bien parado políticamente, pues si se ha llegado a una guerra suele deberse a que el proletariado de ambos bandos ya ha sido previamente derrotado y enrolado en el nacionalismo (aceptación del capital y del Estado burgués propio), siendo lamentable la situación política y organizativa de los revolucionarios (aislamiento político, represaliados…), y generalmente de esto no se recuperará hasta pasado un tiempo tras el final de la guerra. Por eso, la guerra entre estados burgueses es, ahora y en el futuro, el peor contexto para el desarrollo de una política de clase trabajadora independiente y revolucionaria.

De ahí que no debamos apostar la posibilidad de una revolución a las circunstancias de una guerra (como sí fue posible durante la I GM, militarmente muy diferente a la II GM y no digamos a una III GM), y debamos esforzarnos por potenciar al máximo el internacionalismo en la lucha en condiciones de paz y para evitar una guerra entre estados burgueses. De ahí también la importancia del combate ideológico contra el nacionalismo en cualquiera de sus variantes, pues fracciona a la clase trabajadora, y en particular contra el proto-fascismo, y de poner todos los medios para encontrar objetivos comunes a la lucha trabajadora por encima de las fronteras nacionales, lo que hoy hace más factible la existencia de la Unión Europea y sus políticas compartidas (esto es mucho más trascendente de lo que inicialmente se pueda creer, y de ahí nuestra responsabilidad para aprovechar todas las ocasiones que se presenten, en lugar de, como se viene haciendo hasta ahora, echarlas a perder).

El internacionalismo es también contrario a que el rechazo de la globalización capitalista se transforme en la pretensión de una vuelta al “soberanismo nacional”, el proteccionismo, etc., como falsas soluciones y trampas que acaban haciendo el juego al nacionalismo y a la ultraderecha, cuando además no tenemos tiempo que perder en una orientación hacia un socialismo internacional, el único que podrá solventar de forma constructiva y humanizada los gravísimos problemas del capitalismo decadente y terminal. En este sentido, para verlo en concreto, mis observaciones al respecto de la Unión Europea y la lucha contra las políticas de austeridad, en mi texto “Crisis triple ¿Derrota total y destrucción en este siglo?” (18-2-2020) ya referido. Aunque tengo mis reservas, sirve como material informativo y para la reflexión el artículo “Qué fue del internacionalismo” de Miguel Salas (15-12-2019) – http://www.sinpermiso.info/textos/que-fue-del-internacionalismo. Para que no quepa duda de mi posición con respecto al nacionalismo catalán, remito a lo expuesto en mi texto «“Por un futuro brillante” de Paul Mason. Sin capitalismo» (15-3-2020) –reseña y comentario crítico del libro ofreciendo materiales para avanzar — https://kaosenlared.net/por-un-futuro-brillante-de-paul-mason-sin-capitalismo/ , en la parte dedicada al capítulo 19.

Ante la necesidad de crear alguna forma de comunidad frente a la atomización, el individualismo desaforado y la desaparición de antiguos lazos sociales (algunos, reaccionarios), el internacionalismo proletario y la conciencia de pertenecer a un colectivo social como la clase trabajadora es, aunque difícil, el mejor antídoto frente a la oferta, por parte de la ultraderecha y el fascismo, de los sucedáneos tramposos de comunidad que son la Nación (“hermanados” capitalistas y trabajadores/as, pero los segundos siempre como montura de los primeros), y someterse como hijos/as al liderazgo paternalista-autoritario (“intérprete de la voluntad popular”), que llevan a la persecución de los “no verdaderos patriotas”, la insolidaridad internacional y las guerras imperialistas. Claro que conseguir eso del todo, es muy difícil, pero durante el trayecto, en el proceso de lucha, ya estaremos creando unas dinámicas comunitarias opuestas a las del fascismo.

Si se echan a perder excelentes oportunidades, como las que hemos tenido (sobre todo a raíz de las luchas contra las políticas austericidas), para forzar lazos de unidad proletaria por encima de las fronteras europeas (bien expresado en mi eslogan “De Lisboa a Berlín, al TSCG demos fin”), el resultado será la sensación de debilidad, de impotencia, y el repliegue al rincón “nacional”, en la ilusoria creencia de que ahí se está más protegido, cuando en realidad se hace más vulnerable, como un boxeador que abandona el centro del ring para ir a una esquina, con menos posibilidad de movimiento y de escapar del acoso. ¿La consecuencia?, pues que para resolver los problemas del “Estado de bienestar” se caerá en los cantos de sirena y las soluciones simplistas de las políticas contra los inmigrantes (entendidos como competidores de empleo y servicios sociales), y el voto a partidos como el francés RN (antes Frente Nacional, de Marine Le Pen), propios del llamado “chovinismo del bienestar”.

Las dificultades para el internacionalismo son enormes cuando ni siquiera hay una conciencia de clase trabajadora (“soy de clase media”, etc.), cuando se impone la identidad nacional-estatal (o regional, o autonómica o de nación o nacionalidad o de Estado dentro de otro Estado federal o confederal), y la Unión Europea ha sido incapaz de generar una identidad europea (pese al euro), sino al contrario, mucho euro-escepticismo. En un espacio tan reducido como Europa, seguimos anclados en nuestro Estado o una entidad inferior, con una enorme diversidad lingüística que dificulta la comunicación, y un pasado lleno de guerras entre sus integrantes. Esto se lo pone mucho más fácil a la ultraderecha y el fascismo, sobre todo cuando se agudice la crisis histórica del capitalismo decadente y aumenten las tensiones internacionales, incluso dentro de nuestro continente.

El internacionalismo proletario no es cosmopolitismo indiferente a las especificidades nacionales que merecen ser respetadas y sus consecuencias políticas (carácter oficial de la lengua nacional, derecho a la independencia si así lo quiere una mayoría reforzada de la población…), la igualdad entre las naciones sin que ninguna oprima a la otra, y que es la cobertura ideológica para la globalización imperialista en beneficio de determinadas élites empresariales, culturales, militares. Pero el internacionalismo proletario también es contrario al nacionalismo que se escusa en el rechazo al cosmopolitismo, pero que sobre todo se opone al internacionalismo proletario y que, de tener oportunidad, se expandiría como cualquier otro imperialismo.

El internacionalismo proletario es, tras la plusvalía, el eje más importante de toda esta estrategia pues su existencia supone todos los demás, explícita o implícitamente. Y sin internacionalismo, todo lo demás puede acabar desembocando en algo parecido a lo que fue el llamado “nacional-bolchevismo” que con su nacionalismo se aproximaba y acababa haciendo el juego al nazismo. Nunca se insistirá demasiado en que es en el internacionalismo proletario donde está la clave para frenar y acabar con el ascenso del fascismo y las derivas de destrucción militar (guerras entre estados y sus alianzas) a las que sin duda nos conduce el capitalismo decadente y senil, la crisis de esta civilización. Pero un internacionalismo proletario maduro, depende de que se asuma el eje PRIMERO.

TERCERO.- La superación del fraccionamiento de los trabajadores/as según diversas opresiones. La ultraderecha y el fascismo se sirven de multitud de temáticas con las que quieren dividirnos, separarnos y dispersarnos por grupos de afectados (mujeres feministas, homosexuales, inmigrantes, refugiados, comunistas, etc.), marginarnos más fácilmente y atomizarnos finalmente, a la vez que procura eludir todo lo posible la cuestión de clase, y por supuesto, cuestionar el capitalismo (son capaces de cuestionar de todo, menos esto). Por eso hay que buscar la mayor unidad posible a partir de lo que tenemos en común, y esto es, como trabajadores/as. Por ello es fundamental la comprensión de la plusvalía para reconocerse en una identidad como miembros de la clase trabajadora.

Esto quiere decir que no se trata de simplemente conseguir una especie de acrítico “frente amplio” compuesto por trabajadores/as, gays, feministas de cualquier pelaje, etc., pues la burguesía promociona un feminismo preocupado por su “techo de cristal” (límite en la promoción de mujeres a altos cargos) pero al que le importa muy poco la situación laboral de la mayoría de las trabajadoras, o un movimiento de gays con negocios, preocupados por visibilizarse lo más posible (medios de comunicación, programas de entretenimiento, films…), poder irse de vacaciones a hoteles exclusivos para ellos o por adoptar bebés de “vientres de alquiler”, y a quienes les podía importar un bledo la situación de los trabajadores/as asalariados, condenados a la invisibilidad social y al paro (eso también alimenta el antifeminismo y la homofobia preexistentes). También es importante lo que expone el libro “La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó la identidad de la clase trabajadora” Daniel Bernabé (Akal 2018, 256 páginas), un llamamiento a la unidad frente a la fragmentación promovida por el actual activismo. Reseñas y video en https://www.akal.com/libro/la-trampa-de-la-diversidad_48986/ , Índice https://www.akal.com/media/akal/files/toc-48986.pdf —– La voz atomizada: una respuesta / Daniel Bernabé 01/07/2018 https://dedona.wordpress.com/2018/07/08/la-voz-atomizada-una-respuesta-daniel-bernabe-01-07-2018/La trampa de la diversidad. Una crítica del activismo / Daniel Bernabé 2018 – https://dedona.wordpress.com/2018/07/09/la-trampa-de-la-diversidad-una-critica-del-activismo-daniel-bernabe/

CUARTO.- La comprensión del curso histórico (el futuro que nos espera con más probabilidad) y la propuesta ante él para superar la fragmentación y dispersión de nuestra lucha “Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados” (20-12-2019) – estudio de la cuestión del colapso de esta civilización, y propuesta mundial de un eslogan-marco para la confluencia de las luchas y la elaboración política, sucesor del de “Otro mundo es posible” — — https://kaosenlared.net/horizonte-2050-superando-el-capitalismo-o-condenados/ . Sin esto es imposible elaborar una estrategia correcta y un plan general de lucha correcto, y caeremos en la dispersión en diversos frentes y sin el debido entendimiento del factor tiempo –hoy, vital-, dado el momento histórico probablemente terminal de la civilización capitalista (si no está cerca el de la Humanidad misma). En una década podrían cambiar muchísimas cosas de la mayor importancia. Entre el ascenso del nazismo al gobierno y su derrota en la II GM sólo pasaron doce años (como entre 2020 y 2008 con el inicio de la crisis financiera-inmobiliaria) y en tanto el mundo quedó destrozado, patas arriba con más de 70 millones de muertos, cifra que no podemos asimilar en su real dimensión; entre la crisis de 1929 (desde finales de octubre) y el ascenso de Hitler al cargo de canciller (30-1-1933) pasaron poco más de tres años. Hay tiempos en los que el tiempo histórico se acelera a velocidades de vértigo y pasa por encima de quienes no estén atentos y preparados.

Si se tiene en cuenta lo que expondré en el punto NOVENO sobre la facilidad para caer en la violencia dependiendo de la situación jerarquizada, y la disposición a la obediencia, se comprenderá que el colapso de esta civilización, con una facilidad pasmosa, abriría de par en par las puertas a las dinámicas belicistas y genocidas, contando con una gran participación activa de la gente, como nunca antes ha conocido nuestra especie -y eso que hay precedentes terribles-, lo que podría llevarla directamente a su autodestrucción. Y eso muy probablemente estaría organizado por grupos o estados que, cuando menos, se podrían parecer mucho al fascismo.

La ultraderecha y los fascistas son “pirómanos-bomberos” (en EEUU protestan contra las medidas de confinamiento por la covid-19, en nombre de la libertad y la economía, alentados por el presidente Trump, incluso aunque algunos exhiban sus armas), expertos en crear disensiones (ahora explotan al máximo los bulos, las noticias falsas, la demagogia más descarada, en la redes sociales y desde tribuna más “respetables”), el “divide y vencerás” (eliminar el salario mínimo facilitando la competencia salarial de los inmigrantes y atizando el odio contra ellos por parte de los trabajadores/as nativos), generar violencia, “estrategias de la tensión”, los “ataques con falsa bandera” (propios, pero con apariencia tal que podemos atribuirlos a quienes deseamos culpar, como la escusa de Hitler para invadir Polonia), la “doctrina del shock” (denominación de Naomi Klein; recuérdese cómo aprovechó Hitler el incendio del edificio del Reichstag, el parlamento -27-2-1933-, como escusa para adquirir poderes extraordinarios, dictatoriales, y lanzar una injustificada ofensiva represiva), el caos, el miedo al presente y al futuro, para presentarse como los salvadores, los garantes de “la ley y el orden” e imponer su dictadura (Trump no condena los asesinatos racistas de la policía, pero ante las revueltas quiere la intervención del ejército y se presenta como el salvador de la paz). Por eso es fundamental generar las expectativas de un horizonte con verdadero orden social, real y justo, frente al caos social que crecientemente provocará el capitalismo senil en crisis y sus agentes políticos como los fascistas.

QUINTO.- Supone comprender que la lucha contra el fascismo no pasa por la defensa de la democracia burguesa, del Estado burgués democrático, sino de nuestras libertades, que no es lo mismo. Que aunque el fascismo (con una base social de gran parte de la “clase media” opuesta a la clase trabajadora y que la ataca con sus milicias para destruir sus organizaciones y aplastar su resistencia y acabar con sus militantes) es peor que la democracia burguesa, ello no convierte en buena a la democracia burguesa, pues puede servir a la ultraderecha y fascismo y colaborar con ellos, y sin necesidad de ellos, llegar a niveles de represión muy parecidos, y pasar también rápidamente a regímenes de “Estado fuerte” (presidencialista –dejar en nada el papel del Parlamento-, gran recorte de las libertades y represión policial y militar), y de “excepción” (como las dictaduras militares, que pueden ser tan terroríficas y genocidas como la Argentina de los 70-80s; en Indonesia en 1965, el golpe militar del general Suharto contra el presidente Sukarno, fue apoyado por EEUU y costó la vida a entre 500.000 y dos millones de personas, por ser comunistas, y el encarcelamiento de un millón, un genocidio sobre el que hoy todavía se extiende un conveniente olvido pese a estar sobradamente demostrado NOTA 7).

Pero que de todos modos el fascismo sea peor que la democracia burguesa es irrelevante a la hora de qué hacer ante el ascenso del fascismo, en el sentido de si la cuestión está en elegir entre fascismo y democracia burguesa, defender a la democracia burguesa ante el fascismo. Cuando nuestros pies crecen de tamaño, es inútil echar de menos el par de zapatos que tanto nos gustaban o tan útiles nos resultaban y empeñarnos en seguir calzándolos. La opción real está entre ir descalzos o conseguir unos zapatos nuevos adaptados a la talla de nuestros pies.

Supone comprender que cuando la burguesía está deseando abandonar el modelo de dominación de clase que es la democracia burguesa, para sustituirlo por la dictadura abierta y descarada (para conseguir más beneficios, ir a la guerra sin oposición interna…), y cuenta con el apoyo social de una “clase media” enloquecida y violenta que también desea acabar con la democracia burguesa y aplastar a la clase trabajadora en lucha (aunque no sea del todo consciente de ello, pero su movimiento conduce a eso al debilitar al extremo los derechos y la fuerza del proletariado), es inútil limitarse a la defensa de la democracia burguesa que la burguesía ya no sostiene con su poder (es la clase dominante, la que tiene “la sartén por el mango”), ni la “clase media” fascistizada desea ya, por lo cual no hay más salida que ir mucho más lejos que la democracia burguesa y cuestionar toda forma de dominación de clase de la burguesía, lo que supone acabar con todo su poder de clase (económico y político).

Así como el rechazo del sistema asalariado del trabajo (capitalismo) no quiere decir que renunciemos al salario que se nos debe, o que estemos a favor del sistema esclavista o de los siervos de la gleba, ni que sea imposible la remuneración del trabajo como participación en la creación social de los bienes comunes (socialismo-comunismo de los trabajadores/as libremente asociados), el rechazo de la democracia burguesa no quiere decir que renunciemos a los derechos y libertades que se nos hayan llegado a reconocer en ella y nos beneficien, y que deseemos volver situaciones pasadas peores, como la monarquía absoluta, la dictadura militar, el fascismo…, sino que buscamos una realización más plena de la democracia, sólo posible con el poder de los trabajadores/as para superar el capitalismo.

La libertad de desplazamiento y residencia, de expresión, reunión, organización, manifestación, huelga, el derecho de elección de los representantes, el derecho a la privacidad, etc., no son inseparables del Estado democrático-burgués, de su aparato burocrático, ejecutivo, legislativo, judicial, represivo y militar. Nosotros defendemos nuestros derechos y libertades, los extenderemos hasta su límite en la sociedad con el poder de los trabajadores/as libremente asociaciones (socialismo-comunismo), y entonces estarán totalmente desligados de la existencia del Estado burgués. La defensa de nuestros derechos debemos desvincularla de la defensa de la legalidad e instituciones burgueses, de la identificación con el Estado burgués. La defensa de nuestro derecho de huelga, manifestación, etc., no significa la defensa de la policía “democrática” que las “protege” y reprime, no significa que debamos agarrarnos a la policía “democrática” frente a la alternativa de la policía fascista, pues la inmensa mayoría de sus integrantes serán los mismos (como la policía del franquismo pasó a ser la policía de la democracia, prácticamente tal cual). La defensa de nuestros derechos, no significa la defensa del ejército “democrático” que seguro está apoyando a los fascistas y deseando que suban al poder para poder abordar con las manos completamente libres sus proyectos belicistas. Nuestro derecho a votar a nuestros representantes (como en las asambleas de la democracia directa y a los Consejos de Trabajadores), no significa que debamos aferrarnos a un Parlamento que seguro servirá de trampolín para que el fascismo, vía “gobierno de concentración nacional”, etc., llegue al poder y se sirva del Parlamento para destruirlo desde dentro.

Si caemos en ese error, nos echaremos en brazos del centro y de la derecha (burguesas), como supuestos paladines de las instituciones democráticas, y estos a su vez, nos abandonarán en las garras del fascismo en cuanto les parezca necesario, como se demostró en los casos italiano y alemán. Esto no quiere decir que no podamos apoyarnos en unos u otros, en determinados momentos, como movimiento táctico, para debilitar al fascismo. No significa indiferencia, sino saber distinguir en cada momento y dar los pasos que más nos convengan, manteniendo la independencia, la denuncia y la lucha contra el Estado burgués. Por ejemplo, se me ocurre, cabe, dejando clara la denuncia del carácter burgués de la institución y de todos sus miembros, protestar porque se desplace a determinados jueces del Tribunal Supremo o Constitucional, o de la cúpula del Ejército o de la policía, etc., para poner a alguien que sabemos es claramente mucho más reaccionario, simpatizante de la ultraderecha y de los fascistas. Plantearnos la lucha contra el Estado burgués, no significa el “todo o nada” (o acabamos con el Estado burgués o permitimos que pase con él lo que sea), de modo que paso a paso dejemos que, sin nuestra resistencia, los sectores reaccionarios avancen tomando posiciones cada vez más importantes dentro del aparato de Estado para facilitar su conversión a formas de dominación más perniciosas incluso para nosotros. Hacer esto bien, no es tarea sencilla, es “andar en el filo de la navaja” y es muy fácil cortarse, o caer en un extremo u otro, ambos incorrectos (indiferentismo que directamente hace el juego a los sectores más reaccionarios o apoyo al Estado burgués que es nuestro enemigo). Pero es posible adoptar una posición correcta que se enfrente a la amenaza inminente y peor sin caer por ello en la legitimación y el reforzamiento del enemigo previo y permanente, como demostraron los bolcheviques rusos a finales de agosto de 1917 con el caso del intento de golpe de estado militar de Kornílov contra el gobierno de Kerenski, pese a que ese gobierno “democrático” perseguía con saña a los bolcheviques. Sí, “salvaron” a Kerenski, pero ante todo se salvaron a sí mismos, derrotaron a Kornílov, con ese movimiento se fortalecieron a sí mismos y a la clase trabajadora mucho más de lo que pudo explotar la victoria Kerenski, y se hicieron lo suficientemente fuertes como para, en unos meses, acabar también con el gobierno de Kerenski. Es decir, derrotaron al peligro más mortal e inminente, a la vez debilitaron al Estado burgués “democrático”, y se fortalecieron ellos. Si se hubiesen declarado indiferentes y neutrales en el conflicto entre Kornílov y Kerenski, y hubiese vencido el primero, les esperaba a los bolcheviques y los trabajadores/as el aplastamiento en sangre, y si (es un suponer) hubiese vencido el segundo (Kerenski), su gran reforzamiento político lo habría usado contra los bolcheviques por su “colaboración pasiva” con el golpismo y luego contra los soviets de trabajadores/as y soldados. Pero al participar, los bolecheviques en ningún momento cayeron en el error de dar su apoyo político al gobierno de Kerenski, ni siquiera como “mal menor” y orientar su política a la promoción y defensa de la democracia burguesa (con o sin Kerenski en el gobierno). Sí, un asunto difícil, pero posible de manejar y con éxito. Repásese lo dicho en la sección II (función del fascismo y de los antifascismos) sobre cuál es la revolución ahora pendiente y por tanto cuáles son las tareas históricas del momento, y su relación con los movimientos tácticos.

La clave principal está en comprender que nuestra fuerza no reside en el Estado burgués, el gobierno, las leyes y tribunales, el voto y la representación en las instituciones, conseguir más escaños en el Parlamento, lograr gobiernos de coalición, etc., sino en la autoorganización independiente de los trabajadores/as, el desarrollo de su conciencia y capacidad de lucha anticapitalista y contra el Estado burgués. Entendido y llevado esto bien, otras jugadas inteligentes en relación con el Estado burgués, serán secundarias y servirán para reforzarnos ante todo a nosotros y no a tal o cual fracción de la burguesía que, más adelante, probablemente acabaría por sacrificarnos.

El Estado nunca es neutral, y en el capitalismo está al servicio, ante todo, de los intereses de la burguesía. El problema no es que la burguesía lo instrumentalice y que, por tanto, también se pueda convertir en un instrumento para la clase trabajadora. La existencia del capitalismo como modo de producción dominante determina la existencia del Estado y lo convierte en condición para asegurar la reproducción del capitalismo (garantizar el orden social, la expresión ordenada a ese fin de los conflictos sociales inevitables sobre todo entre burguesía y proletariado…). La necesidad crea la función y ésta, el órgano que mejor puede realizarla. Así, el Estado no puede ser sino jerárquico, burocrático, elitista, esencialmente antidemocrático y al servicio del capitalismo. Y la burguesía remata la faena, se asegura de ello, a través de la organización del Estado, sus poderes y ramas, y la selección de su personal (extracción social, formación ideológica, comportamiento político). Los socialistas italianos creían que era importante ocupar las posiciones bajas e intermedias del Estado (ayuntamientos, policía, etc.) confiando en que esto impediría el ascenso del fascismo. Los hechos lo desmintieron rotundamente. Desde fuera del Estado, las escuadras fascistas se encargaron de machacarlos, con la colaboración del Ejército y la policía que, sin embargo, nunca habrían permitido caer bajo el control de los socialistas (véase la experiencia de Chile con Salvador Allende y la Unidad Popular hasta el golpe militar del 11-S de 1973, el papel del Ejército y de los Carabineros –policía-). En Alemania, la socialdemocracia tenía una gran presencia en los aparatos de Estado, en los gobiernos locales, y de los Länder (estados federados, como Prusia, el mayor y más relevante, y que incluía a la capital de Alemania, Berlín; Prusia dejó de existir con el final de la II GM), y también la tuvo en el gobierno central, pero no sirvió para detener al nazismo.

Debemos oponer al ascenso del fascismo y al fascismo ya instalado, la defensa de nuestros derechos y libertades (reconocidos o no en la legislación actual), pero no tal cual la defensa de la legalidad burguesa y de su Estado (están ante todo al servicio de la perpetuación del capitalismo), sino la mayor democracia para la clase trabajadora y sectores populares que sólo puede ser efectiva, segura y completa mediante la instauración del poder socialista-comunista, echando abajo el Estado burgués, y arrastrando con él tanto el liberalismo democrático como los fascismos. Para esto debemos impulsar el desarrollo del programa político que la clase trabajadora, liderando a sectores populares, deberá levantar para luchar por imponer el poder de sus organizaciones basadas en las decisiones tomadas en las asambleas de base, esto es, los Consejos de Trabajadores. Esta tarea será tanto más importante cuanto más empeore la situación y aumente el descontento de la “clase media”, para que vea en la lucha de los trabajadores/as y en su proyecto político el liderazgo para resolver también sus necesidades humanas contra el capital (no necesariamente manteniendo su situación de clase, como tampoco deben hacerlo los trabajadores/as con respecto a la suya). De lo contrario, una lucha a la defensiva podría entenderse como una lucha sólo negativa, sin nada nuevo positivo que proponer y que “sólo aumenta los problemas” (trastorno por las huelgas, “desorden público”…), y ser insuficiente para que la “clase media” deje de apoyar al fascismo y conseguir que éste se desinfle y pierda su oportunidad de ascenso al poder.

La democracia burguesa, cuando sucede a un régimen fascista o de otro modo dictatorial, puede ser deudora de él. No sólo porque herede a muchísimos de los servidores del fascismo, incluso aparatos completos del Estado burgués (policía, ejército, burocracia, tribunales, cárceles…). También en el sentido de que, gracias al fascismo, la burguesía puede haber conseguido una correlación de fuerzas con la clase trabajadora mucho de mejor de la que existía antes del fascismo. El fascismo puede aplastar a una clase trabajadora peligrosa, y aunque su recuperación con los años aconseje la vuelta a la democracia, hacerlo con mucha menos fuerza de la que tuvo. Tanto por lo primero como por la segundo, el régimen democrático no tendrá tendencia a un juicio justo del pasado régimen, depurar responsabilidades, etc. Mucho de esto ha venido a ocurrir con la “ejemplar” Transición española.

SEXTO.- Entender que la búsqueda de la más amplia unidad de acción táctica contra la ultraderecha y el fascismo, no debe debilitar lo más mínimo la teoría y puesta en práctica de los factores anteriormente mencionados. Los “aliados” demócrata burgueses (desde la izquierda socialdemócrata actual –mucho más derechista que la de las décadas de los 20 y 30s del siglo pasado- hasta la “derecha civilizada”), son sólo circunstanciales, pues no son dignos de confianza (tanto menos cuanto más a la derecha estén), pues fácilmente se escoran a la derecha, asumen algunos planteamientos de la ultraderecha, llegan a aceptar pactos con ella, y acaban dando paso a la ultraderecha y el fascismo pues, pese a sus diferencias con ellos, comparten los intereses más básicos de la clase capitalista y del Estado burgués, y el consiguiente dominio sobre los trabajadores/as. Y la socialdemocracia, que se debe antes al capital y que a su base electoral en la clase trabajadora, acusa también esa presión y su antifascismo se debilita hasta la impotencia. Esto se vio en Italia y en Alemania antes de la II GM, y se ha ido viendo una y otra vez por todo el mundo y ahora también en España con los “trifachitos” (PP, Cs, Vox) y la política del PSOE, blanda y sometida a las directrices de la Unión Europea (donde la ultraderecha tiene un poder creciente ante el que va cediendo la derecha y el centro), que también debe sentir cómo la ultraderecha (Vox) consigue grandes apoyos en los cuerpos policiales y militares, y la derechización mayor de la judicatura. La Unión Europea no necesita de la presión de planteamientos fascistas para ser muy reaccionaria y cruel. Recordemos el ensañamiento de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y el FMI) con Grecia, y la insistencia general en las políticas de austeridad, por encima de la voluntad popular, sus protestas generalizadas y referéndums, mostrando por tanto un marcado carácter autoritario y antidemocrático.

La ultraderecha y los fascistas también practican su sistema de “cordón sanitario” tachando de comunistas, anarquistas o similares, a todos los que quiere marginar, aunque no lo sean ni de lejos. Por eso, no debemos caer en el error de moderar o disfrazar nuestros planteamientos, pues seremos atacados igualmente y sin embargo estaremos “peleando con un brazo atado a la espalda”, en vez de golpearles con todo lo que tenemos (la denuncia del capital y del Estado burgués), dando legitimidad a sus ataques calumniosos contra el comunismo, anarquismo, como si tuviésemos que avergonzarnos de ser lo que somos, o permitiendo que se nos confunda con otras políticas más tibias y condenadas al fracaso pero a las que les pone la misma etiqueta, en vez de demostrar con los hechos la dignidad y corrección de nuestros planteamientos que responden a los verdaderos intereses de la gente trabajadora.

Pero la llamada izquierda, también puede debilitar la resistencia contra el fascismo. Basta estudiar el papel jugado por la socialdemocracia alemana (el partido socialista –PSA-) y también, aunque menos, el partido comunista alemán (PCA), durante todo el proceso de ascenso del fascismo. Para comprender las dificultades para una unidad de acción con la socialdemocracia, es suficiente recordar un hecho dramático. «El 1º de mayo de 1929, frente a una manifestación organizada en Berlín por el PCA y prohibida por el gobierno socialdemócrata de Prusia [Prusia era algo así como una región muy autónoma dentro de Alemania, la mayor y más importante] para “no dar pretexto” a los nazis, la policía prusiana disparó contra los manifestantes, causando 33 muertos» (Nicos Poulantzas “Fascismo y dictadura” página 205, ver referencia completa al final). ¡Para que quieres enemigos teniendo estos amigos! ¡Para qué quieres nazis si tienes a esos demócratas! Pero esto tampoco convierte en correcta su caracterización como socialfascista, o enemigo principal, etc., defendida durante un tiempo por el PCA. Para profundizar en esta compleja cuestión, léase dicho libro y los textos de Trotsky, referidos al final.

Aunque sea brevemente quiero salir al paso de una teoría sobre la naturaleza de clase del fascismo que hoy sigue circulando entre quienes se consideran marxistas, comunistas y revolucionarios, que puede dar el pego, pero que es errónea y muy peligrosa en la práctica pues conduce a la derrota (véase esta entrevista a Nines Maestro, dirigente de Red Roja “SOLASALDI GAZTETXEROAK VI. | «El fascismo en el estado Español» NINES MAESTRO” https://kaosenlared.net/video-nines-maestro-el-fascismo-en-el-estado-espanol/ en la que se desliza mucho esa desviación). Me refiero a las posiciones mantenidas por el estalinismo (consagradas en el VII Congreso de la Internacional Comunista, 1935), expresadas especialmente por Gueorgui Dimitrov (https://www.marxists.org/espanol/dimitrov/index.htm ) y llevadas a la práctica con un orientación todavía más derechista con la política del Frente Popular. El fascismo y el nazismo, como demuestra la historia de su ascenso al poder, no es la política creada por la fracción más reaccionaria y violenta del capital, el gran capital, el capital financiero, de modo que no tendría el apoyo del resto de las fracciones de la burguesía, por lo cual podríamos aliarnos (unidad estable) con ellas para la lucha antifascista. Para empezar, como ya he explicado, el fascismo no es una creación de la élite burguesa, como puede serlo un golpe de Estado de la cúpula militar y su dictadura, sino un movimiento de masas de clase pequeñoburguesa ante todo, que –por la propia naturaleza de clase de la pequeña burguesía- no puede escapar (por muy radical y “revolucionaria” que se pretenda) del marco de la política burguesa, que además es reaccionario, y que llega al poder combinando la violencia de sus milicias con la vía parlamentaria, sin dar propiamente un golpe de Estado. Ni durante el ascenso del fascismo italiano ni del nazismo, ni al ir a alcanzar el poder, ni después de instalarse en él, hubo resistencia antifascista digna de ese nombre proveniente de la clase capitalista, ni en la derecha, ni en el centro, ni expresada de alguna otra manera. El movimiento de masas fascista (apoyado sobre todo en la “clase media”, no en la burguesía) consiguió primero el apoyo del gran capital, seguido del resto, y de la casi totalidad del aparato de Estado burgués. No es éste el espacio para desarrollar esto, pero remito a mi libro sobre estrategia y táctica y a los de Poulantzas y Mandel que menciono en éste.

Una verdadera resistencia antifascista debe ser una resistencia estratégica, no coyuntural u oportunista. No debe atribuirse a una oposición estratégica al fascismo por parte de sectores importantes de la burguesía, la oposición que pueda llegar a presentarse pero sólo porque todavía (táctica) no le interese promocionarlo y ayudarlo a alcanzar el poder, como cuando el fascismo está muy lejos de ser un movimiento de masas (capaz de llegar a conseguir un tercio de los votos del electorado) y no es más que una pequeña fuerza aventurera, tal como le ocurrió a Hitler en su fracasado golpe de estado reprimido por el Estado (Putsch de Múnich o Putsch de la Cervecería, del 8 y 9 de noviembre de 1923, en el estado de Baviera, de Alemania). No debe confundirse el antifascismo con lo que puede ser la oposición de sectores importantes de la burguesía a otro que quiere promocionar un golpe de Estado militar, pues no le parece necesario o conveniente a sus intereses. Tampoco es un antifascismo que nos ayude a evitar el fascismo, el paso oportunista (un “cambio de chaqueta” en toda regla) de gran parte de la burguesía italiana encabezada por el Rey Victor Manuel III (el mismo que aupó a Mussolini al poder la mañana del domingo 29-10-1922) al lado de los aliados demócratas (3-9-1943) cuando, invadida Italia por estos, veía ya el fin del régimen de Mussolini y la derrota de Alemania (en la URSS, rendición oficial alemana en Stalingrado el 2-2-1943, y gran empuje de la URSS por el Este). Tampoco representa un antifascismo de la clase capitalista el atentado que sufrió Hitler proveniente de unos cuantos militares (reaccionarios a más no poder) a causa de que veían la guerra perdida y preveían un desastre para Alemania (coronel conde Claus von Stauffenberg, en fecha tan tardía como el 20-7-1944, cuando ya había triunfado el desembarco y se estaba ganando la batalla de Normandía, la URSS avanzaba como una apisonadora por el Este y los aliados subían desde Italia) que se ha explotado (también con películas y series de televisión) para “lavar la cara” del Ejército alemán que tanto contribuyó al ascenso del nazismo y a toda su política, incluso de genocidio, siendo “uña y carne” con el régimen, como principal pilar del Estado burgués alemán. Tampoco debe confundirse el antifascismo con la oposición de sectores de derecha y centro a una ultraderecha o proto-fascismo que no representa un movimiento de masas fascista; además, ya vemos la facilidad con la que la derecha y hasta el centro compran parte del marco, los “caballos de batalla” y las propuestas de la ultraderecha, hasta conformar “trifachitos” parlamentarios y de gobierno (ultraderecha, derecha y centro). No es antifascista una burguesía que no quiere el fascismo en su propio país, pero a la que le parece estupendo que se imponga en otro en el que tiene intereses económicos, o porque aplasta un movimiento obrero que es un “mal ejemplo”. No es antifascista una burguesía que sólo se disgusta con el fascismo en otro país debido a sus pretensiones expansionistas que chocan con los propios intereses imperialistas. El hecho de que una burguesía no sea fascista, no quiere decir que sea anti-fascista.

Una cosa es que, si podemos, debemos explotar a nuestro favor las diferencias y conflictos entre las diversas fracciones burguesas, dificultando su unidad escorada hacia la extrema derecha, y otra muy diferente es que nos hagamos ilusiones sobre la alianza nada menos con determinadas fracciones políticas burguesas relevantes (no marginales, casi testimoniales, como restos del pasado que ya no apoya el grueso de la burguesía, ni su liderazgo). Las políticas de Frente Popular, subordinan a la clase trabajadora a lo que esté dispuesta a aceptar la burguesía o una parte muy secundaria de ella; por consiguiente, siempre atan y limitan a los trabajadores/as a la defensa del Estado burgués y el respeto al capitalismo, conducen al fracaso si el sector principal y con más capacidad de liderazgo de la burguesía acaba decantándose por el fascismo, y siempre desvían al proletariado de las tareas históricas que debe acometer en esta época de capitalismo decadente, en la cual no hay ninguna revolución democrática pendiente y la única revolución pendiente es la socialista-comunista, aunque la burguesía no haya sido capaz de terminar algunas tareas que se propuso en su etapa revolucionaria, por haber dejado de serlo, y renunciar a ellas (por ejemplo, supresión de la monarquía, separación total iglesia y estado, etc.).

SÉPTIMO.- En coherencia con todo lo anterior, es necesario no autoengañarnos pensando que gracias al voto, a las elecciones a las instituciones del Estado (ayuntamientos, comunidades autónomas, parlamento y gobierno central), tenemos la seguridad de poder derrotar a la ultraderecha. No podemos confiarnos porque la ultraderecha y el fascismo esté muy lejos de obtener una mayoría parlamentaria, pues no la necesita para llegar al poder aupado por otras fuerzas de la derecha, del capital, mediante múltiples vías más o menos ortodoxas legalmente.

Los socialistas italianos consiguieron una importante representación en los municipios y en el parlamento italiano, se reconocían derechos de organización (sindical, prensa, cooperativas…) a la clase trabajadora, pero todo eso servía de poco cuando el Ejército y la policía colaboraban con los fascistas (con medios como camiones para transportar de población en población a las milicias de ataque, y dándoles impunidad) en su labor de aterrorizar y destruir las sedes de esas organizaciones populares, incendiar locales y viviendas, maltratar y humillar (haciendo beber aceite de ricino o incluso de motor), apalear y asesinar a sus militantes, incluso a parlamentarios, en una lucha desigual. Aunque sobre el papel todavía estuviese vigente la legislación democrática, y los representantes políticos de la izquierda en ayuntamientos y parlamento tuviesen garantizada su acta y credenciales, en los hechos todo eso era “papel mojado”, pues se imponía el terror fascista, ante la “impotencia”-pasividad-complicidad de la policía y el Ejército de la democracia que siempre parecía verse desbordado por los hechos. La ley obligaba, se imponía y ataba a los trabajadores/as, pero ante los fascistas desaparecía la garantía y protección de derechos y libertades para sus víctimas. Si las organizaciones de trabajadores/as hubiesen practicado sólo una cuarta parte de la violencia fascista, sin duda habría caído sobre ellos todo el peso de la policía y del Ejército “democrático” hasta procurar aplastarlos; pero los fascistas, antes de la toma del poder y durante la “marcha sobre Roma” (octubre de 1922), pudieron imponer su presencia y su ley en numerosos territorios, gozando de total impunidad.

Los fascistas italianos y los nazis alemanes llegaron al poder mediante la democracia burguesa, sus elecciones y gobiernos de coalición, y no necesitaron tener el 51% de los votos (siempre es algo inferior al 51% del censo electoral, debido a la abstención, votos nulos…). En el caso de los nazis, sí consiguieron el 92,2% de los votos en las elecciones plebiscitarias (lista única) del 12-11-1933, cuando ya llevaban diez meses en el gobierno, habían prohibido y aplastado a la oposición y aterrorizado a la clase trabajadora, enviando a sus líderes a los campos de concentración. Pero consiguieron el 33,1% de los votos (menos que el 37,4% del 31-7-1932) en las elecciones del 6-11-1932, las últimas celebradas en condiciones democráticas que ya no se cumplieron en las del 5-3-1933 (tras los decretos presidenciales del 4 y 6 de febrero y la escalada brutal de violencia nazi-policial, agudizada con la ley dictatorial del 28 de febrero emitida con la escusa del incendio del Reichstag el 27-2-1933, sede el Parlamento) cuando consiguió el 43,9% de los votos (no el 51,9% como he leído en una revista de divulgación de historia), pero estando ya Hitler de canciller, desde el 30-1-1933, utilizando los recursos dictatoriales del poder. Y no necesitaron una mayoría de votos pues la derecha y el centro estaban dispuestos a colaborar con el fascismo directamente en el gobierno. En Alemania, las fuerzas burguesas de derecha y centro, rechazaban ahora los gobiernos de coalición con la socialdemocracia, pese a que con ellos habían conseguido debilitar y desmoralizar más a los trabajadores/as por la política socialdemócrata, nada ambiciosa, del “mal menor”. La derecha y el centro no querían hacer concesiones a la clase trabajadora, sino todo lo contrario, arrebatarle derechos reconocidos, así que recurrían a la ultraderecha y el fascismo. Gracias a las diversas maniobras para formar “gobierno estable”, los fascistas y nazis consiguieron apoyos suficientes de los más altos representantes políticos de la burguesía (de la derecha y el centro) y de los aparatos del Estado (militares, policías, jueces…) y, en la sombra, del poder económico capitalista para, partiendo de gobiernos de coalición con la derecha y el centro, alcanzar la cumbre del poder del Estado burgués y proceder a su completa fascistización, y en poquísimo tiempo. Un partido de ultraderecha o fascista puede no entrar en el gobierno y, sin embargo, ser su política la ganadora en la medida en que sus planteamientos son adoptados por otros partidos que sí puedan llegar a implementarlas. Así que la presencia de los fascismos en el gobierno, aunque sea en minoría, incluso aunque no se trate de ministerios clave como el de Interior (policía) Defensa (ejércitos), ya debe ser motivo más que de alarma, pues es una etapa ya avanzadísima en el proceso de fascistización del Estado, aunque siga habiendo conflictos ruidosos entre sus miembros, pues la derecha y el centro acabarán cediendo o rindiéndose. Volviendo al caso alemán, el 23-3-1933 se reunió el Parlamento en una nueva sede (tras el incendio del Reichstag), excluyendo de participar a los parlamentarios comunistas (pese a haber sido elegidos el 5-3-1933 con el 12,3% de los votos), y el Parlamento se autodestruyó al otorgar los más amplios poderes a Hitler, con el único voto en contra de los socialdemócratas que representaban el 18,3% del voto de los electores. Todo el centro (esto es muy importante para no hacerse ilusiones), la derecha y la extrema derecha votaron a favor de Hitler. El 24-3-1933 el gobierno de Hitler decretaba la ley de plenos poderes, prácticamente absolutos para Hitler, eso sí, con cierta apariencia constitucional. Punto final a la democracia burguesa. Repasad las fechas y comprobaréis el ritmo vertiginoso de los acontecimientos.

El voto puede servirnos como herramienta muy secundaria para frenar su ascenso, para ganar tiempo, pero la victoria contra la ultraderecha y el fascismo no depende del voto, sino de nuestra conciencia política anti-capital y anti-Estado, autoorganización (a partir de las asambleas sobre todo), combatividad y autodefensa contra la ultraderecha, el fascismo, y el capital y Estado burgués que están detrás de ellos. La victoria depende de la fuerza política real y no de la formal expresada en un voto. No podemos caer en la sacralización de la legalidad burguesa, de la “sabia voluntad popular” (estúpida y/o manipulada), en el “democratismo cretino”, pues conducen hasta el absurdo de aceptar la subida del fascismo al poder “porque se ha realizado por medios constitucionales”, y sólo querer reaccionar cuando ya es demasiado tarde, pues puede cogernos ya muy debilitados, con pocas posibilidades de acción efectiva (por ejemplo, para una huelga general cuando hay una gran masa de parados y miedo a perder el empleo), y entonces el partido fascista ya dispone, para aplastarnos, de todas las palancas del poder (ejecutivo, legislación, policía, ejército, tribunales, servicio secreto, sus milicias…), el apoyo decidido del gran capital cuando menos, y de gran parte de la “clase media”. Enzo Collotti en su libro “La Alemania nazi. Desde la República de Weimar hasta la caída de Reich hitleriano” (Libro de bolsillo Alianza Editorial, Madrid, 1972, 399 páginas) explica muy bien cómo Hitler, el 28-2-1933 (finaliza el mes, no es año bisiesto), al día siguiente del incendio de Reichstag (Parlamento), aprovechando el suceso, y muy pocos días antes de las elecciones generales del 5-3-1933, publicaba una ley que terminaba de hecho con las libertades civiles y políticas y el poder de las “autonomías” (Länder) del Estado, imponiendo la pena de muerte (era sólo el comienzo de mucho más), todo ello muy legalmente, al amparo del “fatal artículo 48 de la Constitución de Weimar” (página 75), que otorgaba poderes semi-dictatoriales al presidente del Reich, seguramente similar a lo que todas las constituciones democráticas incluyen en la forma de estado de excepción, alarma, sitio, etc., por lo que la democracia pone en manos del fascismo los medios para destruirla. El respeto por la ley es una trampa caza-bobos cuando el contrario la convierte en “papel mojado”, se prepara para darle la vuelta y usarla contra nosotros, violar la ley y crear una nueva legalidad que acabará con nuestros derechos más básicos. Una democracia que puede permitir al fascismo el ascenso al poder, no merece nuestro respeto, pues no es nuestra democracia sino una democracia a la medida de la dominación de la burguesía. Nosotros nos dotaremos de la democracia más amplia imaginable para la clase trabajadora y el pueblo, y de la dictadura del proletariado para impedir la vuelta del capitalismo y su Estado, el ascenso de la contrarrevolución.

Para no equivocarnos con los tiempos políticos, con la verdadera correlación de fuerzas, y relajarnos, debemos tener muy en cuenta que la derrota ante el fascismo no tiene por qué esperar a darse hasta que el fascismo llegue al ejecutivo del Estado y controle todas las riendas del poder. Podríamos estar derrotados desde bastante antes, haber alcanzado el punto de no retorno, y a partir de ahí estar sentenciados aunque el fascismo todavía no esté presidiendo el gobierno. Un gran acto de la clase trabajadora no debe confundirse con el inicio de una escalada, cuando en realidad se trate del último “canto del cisne”. Si caes desde la planta 100 de un edificio, de la 100 a un centímetro del suelo, todavía no estás muerto, durante el largo trayecto puedes gritar, agitar tus brazos y piernas con todas tus fuerzas, nadie te impide hacerlo, nadie te está haciendo daño, pero estás sentenciado desde el momento en que iniciaste la caída. La derrota ante el fascismo no se expresa sólo ni sobre todo en forma de la derrota espectacular en grandes batallas (huelga general de varios días con muchísimos muertos, despedidos, encarcelados, sedes de sindicatos y partidos destruidos, ilegalizados, etc.), sino por no dar la batalla que debiera darse y en el momento oportuno, por dar batallitas en aspectos secundarios y no en el principal, por dispersar las fuerzas en multitud de frentes (“quien mucho abarca, poco aprieta”), por no tener una estrategia adecuada o directamente rehuir el combate. El hecho de no pelear puede disfrazarse de “no caer en las provocaciones”, “no dar pretextos” y puede crear la falsa impresión de que la combatividad (latente) se mantiene y de que “conservamos las fuerzas intactas” (lo decía el PC alemán después del acceso de Hitler a la cancillería el 30-1-1933), pero para ver como se rinden o son aplastadas en el momento decisivo, sin apenas resistencia, aunque seguir luchando en la clandestinidad sea heroico (léase el libro de Nicos Poulantzas “Fascismo y dictadura”, con los datos al final de éste).

Esto es muy importante y nos obliga a estar muy atentos a la verdadera correlación de fuerzas entre las clases sociales, que no es lo mismo que entre los partidos políticos. Por ejemplo, no dejarse confundir por el resultado de las elecciones, pues la fuerza electoral no es lo mismo que la fuerza política, la capacidad de imponer una política. Incluso en términos parlamentarios, un partido con escasos escaños, puede convertirse en una fuerza condicionante a la hora de marcar las políticas de otros (véase la presión de Vox sobre el PP y Cs), de aprobar unos presupuestos del Estado, para formar gobierno, la constitución de un gobierno de coalición, etc. (partidos “bisagra”). De poco sirve tener, sobre el papel, derecho a reunirse públicamente y manifestarse si se renuncia a ello por miedo a las agresiones fascistas (o a la “ley mordaza”), pues si la gente va del trabajo a casa y se queda aislada, no puede empoderarse, adquirir confianza en su fuerza colectiva, comunicarse, cooperar para la lucha común, dar a conocer sus demandas y objetivos y la fuerza acumulada, etc. La lucha antifascista y la revolución no se pueden hacer a base de tuits en las redes sociales.

No tiene ni comparación la fuerza que se necesita movilizar en una persona y colectivo social para votar a un partido de izquierda antifascista (basta ir a introducir la papeleta del voto en la urna sin que esto suponga ningún coste ni riesgo personal) y, por ejemplo, la fuerza que se necesita para hacer una huelga general antifascista que duraría más de un día y que, por ser política, seguramente sería ilegal, con el riesgo de muchos despedidos y detenidos (probablemente muertos), o también hacer grandes manifestaciones de protesta (demostrando la voluntad de luchar y de impedir que la calle sea monopolio de fascistas y policías -“la calle es mía” dijo desde el gobierno, en 1976, el franquista Manuel Fraga Iribarne, luego fundador y líder del PP-) que se enfrenten a los fascistas y a la policía que les ayuda e incluso al ejército que interviene por la declaración de estado de emergencia, etc., al tratarse de una huelga ilegal, de “desórdenes públicos, tumultos”, etc. (véase lo ocurrido en los EEUU a raíz de las protestas por el asesinato por la policía racista del negro George Floyd, el 25-5-2020).

Lo primero, el voto, es fuerza política formal, pero la huelga general y las manifestaciones son fuerza política real. Si la gente sale a votar izquierda, pero no se atreve a salir de casa para hacer manifestaciones o parar el trabajo para hacer una huelga, está totalmente sometida, aunque no esté convencida; pero convencer es una cuestión secundaria para la burguesía y el fascismo, pues lo importante es vencer, como en una guerra contra el enemigo. Afinando más, aunque haya huelgas, si estas son “como siempre”, con motivo de los convenios colectivos, por la subida del salario y asuntos menores, o incluso huelgas generales, pero limitadas a los salarios, o luchas de una espectacularidad radical (“marchas de hambre” de kilómetros pasando por ciudades, enfrentamiento con la policía que las reprime, etc.) pero no radicales en su contenido, sino sólo en las formas, pues no se plantean objetivos políticos claros y que permitan unificar a todos y avanzar (como en España la reciente chapucera lucha contra los recortes sociales sin abordar de lleno la lucha contra la austericida ley LOEPSF y el tratado TSCG de la Unión Europea, cuyo análisis encontraréis en muchos de mis artículos) y no se enfrenta la crisis del régimen político con el ascenso de la ultraderecha y el fascismo, no se están dando las batallas a la altura de las circunstancias, lo que refleja una enorme debilidad. Claro que el análisis de la verdadera correlación de fuerzas entre las clases sociales puede ser muchísimo más complejo y difícil que los brochazos que estoy dando para que se entienda lo que es verdadera fuerza política. Para conocer mejor esto en concreto en el caso de Alemania, véase la obra que más adelante recomiendo de Nicos Poulantzas. Por eso, es un gravísimo error interpretar la polarización hacia la derecha de los partidos de la burguesía y el ascenso electoral de los partidos de izquierda como expresión de que aumenta la fuerza de la clase trabajadora y se va a un enfrentamiento definitivo entre las clases favorable a ella.

Si no hay fuerza política real, a los fascistas les bastará con entrar violentamente en un ayuntamiento y desalojar a golpes a la izquierda, o teniendo representación en el Parlamento, consiguiendo el apoyo de la derecha, cambiar la ley electoral y la representación parlamentaria (reducción artificial de la izquierda), modificar el reglamento, sancionar a los miembros de izquierda, cerrar por un tiempo los plenos y comisiones, convocar nuevas elecciones en peores condiciones para la izquierda, y acabar ilegalizando y expulsando a los de izquierda. En tanto, esta táctica leguleya servirá para entretener y adormecer a la izquierda, para que confíe todavía en que el fascismo se atendrá al orden constitucional, en la posibilidad de apurar la lucha legal y parlamentaria para resistir y finalmente vencer al fascismo (“tal vez en las próximas elecciones”), en recurrir a la ayuda de la policía y de los tribunales (hasta el Constitucional, etc.), en tanto el fascismo afila la hacha con la que les cortará la cabeza, y se prepara para arrasar definitivamente con el movimiento obrero, aprovechando todas las oportunidades y excusas que le vengan a mano, inventándoselas si hace falta, sin el menor escrúpulo (supuestos planes de la izquierda para dar un golpe de Estado, intentos de asesinato de los líderes fascistas, “ataques terroristas”, etc.) y para esto contará con la inestimable colaboración de los servicios secretos, la policía y la judicatura (previa neutralización o depuración de sus miembros sospechosos de resistirse al nuevo régimen). En cuanto a los aparatos sindicales y sus dirigentes, se acogerán a su carácter “laboral, no político”, para intentar sobrevivir colaborando “técnicamente, no políticamente” con el nuevo régimen fascista, hasta que éste, tras alentar sus ilusiones (así los mantiene quietos, sin reaccionar contra el régimen), les rechace y aplaste, para instalar a su propia organización “sindical” que servirá para entregar a los trabajadores, maniatados, al capital (sin derecho efectivo de organización, expresión, ni de huelga, etc.), en tanto antes era un sindicato “amarillo” (velando ante todo por los intereses de la patronal, que procuraba auparlo como el “interlocutor válido”) aunque desplegase algún postureo de lucha para atraer afiliados, dividir y debilitar al movimiento obrero.

Comprender esto nos obliga a no relajarnos ni postergar la resistencia pensando que más adelante siempre habrá una oportunidad para resistir y vencer para, el día en que el fascismo tiene previsto subir al gobierno o imponer lo más importante de su programa, comprobar que somos incapaces de generar la resistencia necesaria para impedirlo, pues el fascismo, con una importante base social de “clase media”, ya ha conquistado el apoyo decidido de la mayor y más importante parte de la burguesía, de la policía y del ejército, y en tanto, nosotros nos hemos ido debilitando cada vez más.

En las décadas de los 20s y 30s, cuando la burguesía sentía la amenaza de una revolución proletaria, una forma de contrarrestar su mensaje era, de modo semejante a crear con Ciudadanos (Cs) el “Podemos” de la derecha (pero esta vez partiendo de un movimiento de masas “popular”), presentarse como otro movimiento también revolucionario, pero popular, nacional, nacional-socialista…, y para ello, acompañando a una muy real violencia y terror contra la izquierda, convenían también ciertas formas de teatralización “revolucionaria” “contra” el Estado.

Este fue el caso de la pantomima de la “marcha sobre Roma” de Mussolini –asombroso el relato de cómo las autoridades civiles y militares, con una excelente predisposición, recibieron a los fascistas con los brazos abiertos, dejándoles “campar por sus fueros” y tomar el poder allí donde estuviesen, sin ofrecer la menor resistencia excusándose en las dificultades, en el grado de violencia necesario y sobre todo en que si aplastaban a los fascistas, resucitaría el comunismo y su amenaza [Angelo TascaEl nacimiento del fascismo” ediciones Ariel, Barcelona, 1969, 405 páginas, enlace a final de éste; Emilio Gentile “El fascismo y la marcha sobre Roma. El nacimiento de un régimen” Edhasa, Barcelona, 2015, 381 páginas], realidad que, aunque se esforzó, no pudo ocultar el fascista Curzio Malaparte en su libro “Técnica del golpe de Estado”, siendo superficiales su comparación con el octubre de 1917 en Rusia, pues si en esa insurrección hubo pocos muertos, al poco tiempo la burguesía reaccionó provocando una guerra civil espantosa y la intervención militar de las potencias capitalistas, cosa que no ocurrió con el fascismo italiano y el nazismo alemán, que gozaron de todo el apoyo de la burguesía y su Estado, e incluso de la comprensión de potencias extranjeras. Y en el caso alemán, tenemos las fantasías de golpe de Estado de algunos sectores nazis poco antes de que nombrasen legalmente canciller a Hitler, festejándolo en Berlín con un gran desfile nocturno con antorchas, a falta de una “marcha sobre Berlín”.

Ahora no necesitan de eso, y su estrategia de conquista del poder, puede ser todavía más parlamentaria y legalista incluso de lo que lo fue con el ascenso del fascismo italiano y nazismo de Hitler. No necesitan obligadamente de un método de ascenso brusco, puede ser por etapas, ganando frente por frente, de un modo insidioso. Podría ser algo parecido a la estrategia para cocer a una rana: si la metes directamente en agua hirviendo, pegará un salto hacia afuera y se librará, pero si la introduces en el agua y la vas calentando poco a poco, habituándose, sin darse cuenta llegará el momento en que se habrá cocido, o que para cuando se percate ya le falten las fuerzas para saltar.

Sin embargo, hay una cuestión a la que debe prestarse especial atención: la impunidad de las agresiones de ultraderecha y de la brutalidad y crímenes de la policía. Si nos resignásemos a eso, estaríamos poniendo la alfombra roja a la dictadura abierta y la impunidad consagrada por la ley (NOTA 8).

En condiciones de peligro de ascenso del fascismo o la ultraderecha, cuando todavía no hay un movimiento proletario fuerte capaz de lanzar a la burguesía un pulso por el poder político y económico, las llamadas a la abstención en las elecciones o en un referéndum puede ser una torpe manera de expresar el rechazo al Estado burgués, facilitando enormemente el ascenso de esa amenaza, pues la reacción no suele ser abstencionista, sabe que votando tiene más que ganar, ya que asegura todavía más tener en sus manos todas las palancas del poder. Sería del género idiota descubrir, al final del día o al día siguiente de una votación, que hemos facilitado que se abra la puerta de par en par al ascenso de la ultraderecha o el fascismo al poder, circunstancia que, sin duda, procurará aprovechar al máximo a la vez que explota a tope todas nuestras debilidades, desorientación y desmoralización, golpeándonos duro una y otra vez, con rapidez, sin dejarnos tiempo a recomponernos y reaccionar, hasta caer noqueados. Más demencial es “jugar con fuego” creyendo que si la ultraderecha o el fascismo debilitan la democracia burguesa (por tanto, fortaleciéndose ellos), de eso, astutamente, podremos aprovecharnos contra el Estado burgués, adelantarles y ganarles la partida, y que por ello puede interesarnos unidades de acción en ese sentido (apoyo a referéndums promovidos por la ultraderecha, etc.). Debilitar la democracia burguesa al modo fascista no es debilitar el núcleo duro del Estado burgués (ejecutivo, policía, ejército, cárceles), sino sobre todo las exiguas garantías para nuestros derechos y libertades. Los comunistas alemanes llegaron a creer que la subida de Hitler al poder era el preludio de su próximo derrumbe con la victoria del proletariado. Véase sobre esto en mi referido “Crisis triple ¿Derrota total y destrucción en este siglo?” y el capítulo “XII La INTERVENCIÓN COMUNISTA en las ELECCIONES en el Estado burgués” de mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016), con enlace al final de este texto.

OCTAVO.- Comprender que el antifascismo que planteo aquí no tiene nada que ver con el populismo, tanto de derechas como de “izquierda”, pues el populismo siempre busca un enemigo en “el otro”, interno y/o externo (ajeno a la “verdadera comunidad” nacional o racial, al pueblo “auténtico”, al “nosotros” puro, etc.). El populismo de “izquierda” tiene tantas debilidades que fácilmente permite pasar a un populismo de derechas. La tentación de una política populista de “izquierda” es, como suele decirse, “pan para hoy, hambre para mañana”, pues a medio plazo su discurso fácil no resiste a la complejidad de la realidad, ni a la ofensiva del populismo de derechas, con su desvergonzado uso de la demagogia, de la mentira, de la irracionalidad, la emotividad. La teoría de la plusvalía tiene la ventaja de que va al meollo del problema en lugar de perderse en los intrincados mecanismos del capitalismo actual globalizado y sus instituciones internacionales, etc. Y mi versión de esa teoría no sólo se ajusta mucho más a la realidad que la de Marx, sino que además, es mucho más sencilla de comprender. Por tanto, no hay necesidad de rebajar lo fundamental del discurso, aunque podamos permitirnos algunas licencias.

La clase trabajadora no es la representación o portadora (träger, el término alemán de Marx) de la verdadera nación, del verdadero pueblo, de la esencia del ser humano universal, o cualquier otro discurso similar, tan próximo a las claves del populismo, colocando el problema fuera de sí, y eliminable como quien se libra de un parásito, de algo que nos contamina.

El anti-capitalismo significa que los trabajadores/as deben ser capaces de reconocerse como clase (“clase en sí” no una simple masa de individuos que se contratan “libremente” o son “autónomos”), pero no deben limitarse a tener una conciencia de “clase para sí” (clase trabajadora contra clase capitalista por el poder económico y político), sino una conciencia de colectivo humano con conciencia “contra sí” mismos en cuanto que clase (no en cuanto que personas o colectivo humano de trabajadores/as) para constituirse en FUERZA SOCIAL, colectivo humano por la creación del colectivo de trabajadores/as libremente asociados. No deben ver su enemigo tanto en el patrón capitalista (aunque puede serlo, y muy peligroso, en muchos casos), como en las relaciones sociales de producción en la que ellos participan por su situación de clase, pues son los productores de la plusvalía y la mercancía. Por tanto, para construir una verdadera comunidad humana de trabajadores/as libremente asociados, deben luchar contra su propia condición de clase y la producción de mercancías, inseparable de la existencia del capitalismo y de su par, la burguesía (sea privada, estatal, cooperativa, “autogestionaria”, etc.). Aunque la amenaza inmediata sea la burguesía y se presente, según el momento, en forma de fascismo, dictadura militar o democracia burguesa, el enemigo principal del colectivo humano que forma la clase trabajadora o proletariado, es su propia condición de clase (inseparable de la de la burguesía y del capitalismo). No se trata de sustituir el patrón individual por el patrón colectivo en forma de Estado (capitalismo de Estado), ni siquiera por el “capitalista colectivo” en forma de autogestión de las empresas productoras de mercancías. El rechazo al sistema asalariado del trabajo no significa el retroceso a la precariedad del trabajo sin contratos o los falsos autónomos, sino su superación en forma colectiva y socializada acabando con el régimen de la producción en forma de mercancías y para el beneficio dinerario. Sobre esto, ver en mi texto «“La sociedad autófaga” de Jappe. Capitalismo y narcisismo» (6-2-2020) – una presentación y comentario extenso del libro de Anselm Jappe, destacado miembro de la corriente llamada de la “critica del valor” (wertkritik en alemán) – https://kaosenlared.net/la-sociedad-autofaga-de-jappe-capitalismo-y-narcisismo/

Como estamos en tiempos de pandemias, recurriré a otro símil. La amenaza inmediata será tal o cual virus o bacteria, pero el enemigo principal serán las deficiencias en los servicios de salud y cuidados (por escasos recursos, recortes presupuestarios por reducción de ingresos gracias a las ventajas fiscales al capital, mala planificación y gestión, etc.), el diferente acceso a los servicios de salud según la clase social (medicina privada que muchos no pueden pagar…), las condiciones de higiene y salubridad de los lugares en los que vive la gente, el estilo de vida de la población, tal vez su debilidad previa por no estar debidamente alimentados, y esto puede llevarnos hasta el sistema social y el régimen político, como las causas últimas de la mayor vulnerabilidad ante el virus. Si no se abordan las cuestiones de fondo (el enemigo principal), será inútil centrar toda la atención y esfuerzos en la amenaza inmediata, estaremos condenados a una lucha en la que nos veremos totalmente desbordados y vencidos.

Si Marx hubiese identificado a la burguesía como el problema, no habría dedicado tantos años de su vida para escribir, y no poder acabar, su obra monumental de análisis, hasta la raíz, del capitalismo (centrado en su faceta económica), esto es, El Capital. Le habría bastado con editar un periodicucho antiburgués similar a los de los nazis contra los judíos, aunque tuviese un fundamento que al nazi le faltaba. Si el enemigo fuese el burgués, como para los nazis lo fue el judío, se trataría de llevarlos a todos a una isla (como los nazis pensaron en algún momento en Madagascar), o de exterminarlos (como finalmente intentaron con la “solución final”). Pero NO ES ESO. El enemigo es el sistema social, el modo de producción capitalista y su Estado, la producción de mercancías con el criterio del beneficio, la existencia de las clases sociales. Y aquí se incluye también, la misma condición proletaria, el trabajador como clase.

NOVENO.- Comprender que esta lucha contra la fascistización en el capitalismo terminal, es también una lucha por las transformaciones psicológicas, personales y colectivas, por la superación de las facetas narcisistas y autoritarias de la personalidad. El rechazo del populismo, el planteamiento del “contra sí” en cuanto que clase, son ya un forma de combatir el narcisismo (“somos estupendos como clase” –e individuos-) y el autoritarismo (“el otro”, el patrón o el inmigrante, etc., es el problema, y al que debemos dominar o eliminar como personas), y no hacerles concesiones que se volverían en nuestra contra.

Al contrario del recurso de la ultraderecha y el fascismo de buscar enemigos internos y externos, y “cabezas de turco”, a los que eliminar, incluso exterminar, el antifascismo anticapitalista ve su enemigo, no en las personas ni colectivos sociales, sino en las relaciones sociales, en la existencia del capitalismo y de su Estado burgués, y por tanto su objetivo real es la creación en la transformación social, y no el fomento de la falta de empatía, del odio y la violencia contra determinadas personas y colectivos para perpetuar las estructuras sociales de injusticia y generación del mal, como hace el fascismo. Para los trabajadores/as conscientes, la clase burguesa y la propia clase trabajadora son un obstáculo a superar, pero lo mismo que eso no les lleva a suicidarse como individuos, tampoco es su objetivo eliminar a las personas integrantes de la burguesía. Aunque entre los burgueses hay individuos narcisistas, psicópatas, sin escrúpulos de conciencia, muy malvados, nunca deshumanizaremos a los burgueses, como sin embargo si han hecho los burgueses, sobre todo los fascistas, en particular con los judíos, eslavos, negros, gitanos, etc., tratándolos como subhumanos, y por tanto no merecedores de su consideración como iguales. Así como no se acaba con la pobreza matando a los pobres, no se trata de acabar con el capitalismo y su Estado eliminando a los burgueses, ni por supuestos a los proletarios. Nuestro objetivo no son las personas, sino las estructuras sociales. Sólo en la medida en que amenazan la vida de las personas y se convierten en agentes violentos de este orden injusto, las personas se convierten en enemigos a los que hay que vencer, por pura legítima defensa. En este sentido no cabe la ingenuidad y el “buenismo” con gente que es capaz de exterminar a inocentes sin el menor escrúpulo ni arrepentimiento, y si sólo entienden el idioma del terror y de la muerte, habrá que dirigirse a ellos en esos términos, para doblegarlos. Bien conocido es el caso de los nazis, su talante y los crímenes horribles y por millones que fueron capaces de cometer y que, de ser posible, deberían haberse evitado, aunque fuese a costa de su muerte. Menos conocido es el caso de los fascistas italianos, de los que autores tan dispares como Angelo Tasca (socialista-comunista), Emilio Gentile (demócrata) y Curzio Malaparte (fascista “civilizado”), nos ofrecen retratos que coinciden en su extrema brutalidad y falta de escrúpulos morales. Pese a todo ello, lo que nos motiva no es el odio ni personal ni social, sino el amor a la vida.

En todo el espectro de la derecha, hasta el fascismo, al ser políticas al servicio de la clase dominante, para asegurar su dominación es fundamental fomentar la sumisión y la obediencia, y para conseguirlo, es preciso encumbrar por todos los medios el principio de autoridad y la jerarquía (supuestamente natural, meritoria, conforme a la ley de Dios, etc.). Hasta tal punto es así que pueden ocurrir cosas muy curiosas, por ejemplo, como que un político de “centro” como fue el presidente negro de los EEUU, Obama, presente un plan de sanidad semi-pública (concertado con las aseguradoras privadas) que originariamente era una propuesta de la derecha republicana, pero ésta, en vez de alegrarse, se ha dedicado a combatir “a muerte” el llamado “Obamacare”, acusándolo de socialista y hasta de nazi, pues para ella lo importante es prestigiar la orientación marcadamente autoritaria y todo lo que contribuya siquiera indirectamente a reforzar otras posiciones que no lo son tanto, debe ser combatido, independientemente de lo que trate el asunto en cuestión, aunque inicialmente fuese propuesto por ellos (leído en el libro de George Lakoff que más adelante menciono, página 447).

La dominación de la clase capitalista no se sirve sólo de los automatismos del capital y la mercancía que provocan su dominio espontáneo (hay que vender el propio trabajo al capitalista si se quiere comer pues no tenemos el dominio de los medios de producción; y otros mecanismos), sino que para asegurarlo, reforzarlo más, sobre todo cuando debe movilizar a sus sometidos a grandes sacrificios personales, incluso la pérdida de la vida (en una guerra) o debe movilizar a otros (por ejemplo “clase media”) para vencer la resistencia y aplastar a otra parte de la población (clase trabajadora), necesita apoyarse también en la estructura de la personalidad más funcional para ello. Ésta es la autoritaria, formateada desde la niñez a partir de la figura paterna (complementada o sustituida en caso de necesidad, por la materna, incapaz de dar un amor verdadero y compensatorio que permita rebelarse) estricta y castigadora, que provoca una interrupción del desarrollo de la identidad autónoma y empuja a la identificación con la figura de autoridad y la escala de poder de la jerarquía (se puede aspirar a ascender y servirse de quienes estén más abajo).

Para esto es importante el ya referido texto «“La sociedad autófaga” de Jappe. Capitalismo y narcisismo» (6-2-2020). George Lakoff en “Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores (Capitán Swing, 2016, 495 páginas) hace una extraordinaria descripción de la mentalidad conservadora (norteamericana sobre todo, pero extensible también en muchos aspectos a la europea y española) y de sus resortes en la personalidad autoritaria a través del “formateo” en la familia mediante la figura del Padre Estricto. En las páginas 444-6 de ese libro, Lakoff subraya la importancia crucial de esto para no seguir alimentando los ejércitos y apoyos de la ultraderecha, y sin embargo, la ceguera de los progresistas, que se dedican a temas concretos muy importantes pero que les llevan a la fragmentación de la lucha y a atacar los efectos y no las causas, que no abordan éste asunto que viene a ser la matriz de casi todo, y por tanto, se condenan a la derrota. Tenemos aquí la necesidad de toda una política defensiva y también preventiva contra el autoritarismo en la familia y en la educación de los niños/as.

Es bastante común en los movimientos fascistas la existencia de un líder carismático. Este factor carismático no se debe tanto a las verdaderas cualidades del líder, como a lo que en él proyectan sus seguidores, pues si les resulta atractivo (aunque a otros les parezca repugnante o ridículo) es porque en él reconocen los rasgos fundamentales o ideales del Padre Estricto, aparte de que su demagogia responda a las inquietudes generadas en sus seguidores por una crisis de la sociedad (económica, política…).

En la influencia del Padre Estricto en la personalidad de muchísimas personas durante toda su vida, estaría la clave de un fenómeno innegable que no se debe atribuir al simple miedo al castigo, ni a la indefensión aprendida o desesperanza o desamparo aprendido (a cuenta de fracasos o castigos continuos en una situación incontrolable que conducen a un sentimiento de impotencia, resignación y depresión tales que incapacitan incluso para reconocer y aprovechar las posibilidades de liberarse de esa situación; libro de Martín E.P. Seligman “Indefensión”; véase https://es.wikipedia.org/wiki/Indefensi%C3%B3n_aprendida , – o en forma de traumas como los provocados con la “doctrina del shock”; los videos de – https://disenosocial.org/indefension-aprendida/ ; https://www.diagonalperiodico.net/saberes/mantra-del-todos-son-iguales-indefension-aprendida-fatalismo-y-disonancia-cognitiva.html ). Creo que se llegar a abusar del concepto de indefensión aprendida llevando a atribuir ese efecto hasta a la persuasión por la propaganda reaccionaria, con lo que toda “comida de coco” a la gente acabaría teniendo ese diagnóstico, y por tanto, ya no serviría para nada un concepto tan extensible, laxo.

Me refiero a una servidumbre voluntaria que no es exactamente la misma que planteaba Étienne de La Boétie (“Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra uno” Étienne de La Boétie, http://habitat.aq.upm.es/boletin/n44/n44-aeboe.pdf ; otro, con comentarios de autores importantes http://tratarde.org/wp-content/uploads/2011/10/Etienne-de-la-Boetie-Discurso-sobre-la-servidumbre-voluntaria1.pdf , idem https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/discurso-de-la-servidumbre-humana.pdf , también otro formato https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/discurso-de-la-servidumbre-voluntaria.pdf ; Iñaki Urdanibia https://kaosenlared.net/etienne-de-la-boetie-y-la-vocacion-de-servir/ y https://kaosenlared.net/el-habito-de-obedecer-y-servir/ ; “El problema del poder en la obra de Étienne de la Boétie” Maximiliano Román https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4970532.pdf .) donde podía haber en sectores de la población una indefensión aprendida ante el tirano (tras arbitrariedades, castigos y fracasos en situaciones sin control).

Hay servidumbre voluntaria real cuando la sumisión es claramente contraria a los intereses de esa persona pues no por ello goza de privilegios, pues está en los escalones inferiores de la jerarquía de la obediencia, no ha sufrido castigos, fracasos, penalidades en situaciones que escapan totalmente a su control, que justifiquen una indefensión aprendida (no confundir con desconcierto, desmoralización, poca confianza en sí mismo que lleva a fracaso, pero de corta duración, y en una esfera limitada de su comportamiento) y podría actuar de otra manera. Esto se puede observar cuando, sin un historial especial de represión y derrotas, personas que por su inmediato interés económico y social debieran votar a la izquierda y tienen perfecto acceso a su mensaje y hasta contacto personal con gente de izquierda, sin embargo votan a la derecha, aunque eso les perjudique enseguida y casi con total evidencia, pues para ellas lo más importante son los valores del “orden”, “disciplina” y la supuesta meritocracia capitalista, que sólo se pueden explicar desde los valores morales del Padre Estricto (Lakoff los explica muy bien). Si bien un comportamiento arbitrario y cruel de Padre Estricto puede tener los efectos de la indefensión aprendida http://www.cetecic.com.ar/revista/pdf/desesperanza-aprendida.pdf, ese comportamiento sería considerado como una aberración por la generalidad de los Padre Estricto, y por eso no podemos confundir el maltrato del primer caso con el hecho de que el Padre Estricto pueda recurrir y recurra a los castigos incluso corporales, pues sería demasiado simplificador reducir la combinación de castigo, disciplina, afecto y cuidados del Padre Estricto, al mecanismo que produce la indefensión aprendida. Lo peor es que nos llevaría a errar en el método de abordaje de la servidumbre voluntaria, pues no es contra los maltratos, los excesos, la crueldad, etc. (contra las que también se rebelarían muchos Padre Estricto), sino contra toda la complejidad disciplinaria pero también afectiva y de cuidados del Padre Estricto.

Esta servidumbre voluntaria tampoco se puede explicar simplemente por la ideología espontánea que surge de la situación de dependencia (hay que vender el trabajo al capitalista para poder vivir y se considera eso como natural) o por el adoctrinamiento ideológico y político desde los medios de comunicación, la escuela, la iglesia, el ejército…, que para ser efectivo necesita también de una vulnerabilidad en el receptor, que es mayor si está “formateado” por el Padre Estricto. Esto es tanto más evidente cuando la trayectoria de las condiciones de existencia de esas personas no difiere de la de quienes sí votan a la izquierda. La diferencia estaría en que han sido más condicionados por el Padre Estricto. Y si me refiero al voto en las elecciones es porque éste, siendo además secreto, no tiene el coste ni los riesgos de una lucha social en cuanto al enfrentamiento a la autoridad, todos nos invitan a votar, nos ponen muchas facilidades, y es una acción y no una actitud pasiva como sí podría ser la abstención resignada de quien, fatalista, piense que su acción no sirve para nada, y por tanto, con el voto se desborda el marco de la depresión y pasividad que se corresponde más con la indefensión aprendida.

Los llamados “conservadores” no son exactamente igual que la ultraderecha o que el fascismo, pero todos comparten la reivindicación del Padre Estricto o la neutralización del Progenitor Atento. La labor realizada por los “conservadores”, “abona” el terreno para que luego florezca la ultraderecha y tras esta, el fascismo.

Los “conservadores” y la ultraderecha han comprendido muy bien dos cuestiones estratégicas fundamentales: la promoción de la imagen del capitalista (“emprendedor”, “creador de empleo”, etc., ocultando la realidad de la explotación, consubstancial al capitalismo, pese a las buenas intenciones del capitalista) y la prioridad a la promoción de los valores del Padre Estricto (por proyección legitimará al capitalista y su Estado) convirtiendo esto en una verdadera cruzada o guerra cultural. En la naturaleza del Padre Estricto está que lo primero es promoverse a sí mismo (más incluso que amarle, se le obedezca; se reconozca su autoridad, en la familia y el Estado y toda la sociedad), cuando en la naturaleza del Progenitor Atento esto no se da pues lo principal es el cuidado de los demás, no imponerse a los demás, y por tanto es mucho menos combativo y reivindicativo de su papel. Por parte de los progresistas, la izquierda y hasta los revolucionarios, lo que ha primado es precisamente el olvido en la prioridad de la promoción de la teoría de la plusvalía y la guerra cultura por la promoción de los valores de Progenitor Atento combatiendo abiertamente, como se hace con un enemigo “a muerte”, los valores del Padre Estricto. Esto es como luchar sin adrenalina en la sangre, y con las dos manos atadas a la espalda ¿nos extraña que nos ganen?. Sobre la primera cuestión debemos volver a Marx, corrigiéndolo; y sobre la segunda, conviene hacer mucho caso a lo que nos enseña Lakoff.

La lucha contra la ultraderecha y el fascismo tiene en la denuncia de la familia patriarcal, de la figura del Padre Estricto en la crianza de los niños, en el trato con los adolescentes, y de su proyección a toda la vida social (la moral y la política basada en el modelo familiar del Padre Estricto), un campo muy importante para debilitar la formación de personalidades autoritarias y la legitimación del capitalismo y del Estado burgués. En apoyo de esto pueden venir también las herramientas de la corriente de psicología humanista llamada Análisis Transaccional (desgraciadamente hoy un tanto olvidada a cuenta de algunas versiones “pop” y la basura del “pensamiento positivo”), iniciada por Eric Berne (“Juegos en que participamos”, “¿Qué dice usted después de decir “hola”? La psicología del destino humano”), y desarrollada con una orientación más progresista por Claude Steiner (excelente “Los guiones que vivimos” editorial Kairós; en Latinoamérica “Libretos en que participamos: enfoque de análisis transaccional al escenario de la vida” editorial Diana), el argentino Roberto Kertész (un excelente manual “Análisis Transaccional Integrado” editorial IPPEM o UFLO), el español Jordi Oller Vallejo (“Vivir es autorrealizarse” Kairós), Ian Stewart y Vann Joine (“AT hoy. Una nueva introducción al Análisis Transaccional” editorial CCS, Madrid). Sobre todo en lo que respecta a la influencia del estado del Yo, llamado Padre (con similitudes con el super-yo o super-ego del psicoanálisis, pero no es lo mismo), en los estados del yo llamados Niño y Adulto, tanto cuando es negativo (Padre Crítico Cerdo, en el Análisis Transaccional; parecido al Padre Estricto de Lakoff) como cuando es positivo (Padre Nutritivo o Protector del AT; parecido al Progenitor Atento de Lakoff). Podéis encontrar materiales importantes en las webs de búsqueda de libros que aporto, pero otros ya no hay manera, sólo de segunda mano, o en librerías. Aunque fue un superventas, no perdáis el tiempo con el libro de Thomas A. Harris “Yo estoy bien, tú estás bien”, pues probablemente os decepcionará sobre las posibilidades del AT.

Claude Steiner se refiere al estado del yo llamado Padre Crítico (muy similar o una faceta desagradable del Padre Estricto de Lakoff), directamente como el Enemigo, pues nos debilita y también nos lleva a hacer daño a otros, y ha creado algunas herramientas para combatirlo, sobre todo en nuestro interior y en las relaciones interpersonales, lo que es muy importante para hacernos psicológicamente fuertes también para enfrentarlo en la lucha social y política (“El otro lado del poder. Análisis Transaccional del Poder Personal” Claude Steiner, editorial Jeder, 2010, Sevilla, 267 páginas).

El psicólogo Arno Gruen (Berlín 1923, Suiza 2008) en su libro dedicado sobre todo a la personalidad autoritaria y más en concreto a los nazis, titulado “El extraño que llevamos dentro. El origen del odio y la violencia en las personas y las sociedades (editorial Arpa, Barcelona, 2019, 267 páginas), en el penúltimo capítulo, titulado “¿Qué podemos hacer?”, nos dice que ante ese tipo de personalidad no sirve de nada la actitud amable, dialogante, comprensiva, empática, etc. Eso sólo consigue transmitir una impresión de debilidad, de claudicación y de reconocer que son ellos quienes tienen razón, y así sólo se puede ganar su menosprecio. Que, sin odio, hay que dejar las cosas bien claras y establecer los límites a su pensamiento y comportamiento, pues el lenguaje de los límites, de la autoridad, es el único que son capaces de comprender bien y respetar, pues es el que les permite lograr un “orden” y equilibrio personal que de otra manera se rompería al no haberse construido desde la libertad y un amor auténticos, respetuoso con el niño/a que fueron. Sólo a partir de ganar ese respeto se podría intentar avanzar más. Algo que se aprende estudiando a la gente que odia (como los nazis) es la importancia crucial que tiene disponer en la infancia del amor de verdad de una madre, algo en apariencia tan poco político pero con una trascendencia enorme en la personalidad y en la deriva o no hacia el autoritarismo y las políticas de odio y criminales.

Hay sectores populares que por su estructura del carácter, su visión del mundo y de lo que es moral y correcto, siguen de modo ambivalente tanto el marco del Padre Estricto como el del Progenitor Atento, y por eso, dependiendo de las circunstancias y la correlación de fuerzas, están dispuestos a ayudar a quienes sólo pueden perjudicarles. Ante ellos, el recurso para neutralizarlos o ganárnoslos, no es ceder a su faceta reaccionaria o su ambivalencia (esto sólo les confirmaría y siempre es mejor el original reaccionario que la copia oportunista), ni siquiera mostrar un listado de reivindicaciones, sino sobre todo una visión del mundo, y unos valores morales que demuestren ser mucho más poderosas y cargados de autoridad, aunque de otro tipo, y ayudarles a que enmarquen los mensajes con el Progenitor Atento.

Todo tenemos el deseo de sentirnos parte de algo, ser aceptados por los demás, por algo mayor y más amplio que nosotros mismos. Esto tiene su raíz en la más tierna infancia, con su indefensión y dependencia total. Pero la necesidad de pertenencia puede ser encauzada de diversas maneras, al modo protector primero y de relaciones entre iguales después, o al modo autoritario dentro de una jerarquía de sumisión-dominación. No es lo mismo sentirse parte, participante en algo, que pertenecer a algo (o alguien) y que a su vez algo (o alguien) te pertenezca (propiedad o lo tratas sin respeto, deshumanizándolo, como si fuese un objeto, etc.). Un grupo de “iguales” no lo es cuando trata a los de fuera como si fuesen inferiores, sin consideración, etc.; ya ha establecido una jerarquía de poder y tenderá a surgir también en su interior. Lo primero está orientado por la necesidad de ser plenamente (no se puede en el aislamiento), y lo segundo por el sucedáneo del tener (y/o ser tenido).

Una personalidad autoritaria puede ser sumisa o dominante, o tanto uno como otro en más o menor medida según su lugar en la escala de poder y jerárquica. Cuando menos pueda dominar y más dominada esté, más insegura de sí misma será, más dependiente psicológicamente de una autoridad (empezando por la identificación con la figura del Padre Estricto), y cuanto más débil se sienta, menos segura para ejercer su libertad con autonomía, y de ahí que llegue a temer una libertad que la entiende como quedar expuesta y sin orientación, y más si ejercerla supone riesgos (fracaso o castigo). La plena libertad en el capitalismo sería la de no vender el propio trabajo al capital, pues no existe el trabajo esclavo, pero entonces nos moriríamos de hambre, por tanto, la libertad tiene en el capitalismo un aspecto negativo claro, de partida. La sensación de inseguridad (el capitalismo sin red), la libertad como abismo (el fracaso, el castigo), genera miedo al ejercicio de la libertad. De ahí que una buena parte de la “clase media” impulse a la ultraderecha y el fascismo cuando la sociedad entra en crisis, pues siempre le promete seguridad, restablecer el supuesto orden natural de las cosas, “ley y orden”. De ahí que si la clase trabajadora es aplastada, unida su inseguridad previa (por sus rasgos autoritarios), a la incertidumbre por las circunstancias de crisis del capitalismo, al sentimiento de impotencia por su derrota, es fácil que sienta como mal menor que, a cambio de renunciar a la libertad (librándose así también del castigo) se le ofrezca una supuesta “seguridad” (dictatorial) con promesas de un futuro mejor (aunque sea a costo del “otro” interior o exterior).

Sigue siendo de utilidad la obra de Erich Fromm El miedo a la libertad (sobre la personalidad autoritaria y el apoyo al nazismo) y “La condición humana actual” (en particular el capítulo IV “El carácter revolucionario” que no es como el “rebelde” de “quítate tú para ponerme yo”). Lo podéis conseguir en https://omegalfa.es/autores.php?letra=&pagina=8 , localizad aquí Fromm, Erich, y también otras obras importantes de él. Una introducción al tema en el artículo de Anastasio Ovejero BernalEl autoritarismo: enfoque psicológicohttp://fgbueno.es/bas/pdf/bas11303.pdf —en El Basilisco, número 13, noviembre 1981-junio 1982, páginas 40-44.

La cuestión de la personalidad autoritaria es trascendental. Casi nadie estará libre de algún rasgo autoritario (siquiera sea en la forma de obedecer cuando no debiera y podría desobedecer; véase los resultados más recientes del famoso experimento de Stanley Milgram). Si la mayoría de la gente tuviese una personalidad autoritaria (el autoritarismo como rasgo dominante), condicionaría hasta tal punto la respuesta a los problemas de nuestra civilización, que nos condenaría.

Los experimentos de Milgram (con sus variantes) y Zimbardo (veremos más adelante), muestran cómo determinadas situaciones que implican obediencia condicionan enormemente nuestro comportamiento y pueden llevarnos a actuar tan mal como nunca lo habríamos imaginado y se podría esperar de nosotros en ese caso, y esto es lo más relevante. Pero también que todas las personas no se comportan igual de mal sometidas a la misma situación y que en esto interviene cómo eran, su disposición personal. Milgram y Zimbardo se preocuparon por seleccionar para sus experimentos a personas normales, y los resultados fueron, inesperadamente, muy malos. Si a una persona muy autoritaria, y a otra muy poco o nada autoritaria (ni dominante ni sumisa), independiente, y muy compasiva, las expusiésemos a la variante más dura del experimento de Milgram (menor contacto personal con el “aprendiz” víctima; mayor proximidad y legitimidad de la autoridad), la primera persona seguro llegaría hasta el final, y aunque la segunda se portaría mejor, es muy probable que su desempeño fuese peor del que habría supuesto, al no explotar todas las posibilidades de desobediencia y abandono que tenía, incluso sin riesgo a consecuencias negativas, pues la situación explotaría al máximo su mínima flaqueza autoritaria y tendencia a agradar (al menos a la autoridad del experimento) conduciéndola a un comportamiento contrario a sus valores.

Pese a las diferentes respuestas, el peligro que pueden suponer determinadas situaciones debe llevarnos a evitar que se formen, pues no podemos hacer depender los resultados de la disposición de los participantes (su personalidad), pues en determinada situaciones los desempeños pueden ser más o menos negativos (dependiendo de la persona), pero nunca buenos, incluso con buenas personas. Personas que en principio nunca harían daño importante a nadie, en determinada situación con presión de la autoridad pueden cometer actos graves contrarios a su conciencia con mucha más facilidad de la que cabría esperar para todos y sobre todo ellas mismas. Como demostraron los experimentos de Lewin sobre el liderazgo (se podrá ver más adelante en un video), un grupo puede ser muy eficaz en sus objetivos recurriendo a métodos democráticos, participativos, que generan relaciones positivas entre sus miembros, sin necesidad de recurrir a métodos autoritarios que además entrañan peligros al provocar relaciones negativas. Como suele decirse, el poder absoluto corrompe absolutamente, aunque quien lo tenga sea en principio una persona cargada de buenas intenciones, pues la tentación de la situación es demasiado fuerte para cualquier ser humano. Como se suele decir, no se trata de que una manzana podrida pudra al resto (el problema sería la disposición individual y la mala influencia), sino de que las condiciones de conservación de las manzanas hace que se pudran todas (el problema es ante todo la situación) aunque unas lo hagan más rápido que otras. Ejemplo extremo y evidente: la guerra no es la mejor situación para desplegar la compasión y el amor, sino para todo lo contrario. Pero hay otras situaciones ordinarias o no, muy ambiguas y tramposas, que son tentadores del mal, y que podrían evitarse.

Por ello debemos estar muy atentos a todo lo que nos proponga la ultraderecha y el fascismo, aunque en sí parezca poco peligroso. El hecho de tener que saludar con el brazo en alto y dando una voz nazi (¡heil Hitler!), aunque no parece empujar a más, refuerza la tendencia a la conformidad (empezando por obedecer eso), y para evitar la discrepancia entre lo que se hace y la imagen de uno mismo (“no soy nazi, pero tampoco soy un farsante”), con lo que se cree (disonancia cognitiva), presionará a cambiar la forma de sentir (“no soy un cobarde, no me someto, lo hago voluntariamente”) y pensar, para pasar a considerar más aceptable el nazismo (“el régimen nazi tiene sus cosas buenas”). Actúa como un fascista durante el tiempo necesario, y acabarás sintiendo y pensando como un fascista; algo parecido les ocurre a muchos actores cuando deben “meterse” en un personaje relevante y lo interpretan durante mucho tiempo; algo parecido les ocurrió a los que en el experimento de Zimbardo hicieron de carceleros.

Si unimos el factor disposición (rasgo autoritario, aunque no sea muy marcado) al factor situación (relación jerárquica, en la que se exige obediencia), el resultado puede ser explosivo, altamente destructivo, incluso más por el factor situación que por el de disposición, hasta parecer increíble (“nunca me habría imaginado semejante resultado”, “nunca creí que yo podría haber caído en eso”), como demuestran los experimentos que se han realizado, incuestionables. Quienes todavía no los conozcáis no entenderéis la trascendencia de lo que os digo. Por eso es imprescindible que os toméis el trabajo de estudiarlos, de las mejores fuentes posibles.

Para ayudar a cuestionar el autoritarismo que encierra el fascismo y la ultraderecha, y también este sistema social y su Estado, debemos divulgar al máximo los experimentos de Milgram y Zimbardo (lo menciono más adelante) y otros, pues son muy serios y ponen en evidencia lo peligrosa que es la tendencia a obedecer a la autoridad y exponerse y respetar la situaciones autoritarias. Esta tarea goza del respaldo científico y sin embargo no se está sabiendo aprovechar. No dejarse embaucar por algunas críticas que se les han hecho pues, cuando se conocen bien los experimentos, demuestran ser irrelevantes dada la importancia de los resultados. Lo que es de verdad reprochable es que no seamos capaces de aprovechar a tope esos experimentos. Esto es mucho más poderoso que tantos discursos temáticos antifascistas. Quienes tengan rasgos autoritarios fuertes y quienes deseen apuntalar el sistema, siempre tratarán de restarles importancia pues saben que esos experimentos de Milgram, Zimbardo y otros, son un torpedo a la línea de flotación de los sistemas autoritarios. Una buena fuente de información para numerosos experimentos, desentrañando bien los mecanismos psicológicos y las técnicas de manipulación que nos hacen tan vulnerables a la obediencia y sus terribles consecuencias es el libro de Philip Zimbardo “El efecto Lucifer. El por qué de la maldad” (Paidós, España, 2008, 676 páginas). Esto se puede combinar sin problemas con la crítica del Padre Estricto de Lakoff y el Análisis Transaccional. Entiendo tan básico y tan crucial este asunto, que me parece que sería de obligado conocimiento para ser miembro de una organización o asociación política y militante antifascista o revolucionaria, también para luchar contra el autoritarismo en su vida organizativa interna; si tradicionalmente, en la formación de un militante, se incluía lo que académicamente se entiende por economía, sociología, historia, política, filosofía…, también debiera incorporarse la psicología cognitiva y la psicología social, que de siempre ha sido un punto flaco del marxismo.

Unamos la disposición, con la situación, en unas circunstancias como las del colapso de esta civilización, y tendréis lo más parecido al apocalipsis. Os remito de vuelta al punto CUARTO.

Sin duda, hay una gran tarea pendiente para la comprensión tanto del narcisismo como del autoritarismo y cómo abordarlos con éxito desde la intervención política, empezando por crear las condiciones sociales más favorables para la maternidad, que no son las del paternalismo patriarcal sobre las mujeres. Sobre esto último ya me expresé en «“La sociedad autófaga” de Jappe. Capitalismo y narcisismo» (6-2-2020). Los/as psicólogos/as progresistas tienen una gran tarea en este campo y debieran hacer un esfuerzo por aportarnos herramientas útiles para comprender e intervenir.

Los psicólogos sociales, la psicología cognitiva, los expertos en comunicación, y ¡los magos del mundo del espectáculo! conocen bien la extraordinaria variedad de métodos para manipular las conciencias y los comportamientos, sin que nos percatemos de ello. Lo ideal sería que quienes nos dedicamos a la lucha por la liberación también pudiésemos identificarlos y supiésemos como combatirlos. Pero como eso sería, seguramente, mucho pedir, al menos debemos saber utilizar dos herramientas muy poderosas que son como las palancas que permiten mover y hacer rodar la roca: la denuncia de la plusvalía y del Padre Estricto.

Pero incluso para mover esas palancas necesitamos no solamente convicción, sino fortalecer nuestro ánimo. Por ello debemos aprovechar todo lo que sirva para hacernos psicológicamente más fuertes. Todo lo dicho en estos diez ejes contribuirá directa o indirectamente a ello. Pero también contamos con algunas herramientas más precisas. Hay algunos libros buenos de Análisis Transaccional, en la parte referente sobre todo a los juegos psicológicos y los guiones de vida, aunque lamentablemente algunos de los mejores ya no son tan fáciles de conseguir (probad en internet). Aunque está enfocado sobre todo al problema ecológico, también es de ayuda “Esperanza activa. Cómo afrontar el desastre mundial sin volvernos locos” de Joanna Macy y Chris Johnstone (Ediciones La Llave, Barcelona, 2018, 323 páginas). Philip Zimbardo tiene un proyecto para la investigación y potenciación del tipo de heroísmo que necesitamos , en inglés Heroic imagination project https://www.heroicimagination.org/ , y relacionado https://www.brightsity.com/ , una explicación en español https://airamvl.com/2013/02/15/psicologia-del-heroismo/ y otra más extensa https://www.psy.co/heroismo-y-el-proyecto-de-imaginacin-heroica.html , un artículo de Zimbardo sobre el heroísmo https://www.institutocultivo.com/altruismo/la-banalidad-del-heroismo/ . Parte de eso ya se encuentra en el capítulo 16 de su libro “El efecto Lucifer. El porqué de la maldad”. Pidamos a los psicólogos progresistas que nos ayuden en este campo y en todo lo que contribuya a la lucha antifascista.

DÉCIMO.- Entender que todo esto se sustenta en una visión del ser humano inspirada en Marx, opuesta a la del liberalismo, la ultraderecha y los fascismos, y recogida en mi reseña y comentario «“Por un futuro brillante” de Paul Mason. Sin capitalismo» (15-3-2020) y en «“La sociedad autófaga” de Jappe. Capitalismo y narcisismo» (6-2-2020) ya referidos. En esta línea, el libro de Erich Fromm “Marx y su concepto del hombre” que incluye los Manuscritos económico-filosóficos de Marx de 1844 y otros de sus textos importantes. Lo podéis conseguir en https://omegalfa.es/autores.php?letra=&pagina=8 , localizad aquí Fromm, Erich.

George Lakoff, aporta elementos importantes que abundan en esta dirección, en particular en la Parte VI de su libro “Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores. Frente al Padre Estricto y su visión corrompida del amor y la responsabilidad, y degradada de la naturaleza humana, debemos poner el ejemplo del Progenitor Atento, en una lucha abierta y explícita de dos concepciones inconciliables de las relaciones humanas, de la crianza de las criaturas, de la naturaleza humana y de la responsabilidad individual y social. Si nuestra especie quiere sobrevivir debe “matar” al Padre Estricto. Es por eso por lo que la obra de Lakoff, y otras similares, me parece una aportación fundamental para esta lucha.

Esto, desarrollado, podríamos llevarlo hasta una elaboración sobre el sentido de la vida humana en el mundo actual, mundo en crisis que cada vez más pondrá en peligro la vida humana y la vida en general, al menos tal como hoy la conocemos. Una vida humana feliz depende -cubiertas las necesidades materiales mínimas reconocidas socialmente- sobre todo de las relaciones humanas, ser aceptado, querido, saber que uno controla su vida, poder dedicarse a tareas significativas aunque sean absorbentes, no tener sentimiento de injusticia y envidia social pues no existen marcadas diferencias sociales, compartir una vida en comunidad en la cual se puede dar y recibir de los demás sin miedo a salir perdiendo o ser abandonados. Cuestiones importantes para saber qué es lo que debemos hacer con nuestras vidas, si limitarnos a sobrevivir, o procurar divertirnos todo lo posible, o intentar tener siempre más dinero, más cosas, más propiedades, mientras consentimos que nos sigan dominando y llevando a la autodestrucción, o si hay algo más, que trasciende nuestra individualidad y pequeño círculo de pertenencia, y a lo que debemos prestar una importancia que hasta hoy no le damos.

También tienen relación con la actitud ante la vida, el gusto por la violencia y su idealización propia sobre todo de los fascistas italianos, a través de los militares desmovilizados tras la I GM que eran incapaces de adaptarse a la paz y la vida civil, y de los jóvenes que hubieran querido participar de la “vida heroica” de esa guerra y veían una oportunidad menor en la violencia fascista, y el resentimiento social y el odio al “otro”, tan propios del fascismo. Hoy no estamos ahí, pero el cine, las películas para la televisión y los videojuegos, frivolizan la violencia y la muerte, y ponen a muchos jóvenes en el punto de vista de un soldado, de alguien que apunta con un arma y la dispara matando a otros. En otra situación y tras algún conflicto bélico (EEUU los tiene con mucha frecuencia), esa cultura de entretenimiento puede ser el caldo de cultivo para la emergencia en la juventud de un modelo de hombre muy similar al de los fascistas italianos, que acompañe a milicias armadas (ya las hay en EEUU) y veteranos excombatientes, que se volverían muy activos en la lucha contra los “enemigos internos de la Nación”.

Hoy más nunca, en la crisis de civilización que amenaza el caos, y con un arsenal apocalíptico, el darwinismo social (la “supervivencia del más fuerte”) y la apología de la violencia y el militarismo (valor, hombría, el uniforme y vida de soldado que “borra” las diferencias sociales, camaradería del frente…), supone conducirnos a la autodestrucción como especie, y a la degradación planetaria. Pese a todos sus inconvenientes y dureza (vivir los animales a costa de comerse los unos a los otros o a las plantas; los parásitos; la enfermedad y la muerte), siendo la alternativa a la vida humana, la no existencia o existencia como entidad inferior (viva o no), nuestra vida merece nuestra gratitud a los progenitores, el reconocimiento a nuestra especie por ser miembro de a ella, a la Tierra y al sistema solar por permitir las condiciones para nuestra existencia, al Universo por evolucionar hasta nosotros… Ligado a esto, reflexiones interesantes -en un libro que también lo es- en el capítulo 9 de “Capitalismo, izquierda y conciencia social. Hacia una renovación del marxismoJosé María Chamorro, edita Gavagai, Sevilla, 2019, 582 páginas bien densas, http://www.gavagai.info/ donde se pueden leer algunas partes del libro; lo que el Análisis Transaccional llama la Posición Existencial del yo ante el tú y los otros, que en el caso de los fachas es: “Yo y los míos somos ok, el resto son no ok y no me importan nada, podemos aprovecharnos o deshacernos de ellos”. Esto es más que evidente cuando el nazi se cree superior sólo por supuestamente ser miembro de la inventada “raza aria”, al punto de sentirse legitimado para el genocidio; o el fascista italiano otro tanto, por su valor guerrero y por supuestamente encarnar los intereses y la voluntad de la Nación ¡nada menos! que nadie mejor que ellos entiende, siente e interpreta y, por consiguiente, tener indiscutiblemente la razón y estar legitimado para hacer cualquier cosa que considere necesaria “por el bien de la Patria”. Así, los primeros exigen a todos el saludo nazi, y los segundos te pueden golpear hasta matarte si, al paso de un puñado de fascistas, no te descubres la cabeza (quitar el sombrero, etc.).

Si en 2050 o más allá pudiésemos mirar al pasado ¿qué pensaríamos que hemos hecho con nuestras vidas para encontrarnos en esa situación que el capitalismo habrá conseguido que sea desastrosa? Si el capitalismo nos conduce a un mundo en el que se impondrá la muerte ¿lo aceptaremos resignadamente por el consuelo de que nos espera la vida eterna o los renacimientos en alguna especie que consiga sobrevivir?, ¿tenemos una responsabilidad ante toda nuestra especie, la que existió, la que podría existir, ante la vida en la Tierra, quizás hasta ante el Cosmos como la única vida inteligente que sabemos ha dado lugar la evolución de la materia; o ante algún dios creador del Universo, si se es creyente? Necesitamos un nuevo sentido de la existencia también como alternativa a las religiones que quieren responder a eso y le dan una salida reaccionaria, muchas veces aliada de la ultraderecha y el fascismo que nos llevarán a la destrucción de lo que ellos entienden como la obra de Dios.

Aunque la ética es un tema resbaladizo por estar demasiado condicionado históricamente por las religiones, por la filosofía idealista, y siempre por los intereses de clase y sus valores, debemos tenerlo muy en cuenta. Los problemas éticos están permanentemente presentes en los actos y decisiones que se toman en las democracias, pues no vivimos en un mundo dedicado a la administración de las cosas (comunismo) en el que los problemas más que éticos fuesen sobre todo técnicos (cómo ser más eficaces y crear procesos más eficientes), sino de relaciones de poder, dominio, entre los seres humanos, entre clase sociales. La burguesía y sus estados, para justificar sus políticas de dominación, de represión y de guerra imperialista, recurren no sólo a buscar justificaciones técnicas y administrativas, o a envolverse en la bandera nacional, la “madre patria”, sino en el discurso moralizante, como en las luchas contra los diferentes “ejes del mal” o “fuerzas del mal”. Porque saben que la ética es también un campo de batalla en la lucha ideológica entre las clases sociales.

Nosotros no seremos capaces de acumular suficiente convicción y determinación para la lucha contra el proto-fascismo y el fascismo (empezando por la lucha contra toda la burguesía), si no comprendemos que esos son la mayor expresión conocida, en la historia del capitalismo, del mal. Aunque también lo hace la democracia burguesa (generalmente con modos más “elegantes” y “civilizados”), el proto-fascismo y el fascismo corrompen al ser humano, sacan de él, para ponerlo en un primer plano, lo peor de nuestra especie, lo más egoísta, los más malvado, lo más contrario a nuestra bondad innata, a nuestra búsqueda de la verdad, el respeto, la empatía, la solidaridad, la justicia, la belleza, la vida, que en las actuales y futuras condiciones históricas pueden llevar pura y simplemente a la autodestrucción de nuestra especie, su extinción. Debemos poner esta cuestión en un lugar destacado o lucharemos en el marco que más le conviene al proto-fascismo y al fascismo, para “pasarnos de contrabando” lo que realmente está en juego. Sin indignación moral, sin repulsión moral, sin condena a la desvergüenza, a la crueldad, no hay resistencia capaz de vencer a los fascismos.

Recordad: los nazis organizaban pequeñas orquestas para tocar música dedicada a quienes conducían a las cámaras de gas tras apearlos del tren en el que habían llegado (mujeres, niños, ancianos, enfermos…); pero no era por compasión, sino para engañarlos de modo que el proceso de exterminio no plantease dificultades a sus asesinos, mera cuestión de eficiencia; pero eso no hacía a los nazis menos merecedores de que allí mismo se les hubiese matado (meterlos en las cámaras para que probasen su “solución final”), sino más, por envolver el asesinato con el engaño, negando a la víctima la última opción de ser consciente de su destino y de resistirse. Juegan con la disonancia cognitiva, lo increíble, lo impensable, lo que “no entra en la cabeza”. Lo que hoy no parece muy peligroso, en el futuro será letal. Así como los negocios son el refugio de muchos ladrones y estafadores, y el patriotismo el de los canallas (envolviéndose en la bandera), los fascismos lo son de los asesinos psicópatas, incapaces de arrepentirse ni de los mayores crímenes. A lo largo de este texto tenéis referencias de sobra para que esto os sea evidente. A todos los que os vengan con el cuento de que “el mundo es así, no tiene remedio”, “es la condición humana, no puede cambiar”, “no hay alternativa”, “¡es lo que hay!” (a ninguna expresión odio más, que a ésta última), ¡que les den! pues, lo sepan o no, aunque no tengan malas intenciones, con su derrotismo colaboran con el mal, por la mayor degradación y autodestrucción de nuestra especie.

Por último. Echo mucho en falta que alguien ingenioso invente un insulto que exprese todo el rechazo, desprecio e ira que suele concentrarse en una expresión tan incorrecta como “hijo de puta”, pero sin caer en el machismo, la misoginia, la homofobia (con “cabrón” no basta en este momento histórico, no da la talla para tanta monstruosidad y la que puede llegar). Necesitamos algo así para poder expresar nuestro sentimiento de repugnancia e ira, y que el otro lo sepa, y si todavía tiene algo de sensibilidad, que le pese y le avergüence. Pues ¿qué podríamos gritar que estuviese a la altura de quienes pueden llevarnos al holocausto? Eso también forma parte del combate moral, de la aplicación de una ética no académica, sino de combate ¡a muerte!.

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Aquí, brevemente expuestas, creo que están contenidas las bases fundamentales para levantar el antifascismo (en sentido amplio) que hoy necesitamos y que impida caer en los errores y fracasos catastróficos de otros antifascismos del pasado. Con estos ejes nos aseguramos dar en la diana, incluso muy cerca del centro de la diana, aunque no tengamos un conocimiento perfecto de la ultraderecha y fascismo que nos toque combatir, y fallemos en algunos detalles. Lo contrario les ocurrirá a quienes conozcan a la perfección alguna de las temáticas de la ultraderecha (racismo, antifeminismo, etc.) y las ataquen efectivamente, pero se equivoquen en las cuestiones centrales aquí planteadas pues, por mucho que peleen, estarán condenados, a la larga, a la derrota, como ocurrió en Italia y Alemania. Sí, seguro que es todavía insuficiente, pero si ni siquiera partimos de esto, ya habremos firmado nuestra sentencia de muerte, por mucho que sigamos peleando durante un tiempo. Queda mucho trabajo teórico y práctico por hacer, y en eso debéis participar todos. Podemos conseguirlo o no, pero al menos no nos hagamos “trampas al solitario”. Más vale ser derrotados permaneciendo lúcidos, que autoengañándonos.

Teniendo presentes estos ejes es como hemos de profundizar en el estudio del variado fenómeno al que nos enfrentamos, pues las diferencias entre las diversas corrientes que atraviesan la ultraderecha, fascismos y nazismos nostálgicos o los proto-fascismos, son muchas e importantes. El fascismo del futuro no se presentará con la imagen del pasado, pues eso facilitaría su identificación y denuncia. Está desapareciendo la generación que tuvo contacto vital con los fascismos previos al final de la II GM y sus nostálgicos. Las monstruosidades del pasado son un lastre totalmente innecesario para que lo deba arrastrar el fascismo del futuro y deberemos responder a las nuevas realidades.

En el detalle, no se puede enfrentar el fenómeno del Frente Nacional francés (FN, Front national, llamado desde 2018, RN por Rassemblement national, Reagrupación o Reagrupamiento Nacional, aunque la Wikipedia lo llama Agrupación nacional) de Marine Le Pen, como si fuese el FN nostálgico de su padre (Jean Marie Le Pen), o confundirlo con lo que es en la actualidad el español Vox (voz, en latín), o tratarlo como si fuese el KKK norteamericano, o los fascistas y nazis originales. Marine Le Pen, muy hábilmente, ha conseguido un importante voto entre obreros y homosexuales, lo que para nada se puede decir de Vox. No será lo mismo el papel que puede jugar la religión en el ascenso del proto-fascismo y del fascismo en un país atrasado como Brasil, o en una potencia como EEUU, que en un país de tanta tradición laica como Francia.

Por eso, aunque la estrategia general sea la misma (los ejes arriba expuestos), la táctica debe tener muy en cuenta sus importantes diferencias, o de lo contrario llevará a un fracaso de la estrategia. Es como si en la guerra se tuviese un plan general, estratégico, brillante, pero a alguien se le hubiese olvidado pensar en el “pequeño” detalle de la munición compatible con las armas, o la necesaria para atravesar el blindaje de los carros de combate (tanques) del enemigo, o no hubiese tenido en cuenta que funcionase bien el sistema de comunicaciones, o que los soldados necesitan comer, beber y dormir todos los días (a poder ser). Pero si esos detalles se resolviesen, no servirían de nada con un plan de batalla y una estrategia general para la guerra, inexistente o equivocada. Y esto último es lo principal, pues sirve para orientar todo lo demás (como qué tipo de armas hay que producir, cómo distribuirlas, etc.), lo que no ocurre en sentido contrario, pues un buen armamento no dicta necesariamente una buena estrategia y táctica, tal vez una equivocada, como cuando sólo se tiene un martillo y parece que todo deba tratarse a martillazos. La estrategia determina la táctica y no al revés, aunque a la hora de trazar la estrategia deban tenerse en cuenta los recursos existentes de partida y estimar los que se puedan llegar a conseguir.

Si alguien cree que podrá identificar fácilmente a los fachas por sus discursos antiobreros, homófobos o antifeministas, puede estar muy equivocado y llevarse una enorme sorpresa, pues su capacidad camaleónica, de adaptar su discurso a cada auditorio (aunque se contradigan sus propuestas), nunca debe subestimarse. Por ejemplo, con motivo de las primeras elecciones generales de la democracia en España (15-6-1977), en TVE emitieron un anuncio de campaña de una candidatura falangista “auténtica”, con un discurso aparentemente más radical que el de algunos revolucionarios de la época y que a muchos podría “dar el pego”, desconcertando a gente de izquierdas que sólo conseguirían distanciarse del mensaje porque estaba firmado por falangistas, no por su contenido; los nazis, hasta poco antes de llegar al poder, agitaban reivindicaciones de nacionalización de la gran banca; ha habido grupos fachas que han pretendido apropiarse de la figura de Buenaventura Durruti, líder anarquista español durante la II República; los nazis, para separar a los trabajadores/as de los comunistas (paso previo para aplastarlos más fácilmente a ambos), eran muy astutos alabando la huelga, pero como arma “apolítica”, sólo por reivindicaciones económicas (por tanto, no contra el fascismo ni el Estado burgués), luego ya se encargarían de prohibirlas también, o de los sindicatos, pero “apolíticos” (para ofrecer sus organizaciones “amarillas” y luego encerrarlos en el sindicato del Estado fascista), y por el movimientismo o sea contra la organización estable de los trabajadores/as (necesaria para la elaboración política y organizar la lucha con cierta perspectiva), con su rechazo de los programas, la teoría, etc., y apología de la “acción” (pues para mantener el capitalismo no hace falta comprenderlo como para conseguir superarlo, y para tomar del poder del Estado burgués con la ayuda de militares y policías, no hace falta construir un alternativa sostenible que pretende superar todo Estado), y por las tendencias espontaneistas violentas, fácil presa de la provocación por parte del Estado y los nazis, y que acercaban a trabajadores rebeldes y confusos a la violencia “anticapitalista” (contra los judíos) de los paramilitares de las nazis SA. En fin, especialistas en explotar cualquier debilidad de los trabajadores/as (todo valía, aunque cayesen en contradicción, adaptándose a su víctima); especialistas del producto político adulterado, de la estafa, de la mimetización, de dar “gato por liebre”.

Y quien piense que podrá identificarlos por su aspecto brutal y ridículo (cabezas rapadas, saludo brazo recto y en alto…), puede encontrarse con la sonrisa y correctos modales de Marine Le Pen. Así que ¡mucho ojo!.

La “prueba del algodón” más fiable está en el factor nacionalismo / internacionalismo proletario. Nunca encontraréis un facha que defienda en la teoría y en la práctica el internacionalismo proletario en términos de unidad obrera por encima de todas las fronteras, continentes, “razas”, diferencias religiosas, etc., y siempre, el nacionalismo (aunque lo llame obrero, popular, socialista, etc.), más o menos exacerbado, anti-inmigración, anti-refugiados, xenófobo, racista… El nacionalismo suele ser el “caballo de Troya” del fascismo para destruir por dentro los movimientos de izquierda y absorber a sus miembros y apoyos sociales; así como el nacionalismo destruyó por dentro la II Internacional obrera y convirtió a sus partidos en agentes del Estado burgués en la clase trabajadora, encuadrándola con la disciplina laboral en la retaguardia y el alistamiento para el frente de batalla, en la matanza de la I Guerra Mundial. Eso no quiere decir que quien no practique el internacionalismo proletario o sea nacionalista, sea necesariamente ultraderechista o fascista. Y sin embargo, tampoco podemos descartar que, en las condiciones europeas de este siglo, surgiese un fascismo de escala europea, pues ya en su día hubo un eje Roma-Berlín, y fascismos pro-alemanes y pro-italianos, pero esta vez estarían más unificados, en consonancia con la integración del capitalismo europeo y sus estados. Sin embargo, esto no tendría nada que ver con el internacionalismo proletario (tanto por sus objetivos como porque el internacionalismo es mundial, no de una escala inferior), sino con el imperialismo europeo con respecto a otras partes del mundo y frente a otras potencias capitalistas.

Obsérvese que la cuestión del estudio concreto de cada fenómeno de ultraderecha o facha lo he colocado al final, pues de lo contrario se corre el riesgo muy grande de que “perdidos entre los árboles, no veamos el bosque”, y caigamos en el tacticismo, en el inmediatismo, en la dispersión de políticas y esfuerzos, incluso en el desconcierto, sin tener una visión general y una orientación común con la cual manejarnos a través de los diferentes obstáculos, giros circunstanciales, y las inevitables mutaciones (como los virus) que se darán en el fenómeno (como ya ha ocurrido varias veces en el Frente Nacional de Le Pen, desde su padre a su hija y los últimos pasos de ella). Esos ejes deben ser nuestro plan de ruta fija, o de lo contrario nos despistaremos enseguida, cayendo en las trampas que se nos tenderán. Pues la historia nos enseña que no debemos subestimar la capacidad de ciertos movimientos fachas para recoger el descontento de la clase trabajadora y apropiarse de temáticas, eslóganes, símbolos de la izquierda y los revolucionarios, para “dar gato por liebre”, confundir, y “llevar el agua a su molino”. El RN de Marine Le Pen es el caso reciente de evolución más sorprendente desde lo facha y ultraderechista (con el liderazgo de su padre) a aproximarse a posiciones de izquierda, tanto en lo económico como en lo social (actitud tolerante ante la homosexualidad, el aborto, el divorcio…), aunque siga siendo totalmente compatible con el capitalismo y el Estado burgués. Es más, una vez en el poder, como se observa generalmente con cualquier partido, veríamos otro giro, pero esta vez a la derecha. En el caso de los nazis, las milicias SA eran su ala más “izquierdista” con planteamientos plebeyos “anti-capitalistas” (demagogia y charlatanería en el fondo) y cuestionando la jerarquía militar (pero para nada el militarismo y la apología de la guerra). Estando ya Hitler en el poder, para servir más fielmente al gran capital y al Ejército, con la ayuda de su milicia personal (las SS), se deshizo de los dirigentes de las SA con una purga sangrienta propia de un ajuste de cuentas entre gánsteres (la llamada “Noche de los cuchillos largos” 30-6 a 1-7-1934), y puso “firmes” a las SA, subordinándolas al Ejército. Previamente, en mayo de 1930, ya había salido del partido Otto Strasser que había publicado la obra titulada “Poltrona ministerial o revolución”, contra la línea posibilista defendida por Hitler.

En el caso del fascismo italiano ocurrió otro tanto, aunque sin llegar a esos extremos de violencia. Y también algo parecido, pero a muchísima menor escala, se puede decir de la Falange española (no llegó a ser nunca una fuerza independiente y dominante como los fascistas italianos y nazis), subordinada al “generalísimo” Franco y a la derecha tradicionalista en el marco del Movimiento Nacional. El “anti-capitalismo” nazi consistió en apoderarse de los bienes de los judíos (demostrando de paso que el “gran capital” judío no era más que una leyenda), a la vez que sometía a la clase trabajadora a una feroz dictadura patronal y la ausencia de los derechos más elementales de autodefensa, convirtiendo Alemania en un paraíso para los capitalistas, envidiado por los de otros países (incluidos los de EEUU).

Una política antifascista estrecha, pensando en términos de grupos nazis, etc., dedicados a la violencia callejera, se vería totalmente desbordada por la verdadera dimensión de la ultraderecha-populista-fascista en sus variantes, que consigue un gran apoyo electoral, que forma parte del continuo de políticas que representan al capitalismo y su Estado (desde la socialdemocracia hasta los fachas más nostálgicos). Por eso, si no queremos que nos cojan cada dos por tres con el “pie cambiado”, nuestra marcha no debe someterse a los vaivenes y giros bruscos de unas corrientes tan camaleónicas y mutantes que, además, saben ganarse aliados o “neutrales” en un amplio espectro político (desde el “trifachito”, al sector del PSOE tan derechista y españolista que parece ser infiltrados del PP), sino que debemos mantener el timón fijo en una política claramente anti-capitalista (para superar el capitalismo, no sólo el neoliberalismo) y anti-Estado burgués (sea su régimen monarquía constitucional, república, dictadura militar, facha…). Con esta estrategia estamos seguros de acertar, pues atacamos a todo el espectro de la política al servicio del capital y su Estado, a la vez que no renunciamos a posibles acuerdos de unidad de acción antifascista,

Nuestra política antifascista no gira en torno al fascismo, ni es sólo un anti, pues nuestro anti-capitalismo y anti-estado burgués no se limita a conservar lo viejo que nos interese, sino que es sobre todo un pro, un a favor de, unas nuevas relaciones sociales de producción, una nuevas relaciones entre los trabajadores/as del mundo (somos los que estamos en la trastienda del mundo de las mercancías), una nueva civilización. Es así como también infundiremos esperanza en un horizonte liberador a cantidad de gente frustrada, asustada, airada, con esta civilización, y pasar de las políticas de odio (enseguida buscan “cabezas de turco” sobre las que descargar su enfado) a las políticas de amor en sentido amplio (empatía, solidaridad, no a la discriminación, cooperar, compartir, etc.).

Es inútil enfrentarse a la ultraderecha y el fascismo del modo que a ella le convendría que hiciésemos, esto es, abordando sus temas (inmigración, nacionalidad, feminismo, derechos sociales, educación, religión, etc.) como si no estuviesen relacionados y abriendo uno las puertas a los otros, a veces casi de modo imperceptible, acabando por producir una reacción en cadena. Esto sería como conducir una guerra planteándosela según la respuesta a dar a cada una de las fuerzas enemigas presentes en los diversos campos de batalla, aquí y allá, por tierra, mar y aire, sin una visión general y a largo plazo, sin una estrategia que identifique la mejor forma de debilitar al enemigo, sacando el mejor partido posible a nuestros recursos, que establezca prioridades, etc. Así se está condenado irremisiblemente a la respuesta reactiva, a la defensiva, y la derrota más completa. Los ejes que he establecido van precisamente en la dirección contraria, tienen una jerarquía y una coherencia global.

Sin embargo, debemos profundizar más. La ultraderecha y el fascismo, por muy irracionales que sean, tienen una concepción general del mundo, de la vida y del ser humano, y de lo que es moral y lo que no, y eso hay que enfrentarlo también explícitamente, exponiéndolo a la luz para que muestre su feo rostro. De ahí la importancia de los ejes noveno y décimo. Pero si queremos que la estrategia sea realmente hábil, teniendo en cuenta nuestras particulares circunstancias históricas, el futuro que se nos puede echar encima, debemos disponer de un marco en el que englobar todo, y eso es lo que he querido aportar con el cuarto eje. A donde quiero ir a parar con esta última reflexión es a lo que apunto en mi texto “Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados”, y la inspiración que hace años tuve leyendo a Lakoff por primera vez. No soy experta en psicología, pero por lo que estoy viendo de ese autor, la psicología cognitiva aplicada a la política creo que puede aportarnos mucho en esta lucha. La prueba está en el libro de Lakoff “Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores”. Lakoff no llega a cuestionar el capitalismo y el Estado burgués pero, lo que él nos dice y su método, se puede aprovechar y llevarlo más lejos. Creo que es importante todo lo referente a los marcos y las metáforas (tratados en sus libros “Puntos de reflexión. Manual del progresista” Península 2008,— —https://translate.googleusercontent.com/translate_c?depth=1&hl=es&prev=search&rurl=translate.google.com&sl=en&sp=nmt4&u=https://web.archive.org/web/20170212023042/http://www.cognitivepolicyworks.com/wordpress/wp-content/uploads/Thinking-Points-BETA1.pdf&usg=ALkJrhhnrgkYd-4nNHH3yquvf8pGQyHu7Q —- y “No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político” Editorial Complutense, 2007). Debemos profundizar mucho más, y conseguir “hilar muy fino”, pues los factores inconscientes, la mentalidad autoritaria, consiguen que mucha gente de la clase trabajadora y sectores populares, contra sus intereses, vacile e incluso acabe tolerando o apoyando a la ultraderecha y el fascismo; así de irracional puede llegar a ser la situación, y no es suficiente abordarla con argumentos racionales, pruebas, etc.

Existe el peligro tanto de sobreestimar como de subestimar la amenaza fascista. Con estos ejes tenemos la ventaja de que siempre implícita y explícitamente estaremos combatiendo también a la ultraderecha y el fascismo, pero de tal modo que minimizaremos el resultado de subestimar o de sobreestimar ese peligro cuando se parte de una orientación estrechamente antifasista que, tanto en uno como en otro caso, nos debilitaría por no combatir a la raíz.

Sí, es difícil, muy difícil, pero si no queremos jugar a perder, hacernos “trampas al solitario”, es lo único que podemos hacer si deseamos tener alguna oportunidad de ganar. A la larga, los esfuerzos en esta dirección nos rendirán mucho más que los realizados en otras más “moderadas” y estrechamente antifascista. Otras vías serán más cómodas, pero desde el principio están condenadas al fracaso final más absoluto; pretenderán ser más realistas, pero en realidad son ilusorias. El pensamiento mágico (explicaciones simplonas y engañosas, soluciones fáciles) tan propio de la ultraderecha y el fascismo para engañar y atar a la gente al capital y su Estado, utilizado por nosotros para defendernos y ganarles, nos lleva a la derrota. No hay atajos, no hay trucos. Más vale invertir nuestro esfuerzo y riesgo en algo costoso pero que al menos ofrece alguna oportunidad de ganar, que echarlo a perder yendo por la vía fácil, creyendo que estamos haciendo algo útil pero que será infructuoso.

VI.- El FUTURO y el FASCISMO

Salvo el dominio, sobre los humanos, de una Inteligencia General Artificial, el peor escenario imaginable ante la crisis de civilización y el horizonte de posible colapso de la civilización capitalista y/o industrial, la escasez de recursos y de la crisis climática que provocarán las hambrunas que invitarán a guerras y genocidios, el uso del armamento nuclear y biológico, el peor digo, sería el fascismo en el poder, con una clase trabajadora aplastada y desmoralizada, con un movimiento de masas enloquecido. Si una crisis económica como la de 1929 creó las condiciones, en aquella correlación de fuerzas entre las clases sociales, para el ascenso vertiginoso del nazismo, la aproximación a una crisis terminal de la civilización capitalista podría desatar todas las angustias, desesperación e irracionalismo de masas necesarios para el ascenso de otra versión del fascismo, y la “moral” y violencia fascista, serían muy útiles para desencadenar todo el terror que considerasen necesario para “salvar a la nación” y sobrevivir en la feroz lucha abierta en un mundo en crisis. Del yo del individualismo burgués, demostrada su impotencia para abordar los retos colectivos, pasaríamos a un “nosotros” restringido (particularmente nacional, étnico…) que en vez de querer resolver los problemas de la Humanidad mediante la colaboración y la solidaridad, buscaría el “sálvese quien pueda” y “nosotros primero”, que llevaría a la lucha de todos contra todos. Esto daría pie a movimientos fascistas de lo más insolidarios y agresivos.

Una distopía de pesadilla que se puede convertir en real aunque ahora no lo creamos. Tan real como la pandemia covid-19 que, poco tiempo antes, la generalidad de la gente en Occidente ni creía que pudiese ocurrir, aunque los epidemiólogos ya sabían que, antes o después, algo así acabaría sucediendo en un mundo tan globalizado, con estrategias productivas como el “stock cero” (para maximizar beneficios) que impide que haya almacenada suficiente provisión de mascarillas, respiradores equipos de protección de infecciones, y otros materiales para proveer en una emergencia como ésta, con importantes deficiencias sanitarias (sobre todo en los países más pobres), y con recortes previos muy importantes en investigación y en la atención sanitaria (para priorizar el pago de la deuda pública), que han impedido que estuviésemos lo suficientemente preparados, y de lo que ya había advertido la OMS aunque los dirigentes de los estados le hagan poco caso y tarde (NOTA 9).

Os remito nuevamente a mis textos referidos y también a “Consciente o no, la inteligencia artificial es y será una amenaza” (12-2-2020) — más pruebas al respecto https://kaosenlared.net/consciente-o-no-la-inteligencia-artificial-es-y-sera-una-amenaza/ y a los que este artículo remite tratando el tema con más profundidad.

Un futuro en el que capitalismo sin duda verá agravarse todos los problemas (económicos, energéticos, medioambientales, climáticos…), también conducirá a tensiones enormes en las relaciones internacionales que podrían acabar con la globalización actual y que, fácilmente, acabarán en guerras con un armamento mucho más poderoso que el de la II GM. Este caldo de cultivo sería, muy probablemente, perfecto para el surgimiento de un movimiento de masas fascista, decidido a aplastar a la clase trabajadora y, al grito de “salvación nacional”, lanzarse a la guerra para intentar resolver sus problemas a costa de otros, en aquellos países que tuviese capacidad económica y militar para ello; en otros, asistiríamos a un movimiento de ultraderecha más tradicional (no menos reaccionario o violento), pero no propiamente a un fascismo con todas sus características esenciales (movimiento de masas, ferozmente antiproletario, violento, nacionalista y expansionista por medios militares, y que para llegar al gobierno explota al máximo todos los recursos de la democracia burguesa pero con el objetivo de acabar con ella).

Esto todavía no podemos combatirlo directamente, pues no ha llegado y menos mal, pues estamos extremadamente débiles. Pero sí podemos tomar medidas preventivas con estas propuestas políticas contra toda la burguesía, toda la reacción, y en particular, el proto-fascismo que, ya con esta situación de crisis a raíz de la pandemia, puede verse reforzado.

Ahora, por si fuera poco drama el enorme número de fallecimientos, morir en soledad, el dolor de los allegados y su complicado proceso de duelo por no haber podido despedirse y sin los rituales habituales (mis condolencias a todos), el confinamiento, el miedo al contagio, la distancia física, etc., a cuenta de la pandemia Covid-19 y la consiguiente paralización parcial de la economía, tenemos una crisis económica, y muy serios problemas para muchísima gente. ¿Cómo afectará esto al ascenso de la ultraderecha y del fascismo?

Las consecuencias económicas y sociales de una pandemia vienen determinadas en gran parte por este orden social que parte de la desigualdad y de la existencia de una clase dominante explotadora. Pero al no surgir de una crisis específica en el funcionamiento propio del capitalismo, es muy fácil que el descontento no se oriente contra el capitalismo mismo, sino por vías que pueden ser reaccionarias y que refuercen el poder de la clase dominante y la debilidad de la clase trabajadora.

Debemos estar muy atentos y actuar rápido. Pero si hubiese un acelerón en el ascenso del apoyo de masas a la ultraderecha y la fascistización del poder, aunque no suban directamente al gobierno los partidos fascistas, lo tendríamos pero que muy complicado dada nuestra debilidad y desorientación de partida. Veo más difícil ahora un movimiento de masas de “clase media” y desclasados, tan masivo, movilizado, organizado y violento como el fascismo italiano y el nazismo alemán. Pero esto no es suficientemente tranquilizador, pues para aplastar a la clase trabajadora, hoy tan debilitada, no haría falta llegar a tanto, pues se compensaría con un poder represivo del Estado burgués muchísimo mayor que entonces, gracias además a las posibilidades de vigilancia con la inteligencia artificial. La gran presencia de los rasgos narcisistas de la personalidad, no ayuda al comportamiento responsable, ni ante la pandemia, ni ante el riesgo de ascenso del fascismo. Además, ahora disponen de una buena excusa “natural” para la crisis y lo que nos quieran colar a cuenta de ella (“no es el capitalismo ni el neoliberalismo el culpable, sino un virus”), aunque su gestión y la de sus consecuencias no sea la misma en una sociedad capitalista que en una socialista, con un Estado burgués, que con un poder de los trabajadores/as.

El fascismo podría subir al poder, no “desde abajo” a partir de un amplio movimiento militante de masas, sino “desde arriba”, con un poder ultraderechista, aprovechando los recursos del Estado, atizando esa movilización fascista, para ganar una base social activa, militante, contra los enemigos internos y externos que se les fijasen. Pero entonces seguramente carecería del empuje, dimensiones y “autenticidad” del fascismo puro (“desde abajo”), pues la “clase media” también acabó viéndose perjudicada por el fascismo en el poder al servicio, ante todo, del gran capital.

EEUU, un imperio capitalista en decadencia económica, pero manteniendo un enorme poder militar, podría conducirnos a una guerra con China (tal vez con Rusia también), y para ello necesitaría atar corto a la clase trabajadora con un poder claramente de ultraderecha. Semejante catástrofe, seguida de la crisis climática y otras, nos llevaría al apocalipsis. Cuanto más débil esté la clase trabajadora (y ya lo está muchísimo), más fácil será embarcarnos, quizás repentinamente, en una guerra con una rápida escalada que cogería a los trabajadores/as sin capacidad para detenerla. Acosados por el miedo y en un intento desesperado por sobrevivir a la destrucción provocada por el enemigo (aunque sea su propio Estado el peor, el más agresivo, el iniciador del conflicto bélico), podrían renunciar a la poca libertad que les quedase, a cambio de “seguridad”, echándose en brazos de “su” Estado burgués, de su policía y ejército, como sus ¡salvadores!.

Una ultraderecha y fascismo negacionista de la crisis climática, como “pirómanos-bomberos” nos llevarían de cabeza a la catástrofe y la mayor crisis de la Humanidad, y entonces lo “resolverían” con la lucha “por la supervivencia” a costa del exterminio de los otros, incluida la guerra en todas sus variantes. Una política que ya cabe denunciarse como “crimen contra la Humanidad” y que por tanto no es una opción legítima en el debate político.

No puedo saber cómo se desarrollarán los acontecimientos. No sé hasta qué punto aprovecharán la “doctrina del shock” (denominación de Naomi Klein) para, a cuenta del trauma de la pandemia y la crisis económica, colarnos de todo contra nuestros intereses. Hay muchas muestras de que efectivamente “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid” nos están metiendo cosas que no tienen nada que ver con la emergencia sanitaria: “lavado de cara” del Estado burgués (especialmente del ejército y la policía), recorte de derechos de expresión o de concentración y manifestación incluso respetando las medidas de seguridad sanitaria -hasta en automóvil-, aplicaciones en el teléfono móvil que suponen un mayor control a través de la inteligencia artificial que si no desaparece con la epidemia, en el futuro podría ser aprovechado por el Estado democrático, el fascista o una emergente Inteligencia General Artificial. Véase este video sobre la actuación policial en EEUU https://www.lasexta.com/noticias/internacional/indignacion-por-la-violencia-racista-de-las-patrullas-del-distanciamiento-social-en-nueva-york_202005085eb5baf2eccaa60001ad89b1.html

Pero una cosa es segura. A cuenta de esta crisis ha aumentado mucho el endeudamiento de particulares, empresas y el Estado. Se disparará el déficit y la deuda pública. Aunque no de inmediato, probablemente volverán a la carga con el asunto del equilibrio presupuestario (déficit estructural cero) y la “sostenibilidad financiera”, es decir, la reducción de la deuda pública, aplicando nuevamente políticas de austeridad. Que a estas alturas, en España se siga sin denunciar lo que yo desde hace años vengo repitiendo, que según la “Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera” (LOEPSF) para el 1-1-2020 (sí, el actual 2020) había que haber bajado la deuda pública al 60% del PIB (NOTA 10) cuando está en el 96% y posiblemente suba hasta el 115%, clama al cielo y demuestra el grado de claudicación, cobardía, incompetencia, bancarrota y ridículo de nuestra izquierda (Unidas Podemos, etc.) y revolucionarios. Una deuda pública al 115% del PIB hace todavía más difícil bajar al 60% PIB para 2030 y algún año más, como establece el Pacto y el Tratado de Estabilidad europeo (TSCG), y si se toman medidas austericidas deprimiendo el consumo y la inversión pública, pueden volverse contra la economía privada. Como Alemania, que partía de una mejor posición por su potencia económica y papel acreedor, ya ha conseguido bajar su deuda pública al 60% del PIB, sin duda presionará a España, Francia (antes de la pandemia, aprox. 100% del PiB), Italia (aprox. 135%), Portugal (aprox. 120%), y esto podría ser un factor decisivo para la desintegración de la Unión Europea que, lo más probable, tendría un carácter reaccionario (no por rechazar la UE del capital, sino por su orientación nacionalista y mayor fraccionamiento del proletariado europeo). Quizás no de inmediato, pero seguramente el año próximo ya querrán imponer recortes en el gasto público, a costa de los empleados públicos (salarios, número de empleados en la sanidad, educación…), -excepto policías y militares- y de las pensiones (más condiciones para acceder a jubilación, recorte en la cuantía de las existentes…).

Si a raíz de las políticas de austeridad impulsadas sobre todo con los acuerdos europeos y legislación española de 2012 se hubiese luchado como tantas veces he explicado y demostrado que era posible (los franceses y portugueses nos ofrecieron numerosas oportunidades para sumarnos a ellos), la eficacia de nuestros esfuerzo habría sido incomparablemente mayor. Seguramente la situación sanitaria general de España y en particular en la comunidad de Madrid (foco principal de la pandemia covid-19 en España), habría sido mejor, pues se habrían impedido muchos recortes y privatizaciones en la sanidad como ya lo explique en su día muy claramente en el artículo “La lucha contra la privatización sanitaria fracasará por no exigir la derogación de la Ley de Estabilidad” (21/8/2013) — http://2014.kaosenlared.net/especiales/e2/indignacion-globalizada/item/66075-la-lucha-contra-la-privatizaci%C3%B3n-sanitaria-fracasar%C3%A1-por-no-exigir-la-derogaci%C3%B3n-de-la-ley-de-estabilidad.html donde ofrecía una estrategia perfecta para vencer; así que también tienen una responsabilidad en el desastre sanitario quieren condujeron la lucha políticamente tan mal y para colmo, a sabiendas, pues no se atrevían a ir hasta donde había que ir y se podía; si no haces lo que debes y puedes hacer, antes o después te pasará factura y es lo que ha ocurrido ahora; y no será porque no lo advertí un millón de veces (todas las pruebas en mis artículos en kaosenlared). No habría subido tanto la ultraderecha en Francia (Le Pen) y aquí (Vox), ahora la correlación de fuerzas serían mucho mejor para nosotros y tendríamos una enorme experiencia para resistir también en estas condiciones. Debemos impulsar en Europa una lucha por encima de las fronteras según los intereses de la clase trabajadora (internacionalismo proletario), o de lo contrario, una deriva nacionalista nos aislará y hará totalmente el juego al ascenso de la ultraderecha-fascismo, como he dicho en el punto segundo de esta propuesta.

Ante esto, sería del género bobo no aprender lo que nos ha enseñado la desastrosa lucha contra los recortes (y las privatizaciones como modo también de recortar, a la vez que de convertir en fuente de ganancia privada) que ha conducido, entre otras muchas cosas, a la alta vulnerabilidad ante la pandemia de la sanidad pública y del sector de cuidados (como las residencias de ancianos); y contra una globalización que absurdamente hace depender de China e India el suministro de recursos tan básicos como los medios de protección sanitarios elementales, y la mayor parte de la producción de los principios activos de los medicamentos. Esta crisis puede provocar un enorme descontento en amplísimos sectores de la “clase media” (autónomos, microempresas) y eso puede dar base social a un movimiento de ultraderecha que pretendería “salir de la crisis” a costa de aplastar la resistencia de la clase trabajadora con la escusa de la “solidaridad nacional” que no toman del gran capital. En Francia podemos esperar un ascenso de Le Pen, tanto por la crisis económica, como por la actitud de la Unión Europea ante la crisis sanitaria y si su solidaridad económica es finalmente escasa. Posiblemente algo parecido se dé en Italia. Y no estamos hablando de dos países marginales, sino de una gran importancia política para Europa y para nosotros en particular. Vuelvo a remitiros encarecidamente a mi balance en “Crisis triple ¿Derrota total y destrucción en este siglo?” (18-2-2020). Si volviésemos a tropezar una vez más en la “misma piedra” estaríamos cavando nuestra tumba definitivamente. Sólo los imprudentes, los insensatos, y quienes no han aprendido de la historia del siglo XX pueden tomarse mi advertencia a la ligera.

Durante el confinamiento, el coste de la “cesta de la compra” (alimentos sobre todo) ha subido mucho en tanto el índice oficial de precios al consumo ha bajado mucho a cuenta del precio del combustible que sin embargo la gente no ha podido disfrutar por las limitaciones de movilidad durante el estado de alarma. En grandes ciudades como Madrid, en numerosos barrios populares, hay largas colas de gente ante los centros de ayuda (no gubernamentales, sino de voluntarios solidarios del barrio, asociaciones de vecinos, ONGs…) que entregan alimentos para ir sobreviviendo. La crisis afectará muchísimo a millones de trabajadores/as asalariados, pero también a cientos de miles de pequeños empresarios y autónomos. Y si ven que no les llegan las ayudas o que lo hacen con un costo demasiado elevado para ellos (intereses, plazo de devolución…), o demasiado tarde, o que deben cerrar su negocio, su descontento puede orientarse contra la democracia y los “privilegios” de los trabajadores/as, cuyos contratos les suponen muchos costos en Seguridad Social o a los que resulta más difícil despedir de lo que les gustaría o porque tienen más garantizado un seguro de desempleo, etc. Esto puede ser un caldo de cultivo perfecto para un movimiento de ultraderecha o fascistizante, si no hay una clase trabajadora capaz de liderar su descontento orientándolo contra el capitalismo y su Estado, lo cual, sin duda, de por sí no es tarea fácil. Por eso son fundamentales las políticas de ayuda que puedan venir del gobierno de coalición PSOE y Unidas Podemos y que, en la práctica, pasen por encima de todos los límites impuestos por la austericida LOEPSF, aunque Unidas Podemos no se haya atrevido a plantear su derogación y su amenaza siga estando ahí en cuanto se pase la situación de emergencia.

Si algo bueno ha traído la pandemia es la de poner en evidencia que han sido las mujeres -componen la mayoría de los profesionales del sector sanitario, de cuidados y limpieza, dependientas de comercio…-, la que han estado en primera línea luchando y sufriendo y que, por eso también, es totalmente injusto querer convertirlas en ciudadanas de segunda a cuenta del antifeminismo, etc. Y que no son buenos los recortes y privatizaciones sanitarios, pues nos vuelven mucho más vulnerables sobre todo cuando surgen situaciones de estrés para el sistema.

Si algo bueno ha traído la pandemia, es que ahora mucha gente joven sabe ya que la vida puede ser todavía mucho más dura de lo que conocía y de lo que temía (no sólo los muy ancianos que conocieron la guerra civil o la II GM, y la época del hambre y miseria, y que ya están desapareciendo), y tal vez empiece a “ponerse las pilas” ante un futuro capitalista sencillamente catastrófico, al que se une lo hasta ahora no conocido: pandemias que pueden ser todavía más peligrosas que ésta y con peores consecuencias económicas. Cada vez será más difícil tachar de “catastrofistas” o “alucinados” a quienes, con fundamento, avisan de los peligros, incluidas las formas de guerra no convencional, como la biológica (difusión de virus y bacterias) combinada con la ciber-guerra que, sin necesidad de pegar un tiro, pondría de rodillas a todo un país provocar una epidemia y a la vez sabotear los sistemas informáticos relacionados con el ministerio de sanidad, y otras infraestructuras básicas; y no digamos la nuclear.

Durante el franquismo conocimos muchos estados de excepción, permitiendo una escalada de la represión y anulación de derechos mínimos. El actual estado de alarma tiene unas características muy diferentes, pero también muestra la fuerza del Estado, cómo puede lograr que la gente se quede en casa sin atreverse a salir de ella, por miedo a la pandemia, por responsabilidad, por tendencia a la obediencia a la autoridad y también a las fuertes multas impuestas por la policía (en España, en dos meses de estado de alarma, casi un 1 millón de multas, por 47 millones de habitantes, una por cada 47 habitantes, multado el 2,13% de los habitantes -no de los adultos, descontando además a los muy mayores que no salen de sus domicilios o residencia de ancianos u hospitales, y a los niños-; más multas que la suma de otros países europeos muy próximos) aunque muchas sean recurridas y al final no paguen. La policía se ha portado de muy diferente manera dependiendo de quién estuviese protestando en la calle, especialmente en el caso de las movilizaciones protagonizadas por la derecha y ultraderecha exigiendo la dimisión del gobierno de España. Por las declaraciones de los parlamentarios parece que en el rico y derechista-ultraderechista barrio de Salamanca (Madrid capital) se han puesto muy pocas multas a quienes se manifestaban sin respetar las normas establecidas por el estado de alarma.

La reacción habrá tomado buena nota del grado de obediencia, sumisión, de la ciudadanía que puede conseguirse agitando un problema real (apelando a la responsabilidad y solidaridad de la gente, y al miedo a las sanciones) y que podría obtenerse también agitando un problema real pero debidamente inflado o directamente falso y bien manipulado. ¡Lo que podría hacer un gobierno fascista! ¡Qué no podría una Inteligencia Artificial General controlando medios de comunicación y redes sociales utilizando miles de robots emitiendo los mensajes convenientes para intoxicar totalmente la opinión de la gente!

Aunque la primera edición es de febrero de 2020, a cuenta del confinamiento, hasta ayer no he visto en una librería el libro de Daniel Tanuro “¡Demasiado tarde para ser pesimistas! (La catástrofe ecológica y las medidas para detenerla)” (Editorial Sylone y Viento Sur, Barcelona, 2020, 159 páginas de letra menuda). Para una reflexión sobre las probabilidades de ascenso del fascismo y sus características deberemos tener muy en cuenta este maxi-problema, pero no puedo abordarlo en esta ocasión.

A la última hornada de jóvenes, a quienes os enfrentáis quizás por primera, pero no por última vez, a estas circunstancias extraordinarias, os pido: no seáis irresponsables como la mayoría de los que os precedieron, y prestad mucha atención a lo que os he dicho pues, de lo contrario, a las generaciones más longevas se nos quitarán las ganas de seguir viviendo, y seremos muy afortunadas al no existir en vuestro horrible futuro.

VII.- OTROS RECURSOS RECOMENDADOS

El fascismo es la mayor prueba del mundo contemporáneo para la Humanidad, pues nos obliga a enfrentarnos a la peor versión posible del capitalismo, del Estado burgués, y de la condición humana, y por ello, a poner a prueba nuestra personalidad, inteligencia y recursos. No podemos enfrentarlo y vencerlo yendo a lucha sin preparación, sin suficiente reflexión y empoderamiento. Debemos estudiar y luchar, luchar y estudiar.

Aunque podría mencionar muchos materiales interesantes sobre el tema, para no dispersar ni extender demasiado el esfuerzo de formación, me centraré sobre todo en aquellos que me parecen más importantes y que a la vez son accesibles fácil y gratuitamente por internet. Descargadlos cuanto antes no sea que alguna web desaparezca.

Para el fascismo-nazismo antes del final de la II GM. El librito de Ernest Mandel “El fascismo” es una excelente introducción al tema pues también hace una crítica de las diversas teorías sobre el fenómeno http://www.anticapitalistas.org/IMG/pdf/Mandel-ElFascismo.pdf con Prólogo interesante ——- también el mismo en https://www.ernestmandel.org/es/escritos/pdf/ernest-mandel-el-fascismo.pdf —- otra https://www.marxists.org/espanol/mandel/1969/fascismo.htm http://www.papelesdesociedad.info/IMG/pdf/ernest-mandel-el-fascismo.pdf —— otra copiada dice de la edición de Akal, con el mismo Prólogo https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/el-fascismo.pdf . Con este librito se obtiene con rapidez una idea general del fenómeno, y sobre todo una orientación correcta a la hora de interpretarlo que permite abordar con mayor conocimiento crítico otras lecturas de historia del fascismo.

La experiencia de la revolución alemana de 1918 ayuda a entender mucho de lo que ocurrió después; ved un texto breve de Fernando Claudín “La revolución alemana de 1918” https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/la-revolucion-alemana-de-1918.pdf . También es importante el libro de Pierre BrouéLa revolución en Alemaniahttps://elsudamericano.wordpress.com/2019/06/11/la-revolucion-en-alemania-por-pierre-broue/ Ver de Broué en http://grupgerminal.org/?q=node/522 , en https://www.marxists.org/espanol/broue/index.htm , y en https://www.elsoca.org/pdf/El%20Partido%20Bolchevique.pdf

La experiencia alemana: la victoria del nazismo El mayor desastre de la Internacional Comunista (IC) (Fernando Claudín, 1970)” https://fundanin.net/2019/04/18/la-experiencia-alemana/#more-2147 — también en https://elsudamericano.wordpress.com/2020/05/31/el-partido-comunista-aleman-frente-al-nazifascismo-por-fernando-claudin/ ambos son del capítulo 4. La crisis política, de la parte I. La crisis de la Internacional Comunista, del libro La crisis del movimiento comunista. Tomo 1 De la Komintern al Kominform (No se publicó un segundo tomo. Del único tomo publicado existe en internet versión en dos partes o volúmenes: https://www.marxistarkiv.se/espanol/komintern/claudin-crisis_del_movimiento_vol1.pdfhttps://www.marxistarkiv.se/espanol/komintern/claudin-crisis_del_movimiento_vol2.pdf —– En https://www.marxistarkiv.se/en-espanol/internacional-comunista

Para unos análisis sobre la marcha, muy detallados y de alto nivel, los de León Trotsky “La lucha contra el fascismo” https://www.elsoca.org/index.php/publicaciones/libreria/2521-la-lucha-contra-el-fascismo o https://proletarios.org/books/Trotsky-La_lucha_contra_el_fascismo.pdf —– incluyendo textos muy posteriores a la derrota, en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1944-00-00-contrafascismo.pdf y lo mismo http://grupgerminal.org/?q=system/files/1944-00-00-contrafascismo.pdf

Un estudio importante, el de Nicos Poulantzas “Fascismo y dictadura. La III Internacional frente al fascismo” (Siglo XXI, varias ediciones años 70s, 427 páginas) https://dlscrib.com/downloadFile/58b35cea6454a79b3ab1f18a pdf con una página por hoja, con la portada de la primera edición en España (1973), aunque luego dentro ponga que es la tercera edición en España, de marzo 1976; https://dlscrib.com/downloadFile/58f6a584dc0d60005fda97e1 pdf con dos páginas por hojas, portada correcta de 1976. Un comentario crítico del libro, por Daniel Bensaid La ambigüedad de “fascismo y dictadura” — http://danielbensaid.org/La-ambiguedad-de-fascismo-y?lang=fr —— Audios sobre Trotsky “la lucha contra el fascismo” (5 partes) — https://www.ivoox.com/podcast-podcast-juan-liev_sq_f1179696_1.html pero es una voz robótica que no resulta agradable de oír.

Un libro sencillo y muy divulgativo, el de Patricia AgostoEl nazismo. La otra cara del capitalismo” (editorial Ocean Sur, colección Historias desde abajo, México, 2008) que la editorial ofrece gratuitamente por internet https://oceansur.com/catalogo/titulos/el-nazismo (otros gratuitos de la colección https://oceansur.com/catalogo/libres ); también desde https://cronicon.net/paginas/Documentos/Nazismo.pdf

Para conocer el ambiente en Alemania antes del ascenso de Hitler al poder, la crónica de su viaje por Alemania de Daniel GuérinLa peste pardahttps://elsudamericano.wordpress.com/2019/03/16/la-peste-parda-por-daniel-guerin/

Sobre el fascismo italiano, https://fundanin.net/2018/12/07/el-fascismo-en-italia/ de Andeu Nin reproduce los apartado III a VII del capítulo tercero del libro Las Dictaduras de nuestro tiempo (1930), réplica marxista al libro de Francisco Cambó, líder de la Lliga Regionalista, titulado Las Dictaduras, publicado originalmente en catalán en 1929. El libro de Nin, completo en https://www.marxists.org/espanol/nin/1930/dictaduras_de_nuestro_tiempo.htm — y https://www.marxistarkiv.se/espanol/clasicos/nin/dictaduras_de_nuestro_tiempo.pdf . Angelo TascaEl nacimiento del fascismo” (de la Italia del armisticio a la marcha sobre Roma) ediciones Ariel, Barcelona, 1969, 405 páginas. https://kupdf.net/download/angelo-tasca-el-nacimiento-del-fascismo-ocred-pdf_58e3f8b4dc0d60311bda9816_pdf

Si se lee previamente el librito de Ernest Mandel, se aprovechará mucho mejor el libro de Robert O. Paxton “Anatomía del fascismo” (Capitán Swing, España 2019, 422 páginas) dedicado sobre todo a los fascismos hasta el final de la II GM, aunque aborda también tiempos posteriores y los posibles fascismos no europeos, con una orientación política bastante buena, y de lectura fácil y agradable, sin faltar por ello a la profundidad.

Neofascismo. La bestia neoliberal” Adoración Guamán, Alfons Aragoneses y Sebastián Martín (dirs.) (Siglo XXI, España, 2019, 287 páginas). Un libro que reúne textos de varios autores sobre la historia del fascismo y sobre sus expresiones actuales, de calidad teórica y política desigual, algunos muy buenos, otros no (a veces ininteligible y de fondo erróneo, ya en el título, “Batallas de la sensibilidad: el populismo como alternativa al fascismo” de Luciana Cadahia)

Aunque es un tema muy especializado, conviene tener la obra de Charles Bettelheim escrita en 1945 en la clandestinidad, cuando todavía no había acabado la guerra en Alemania, titulada “La economía alemana bajo el nazismo” en dos volúmenes. Varias vías para conseguirlo: http://sucia-guerra.blogspot.com/2016/12/la-economia-alemana-bajo-el-nazismo-vol.html —- http://sucia-guerra.blogspot.com/2016/12/la-economia-alemana-bajo-el-nazismo-vol_22.html – volúmenes 1 y 2, el tomo 1. Dad en “Descarga-Mega”, luego en “Descargar”, esperar, arriba del todo, una línea recta del progreso y del tiempo que queda para terminar la descarga. Para abrir el archivo comprimido rar, hay que poner esta contraseña: sucia-guerra. Pero una vez abierto, para no tener que andar metiendo siempre la contraseña, Guardar como, y dejadlo fuera (si quieres puedes volver a comprimirlo por tu cuenta, aunque hay poca diferencia en kb y curiosamente puede ser más pesado el rar). Otra vía: https://www.omegalfa.es/titulos.php?letra=l&pagina=2 localizar aquí por el título, los dos tomos. Sólo la Conclusión del libro, en http://izca.net/2011/01/10/charles-bettelheim-2/

Otros libros en omegalfa, con el buscador https://omegalfa.es/buscador.php buscad por fascismo y nazismo. Hay otros muchos libros sobre el tema que son de gran interés, con profundos análisis históricos y teóricos sobre el auge de la ultraderecha y el neofascismo o sobre Donald Trump. Pero como el libro comentado quiere tener sobre todo una utilidad directa, para inspirar una práctica antifascista y anticapitalista, creo que el más sencillo y útil para conocer y comprender las temáticas y argumentarios que manejan hoy día la ultraderecha, es el libro de Jason Stanley “Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida” (Blackie Books, Barcelona, 2019, 213 páginas), aunque para nada tiene el mismo enfoque político que el libro de Bray, ni ofrece una orientación anticapitalista.

La escritora y columnista política y exiliada turca Ece Temelkuran en su libro “Cómo perder un país. Los siete pasos de la democracia a la dictadura” (Editorial Anagrama, Barcelona, 2019, 269 páginas) no nos ofrece un tratado de teoría política, sino el relato de situaciones y hechos bien encadenados que describen con viveza cómo Erdogan ha conseguido imponer en Turquía una dictadura populista islamista, promocionando un “capitalismo de amiguetes” (¡semejante personaje quería que Turquía fuese aceptaba como un miembro más de la Unión Europea!). La autora es una demócrata progresista antineoliberal que, con su gran sensibilidad humana, se gana la simpatía del lector/a antifascista. El principal mérito de su obra es que, lo pretenda o no, demuestra que no se puede confiar en el Estado burgués democrático, y que la oposición democrática burguesa no dispone ni del arsenal teórico, ni político, ni moral, ni organizativo, ni de métodos de lucha, para impedir el ascenso de un régimen así, pues frente a “guatepeor” sólo es capaz de ofrecer “guatemala”, y para colmo sin el sentido de “gran causa”, “identidad”, etc., que es capaz de crear un movimiento de ultraderecha populista, aunque en realidad no sea más que cháchara que oculta el ansia de riqueza y poder sobre los demás. Y como nos muestra los paralelismos que ya se están dando en las democracias “consolidadas”, nos ofrece pistas para reconocer lo que también por aquí puede llegar a emerger y “comernos por los pies” antes de que seamos capaces de reaccionar, si es que seguimos tan desorientados políticamente.

Espero tener la oportunidad de leer detenidamente otros libros y comentaros algo sobre ellos o simplemente recomendarlos. Pero quiero adelantar uno, pues nos toca muy de cerca: “La emergencia de Vox. Apuntes para combatir a la extrema derecha española” de Miguel Urbán (Syone –Viento Sur, colección Crítica & alternativa, Barcelona, 2019, 183 páginas), aunque en la cuestión de las alternativas es muy pobre, y sobre todo en el balance y la autocrítica por la política que el grupo Anticapitalistas y Podemos (al que pertenece o pertenecía hasta hace nada Miguel Urbán) e Izquierda Unida, entre otros, han llevado (en particular con respecto a las políticas de austeridad europeo-españolas, o el nacionalismo catalán), contribuyendo, directamente, a nuestro retroceso, e indirectamente, al ascenso de la ultraderecha, y que he abordado sobradamente en mis textos, en particular en el ya referido “Crisis triple ¿Derrota total y destrucción en este siglo?” (18-2-2020). Véase mis críticas a Unidas Podemos y Anticapitalistas en “Unidas Podemos al gobierno. Derrota social e integración en el Estado” (22-2-2020) ya referido.

Sobre la Segunda Guerra Mundial, imprescindible el libro de Ernest Mandel “El significado de la Segunda Guerra Mundial” Con prólogo de Enzo Traverso (libro de 1986, editado en España, por Viento Sur y La Oveja Roja, en 2015, 272 páginas, descarga gratuita https://www.vientosur.info/IMG/pdf/mandel-c-2.pdf Mi principal objeción es la de caracterizar como guerra justa la conducida por la URSS (pese a la denuncia del estalinismo hecha por la corriente trotskista a la que pertenecía Mandel). La URSS ya era, con el estalinismo y su terror, una sociedad de Capitalismo de Estado, una dictadura sobre el proletariado. Justa era la guerra contra a esclavización, el terror y el genocidio por parte de los nazis contra judíos, eslavos y cualquier resistencia. El problema es que en esas circunstancias ¿cómo luchar contra el nazismo aparte del Estado “soviético”, sin apoyarle, sin dejarse utiliza por él? Es el drama de partir de una derrota y aplastamiento del proletariado a la hora de tener que afrontar semejante tragedia. Comprender los problemas de la guerra, tan complejos, ayuda a la mente para el pensamiento estratégico y táctico en la política.

Siendo de otra orientación trotskista, no parece compartir el mismo problema político que el de Mandel el libro de Chris BamberyHistoria marxista de la Segunda Guerra Mundial” (Ediciones de Pasado y Presente, Barcelona, 2015, 445 páginas), muy recomendable aunque más convencional en su planteamiento (cronológico y por países), pues se trata de un libro de historia, no de un ensayo sobre los diversos asuntos implicados en la guerra, como el de Mandel.

Sobre el holocausto judío, las 8 partes del monumental documental “Shoah” (1985) de Claude Lanzmann https://zoowoman.website/wp/movies/shoah/ – el film “El hijo de Saúl” (2015) https://gloria.tv/post/iQDEc4HFjGbN2yqfMNgoW4jHp -el film “La Lista de Schindler” (1993) https://gloria.tv/post/MeexWeFA8qHt3tUoatbw2BNMN , el film “La zona gris” (2001) https://gloria.tv/post/soWDWbAAiasd1Bn9TaB3Tobjn

Sobre el internacionalismo proletario, resulta muy difícil encontrar textos y libros específicos de calidad, además en internet. Por si fuera poco problema, hay que leerlos con un espíritu muy crítico que sólo puede venir de un conocimiento muy profundo de la historia de las luchas de la clase trabajadora y de las organizaciones y partidos que se han reclamado de ella, de servirla. Pero como es mejor algo muy cuestionable que nada, al menos por cierta información que pueden aportar, se puede leer el libro de Annie KriegelLas internacionales obrerashttp://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/las.internacionales.obreras.pdf ; el del trotskista boliviano G. LoraLas cuatro internacionales” que incluye, desde su particular perspectiva, a la IV Internacional (trotskista), https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/historia-de-las-4-internacionales.pdf figura como “Historia de las 4 internacionales” en https://omegalfa.es ; también ahí “Historia de las internacionales obreras” de Varios autores, enlace directo https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/historia-de-las-internacionales-obreras.pdf ; también por el buscador https://omegalfa.es/buscador.php buscad por internacional. Otro http://www.anticapitalistas.org/IMG/pdf/Jaumandreu-LaTerceraInternacional.pdf . Aunque tiene una orientación socialdemócrata, es conveniente disponer para consultas de la obra clásica, de 7 tomos, de Cole, George Douglas H. Historia del pensamiento socialista” que por el nombre del autor se localiza en https://omegalfa.es/autores.php?letra=&pagina=5 . Para compensar los puntos de vista, una orientación diferente sobre el caso alemán durante un tiempo, en un libro muy especial, el de Jean Barrot y Denis AuthierLa izquierda comunista en Alemania (1918-1921)” editado en España por Zero-Zyx en 1978, 467 páginas), en https://bibliotecacuadernosdenegacion.blogspot.com/2018/06/la-izquierda-comunista-en-alemania-1918.html dad al título iluminado en rojo y lleva al sitio de la descarga http://www.mediafire.com/file/brvy79tzko42bpp/Dauve_1978_La_izquierda_comunista_en_Alemania.pdf/file también en https://elsudamericano.wordpress.com/2020/05/30/la-izquierda-comunista-en-alemania-1918-1921-por-jean-barrot-y-denis-authier/ (descarga con Mega, ved arriba del todo la línea del avance de la descarga). . Sobre el mismo tema “La revolución débil. Rusia, Alemania 1917-1923. Causas y consecuencias. Lucha de clases, organización proletaria y comunistahttps://edicionesinterrev.wordpress.com/2018/04/11/la-revolucion-debil-rusia-alemania-1917-1923-causas-y-consecuencias-lucha-de-clases-organizacion-proletaria-y-comunista/ . Los documentos de los 4 primeros congresos de la Internacional Comunista en http://grupgerminal.org/?q=node/198 y descarga http://grupgerminal.org/?q=system/files/4Primeros3Inter.2%C2%AAedic_0.pdf , también https://www.elsoca.org/pdf/libreria/Los%20cuatro%20primeros%20congresos%20de%20la%20internacional%20comunista.pdf . En la edición de Cuadernos de Pasado y Presente, en dos tomos los cuatro primeros congresos: el tomo 1 https://socialismorevolucionariobolivia.files.wordpress.com/2015/07/1-los-cuatro-primeros-congresos-de-la-internacional-comunista-primera-parte-cuadernos-pyp-43-ocred.pdf , el tomo 2 https://socialismorevolucionariobolivia.files.wordpress.com/2015/07/2-los-cuatro-primeros-congresos-de-la-internacional-comunista-segunda-parte-cuadernos-pyp-47-ocred.pdf?fbclid=IwAR35–8d1afkAOwEKYxqH7qV9aV7KQR9tQw3AeVvkYReTrqVVPSzGVyl7Nk

Sobre la espontánea tregua de Navidad de 1914, confraternización entre soldados enemigos en la I GM https://www.documaniatv.com/historia/primera-navidad-en-las-trincheras-video_14c1ac4fd.html ; otro documental “Milagro de Navidad en la Primera Gran Guerra Mundial” https://www.youtube.com/watch?v=RFeUPFSIRT8 ; https://www.rtve.es/noticias/20141224/manana-no-disparais-nosotros-tampoco-100-anos-tregua-navidad/1065940.shtml ; el flm Joyeux Noël (en España: Feliz Navidad, en México y Argentina: Noche de paz) 2005, director Christian Carion, interprete Diane Kruger https://gloria.tv/post/2Dw7MA14mxyp1r9vqpGjcw9Mz , una escena https://www.youtube.com/watch?v=EHYAembXaAY “El día que la Navidad ganó la guerra – tregua de 1914” ; escena en el film ¡Oh, qué guerra tan bonita! (Richard Attenborough, 1969) — https://www.filmaffinity.com/es/evideos.php?movie_id=418932 o “Oh what a lovely war! Christmas Truce” https://youtu.be/fHObCL2luMw ; de otro film, con partido de fútbol https://www.youtube.com/watch?v=fkyn7eeEDpc Merry Christmas – Tregua di Natale ; documental corto “La tregua de Navidad” https://www.youtube.com/watch?v=neX6YrqeKxE ; otro pequeño “La tregua de navidad – El día que se detuvo la 1era Guerra Mundial | Saimsboy” https://www.youtube.com/watch?v=N_KDXo_JujY ; de un informativo “100 años de la tregua de Navidad de 1914 donde ambos bandos jugaron un partido de fútbol” https://www.youtube.com/watch?v=JjxJLEjzpk0 ; otro corto “El fútbol salvó la Navidad” https://www.youtube.com/watch?v=C-ZZHDV_eJc ; con bastantes fotografías https://www.youtube.com/watch?v=DXp-aufFAtk “La apasionante historia de la Tregua de Navidad de 1914 – Primera Guerra Mundial (navidad 2018)”;

Sobre la personalidad de derechas, autoritaria y fascista, además de textos clásicos recomendados en otros de mis artículos, creo que hay muchísimo material para ayudarnos en la intervención política, en estos libros: Arno Gruen “El extraño que llevamos dentro. El origen del odio y la violencia en las personas y las sociedades (editorial Arpa, Barcelona, 2019, 267 páginas). George Lakoff “Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores (Capitán Swing, Madrid, 2016, 495 páginas). Los/as psicólogos/as progresistas tienen una gran tarea en este campo y debieran hacer un esfuerzo por aportarnos herramientas útiles para comprender e intervenir.

Ya hay libros, y aparecerán más, dedicados a abordar las temáticas, los “caballos de batalla”, de la agenda publicitada (no la oculta) de la ultraderecha y fascismo. Sin duda aportarán información relevante y muy útil para poder afinar nuestra defensa y ataque a los casos específicos. Sin embargo, existe un gran peligro sobre el que he venido alertando una y otra vez: la dispersión de nuestro esfuerzo por conocer los árboles particulares pero no comprender la ecología de ese bosque y su relación con el resto del medio natural, lo que sólo puede conducir al desastre. Para evitar caer en ese error se ha convertido en imprescindible comprender la totalidad, la globalidad del problema, mediante la teoría de los marcos, las metáforas, de los dos tipos de modelos familiares de Padre y su proyección a toda la sociedad, esto es, el libro de George Lakoff “Política moral. Cómo piensan progresistas y conservadores”, aunque Lakoff, en cuanto al capitalismo y el Estado burgués, sea lo que en Europa equivaldría a un socialdemócrata de izquierda, pero esta debilidad es fácil de superar con una orientación marxista, comunista, sobre el resto de las cuestiones.

Algunos libros de análisis transaccional se pueden descargar en internet, pero no es fácil (ver en las webs que señalo al final). Pero todavía se puede la Revista de análisis transaccional y psicología humanista de la Asociación Española de Análisis Transaccional (AESPAT) (http://www.aespat.es/ ) https://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=12611 se pueden descargar los número de 2008 a 2014. Rafael Saéz Alonso “Los Juegos Psicológicos según el Análisis Transaccional. Dos nos juegan, si uno no quiere” que también sirve como introducción general al AT, preguntad en google por este título y ved la dirección serproductivo.org ; Eric Berne “¿Qué dice usted después de decir “hola”? La psicología del destino humano” https://archive.org/details/QueDiceUstedesDespuesDeDecirHolaEricBerne/page/n1/mode/2up , pdf —https://ia800607.us.archive.org/25/items/QueDiceUstedesDespuesDeDecirHolaEricBerne/Que%20dice%20ustedes%20despues%20de%20decir%20hola-%20Eric%20berne.pdf .

Nuevamente está disponible en el mercado un libro fundamental sobre el tema de la obediencia y la autoridad y sus consecuencias, una obra maestra, con base científica, experimental, el de Stanley Milgram ”Obediencia a la autoridad” (Capitán Swing, Madrid, 2016, 296 páginas). Su plena vigencia la demuestra un experimento espectacular (por lo extraordinario y al ser un espectáculo en sí mismo) tan reciente como el realizado en 2009 en Francia, un país de lo más democrático para los parámetros burgueses y con los sindicatos más fuertes de toda Europa. No es Corea del Norte, ni Irán, ni Turquía, ni la región española de Murcia donde en las elecciones generales de 10-11-2019 la derecha del PP (26,51%) y la ultraderecha de Vox (27,99%), sumaron el 54,50% de los votos ¿qué resultado habría tenido allí este experimento?, mejor no saberlo. El experimento adoptó la forma de un falso programa piloto de un concurso (con participantes y mucho público que desconocían que era un experimento) para la televisión francesa llamado “La zona extrema” (La zone Xtreme), que dio lugar al documental “El juego de la muerte” (se puede encontrar en Youtube, y también en https://www.documaniatv.com/social/el-juego-de-la-muerte-video_dba6c9925.html subtitulada la parte del “concurso”, resto doblado al castellano; y https://gloria.tv/post/Y7bhd4mZZ9EJ2qrm7nA1ZhwPT de tve2 todo doblado), versión modernizada de los experimentos sobre el tema que hizo en los años 60 Stanley Milgram. Teniendo en cuenta el aura de autoridad que puede tener la presentadora-guía de un concurso de televisión comparado con quien pasa por doctor en un experimento anunciado como científico, el resultado del “concurso” es mucho más desolador que los experimentos de Milgram realizados en una época más autoritaria que hoy. Esto es una llamada de atención al potencial de conformidad existente hoy en el que podría apoyarse la ultraderecha y el fascismo. Es una muestra de hasta qué punto el mal puede ser banal (no causado por una persona malvada, sino por una normal, como yo o tú mismo/a) si está por medio la obediencia incluso a una figura leve de autoridad, y a lo que se podría llegar con el fanatismo de ultraderecha y fascista con su disciplina autoritaria, sobre todo si se teme que la alternativa sólo puede ser la desintegración y el caos social (muy probable en la crisis terminal del capitalismo o en el colapso).

Dicho experimento televisivo fue asesorado por el psicólogo social progresista Jean-Léon Beauvois, autor del “Tratado de la servidumbre liberal. Análisis de la sumisión” (Editorial La Oveja Roja. 2008, 272 páginas, prologado por Slavoj Zizek http://www.laovejaroja.es/zizek-TSL.htm ; de paso, interesante leer “Propaganda mediática. La propaganda oscura y la fábrica de las opiniones de base” de Jean-Léon Beauvois, http://www.laovejaroja.es/propaganda.htm ) cuyas conclusiones son también importantes. Sobre Milgran y sus experimentos, existe el film “Experimenter. La historia de Stanley Milgram” (2015, director Michael Almereyda, intérpretes Peter Sarsgaard, Winona Ryder) https://zoowoman.website/wp/movies/experimenter-la-historia-de-stanley-milgram/ . Le dediqué al “concurso” un extenso análisis en “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” (29-3-2016), http://kaosenlared.net/tu-enemigo-esta-en-ti-mirate-en-este-espejo-una-clave-de-lo-que-nos-pasa/ .

También es de extrema importancia la relación del mal con la situación de tipo desigual, autoritario y/o discriminatorio, y el rol o “papel” a ejercer que saca lo peor de nosotros mismos, sobre todo si nuestra mente está formateada por el Padre Estricto (o en la medida que tengamos rasgo autoritario; no digamos si previamente ya se es un psicópata o sádico). De aquí la importancia de lo dicho antes de que no debemos aceptar ese tipo de situaciones, aunque afecten a minorías, pues su efecto corruptor puede ser enorme y también su capacidad de “contagio” para extenderse a otras facetas de la existencia. Recordemos aquello de “Primero fueron a por los moros, sudacas y negratas…; luego a por los maricas y las tortilleras…; luego a por las feminazis…; al final vinieron a por mí, pero ya estaba solo”.

Sin duda seguirán vigentes también los factores situacionales como los que permitieron el terrible experimento en 1971 de Philip Zimbardo de la “cárcel” de la universidad de Stanford (EEUU), con un abyecto comportamiento de carceleros y presos voluntarios, como lo demuestra lo que ocurrió en 2003 en la prisión de Abu Ghraib (Irak) a manos de los militares-carceleros norteamericanos. Por ello es también de lectura “obligada” el libro de Philip Zimbardo “El efecto Lucifer. El por qué de la maldad” (Paidós, España, 2008, 676 páginas), donde explica también otros importantes experimentos; una web en inglés un tanto abandonada http://www.lucifereffect.com/https://elefectolucifer.blogspot.com/2009/05/el-experimento-en-la-prision-de_10.html . Sobre el experimento en Stanford, en el programa Redes (tve) del fallecido Eduard Punset, entrevista a Zimbardo en https://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-pendiente-resbaladiza-maldad/736047/ también https://www.documaniatv.com/ciencia-y-tecnologia/redes-la-pendiente-resbaladiza-de-la-maldad-video_658d0e721.html , también https://www.youtube.com/watch?v=UwmuvCytcd4 , y audio en https://www.ivoox.com/redes-54-la-pendiente-resbaladiza-la-audios-mp3_rf_8870441_1.html

Inspirada en el experimento de Stanford se hizo una película de ficción titulada “Das experiment” (El experimento), dirigida en 2001 por el alemán Oliver Hirschbiegel (basada en el libro The Black Box publicado por Mario Giordano), https://zoowoman.website/wp/movies/el-experimento/ . De la que se hizo un remake en EEUU titulado “El experimento – The Experiment” (2010) dirigida por Paul Scheuring, interpretada por Adrien Brody, Forest Whitaker, Maggie Grace https://zoowoman.website/wp/movies/el-experimento-2/ . No he podido localizarla, pero en 2002 la BBC emitió la serie documental producida por ella misma, titulada The Experiment, a partir de una experiencia inspirada en la de Stanford, y que también hubo de interrumpirse por sus riesgos para los participantes; polémica con Zimbardo. Véase https://en.wikipedia.org/wiki/The_Experiment y referencia sobre la polémica Visión crítica de la explicación de la tiranía basada en los roles pensando más allá del Experimento de la Prisión de Stanfordhttps://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1018542 , aunque no es accesible el documento en internet.

Este documental de Zimbardo resume los experimentos sociales con mayor prestigio a día de hoy. Se trata de los experimentos de Lewin, Asch, Milgram y Zimbardo, en el que nos muestran, cómo somos los seres humanos moldeados por la situación y el contexto que nos rodea. (Obediencia ciega, Autoridad, Liderazgo, Conformidad y la Dependencia situacional) https://www.documaniatv.com/social/el-poder-de-la-situacion-video_b51626aeb.html

Muy revelador es también el experimento “una clase dividida” realizado en una escuela de primaria con niños/as de ocho años por la profesora Janet Elliot en 1968 (en Riceville, pequeño pueblo de población blanca en el estado de Iowa, EEUU) y repetido alguna vez más, — corto video de los hechos con un comentario final de Zimbardo https://www.dailymotion.com/video/xg1ojy — el documental completo y el reencuentro con los alumnos en 1985, más el experimento aplicado al personal encargado de una prisión, doblado al español y de visión “obligatoria” https://www.youtube.com/watch?v=7JEwKNsIDBQ — también en https://vimeo.com/142080456 —- https://archive.org/details/vimeo-143642417 ; artículos https://redsocial.rededuca.net/jane-elliott-y-su-experimento-antirracismo-una-clase-dividida — —- https://loquemegustavivir.blogspot.com/2011/03/el-experimento-de-jane-elliot.htmlhttps://erizosdepsicologia.blogspot.com/2014/05/jane-elliot.html —- https://webs.ucm.es/BUCM/revcul/e-learning-innova/157/art2205.pdf —- http://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/ecoblog/mmarlorm/?page_id=241 —– https://experimentos.dinamicasgrupales.com.ar/ojos-azules-y-ojos-marrones/https://psicologiaymente.com/psicologia/experimentos-psicologicos-mas-perturbadores-historia

También es importante conocer el experimento “la Tercera Ola [u oleada]”, realizado en 1967 por el profesor Ron Jones, en un instituto en Palo Alto (California, EEUU), que muestra lo fácil que es generar un movimiento autoritario fanático fascistoide, del que se hizo un documental y también una película para el cine (Die welle -La ola, 2008, alemana, dirigida por Dennis Gansel) https://zoowoman.website/wp/movies/la-ola/ . Leed https://es.wikipedia.org/wiki/Tercera_Ola —- El documental https://www.documaniatv.com/social/la-tercera-ola-fascismo-en-la-escuela-video_0badcd4c0.html — con video https://sociologiaifdtbo.wordpress.com/2014/02/25/la-tercera-ola-la-historia-real/ ; — sin el video en https://filasiete.com/noticias/entrevistas-protagonistas/la-tercera-ola-la-historia-real/ .

Sobre lo fácil que es convencer a la gente de la “solución final”, hay un experimento realizado en la universidad de Hawai en 1972 por Manson, a cuenta de la amenaza de la explosión demográfica mundial y la supuesta necesidad de eliminar a los inadaptados y discapacitados. Lo relata Zimbardo en las páginas 377-8 de “El efecto Lucifer”.

Conviene conocer este caso de heroísmo de gente corriente cuando hay que resistir a la presión del grupo pues todo el mundo se vuelve loco y desalmado (incitado por otros, gozando de su permiso), en la experiencia polaca recogida por Jan T. Gross “Vecinos. El exterminio de la comunidad judía de Jedwabne (Polonia)” (Editorial Crítica, España, 2002, 238 páginas).

El caso que puede ser más extremo, es el del genocidio en Ruanda de los tutsis (800.000 muertos) por los hutus, con métodos rudimentarios (el machete de labor) y en muy poco tiempo (cien días en 1994) con una gran participación de la población hutu, que tiene sus raíces en la creación por el colonialismo de dos etnias artificiales, dando privilegios a los tutsis sobre los hutus, y el resentimiento que eso provocó en los segundos. Imprescindible el libro de Philip Gourevitch “Queremos informarle de que mañana seremos asesinados con nuestras familias. Historias de Ruanda” (Debate, España, 2009, 371 páginas). Aunque tiene algunas erratas (sobre todo en las cifras) que con un repaso se habrían evitado, divulgativo y pedagógico el texto de Inés Gómez Crespo “El horror en dos mundos. El genocidio ruandés y el holocausto nazi”https://ddd.uab.cat/pub/tfg/2019/tfg_180739/TFGInesGomez.pdf ; más información sobre los acontecimientos en Ruanda: XX aniversario del genocidio que el imperialismo no paró” VVAA – http://old.sinpermiso.info/articulos/ficheros/33ruanda.pdf (NOTA 11)

Aprovecho para recomendar un libro muy extenso pues recoge muchos y diversos documentos relativos a la izquierda radical y los movimientos sociales durante la Transición española, recopilados por el Congreso Las otras protagonistas de la transición Izquierda radical y movilizaciones sociales. 24-25 Febrero de 2017 (https://congresotransicion2017.wordpress.com/ ) El libro “Las otras protagonistas de la Transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales” de 1189 páginas se descarga aquí http://www.fundacionssegui.org/madrid/index.php/publicaciones/antiguas/113-libro-del-congresos-las-otras-protagonistas-de-la-transicion , directo http://www.fundacionssegui.org/madrid/files/books/las_otras_protagonistas_libro.pdf Importante para que las generaciones más jóvenes sobre todo, conozcan cómo fue aquello, una versión muy diferente de la apología dominante de la Transición. También Gonzalo Wilhelmi “La izquierda radical en el corazón de la lucha antifranquistahttps://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/la-izquierda-radical-en-el-corazon-de-la-lucha-antifranquista.pdf . Materiales diversos para conocer la historia en http://www.papelesdesociedad.info/?La-Transicion-en-el-Estado-espanol Sobre las luchas autónomas http://www.papelesdesociedad.info/IMG/pdf/luchas_autonomas.pdf (también estará en la web de la editorial Traficantes de sueños https://www.traficantes.net/editorial ), la web http://www.cedall.org/cedall200.htm .

Para una visión muy crítica de los partidos leninistas, desde la autonomía, el libro de Antonio Sala y Eduardo Durán (seudónimos) “Crítica de la izquierda autoritaria en Cataluña. 1967-2974” (Ruedo Ibérico, París, 1975, 228 páginas) que se puede leer por partes en http://www.cedall.org/Documentacio/Castella/cedall203110300.htm . Ha sido reeditado por Icaria (España, abril 2016) bajo el título “El discreto encanto de la política” con el verdadero nombre de los autores (Santiago López Petit y José Antonio Díaz Valcárcel) https://www.traficantes.net/libros/el-discreto-encanto-de-la-pol%C3%ADtica-cr%C3%ADtica-de-la-izquierda-autoritaria-en-catal . La presentación del primero se puede leer en https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs//9788498887082.pdf

También aprovecho para difundir, sobre todo entre quienes no lo conozcáis, y aunque el fascismo tuvo un papel minoritario, secundario y subordinado a los militares golpistas de Pinochet (reaccionarios tradicionales) contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, la trilogía documental de Patricio GuzmánLa batalla de Chilehttps://www.patricioguzman.com/es/peliculas/la-batalla-de-chile-i-ii-iii que se puede ver y descargar (ratón izquierdo dentro de la pantalla del video, Guardar video como…) https://zoowoman.website/wp/?s=batalla+de+Chile . Y este documento de los trabajadores http://www.papelesdesociedad.info/?Carta-que-los-Cordones Lamentablemente no he conseguido hallar en internet los libros más importantes sobre la experiencia Chilena publicados en España en la década de los 70s. El caso demuestra cómo el centro-derecha burgués (la Democracia Cristiana) enseguida se escora hacia las posiciones de ultraderecha y golpistas, y cómo el Estado burgués democrático que, tan fácilmente, abre las puertas al fascismo o se transforma en dictadura militar, sin embargo levanta obstáculos insalvables a quien quiera utilizarlo para unas transformaciones pretendidamente socialistas (otra cosa es considerar así lo que estaba haciendo Allende). Para hacerse una idea, léase Jesús Sánchez Rodríguez “Reflexiones sobre la revolución chilena” https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/reflexiones-sobre-la-revolucion-chilena.pdf donde hay enlaces a otros textos. Buscar también Chile en https://omegalfa.es/buscador.php . También, “Chile 1973: Revolución y contrarrevoluciónhttps://socialismointernacional.wordpress.com/2011/01/06/chile-1973-revolucion-y-contrarrevolucion/ . Este es el 11-S (1973) provocado por los EEUU, que ha sido, interesadamente, eclipsado por el de los atentados en EEUU (2001) (NOTA 12).

Una modestísima web trotskista donde se pueden encontrar algunos libros de otro modo imposible (como los tres tomos de la biografía de Trotsky por Isaac Deutscher, libros voluminosos de Jean-Jacques Marie…) https://www.elsoca.org/index.php/publicaciones/libreria?start=0 Para pdf corriente, dad en la imagen del libro. También en https://proletarios.org/biblioteca.php

Para vuestro conocimiento, webs en las que se pueden encontrar libros muy interesantes que no aparecen por otras vías y que son muy difíciles o imposibles de hallar incluso en el mercado de segunda mano: https://kupdf.net/ , https://dokumen.tips/ , https://vdocuments.mx/ al final hay un conteo hacia atrás de 60 segundos que se interrumpe si se sale de esa pantalla; un funcionamiento muy parecido en https://dlscrib.com/ (15 segundos – Continue) ; similar https://edoc.pub (esperar 30 segundos); similar https://idoc.pub ; similar https://doku.pub (tiene pocos de política) ; https://archive.org/ libros y algunas películas —- https://elsudamericano.wordpress.com/category/libros/ —- https://omegalfa.es libros —- https://docer.com.ar suelen tener libros muy buenos, formatos diversos, si os pide apuntaros, volved a dar a descargar, o probad a avanzar en la página visible del texto, y volved a dar a descargar. Para alguna película, se puede probar en https://zoowoman.website .

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Este texto lo empecé a escribir al poco de declararse el Estado de Alarma por la pandemia (14-3-2020), y a mi mal estado previo de salud se ha unido el agobio del confinamiento, el miedo a la covid-19, el espanto producido por la lectura de textos sobre el fascismo y el recuerdo de algunos videos y películas (nada divertidas) sobre los tema que aquí trato. Pero lo bueno de esto, es que he tenido pocas posibilidades para evadirme del asunto (la reacción más natural), y por tanto he sentido con mucha más intensidad la gravedad de la amenaza del fascismo en general, y la dimensión de lo que no puede llamarse de otro modo que su especial maldad (no hacen falta creencias religiosas para entender que existe, como lo mezquino, destructivo y anti-humano en el ser humano). En el mundo capitalista democrático ya hay maldad de sobra, alentada por el narcisismo que tanto se cultiva y que, de la mano del autoritarismo, prepara el terreno para maldades mucho mayores. Espero haber conseguido transmitiros esto, sin abrumaros.

N O T A S

NOTA 1.- Decidieron respetar y finalmente apoyar al Régimen de Franco. Y esto pese a que en 1945ss, el ejército español, sin apenas material de guerra y con una economía bajo mínimos, sin aliados posibles que les suministrasen armamento, etc., afectado por la derrota de la División Azul a manos de la URSS y el derrumbe del Eje, con una población políticamente muy dividida –vencedores y vencidos represaliados que odiaban al régimen-, sin suministro de combustible para sus camiones, aviones y tanques obsoletos, habría sido incapaz de soportar un conflicto bélico serio. Una intervención desde Francia (ganándose el inmediato apoyo de vascos y catalanes), Gibraltar británico y algunos grandes desembarcos de hombres y material pesado en varias de las numerosísimas y extensas playas del litoral español (sin defensas costeras como las levantadas por los nazis), controlando el mar con la flota británica y americana, y el cielo desde bases en Francia y los porta-aviones norteamericanos desplazándose por toda la costa, protegiendo el avance de las tropas terrestres, habría desbordado completamente a las fuerzas franquistas incapaces de responder en tantos frentes y con buena parte de la población presta a sublevarse. La rápida liberación de Euskadi, Cataluña y Asturias, habría privado de sostén industrial al Régimen y a su pobre maquinaria de guerra. No supondría rival para las fuerzas aliadas. Una resistencia como la de los nazis y japonés era absolutamente impensable en una España agotada, dividida a muerte y acomplejada. Sólo la perspectiva de enfrentarse a los imponentes y experimentadísimos vencedores de Alemania, Italia y Japón (con armamento nuclear además), junto con tropas españolas republicanas (supervivientes del nazismo y la II GM), habría hecho palidecer a los generales franquistas, ninguno de los cuales podía rivalizar, ni en medios y ni siquiera en talento, con aquellos; la moral y disciplina de las tropas españolas compuestas de pobres soldados forzados, se habrían desmoronado al primer combate serio, se habría rendido, desertado en masa y pasado al campo republicano para integrar sus fuerzas; los falangistas, requetés, legionarios y regulares, de resistirse, habrían recibido su merecido. El Régimen no habría podido sostener una lucha de resistencia guerrillera pues la base popular se le esfumaría ante las reformas que se impondrían y el poder del nuevo régimen. Sin apenas muertos (quizás hasta muchos menos de los que se cobraría la represión del Régimen durante toda su existencia), se habría vencido al franquismo, y nuestra historia habría sido bastante diferente, más similar a la italiana de post-guerra, que pese a no ser como para echar cohetes de contento, fue mejor que la española (descontadas las mafias).

Desde el punto de vista militar, esto me parece incuestionable, y pone en evidencia a las democracias. Si no ocurrió es porque faltó voluntad política pues a las democracias no les interesó, preferían a Franco ¡durante 40 años!. De hecho, ya se habían decidido por él desde el Alzamiento, con el pretexto de la “no intervención”. Y cuando Franco todavía estaba implicado con el nazismo en su lucha contra la URSS (aportando la División Azul), en el año 1942, con motivo de los desembarcos aliados en el Norte de África, el presidente norteamericano Roosevelt (tan demócrata él) escribió a Franco dirigiéndose como “su sincero amigo” y asegurándole que “España no tiene nada que temer de los Aliados” (aunque la URSS era miembro de los aliados y estaba siendo atacada por España), y más casos de este tenor (ver la página 365 del libro “Historia marxista de la Segunda Guerra Mundial” de Chris Bambery, recomendado en la sección de Recursos). ¡A las democracias les debemos esos 40 años de franquismo! ¡Esta es la famosa “oposición mortal” entre democracia burguesa y fascismo!

NOTA 2.- El denunciado como policía torturador, durante el franquismo y también después, Juan Antonio González Pacheco, alias “Billy el Niño”, ha muerto de la covid-19 (7-5-2020) sin que la democracia ni siquiera haya llegado a retirarle las medallas y las asignaciones económicas extraordinarias, por sus “meritorios servicios”, complementarias de su pensión de jubilación ¡después de 43 años de democracia, más que los de la dictadura de Franco, y con varios gobiernos del PSOE de por medio! El Estado burgués, que tan fácilmente encuentra los medios para sacar adelante sus objetivos con la ayuda de decretos-leyes, sentencias de los más altos tribunales, “lagunas legales”, reglamentos, procedimientos administrativos, etc., o directamente incumple leyes (y no hay tribunales que les llamen la atención), vulnerando derechos reconocidos, y que, cuando quiere, bien que aporrea a cualquiera, lo “empapela” injustamente y puede tenerlo una buena temporada en prisión preventiva claramente abusiva o condenado con sentencias más que cuestionables, resulta que en casos como éste, “se la coge con papel de fumar”, se encuentra con obstáculos legales insalvables y le es ¡imposible! tomar las medidas del más elemental sentido de la decencia. ¿Qué clase de régimen es la democracia burguesa que es incapaz de hacer una justicia tan elemental y fácil? ¡Como para plantearla cuestiones mucho más ambiciosas! Hasta el final de sus días “Billy el niño” ha gozado de un trato especialísimo por parte de conocidas autoridades policiales. Y no es, ni muchísimo menos, el único caso, aunque se quiera centrar todo en él como “chivo expiatorio” para un lavado de cara de la democracia, pues las palizas y torturas (a veces hasta la muerte) eran el trato habitual, ordinario, establecido desde lo más alto de la jerarquía del Régimen, para todos los detenidos por razones socio-políticas hasta el final del franquismo, y durante la democracia hay también muchas denuncias. Por eso gozaban de impunidad y no prosperaban en los tribunales las denuncias por torturas. También han desaparecido la mayor parte de los documentos archivados referentes a las actuaciones del grupo policial del que fue miembro, la Brigada Político-Social (o sea, la policía política) del Cuerpo General de Policía. Las pruebas, en un meritorio reportaje de la Sexta televisión “Equipo de investigación”Billy el niño”.

Especialmente ilustrativa, la parte del video dedicada al muy detallado manual del PCE para que sus militantes conociesen el tipo de torturas a las que podrían someterles la policía y afrontasen el tormento con más entereza. Todas las organizaciones antifranquistas de izquierda tenían algo más o menos elaborado en el mismo sentido, para que sus nuevos miembros estuviesen sobre aviso ante lo que les esperaba de ser detenidos y fuésemos bien conscientes de las consecuencias que podía acarrearnos “meterse en líos”, aunque no fuésemos masoquistas, ni tuviésemos vocación de suicidas o mártires (ni héroes), e hiciésemos lo que hoy es de lo más normal y sin acarrear ninguna consecuencia; “haga usted como yo, no se meta en política” decía Franco. Y ahora la pregunta es ¿por qué han tenido que pasar más de 40 años para que un documento así, tan revelador, se pueda ver en España por la televisión? Pues si no fuese suficiente el testimonio de cientos de miles de personas (víctimas directas, familiares, amigos…) sobre la existencia de torturas, la existencia de ese documento confirma que la tortura era la norma y no la excepción, pues no habría tenido ningún sentido elaborarlo sólo porque “Billy el Niño” torturase; y tampoco se puede alegar que se hubiese elaborado como argumentario para quejarse ante el juez y librarse de la condena (confesión falsa arrancada contra su voluntad), pues las denuncias prácticamente nunca prosperaban, y tampoco (salvo ya en la Transición, en algún caso extraordinario, excepcional) se podían hacer denuncias de torturas ante los medios de comunicación.

Enlaces https://www.lasexta.com/programas/equipo-investigacion/noticias/los-origenes-del-torturador-billy-el-nino-asi-le-recuerdan-en-aldea-del-cano-su-pueblo-natal-video_201902225c706ea20cf26747a1d38578.html , https://www.lasexta.com/programas/equipo-investigacion/noticias/esta-es-la-version-de-la-policia-sobre-el-encuentro-del-torturador-billy-el-nino-con-el-comisario-de-chamberi-video_201902225c700fdf0cf25f691b9f12c6.html , — entero aunque hay que registrarse https://www.atresplayer.com/lasexta/programas/equipo-de-investigacion/temporada-10/retrato-de-billy-el-nino_5c6ee6687ed1a807826cc696/https://www.lasexta.com/noticias/nacional/primera-querella-conjunta-policia-franquista-billy-nino-torturas_201907045d1dd6b90cf289033298f1a6.htmlhttps://www.atresplayer.com/lasexta/programas/el-intermedio/clips/la-respuesta-de-rosa-garcia-torturada-por-billy-el-nino-a-isabel-celaa-es-un-hombre-libre-porque-ustedes-le-protegen_5bbe6e987ed1a88fe5c1a6d2/https://www.atresplayer.com/lasexta/programas/el-intermedio/clips/el-terrible-relato-de-rosa-garcia-alcon-sobre-las-torturas-de-billy-el-nino-me-daba-palos-en-la-planta-de-los-pies-durante-horas_5bbe6ece7ed1a88fe5c1a6d4/

En la televisión vasca (en español) numerosos reportajes sobre éste y otros asuntos muy relacionados, en el programa de investigación·360 grados (360º) En la página de inicio, a la vista https://www.eitb.tv/es/ en particular https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/165309/billy-el-nino/ (otros casos de interés https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/159654/gladys-del-estal–cielo-y-balas-de-plomo/ , https://www.eitb.tv/es/video/360-itziarren-semeak/5937/159233/360-itziarren-semeak/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/158388/abusos-policiales–heridas-sin-cerrar/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/160114/la-cifra-negra/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/157577/las-cuentas-pendientes-de-la-transicion/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/157576/la-cara-b-del-ejercito-espanol/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/150882/caso-brouard–bajando-a-las-cloacas-del-estado/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/146341/impunes-y-condecorados/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/146340/torturas–el-crimen-mejor-escondido/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/146335/los-tentaculos-de-interior/ , https://www.eitb.tv/es/video/360/5937/137708/50-anos-de-olvido/

NOTA 3.- Aunque son los nazis alemanes de Hitler los que se han llevado la peor fama, sobre todo por sus horrendos crímenes durante la II GM, antes de la toma del poder mucho más violentos y terroristas fueron los fascistas italianos de Mussolini, dotados de una estructura y jerarquía militar, y armados de revólveres, fusiles, cuchillos, garrotes, bombas, productos incendiarios…, dedicados no sólo a atacar a las personas (hasta la muerte), sino a destruir sistemáticamente las organizaciones campesinas y obreras, sus locales de reunión y organización, imprentas de prensa y libros, viviendas personales…, con muchas batallas casi propias de una guerra civil (con armamento muy desigual y apoyo de policía y Ejército a los fascistas). Los fascistas italianos procuraron destruir el movimiento obrero ya antes de acceder al poder, en tanto Hitler dejó la mayor parte de esa tarea para cuando llegase al poder. La razón es, en el caso de Italia, la existencia de movimientos pre-revolucionarios muy próximos en el tiempo y, en parte, como secuela de la I GM (1917, 1919, movimiento de ocupación de fábricas, en Turín, agosto 1920).

Si en las películas y documentales se presta mucha menos atención al fascismo italiano que al nazismo, y a la etapa previa a la toma del poder que a la II Guerra Mundial, y muy raramente aparece la violencia contra el movimiento obrero y en su verdadera dimensión, es porque no hay interés en que se descubra el carácter de clase burgués y reaccionario del fascismo y del nazismo, y el papel jugado antes de la II GM por la mayor parte de la burguesía y del aparato de Estado burgués. Una excepción, aunque demasiado centrada en el campesinado, y sin apenas prestar atención a las ciudades y, menos, al movimiento previo de las ocupaciones de fábrica, es el monumental film Novecento (1976) dirigido por Bernardo Bertolucci, con una duración de 314 minutos (5 horas, 15 minutos).

A los fascistas y nazis había que combatirlos ideológica y políticamente, y con los recursos tradicionales de la clase trabajadora (huelgas, manifestaciones de protesta, autodefensa), pero esto no era suficiente, pues se enfrentaba a algo muy similar a lo que posteriormente se llamaría “guerra de baja intensidad” (aunque fuese unilateral).

Basta con leer al fascista “de pajarita” Curzio Malaparte en su libro “Técnica del golpe de Estado” (1931) en el capítulo VII “Mussolini y el golpe de estado fascista”, la parte dedicada a los métodos de ataque y represalia terrorista de los fascistas contra las poblaciones y organizaciones obreras, y la satisfacción con la que los describe, para comprender que con los fascistas la piedad era un lujo que la clase trabajadora no se podía permitir y que se les debiera haber combatido como lo hacían ellos, del modo más terrorífico posible pues, de lo contrario, eran imparables, ya que carecían de los escrúpulos morales más básicos y les encantaba aterrorizar (muchos eran excombatientes de la I GM, muy endurecidos y que le habían cogido gusto a la vida violenta). Y además luchaban con ventaja pues, a diferencia de los trabajadores, dedicados casi todo su tiempo a sus labores, ellos podían ir de pueblo en pueblo machacándolos y gozando de una impunidad que el Estado burgués negaba a sus víctimas cuando se defendían o les atacaban. No había que pensar en ellos tanto como políticos (su finalidad lo era) como en cuanto que criminales que sólo entendían el idioma de la muerte (muchos lucían sus distintivos, como la calavera). Y otro tanto se podría decir de los nazis, sobre todo si tenemos en cuenta el horror que impusieron una vez en el poder y por toda Europa de la mano de la guerra y las ocupaciones.

Pero la clase trabajadora tiene respeto por la vida y con ese tipo de gente siempre es demasiado buena, y le pesan los daños del momento (el Estado se lo recuerda, como no hace con los fascistas) y no sopesa debidamente el incomparablemente mayor que podría evitar para el futuro. ¿Cuántas víctimas se habrían evitado si se hubiese comprendido y sido consecuente con que había que aplastarlos sin ninguna piedad mucho antes de que pudiesen aspirar al poder? Hitler declaró que al principio eran muy vulnerables y que entonces podrían haberles destruido sus enemigos si no hubiesen vacilado tanto y hubiesen sido tan implacables como ellos. No se trata de alimentar el odio, ni de deshumanizar a los fascistas como ellos hacen con sus víctimas, sino de reconocer que los fascistas ya están deshumanizados por su maldad. Es comparable el asunto al trato diferente que merece una persona que, cuando se emborracha, se pone desagradable y agresiva, al de un psicópata asesino con varios crímenes a su espalda. Así de terrible, así de innegable.

Sobre la actuación en la URSS de los ocupantes nazis, en concreto en Bielorrusia, imprescindible el extraordinario y sobrecogedor film “Masacre: ven y mira – Idi i Smotri (Come and See)” (1985) dirigido por Elem Klímov (2 horas, 16 minutos), https://zoowoman.website/wp/movies/masacre-ven-y-mira/ , que muestra, fiel y crudamente, el tipo de monstruosidades (perfectamente documentadas) que cometieron los nazis con la indefensa población civil.

La Italia fascista, después de machacar a su proletariado, de dedicó a llevar la muerte a otros países a través de la expansión colonialista por África (Libia, Etiopía, Somalia, llegando a atacar a los nativos con gas, como en la guerra de trincheras de la I GM), la región de los Balcanes con litoral al Adriático, y la intervención directa en España a favor de Franco, y luchando junto a los nazis en la II GM. Para el caso de Libia, imprescindible este film “El león del desierto – Lion of the Desert” (1980) director Moustapha Akkad, interpretada por Anthony Quinn, Rod Steiger (2 horas, 53 minutos) https://zoowoman.website/wp/movies/el-leon-del-desierto/

NOTA 4.- Todos los fascistas, y en particular los italianos, hacían la apología de la violencia, entendida como cualidad fundamental de la superioridad del “hombre fascista”. Por eso, la no-violencia no sirve con los fascistas y similares, pues para ellos es un claro signo de debilidad que desprecian y les alienta a ser todavía más violentos. La no-violencia deja inermes, dependiendo de una protección del Estado burgués que, caso de existir, no suele ser la que se necesitaría, y que también debiera ser violenta (o amenazar con serlo) para ser efectiva, por lo que traslada el problema de la autodefensa violenta a otra instancia (la policía), pues los militantes de la no-violencia no la quieren asumir por sí mismos. Esto no quiere decir que no se deban explotar al máximo todos los métodos (sean legales o no), en principio no violentos que se tengan a mano que puedan ser efectivos y den fuerza, como las huelgas generales. Para quien todavía albergue alguna ilusión, no tiene más que estudiar el comportamiento concreto de los fascistas italianos y los nazis, o peor incluso, de los fascistas ustacha (ustasha) de Croacia (Yugoslavia), con un nivel de brutalidad, crueldad y salvajismo psicópata tal, que asombraba a los mismísimos nazis pues ellos practicaban una brutalidad extrema y no menos mortal, pero tendían a que fuese más impersonal e industrializada; como no es igual matar a cien mil personas lanzando una bomba atómica desde una altura que no permite ni distinguir a la gente, que degollándolas o decapitándolas una a una, pero el resultado final es muy parecido. Si el caso ustacha es prácticamente desconocido por el gran público, se debe a que en su día contó con la complicidad de la Iglesia Católica, y a los intereses de potencias occidentales demócratas (como Alemania) que apoyaron a los independentistas croatas (pese a reivindicarse de Ante Palevic y los ustacha), durante la desintegración de la ex Yugoslavia “socialista” en la década de los 80s del pasado siglo. Los testigos (incluso nazis) cuentan casos espeluznantes que ni en una película de terror gore se atreverían a simular, y asemejándose muchos a sucesos ocurridos en Nanking (matanza por el ejército japonés en esa ciudad china; “La violación de Nanking. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial” Iris Chang, ed Capitán Swing, España, 206, 326 páginas), combinados con campos de concentración y exterminio. Recuerdo haber visto hace muchos años, en televisión y de madrugada, una película yugoslava que contaba uno de esos crímenes (no de los peores) y quedé horrorizada, pues no se trataba de unos meros criminales psicópatas y sádicos, sino que formaban parte de una violencia sostenida políticamente por las autoridades. Sobre los ustacha, véase al menos https://es.wikipedia.org/wiki/Ustacha y las entradas a las que invita; el capítulo 6 “El Estado independiente de Croacia… (1941-42)” por David Alegre Lorenz, en “Políticas de la violencia. Europa siglo XX” (edita Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014, 540 páginas); una visión general del conflicto en “Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917-2017” de Javier Rodrigo y David Alegre (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2019, 736 páginas), la sección “Yugoslavia: la guerra civil entre naciones. 1941-1945”, páginas 259-276.

Por cierto, el criminal Ante Pavelic murió en la España de Franco (1959), ocultado y protegido por el Régimen, y está enterrado en Madrid, en un panteón, mientras los restos de tantísimos republicanos siguen sin ser recuperados, porque la democracia no ha querido hacerlo, tras 80 años de terminada la guerra civil (toda una vida), que se dice pronto. Así es la justicia en este mundo.

Los antifascistas no eligen la violencia porque les guste o le encuentre no se qué valores positivos intrínsecos (como hacen los fascistas, para crear “comunidad” y hacer irreversible el “nosotros” y el “ellos”; medio “purificador”, etc.), y sea su principal “argumento” (tienen argumentos razonados y científicos de sobra para defender y demostrar la justeza de su planteamiento, al contrario que la charlatanería fascista, intelectualmente miserable, deshonesta y negacionista), sino porque se les impone, no son suicidas y no quieren colaborar con el mal con su pasividad, pues la renuncia a la violencia no lo detendrá, sino al contrario. Pensemos: si alguien hubiese conseguido matar a Mussolini, a Hitler, o a Ante Pavelic (líder ustacha), antes de alcanzar el poder, sabemos que cuando menos eso habría creado serios problemas de liderazgo y cohesión en el movimiento, afectándolo en momentos críticos, pero no tendríamos ninguna constancia de la contribución que esas ejecuciones (sí, ejecuciones, pues de esos líderes era la responsabilidad última de los múltiples asesinatos ya causados por sus matones) podrían haber hecho a la Humanidad con que sólo hubiese sido el futuro algo menos malo (menos sufrimiento y muertos), y sin embargo, los ejecutores seguramente serían tratados por la historiografía burguesa como asesinos y, de ser capturados, tal vez hasta hubiesen muerto como tales, condenados a esa pena por la justicia del Estado burgués, incluso democrático. ¿Y si algún antifascista o antibelicista hubiese matado a Truman (el presidente norteamericano), antes de que, sin ninguna necesidad, ordenase el lanzamiento sucesivo de dos bombas atómicas sobre dos ciudades de Japón, calcinando a su población, dando así inicio a la era nuclear y a la carrera armamentística que todavía puede convertir todo el planeta en un Holocausto? Buenos temas para una película, pero a los ideólogos burgueses no les interesa explorarlos, pues la reflexión puede llevarnos muy lejos, y a preguntarnos por qué el Estado burgués, que se arroga el monopolio de la violencia y dispone de tantos medios, no lo hizo. Sin embargo, los estados, a través de sus ejércitos, servicios secretos, policías, crimen organizado, “lobos solitarios” teledirigidos, etc., no tienen tantos problemas para dar golpes de estado, asesinar a algún presidente u opositor notable, en el propio país o en el extranjero, y hasta celebrarlo públicamente, aunque ni siquiera haya mediado sentencia en un juicio con las debidas garantías. Pero la menor resistencia y autodefensa frente a la violencia policial por parte de un manifestante conlleva importantes sanciones y condenas incluso en las democracias. La vida de una persona con gran autoridad, en principio, tendría más valor que la de millones de personas, y su ejecución debería violentarnos más que la de sus víctimas, cuyos nombres y vida desconoceremos, pues “no son nadie”.

Se puede discutir mucho sobre la importancia del papel en la Historia de los individuos, la importancia de su personalidad y habilidades, de las maniobras e intrigas en los círculos de las élites, de su relación con la lucha de clases, las clases sociales, y las dinámicas de fondo del proceso histórico (modo de producción, desarrollo de las fuerzas productivas, cuestiones medioambientales, etc.), pero sin duda, en determinados momentos, la relevancia de un individuo puede pasar a un primerísimo plano. Sin Marx ¿alguien habría escrito El Capital o cosa comparable? Sin Engels ¿alguien se habría tomado el enorme trabajo de publicar la parte de El Capital que Marx no pudo ni ordenar? Se dice que “a rey muerto, rey puesto”, pero si la muerte ocurre en un momento crítico para la legitimidad de la monarquía, puede ser el catalizador para la llegada de una república. Lenin jugó personalmente un papel extraordinario en inclinar la balanza del partido bolchevique a favor de la insurrección (finales de octubre 1917, noviembre en nuestro calendario) y la revolución socialista (otra cosa es la opinión que nos merezca ese proceso), y es muy razonable pensar que si le hubiesen matado antes (no habría sido difícil), en 1917, particularmente en el mes de julio (la fase de la reacción previa a la intentona de golpe militar de Kornílov a finales de agosto), no se hubiese producido la insurrección o, sucediendo en un momento más desfavorable, hubiese fracasado. En su contexto histórico, con el capitalismo, sus estados y la crisis de 1929, la II GM era prácticamente inevitable, pero no quiénes la lideraban y cómo, ni su desarrollo concreto, ni su duración, ni su final, ni su costo humano, y por tanto, el mundo que la sucedería. Lo que pasa es que, una vez ha sucedido, tenemos la impresión de que no podía haber sido de otra manera, pues no tenemos acceso a desarrollos históricos alternativos. Pero si no fuese por una cadena interminable de azares, quien escribe esto y quienes lo lean, no existiríamos.

Hará ya unos cuarenta años que leí por última vez el siguiente libro y no sé como habrá aguantado el paso del tiempo teniendo en cuenta también que se escribió a finales del siglo XIX, Jorge Plejánov “El papel del individuo en la historiahttps://www.abertzalekomunista.net/es/biblioteca/internacionales/plejanov-gueorgui-valentinovich/371-el-papel-del-individuo-en-la-historia , dad al símbolo del pdf ; también https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/plejanov_papel_individuo.pdf ; otro con un texto muy sencillo de Engels, en http://www.memoriachilena.gob.cl/archivos2/pdfs/mc0028707.pdf

A una escala menor pensemos en las consecuencias que pueden tener los actos de una persona y como puede haber una dimensión de los mismos totalmente ignorada o desconocida.

El reciente asesinato del hombre negro George Floyd, el 25-5-2020, en EEUU (Minneapolis), asfixiado (estrangulado durante casi 8:40 minutos) por unos policías mientras los testigos grababan en video la escena con sus móviles, nos puede llevar a pensar si, ya que las advertencias de los testigos a los policías no estaban sirviendo para disuadirlos de continuar ¿no deberían haber actuado esos testigos con mucha más contundencia, empujando a los policías, etc. para apartarlos del cuerpo de Floyd, para evitar esa muerte que se veía venir? ¿no estaban incurriendo en un delito de denegación de socorro, de impedir un crimen, por el que en otras circunstancias podrían ser castigados? En ese caso seguro que quienes le hubiesen salvado habrían sido condenados por obstrucción a la ley y agresión a la policía ¡ellos habrían constado como los violentos! y nadie sabría jamás que habrían salvado la vida a un hombre (evitando al menos otras 11 muertes por los sucesos posteriores), y que aquellos polis eran unos asesinos en potencia que podrían volver a hacer lo mismo en otra situación similar, y matado a otro negro. Pero los testigos se limitaron a grabar el asesinato, por miedo y porque evitar que esos asesinos con uniforme sufran un empujón, cuestionar su autoridad, importa en las conciencias más que la vida de un paisano inocente. Ningún demócrata burgués, liberal “progre”, nos dice que nuestro deber como seres humanos y como ciudadanos es impedir que la policía cometa actos brutales y asesinatos; no, debemos limitarnos a ser testigos y en todo caso testificar en un tribunal, y será el juez quien decida si el muerto fue asesinado o no, si debe sentenciar contra los policías (generalmente, una impunidad o benevolencia escandalosas). Pero ni la mayor y más justa sentencia devolverá la vida a la víctima ni un ser querido a sus allegados. ¿Qué deben sentir los testigos? ¿Satisfacción porque grabaron el suceso y lo dieron a conocer y ningún pesar por no haber hecho algo más para impedirlo? Que no se plantee públicamente un debate sobre esta cuestión y de que hasta hacerlo nos parezca excesivamente radical, es indicativo de que es preferible ser víctima y caer en la victimización antes que hacer algo práctico y efectivo por evitarlo pero que cuestione la autoridad de la policía, que es la autoridad del Estado burgués, que es el “brazo armado” del capital. Luego ya se verá si el asesinato es capaz de generar un movimiento de protesta o quedará en nada, como tantísimas veces. Sigue imponiéndose el criterio fascista de la “obediencia debida”, en este caso, de nosotros a la policía, aunque se trate de una vulneración del derecho internacional, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es preferible que los niños/as negros, por su seguridad, queden seriamente afectados emocionalmente porque deban aprender pronto que su vida no vale lo mismo que la de un blanco y menos ante un policía que quizás los mate sin la menor razón, y con toda impunidad (visto en La Sexta tv https://www.lasexta.com/noticias/internacional/soy-erin-tengo-8-anos-y-no-voy-armada-asi-ensenan-los-padres-negros-a-sus-hijos-a-actuar-ante-la-policia-en-eeuu_202006045ed901d4b6472f0001ffd10b.htm ; confirmado por el ataque policial con gas pimienta a los ojos de una niña pequeña https://www.lasexta.com/programas/arusitys/sucesos/ayudadmelos-gritos-desgarradores-de-una-nina-tras-ser-rociada-con-gas-pimienta-durante-las-protestas-por-la-muerte-de-george-floyd_202006025ed62959f00f9300010207ef.html y que, en otro lugar, no puede compensar ni resolver la actitud compasiva de un policía con una niña muy pequeñita https://www.lasexta.com/programas/arusitys/mejores-momentos/las-palabras-de-un-policia-blanco-a-una-nina-afroamericana-durante-las-protestas-por-george-floyd-estoy-aqui-para-protegerte-ok_202006055ed9fafc65c5ab0001ed21a6.html ). Tag https://www.lasexta.com/temas/george_floyd-1 , https://www.lasexta.com/temas/racismo-1

La gente debemos temer a la autoridad e interiorizar la sumisión como algo natural, como una hipnosis casi que nos impida actuar espontáneamente como lo haríamos en otras situaciones, defendernos, rebelarnos; mientras, los policías pueden ser reacios a cambiar y a aceptar su responsabilidad por sus actos. Así, en el marco de las protestas por la muerte de Floyd, en Buffalo (Nueva York, EEUU), 57 policías de la unidad antidisturbios, en el típico gesto de compinchamiento corporativo, han presentado su renuncia (supongo que al puesto de antidisturbio, no a su empleo como policía y funcionario del Estado) en “solidaridad” con dos compañeros suspendidos de sueldo (ni siquiera de empleo) por un caso de brutalidad policial (4-6-2020) al empujar a un anciano blanco de 75 años (se dirigió a ellos pacíficamente, dialogando) que perdió el equilibrio hasta caer al suelo y golpearse la cabeza e hiriéndose hasta sangrar, quedando al parecer inconsciente, mientras el grupo de policías pasaba a su lado con parsimonia e indiferencia (sólo uno hizo un gesto de agacharse, prohibido por su mando que le ordenó seguir avanando), eso sí, desalojando a los testigos (la prensa) y dando luego una versión falsa de los hechos (“el anciano se tropezó”) que, para su desgracia, quedó desmentida por la grabación en video del suceso. Y como esto, hay cien mil casos por todo el mundo democrático (recordemos la brutalidad extrema de la policía francesa con los chalecos amarillos)

NOTA 5.- Para situar la masacre de París del 17-10-1961 en el sentido del tiempo: sucedió 16 años después de la derrota del fascismo en la II GM, menos de 7 años antes del Mayo del 68 francés (cuando todavía era presidente de la República el mismo de 1961, Charles de Gaulle), y estos son menos años que los transcurridos desde el inicio de la crisis de 2008 hasta hoy (12 años) o de los recortes generalizados y a lo bestia (desde 2012 con la súper-ley LOEPSF). Eran tiempos modernos, no “los del fascismo”.

El prefecto Maurice Papon era jefe de policía del presidente Charles de Gaulle (general que lideró, desde el exilio en Londres, parte de la resistencia contra los nazis y después fue, durante muchos años, presidente de la República, también durante Mayo de 1968) y en 1978 fue nombrado ministro de Presupuesto en el gabinete del presidente Valéry Giscard d´Estaing; esto es, un “servidor de la República” del más alto nivel. El hecho de que en 1981 acabase saliendo a la luz pública que el responsable directo de la masacre de París (Maurice Papon), como subprefecto del Régimen de Vichy (ciudad francesa capital de la Francia no ocupada, bajo el mando del viejo mariscal Petain, pero sometida a Alemania durante la II GM) fue autor de crímenes de lesa humanidad (envió a al menos 1.560 judíos franceses a los campos de exterminio y a la muerte), demuestra que la democracia burguesa recurre sin mayores problemas a los servidores y criminales del fascismo, pues no se interesa en su depuración ¿alguien se puede creer que un cargo tan relevante y los sucesos de aquél tiempo podían pasar desapercibidos para las máximas autoridades de la “Francia liberada” a la hora de seleccionar a semejante individuo para unos cargos tan importantes durante la República francesa post-II GM?. Fue todo un encubrimiento, como en otros muchos casos. Puede ayudar a entenderlo que el astuto Papon, cuando se veía el fin del nazismo y del régimen de Vichy, al parecer (aunque públicamente no se ha acreditado nada) debió hacer algún favor a la resistencia francesa gaullista (nada que pudiese compensar en realidad todo el mal hecho), preparando así su “cambio de chaqueta”, y consiguiendo desde el principio la protección del general De Gaulle para continuar escalando puestos en el Estado con la democracia y “echar tierra” sobre su pestilente pasado. Pese a los sabotajes y ocultamientos desde las más altas instancias del poder, se consiguió llevar a juicio a Papon por esos crímenes (no por la masacre de París) y el 2 de abril de 1998 se le condenó a diez años de prisión (teniendo 87 años), y fue la ¡primera y única vez! que un servidor público del gobierno de Vichy fue condenado por colaborar con los nazis ¡cuando lo hizo todo el régimen de Vichy! ¡Sí señor. A eso se le llama “depuración antifascista”! Papon hizo grandes servicios a la democracia burguesa francesa como prefecto en Argelia (1956-8) durante la guerra de independencia argelina contra el colonialismo francés (imaginaos lo que estaría haciendo para reprimir, cuando la actuación francesa en Argelia se hizo famosa por su violencia y torturas), y como prefecto de la policía de París (1958-1967). Pero Papon tuvo mejor suerte: antes de ingresar en la cárcel, aprovechando la espera al resultado de una apelación contra la sentencia, se fugó a Suiza en 1999, pronto fue capturado y permaneció encarcelado tres años, siendo liberado en septiembre de 2002 por su estado de salud, y el 17-2-2007 murió en un hospital, a los 96 años, tras ser operado por una insuficiencia cardiaca. Nunca debió responder por la masacre de París de 1961. Papon siempre mantuvo que era inocente (con unas explicaciones nada creíbles), nunca expresó remordimiento y se quejó de haberse convertido en un chivo expiatorio. Esto último es cierto en el sentido de que con su condena se quiso dar “carpetazo” a todo el pasado para definitivamente “pasar página”, pero sin depurarlo realmente. Papon gozó de la protección y encumbramiento por el general Charles de Gaulle ¡gran líder de la resistencia francesa –protagonizada en realidad sobre todo por comunistas y exiliados españoles- contra la ocupación alemana y presidente durante la democracia (1959-69)! La masacre de París fue obra de la democracia burguesa “antifascista”, sirviéndose de un antiguo servidor del fascismo, como Papon, con métodos similares a los del fascismo y a los de otras democracias (los 33 muertos por la policía “socialista” prusiana en Berlín en la manifestación del 1º de mayo de 1929). ¿Hacen falta más pruebas de la estrecha relación entre democracia burguesa, “antifascismo” burgués y fascismo?.

Inicialmente y durante décadas sólo se reconocieron 7 muertos por la policía “en defensa propia”. A raíz del escándalo emergido con motivo del procesamiento de Papon, un informe oficial (del consejero de Estado francés Dieudonné Mandelkern, encargado por el primer ministro Lionel Jospin) de primeros de mayo de 1998, reconocía que al menos eran 32 las víctimas mortales. Papon, días antes de la manifestación, había dado, por escrito, orden de matar si se daban incidentes con argelinos, y los policías, acogiéndose a lo de “yo soy un mandao” (traducido: “no voy a poner en riesgo mi carrera o mi empleo, y si para ello hace falta matar a alguien inocente, pues se hace”), no pusieron el menor reparo sino, al contrario, todo su “celo profesional” como buena policía democrática (además del gusto que debe dar sentirse parte de un poder tan enorme como es el del Estado y con tanto poder sobre la vida de los demás -hasta destruirla-, cuando no tienes verdadero dominio sobre la tuya, pues eres un mandao), y el claro sentimiento racista contra los colonizados argelinos que se atrevían a protestar. El 17 de octubre de 2012 el presidente François Hollande (del Partido Socialista) reconoció oficialmente la matanza (51 años después, diez años más de los 40 que duró el régimen de Franco). Sin embargo, incluso este gesto, mínimo y muy tardío, le parecido al centro-derecha (el partido UMP) inadmisible por lo que consideraba un intolerable cuestionamiento de la policía y, por tanto, de la República; una argumentación para llamar a la impunidad, el encubrimiento y el silencio (no hay memoria histórica que valga), aunque los hechos hayan ocurrido hacía 51 años ¡la poli no se toca, por muy asesina que sea, pues son los guardianes de nuestro dominio de clase! Como dijo aquel presidente norteamericano de un dictador latinoamericano (creo que Somoza, de Nicaragua) “sí, es un hipoputa, pero es nuestro hijoputa” y por tanto había que protegerlo y apoyarlo hasta el final.

Casos como éste, aunque sean “botones de muestra”, la “punta del iceberg”, son importantes para que comprendamos cuál es la verdadera naturaleza de la democracia burguesa, y que la Transición española, permaneciendo prácticamente intacto el aparato de Estado del franquismo, en realidad no es tan excepcional como quieren hacernos creer los apologetas de la “democracia de verdad”, de la “democracia real” pero compatible con el capitalismo y su Estado burgués. En la democracia burguesa, lo de quita y pon, no es lo de burguesa, sino lo de democracia. La democracia burguesa es como una mujer con falda; es la mujer la que se la pone (la democracia), más corta o más larga, según convenga, y cuando le haga falta, se pasará al pantalón (fascismo). La democracia realmente existente y posible en el capitalismo, nunca podrá ser una democracia real para los trabajadores/as.

NOTA 6.- Recordemos, aunque a alguien le resulte incómodo, la gran cantidad de homosexuales que había entre los miembros de las milicias de matones con camisas pardas, las SA nazis (Sturmabteilung, o “sección de asalto”), empezando por su máximo dirigente, Ernst Röhm, asesinado por Hitler (Noche de los cuchillos largos, 30-6 a 1-7-1934), no por su orientación sexual (aunque para justificar su muerte se alegase a ella pese a ser bien conocida y tolerada de siempre por Hitler y otros gerifaltes nazis), sino por estar creándole serios problemas con los altos mandos del ejército alemán, al pretender continuar su particular versión “radical” de la “revolución nacional-socialista” (convertir las SA en el nuevo ejército y supeditar a ellas al ejército tradicional surgido de la derrota de la I GM, el Reichswehr, que en 1935 fue convertido por Hitler en la Wehrmacht, para la II GM). Estos nazis tenían lo que entendían como un concepto viril, marcial, de la homosexualidad, muy distinto del “afeminado” del “mariquita”. Esto no quita que el régimen nazi acabase persiguiendo a los homosexuales, internándolos en campos de concentración. https://shangay.com/2018/01/11/sobre-auschwitz-ser-gay-en-la-alemania-nazi-y-el-triangulo-rosa/

NOTA 7.- Sobre el golpe militar y genocidio en Indonesia, véase http://kaosenlared.net/hace-50-anos-indonesia-octubre-de-1965-golpe-de-estado-de-suharto-y-la-matanza-de-comunistas/ y preguntad en internet por el libro del exempleado del Departamento de Estado de EEUU, William Blum titulado “Killing Hope: U.S. Military and C.I.A. Interventions since World War II” (Asesinando la Esperanza: Fuerzas Militares de los Estados Unidos y la CIA. Intervenciones desde la Segunda Guerra Mundial), ved por ejemplo en https://archive.org/search.php?query=Killing%20Hope, descargable el libro en inglés, la segunda edición https://archive.org/details/KillingHopeWilliamBlum2ndEd.2003https://ia800905.us.archive.org/20/items/KillingHopeWilliamBlum2ndEd.2003/Killing%20Hope%2C%20William%20Blum%2C%202nd%20Ed.%20%282003%29.pdf ——— Dedicado a Indonesia y relación de los capítulos del libro, traducidos en http://blogdelviejotopo.blogspot.com/2016/03/ , Este blog va traduciendo todo el libro, para ver los progresos http://blogdelviejotopo.blogspot.com/search?q=William+Blum&max-results=20&by-date=true buscad William Blum, por fecha —– otro capítulo sobre Oriente Medio 1957-8 http://blogdelviejotopo.blogspot.com/search/label/William%20Blum%20%28Asesinando%20la%20esperanza%29 — la web del autor con otros libros https://williamblum.org/ , capitulo no accesible todavía en español, pero sí en inglés y traducible en internet https://williamblum.org/chapters/killing-hope/uruguayhttps://williamblum.org/chapters/killing-hope/guatemalahttp://williamblum.org/chapters/killing-hope/angola https://williamblum.org/chapters/killing-hope/iraq https://williamblum.org/chapters/killing-hope/haiti —– otros accesos en inglés después de los capítulos http://eljanoandaluz.blogspot.com/2015/12/asesinando-la-esperanza-intervenciones.html — Si le dedico tanta atención a este libro es por tratarse de una fuente excelente para comprender cómo una democracia burguesa “de toda la vida”, sin interrupciones fascistas o de dictadura militar, que pretende ser un ejemplo para el mundo, como la de EEUU, tiene, sistemáticamente, comportamientos tan poco democráticos y similares al fascismo, aunque sea con otros países, pues no hay ninguna contradicción insalvable entre la democracia burguesa y las formas más terroristas de dominación de la burguesía. Es un error atribuir todo esto al imperialismo o al militarismo, como si fuesen ajenos a la democracia burguesa, cuando todos son expresiones del capitalismo y su Estado burgués.

NOTA 8.- De ahí que, por ejemplo, sean tan importantes en EEUU las revueltas contra la brutalidad policial que acaba en muertes, en particular de personas negras (especialmente, el caso de George Floyd, asesinado el 25-5-2020 por la policía de Minneapolis, según confirma la autopsia de la familia desmintiendo la oficial). Si no fuese por esas protestas, el Estado burgués (con su policía racista y tribunales favorables siempre a la policía), pese a la contundencia de las evidencias, tendería a “echar tierra sobre el asunto” como se echa sobre el féretro de la víctima. Esto sin duda complacería a las fuerzas de ultraderecha (armada) e incluso de la presidencia de los EEUU (Trump no condena los crímenes, pide “mano dura” a los policías, culpa a la izquierda por los “disturbios”, quiere declarar “organización terrorista” a la red Antifa –para satisfacción de los fascistas de todo el mundo- con lo que eso implica, y está interesado en una evolución ultraderechista del Estado). La principal respuesta del Estado es la represión, estableciendo toques de queda nocturnos en varias ciudades (desde las 20 horas), movilizando en muchos estados a la Guardia Nacional (reservistas del ejército, en funciones internas de cada Estado). Y al menos ya van 11 personas muertas a raíz de este asesinato (información de La Sexta tv). Las autoridades sobre todo, llaman a que las manifestaciones sean pacíficas, pero por televisión hemos visto a dos vehículos policiales atropellar deliberadamente a un grupo de manifestantes pacíficos, y a Trump (como buen demócrata proto-fascista) ordenando disolver violentamente una manifestación pacífica ante la Casa Blanca sólo porque quiere cruzar la calle para hacer un posado ante una iglesia, Biblia en mano, para lanzar una arenga a su base social (tan hipócrita y cruel como él; hay que parecerse a él o estar muy desconectado de la intuición para no reconocer, sólo por su lenguaje corporal sin entender ni una palabra de lo que dice, que Trump es una persona mala y peligrosa, como lo delataba también en Hitler y Mussolini). ¿Qué otra cosa se puede esperar de un hombre tan cruel con los niños de los inmigrantes no legales?. Si la policía se sabe impune, cometerá muchos más atropellos y crímenes, atemorizando a la gente y dificultando sus protestas, y se facilitará su proceso de fascistización. Precisamente una de las primeras medidas adoptadas por los nazis al subir al poder fue garantizar a la policía la impunidad si mataba, animándola además a hacerlo, y para crear situaciones en las que los agentes no tuviesen otro recurso a mano ¡prohibieron el uso de la “defensa”, o sea, de la porra! (instrucciones de Hermann Göring, recogidas en Enzo CollottiLa Alemania nazi. Desde la República de Weimar hasta la caía del Reich hitleriano” Alianza Editorial, el libro de bolsillo, Madrid, 1972, página 72 de las 399). Se le acusa a Trump de “dividir al país”. El racismo es una forma de dividir y debilitar a la clase trabajadora y sectores populares por artificiales criterios raciales, y de propagar el autoritarismo, la falta de empatía, la crueldad, tan funcionales al sistema capitalista y su Estado. Pero puede que Trump pierda este pulso pues no ha conseguido unir tras él al Ejército (sacarlo a la calle además de la Guardia Nacional) y a toda la policía (unos se arrodillan en gesto de condolencia), ni movilizar a sus seguidores, su imagen internacional sale perdiendo, y las autoridades de estados y municipios están cediendo poniendo algunos límites a la policía.

Tres noticias que parecen buenas aunque no puedo conocer bien su alcance real (información de la Sexta tv el 8-6-2020). En algunos estados y localidades de EEUU donde todavía estaba vigente, se eliminará el método de inmovilización policial (rodilla en el cuello, etc.) que ha costado la vida a Floyd. También en Francia (donde también ha habido muertos). En Minneapolis, la mayoría del Consejo Municipal ha decidido desmantelar el departamento de policía (empezando por retirarle la financiación) pues dice que, tal como está hoy, no tiene arreglo y que creará un nuevo sistema de seguridad y ayuda que tenga una relación diferente con los ciudadanos (veremos) ¿se irán al paro esos policías?. En Los Ángeles y Nueva York, de los ingentes fondos públicos destinados a la policía, una parte (escasa) pasarán a destinarse a gastos sociales. Esto sería inimaginable si no hubiese habido una oleada de protestas enorme, tanto en EEUU como en otras partes del mundo. También me confirma en lo que ya planteé en mi estudio sobre Mayo del 68 francés de que, frente al “todo” (desmantelamiento del Estado burgués, revolución socialista-comunista mediante, imposible de momento) o “nada” (quedarse en calificar de nazi a la policía – CRS-SS -), cabía ofrecer un objetivo capaz de dar continuidad y proyección más profunda a la lucha y debilitase más al Estado burgués, como “disolución de” tal o cual cuerpo represivo, en particular, los antidisturbios. Aunque seguro acabasen creando un sustituto, supondría un paso importante en la comprensión de la necesidad de su desaparición, en llevar a la gente el debate sobre el Estado y su naturaleza de clase, y en tanto, cuestionamiento total de su legitimidad, y de la interiorización de la obediencia a la autoridad, y quitarnos de encima el miedo reverencial a la policía. Si un cuerpo policía puede disolver, tendrás más confianza en ti mismo para dar un empujón a un policía que está asfixiando a una persona. Esto también será importante para hacer frente a los procesos de fascistización, para sacar el mayor rendimiento de nuestras fuerzas cuando todavía no podemos conseguir los objetivos finales. Por ejemplo, vista la tolerancia y complicidad de policías y militares con los fascistas, plantear su desmantelamiento ya que no sirven para lo que supuestamente justifica su existencia, nuestra protección, sino para lo contrario. Esto agudizará (de momento) las contradicciones en su interior entre profascistas y quienes todavía no se hayan decantado a favor del fascismo. “El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) con una cronología de los acontecimientos — con versión PDF con imágenes, —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ — Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf — También en https://docplayer.es/71591027-El-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado.html —- También, pero sólo el texto https://cyohueso.wordpress.com/2016/05/11/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/

NOTA 9.- Léase este documento del 19 de septiembre de 2019 titulado UN MUNDO EN PELIGRO Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias. Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación que entre otras cosas advierte: “Si es cierto el dicho de que «el pasado es el prólogo del futuro», nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizadas. El mundo no está preparado.” Aunque no es directamente la OMS es un organismo dependiente de ella y copresidido por la exDirectora General de la OMS (Gro Harlem Brundtland) y el Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (Elhadj As Sy), claro que estos no son más que unos becarios (además, él es ¡negro!) comparados con la competencia, sentido común y sabiduría de grandes estadistas como Donald Trump, Bolsonaro y tantísimos otros. Enlaces https://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/GPMB_Annual_Report_Exec_Summary_Foreword_and_About_Spanish_0.pdf y https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Exec_Summary_Foreword_and_About_Spanish.pdf , y el documento al completo https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Spanish.pdf

EEUU, con su presidente Donald Trump (ultraderechista) abandona la OMS, privándola así de una gran parte de su financiación. El ultraderechista Bolsonaro, en Brasil, con su irresponsabilidad criminal, facilita la pandemia, y también dice que abandonará la OMS. ¿No se puede pedir responsabilidades institucionales y personales; que determinadas personas deban indemnizar a todas las víctimas mortales, enfermos, y arruinados; que acaben con sus huesos en la cárcel? Eso es impensable, al parecer. Es el mundo al revés, pero han conseguido que nos parezca aceptable o inevitable. Ellos tienen “licencia para matar” de muchas maneras (cruentas o no). Habrá que limitarse a aplaudir a los trabajadores/as sanitarios, esperar a que nos toque el turno de votar en las elecciones y ¡hasta la próxima pandemia!. Lo próximo será la gran crisis climática imparable y sostenida por cientos de años, si no más. Me he enterado de la existencia de ese documento por éste artículo de Ignacio Ramonet que en la edición en papel de Le Monde diplomatique en español (mayo 2020, nº 295) se titula “Cuando el apocalipsis golpea a nuestra puerta. La madre de todas las pandemias” y en la versión extensa digital y en abierto “La pandemia y el sistema mundo” https://mondiplo.com/la-pandemia-y-el-sistema-mundo

Muchas veces había imaginado que podrían darse situaciones como ésta (sobre todo tras ver películas como Contagio -2011, director Steven Soderbergh-), pero prefería ni mencionarlo para no contribuir más a una posible imagen de mí como una “catastrofista” y que, por ello, no se me tomase suficientemente en serio para otras cuestiones más controlables; pero se ve que hoy día el mayor peligro está en quedarse corta en las previsiones.

En el Pleno del Congreso de Diputados de España, celebrado el 20-5-2020, el diputado por Unidas Podemos, señor Echenique, denunciaba la política del PP, en particular de su presidente Casado, que pone como modelo la actuación de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la señora Ayuso, del PP, diciendo:

Aunque su grupo parlamentario ha presentado una iniciativa para que no se discrimine a personas mayores por razones de edad para acceder a las UCI —por cierto, una medida que ya dictó el Gobierno hace más de cuarenta y cinco días, y que supongo que ustedes no leyeron—, aunque ustedes hayan intentado hacer ruido con esto, ahora que sabemos que Ayuso es su ejemplo a seguir, tenemos una cierta idea de lo que usted hubiera hecho en nuestro lugar. Basta ver lo que ha ocurrido en Madrid. Hubo una orden de no medicalizar las residencias, a la vez que ciertos hospitales madrileños dictaban con carácter general que no se ingresara a pacientes provenientes de residencias. Recientemente, la señora Ayuso decía en una entrevista: «Si ha habido criterios técnicos y sanitarios que te dicen que igualmente esta persona va a fallecer, que mejor se quede ahí, yo no lo puedo cuestionar ahora en frío y a toro pasado». Estamos mal, pero menos mal que estamos, señor Casado, menos mal que estamos.”

Por último, y aunque usted ha sido el más beligerante Capitán a posteriori a favor del confinamiento temprano y contra el feminismo internacional, aunque usted ha acusado al Gobierno de España mil veces de llegar tarde, ahora que sabemos que Ayuso es su ejemplo a seguir, tenemos claro lo que habría hecho usted en nuestro lugar en marzo. La señora Ayuso quiere desconfinar a toda velocidad, a pesar de no tener aún preparados los mecanismos de atención primaria, la capacidad de test y la capacidad de rastreo para contener rebrotes. Esto, en contra de los expertos sanitarios, de los colegios de médicos y enfermeras, y obviando que países que han gestionado tan bien la epidemia como Alemania, Singapur, Japón o Corea del Sur han experimentado ya rebrotes. Este es su ejemplo a seguir, señor Casado.

En marzo, si usted hubiera estado en nuestro lugar, habría retrasado el confinamiento por presiones empresariales y usted jamás habría decretado el cierre de la actividad no esencial. Hoy tendríamos decenas de miles de muertos adicionales, señor Casado, si usted estuviera en nuestro lugar. Y ni siquiera hay que mirar a la enorme irresponsabilidad de Ayuso, su modelo a seguir. Usted mismo hoy aquí, señor Casado, va a votar por el desconfinamiento total el domingo, el contagio masivo y el rebrote…” Del diario de sesiones http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Publicaciones/DiaSes/Pleno – , http://www.congreso.es/public_oficiales/L14/CONG/DS/PL/DSCD-14-PL-23.PDF

En la Comunidad de Madrid, al parecer, las autoridades políticas (del PP, en gobierno compartido con Ciudadanos y con el apoyo de Vox) dieron instrucciones de que no se enviase a los hospitales a los ancianos que, en las Residencias de Ancianos, hubiesen enfermado por la covid-19 https://www.lasexta.com/noticias/nacional/iglesias-que-hemos-visto-residencias-madrid-castilla-leon-escandalo-que-crimen_202006085eddf72846959a0001564527.html Porque el sistema sanitario estaba colapsado, pero esto no se podía reconocer pues se evidenciaría el efecto nefasto de los recortes y las privatizaciones impulsadas por el PP. Han habido muchos casos en los que, en los hospitales, no se contaba con suficientes medios adecuados para atenderlos (como respiradores) y ni siquiera para la debida protección del personal sanitario y evitar que se hiciesen propagadores del virus (a compañeros, familiares…), ni suficiente personal para tanta tarea. Resultado claro de la falta de previsión motivada por la política de recortes sociales y la prioridad al beneficio económico.

Con una orientación neoliberal, para afectar lo menos posible a la economía (los beneficios), inicialmente algunas autoridades sanitarias y políticas (sobre todo del Reino Unido y EEUU) habían pensado en ir directamente a una inmunidad de grupo (de “rebaño”) pasando por infectarse al menos el 60% de la población, pese a que con el índice de letalidad del virus, habría conducido a una mortalidad elevadísima (en Reino Unido, previstas 500.000 muertes con este método; el Imperial College de Londres. estimó en 250.000) que, por mucho que se hubiese querido aislar, seguro que habría afectado sobre todo a los ancianos (como aquí, pese a todas las medidas tomadas). Sabiendo esto, el primer ministro británico, Boris Johnson dijo “Debo de ser claro con ustedes y con la ciudadanía británica: muchas familias van a perder a sus seres queridos antes de lo que pensaban” (12-3-2020). Primero los recortes sanitarios y las privatizaciones, y luego matar sobre todo a quienes ya no aportan nada a la economía y consumen gracias a sus pensiones de jubilación (un recorte de gasto más gracias a la pandemia). Ante la presión de la OMS, opinión pública y científicos, y de otros países también, especialmente europeos, tuvieron que echarse atrás. El 23 de marzo se confinó el país, y el 27 de marzo Boris Johnson fue diagnosticado de la covid-19 y, al agravarse su estado, a los diez días le tocó ingresar en un hospital y experimentar por sí mismo lo que pasarían otros muchos y habría condenado a padecer a muchísimos más (no tendrían, como él, la suerte de sobrevivir) si no le hubiesen obligado a cambiar de estrategia. Aunque no es accesible en abierto, las pruebas en el artículo “La tentación de lo “inevitable”” de Théo Bourgeron en “Le Monde Diplomatique en español” nº 294 de abril de 2020 https://mondiplo.com/la-tentacion-de-lo-inevitable Le Monde Diplomatique en español es, por diferencia, la mejor publicación impresa mensual y progresista (no de partido), con la mejor relación calidad, cantidad y precio (4,90 euros) y se puede encontrar en muchísimos puntos de venta de prensa diaria y revistas. Otra fuente, dossier informativo sobre la pandemia y sus circunstancias sociales con observaciones críticas anticapitalistas https://edicionesinterrev.wordpress.com/2020/04/11/covid-19-sars-cov2-una-pandemia-en-expansion-en-la-sociedad-capitalista-anibal-materia/

El 21-5-2020 por un informativo de la tv me entero de que un estudio publicado en EEUU afirma que si se hubiesen tomado antes las medidas necesarias, se habrían evitado en EEUU nada menos que 36.000 fallecimientos. La pandemia ya se ha cobrado en el mundo más de 400.000 fallecidos.

En tanto, en todo el mundo siguen creciendo los gastos militares, cuando con sólo una parte de ellos, se podían haber tomado muchas de las medidas preventivas necesarias ante esta pandemia. Lease https://laizquierdadiario.mx/Un-tanque-de-guerra-o-440-respiradores-Que-eliges

¿Qué tiene que ver todo esto de la pandemia con el fascismo? Con todos estos precedentes democráticos, con lo que está haciendo, por ejemplo, el presidente de Brasil, el ultraderechista Bolsonaro ¿os imagináis lo que podría haber hecho en un caso como éste un Estado burgués sin oposición, controlando la información, como un régimen fascista, militarista, teniendo además la experiencia nazi del asesinato de determinados enfermos y personas dependientes (entre 275.000 y 300.000), siendo las primeras víctimas gaseadas (en camiones), método que luego se llevó a los campos de extermino nazis, mediante las cámaras de gas? Véase https://es.wikipedia.org/wiki/Aktion_T4 y el estudio de María Paz Campos PérezEutanasia y nazismohttps://academica-e.unavarra.es/xmlui/bitstream/handle/2454/11239/MariaPazCamposPerez.pdf?sequence=1&isAllowed=y y Noelia RogerEliminación del los enfermos mentales en la Alemania Nazihttps://www.yadvashem.org/yv/pdf-drupal/es/education/roger.pdf

Si la pandemia covid-19 ya se ha ensañado con los ancianos, en gran parte gracias (por omisión o acción irresponsables) a los presidentes ultraderechistas como Trump y Bolsonaro, un Estado burgués fascista ¿no vería en ello la oportunidad para deshacerse de una buena parte de la población que ya no es productiva para el capital en su conjunto –aunque dé beneficios a una rama marginal- , y que consume recursos y mucho gasto médico y de cuidados para sobrevivir?. Jóvenes de hoy, pensad que esto bien les podría ocurrir a vuestros padres y abuelos.

NOTA 10.- La ley LOEPSF dice así: “Disposición transitoria primera. Periodo transitorio. 1. En 2020 deberán cumplirse los límites establecidos en los artículos 11 y 13 de esta Ley, para lo cual:”

Disposición final séptima. Entrada en vigor. La presente ley orgánica entrará en vigor el día siguiente al de su publicación en el «Boletín Oficial del Estado». No obstante, los límites previstos en los artículos 11 y 13 de esta Ley entrarán en vigor el 1 de enero de 2020.”

El artículo 11 se refiere al déficit estructural cero a perpetuidad: “Artículo 11. Instrumentación del principio de estabilidad presupuestaria. (…) 2. Ninguna Administración Pública podrá incurrir en déficit estructural”

El artículo 13 se refiere a bajar la deuda al 60% PIB a perpetuidad: “Artículo 13. Instrumentación del principio de sostenibilidad financiera. 1. El volumen de deuda pública, definida de acuerdo con el Protocolo sobre Procedimiento de déficit excesivo, del conjunto de Administraciones Públicas no podrá superar el 60 por ciento del Producto Interior Bruto nacional expresado en términos nominales, o el que se establezca por la normativa europea.”

Para profundizar véase mi artículo “Pensiones y nuevo ministro de la austeridad y la derrota” (15-1-2020) — un balance y una propuesta https://kaosenlared.net/pensiones-y-nuevo-ministro-de-la-austeridad-y-la-derrota/ ; la ley la encontraréis aquí https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2012-5730 Ved la última actualización).

NOTA 11.- Todo estos experimentos científicos y casos históricos deben llevarnos a no sobreestimar lo más mínimo nuestra capacidad de resistencia a las dinámicas autoritarias y fascistas, ni subestimar su capacidad para arrastrar a las masas, por mucho que ahora su razón y sentido moral les puede decir que es imposible; también a comprender que debemos hacer un esfuerzo consciente por estar atentos a los demás y a nosotros mismos, fortalecer nuestra humanidad y capacidad de resistencia y lucha. Todo el mundo lo cree, pero la realidad lo desmiente: no podemos ni tú ni yo estar seguros de que habríamos sido la excepción, que habríamos actuado decentemente, incluso heroicamente en esos experimentos y situaciones. Eso no quiere decir que debamos utilizar eso como escusa para ceder a la presión, ser indulgentes con nosotros mismos y dejarnos arrastrar sin empeñarnos en la debida resistencia, pues siempre hay quien lo consigue y no son personas que previamente se hayan mostrado como excepcionales, destacadas, etc. necesariamente. Por tanto, sí se puede resistir y ganar. La mejor forma de vencer es, no fiarse demasiado de uno mismo, estar alerta, no autoengañarte, no racionalizar el mal comportamiento para justificarse y dejar la responsabilidad en otros (“soy un mandao, etc.”), saber que tendrás que pelear contra tu propia flaqueza, quizás más incluso que contra quien desea arrastrarte. Los nazis organizaban grupos militarizados de asesinos de judíos, etc. (como el batallón 101 de la reserva, con unos quinientos miembros provenientes de Hamburgo, estudiado por Ch.R. Browning en su libro “Aquellos hombres grises. El batallón 101 y la solución final en Polonia” Edhasa, Barcelona, 2002 y posteriores, 426 páginas), pero no castigaban a quien, pese a haber sido convocado, no quisiese participar en ellos o desease darse de baja, y sin embargo, la ideología, el autoritarismo personal y también el deseo de pertenencia, de aprobación por el grupo, era una fuerza importante que llevaba a dar el paso e involucrarse hasta el final (cuanto más cómplice eres, más difícil resulta apearse pues ya estás manchado, y justificas tu permanencia). El fascismo (en sentido amplio) no está sólo ahí fuera, sino también agazapado en algún rincón de mi mente, de tu mente, y algún día podría despertar y salir si no estamos atentos. Hasta ahora hemos conseguido sobrevivir como especie, pero se lo ponemos más fácil a la autodestrucción, cuando disponemos del armamento nuclear y podemos crear las condiciones para la emergencia de una Inteligencia General Artificial hostil a nuestra especie.

Pese a todos los determinantes, condicionantes, efectos situacionales, influencia de la autoridad y del grupo, de la educación familiar, etc., tenemos una responsabilidad, un margen de libertad como han demostrado tantas y tantas personas corrientes en situaciones difíciles y extremas, teniendo en cuenta las consecuencias para los demás de sus actos, en el presente y el futuro, prefiriendo el bien al mal, resistiendo a la presión y la tentación. Eso es lo que, pese a todo, nos permite tener esperanzas en que finalmente podremos vencer. Por encima del propio interés, está la propia dignidad, el respeto a uno mismo como ser humano (entidad consciente y moral) y a vivir y morir como tal, no a sobrevivir a cualquier precio, a costa de cualquier cosa y de otros, justificándose, autoengañándose, racionalizando el mal hecho. Antes que la aceptación por el grupo o la autoridad, está la aceptación y el respeto por uno mismo como ser humano (alto logro de la materia del Universo, existencia debida al puro azar frente a la no existencia), quererse a uno mismo, sin narcisismo (un cristiano se referiría a esto como su importancia ya sólo por ser hijo/a de Dios, amado/a por Dios a pesar de ser un pecador/a, sin por ello ser superior ni inferior a los demás humanos, aceptado por ser, existir, pero no aprobado necesariamente en su comportamiento). Así como un virus puede ser más fuerte pero no más valioso que un ser humano, nuestra dignidad es más grande que el más poderoso fascismo con toda su miseria humana. Una Humanidad sin sentido de la dignidad, sin respeto a sí misma, sería la que entregase el poder al fascismo o a una Inteligencia General Artificial; la lucha por la supervivencia como sea, conduce a la renuncia de lo que nos hace mejores que el resto de los animales, y al suicidio como especie.

NOTA 12.- Del 11-S 2001 de EEUU, sigo sin estar convencida de la versión oficial del atentado al Pentágono a la vista de las fotografías aportadas muy tardíamente por el FBI (el 31-3-2017 –quince años y medio después- las desclasifican y difunden como si fuesen una gran cosa) con los restos del avión del vuelo 77 de American Airlines, sin tomar el menor interés por aclarar de una vez una cuestión tan importante como qué pasó con los dos motores de 6 toneladas cada uno del Boeing 757-223 (otras fuentes dicen que era un 757-200, o sea, que ni para esto se consiguen datos concluyentes; véase sobre modelos https://es.wikipedia.org/wiki/Boeing_757 , que aporta foto de un 757-223, y dice que el que se estrello en el Pentágono fue un 757-200, y sin embargo aquí https://es.wikipedia.org/wiki/Vuelo_77_de_American_Airlines dice que fue un 757-233 ), en qué parte del Pentágono los encontraron (pues si no se estrelló allí, lo harían en otra parte y no vale simplemente aportar los restos de los motores sin tener en cuenta las circunstancias de su final), presentando las fotografías correspondientes, y cómo es que se desintegró toda la parte del avión que no debiera haber podido penetrar en el edificio, además de que la opinión pública siga sin conocer el contenido de las grabaciones de las cámaras que supuestamente demostrarían que fue ese avión y no otro bólido (como un misil de crucero) lo que impactó contra el Pentágono. Hay muchos detalles que necesitan explicarse, pero no se han tomado mucho interés que se diga para hacerlo, como publicar el gobierno un informe muy detallado, un libro blanco, como referencia para todo el mundo (habría sido editado en casi todos los países), para acabar de una vez con todas las especulaciones que siembran la duda sobre la naturaleza de la democracia norteamericana ¿no habría sido una inversión excelente para ellos, para justificar más plenamente su “lucha contra el terrorismo” y las guerras en Oriente Medio – Afganistán, Irak-, y combatir así el antiamericanismo?. Y han pasado casi 19 años. Buscad en internet la noticia de La Vanguardia titulada “El FBI distribuye nuevas imágenes del ataque al Pentágono en el 11S”, leed los comentarios de los lectores; otros muchos medios de prensa digital también las difunden. Una web muy básica que calificarían de “conspiraoica” http://www.11-s.net/informacion/index.php ; otra http://www.investigar11s.org/ ; el artículo “El avión mágico del Pentágono: segunda parte” por Pierre-Henri Bunel, con un video poco conocido https://www.voltairenet.org/article139308.html ; otro artículo “La alas faltanteshttps://www.nodo50.org/gpm/11s/11Straducciones/07.htm difundido por el Grupo de Propaganda Marxista https://www.nodo50.org/gpm/ ; otra web que pretende ser razonable y anticonspiranoica http://11-s.eu.org/11-s/%CDndice ; video “77 American Airlines Crash Animation” https://www.youtube.com/watch?v=HMHjzmKc9hY y “Tercer Impacto (Reconstrucción)” https://www.youtube.com/watch?v=Opna58t9ku8 . Tras ver ambos videos compárese el tamaño relativo del avión y el edificio y lo que “se ve” en los videos oficiales, y el del montaje del artículo “El avión mágico…”. En el video oficial menos conocido justo se asoma un objeto alargado plateado que no recuerda el morro típico de un avión 757 con su cabina y su combinación de colores (en lo que coinciden las reconstrucciones), y en un instante, con la explosión, se habría volatilizado también la parte trasera del avión. Un artículo que apareció en la revista El Viejo Topo nº 250 de diciembre de 2008 (en realidad noviembre, tengo apuntado, debió ser un error al componer la portada), titulado “El 11-S y la funesta manía de pensar” de José Luis Gordillo, y que en dos partes se puede encontrar en esta web un tanto escandalosa en su formato, https://elproyectomatriz.wordpress.com/2009/01/08/el-11-s-y-la-funesta-mania-de-pensar-i/ y https://elproyectomatriz.wordpress.com/2009/01/13/el-11-s-y-la-funesta-mania-de-pensar-ii/ El libro más reciente del que tengo noticia, y supongo por ello más depurado, es el de Éric Raynaud “11-S Las verdades ocultas” (FOCA de ediciones Akal, 2010, 249 páginas), una reseña de José Luis Gordillo http://www.mientrastanto.org/boletin-84/la-biblioteca-de-babel/11-s-las-verdades-ocultas

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Para ACCEDER a mis artículos, informes y libros. Los artículos del 11 de enero de 2015 hasta hoy, los podéis encontrar poniendo esta nueva dirección https://kaosenlared.net/autor/aurora-despierta/ a la que también os lleva si hacéis clic en mi nombre en el artículo. Para vuestra comodidad, tenéis la relación y enlaces correctos a los textos previos al 20-10-2016 en “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf —– Ahí funcionan los enlaces de los artículos desde el día 21-12-2011 hacia hoy, y también la descarga de los archivos pdf adjuntos, aunque los artículos anteriores al día 15-1-2015 (cuando se adoptó el sistema Word Press) se hayan pasado en diciembre de 2019 al Old Kaos y pone como autor/a no su nombre sino el común a todos de “Autor de Old Kaos” (ese nombre se llega a prolongar, compartiendo con la previa denominación genérica de autor, hacia atrás hasta el 21-10-2011) y los anteriores al 17-12-2011 como común “Autor de Kaos 2014”, que corresponde al old kaos original (se prolongan hacia atrás hasta el 7-11-2003). Pero yo empecé a publicar en kaos a finales de 2007. Os recomiendo que os descarguéis los archivos pdf, no sólo por su interés, sino por si hubiese más cambios en la web que llevasen a que se perdiesen. Desde el 26-5-2014 para atrás ya no están accesibles para descargar los archivos pdf. Los míos previos al 11-12-2011 corresponden a lo que antes de diciembre de 2019 y durante años fue el Old Kaos en la red. En los años recientes los artículos fueron inaccesibles al estar desactivado old-kaos. Ahora se puede acceder, pero las direcciones URL se han modificado, por tanto, no sirven los enlaces que incluí en mis documentos. Tampoco figura como autor/a el real, sino uno genérico como “Autor de Kaos 2014”, y los archivos pdf adjuntos han desparecido. Pero los míos se pueden identificar porque en el texto tenía la costumbre de explicar cómo localizar fácilmente mis materiales, por lo que ponía mi nombre. Para conocer los míos más importantes tenéis la “Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” (29-5-2017) —- Recopilación selección documentos de diciembre 2007 a diciembre 2011 en el viejo Kaos en la red, en archivo PDF — http://kaosenlared.net/recopilacion-textos-aurora-despierta-viejo-old-kaos-2/ — y descarga directa del archivo PDF en http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/05/Recopilacion-textos-de-Aurora-Despierta-en-OLD-KAOS-PDF.pdf –. Los últimos cambios en la web de kaosenlared han hecho que desaparezcan los comentarios que ya había en los artículos. Eso ha supuesto una pérdida importante en aquellos en los que mediante los comentarios había profundizado o aportado datos y pruebas relevantes a cuestiones planteadas en el texto y mantenido un debate interesante con algunos de los comentaristas.

Artículo cerrado el 8-6-2020.

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