LA CONTRACULTURA ES TORTURA ORWELLIANA

Sociología de la contracultura

La contracultura de la segunda mitad del siglo XX fue una revolución burguesa y juvenil y su fin popular consistió en pasar el rato de la mejor forma posible. El aburrimiento y la soledad nutrieron las filas de la contracultura (la gente carecía de sueños y estaba llena de miedos). La gente a la que atrajo carecía de objetivos ni moral (sin educación parental ni valores humanos). En ella subyacía la visión de alguien que vive su vida según sus propias leyes y conseguía imponerse: la libertad y la fascinante violencia. Como ahora, trató de enfrentar el problema eterno: la represión sexual. Su gran fuerza impulsora fue el hedonismo. En ese sentido, fue una gran potenciadora de la droga. Las drogas homologaron el pensamiento, las sensaciones, etc, y su misticismo gregario fue distractivo de todo empeño. También abogó por la libertad espiritual pero cayó en fes religiosas seguidoras de gurús o líderes sospechosos. La búsqueda de la vida sin autoridad ni jerarquía dejó a la gente con una crisis de valores que llevó a la religión y gurús y santones hicieron su agosto. También, con la contracultura, se vino abajo el atávico concepto de familia y los adolescentes huían de sus casas (los llamados “runaways”) La contracultura sentó así las bases del juvenilismo y el culto al ego.

Resultado de imagen de Sociología de la contracultura     Todo partió de un desplazamiento de gustos y de un cambio de valores sociales que dieron lugar a  una nueva pauta de consumo. El hecho histórico esencial es el ascenso de la juventud en el escalafón social, desde el momento que pasa a ser consumidora de su propio mercado y de su propia cultura popular. La contracultura era burguesa y de clase media con lo que estaba viciada de capitalismo y éste la pudo usurpar y asimilar. Pero nunca antes la gente joven había tenido a su disposición tantos elementos desde literatura, música, cine, ropa, sobre todo drogas, e incluso religión y nuevas filosofías de la vida que no eran tan nuevas, como acabar con la familia y con las relaciones de pareja, eso que se llamó el “amor libre”. Todo esto creó una burbuja muy acogedora y llevó a pensar que el mundo realmente podía ser diferente.

Economía de la contracultura

La codicia compró la contracultura. Ya el principal desencadenante contracultural fue el poder adquisitivo de los jóvenes. La sociedad de consumo es un cepo perfecto pues la experiencia demuestra que las alternativas no han estado a la altura. La dependencia que crea el Capitalismo es perfecta. En realidad, se trató de cambiar los hábitos de consumo de jóvenes ávidos de productos intelectuales. El verdadero potencial de la población juvenil era el consumo. Había mucho dinero en juego con la música, la ropa, la universidad, las drogas… el capital  lo absorvió todo y sacó beneficio de todo. Además, la contracultura fue un buen laboratorio de cobayas donde se experimentaron muchas nuevas formas de consumo, y, sobretodo, de mercancías. El principal factor, imponer la necesidad de la renovación constante y sistemática, de manera que no de tiempo a pensar ni a reflexionar. Las piedras arrojadas al Sistema capitalista, este las ha devuelto con una etiqueta y un precio.

Política de la contracultura

La contracultura intentó huir del estado, o disolverlo, y estar en paz en el lumpen (huir del estado de las cosas). Originalmente, se entendía la contracultura como cambiar la manera de vivir para una generación que creía que podía cambiar las cosas. Pero fueron episodios aislados que, uno tras otro, el Sistema desactivó hasta apropiárselos. Cada uno necesitaba un contrario para reflejarse en él y reafirmar su diferencia. Su unión temible para el Sistema era imposible porque el Capitalismo conocía sus debilidades: el egoísmo y el sentido de la propiedad. Aún así, la izquierda, convirtió la contracultura en un imaginario fantasmal. Todos los mensajes revolucionarios de la contracultura fueron eslóganes de usar o tirar. Y la molesta violencia fue fruto de muchos intereses, de “guerra sucia” y subterránea teledirigida.

Mayo del 68, icono ínclito de la contracultura, sirvió para que el poder se asentara mas. La Nueva Izquierda fue un episodio de renovación de la clase política. También, el poder instituído usó la droga como control social de potenciales disidentes. Se demostró que el sistema solo conoce la fuerza y el menoscabo económico y el pensamiento y las ideas son ilusiones. La rebeldía era otra ilusión y fantasía  en la novida sistémica. Su error fue marginalizarse, ir a por el “todo o nada”, y no enfrentarse en competencia con el sistema, atacarlo desde dentro y no desde las afueras. O exigían una coherencia imposible o acababan comprados. Por supuesto, en la castración, “también tuvo imaginación el poder”. Si el poder no podía evitar el pensamiento, lo saboteaba para sembrar que la gente se sintiera paranoica pensando ciertas cosas. Así que todos los intentos fueron asimilados por el Sistema.

Se consumieron ideologías que actuaban como drogas y eran una moda mas. Se sembraron ideologías que luego se podían mercantilizar. La contracultura estaba atomizada ideológicamente. Los teóricos hacían una carrera profesional de su ideología.A partir del mítico “Mayo del 68” se construyó un tremendo imaginario. Pero un imaginario desactivado que reforzó al poder. Los profesionales de la contracultura cambiaron las cosas a mejor, pero solo para ellos mismos. Se demostró que el negocio y las luchas de poder –verdaderos engranajes del sistema- son los que mueven el mundo.

Medios de comunicación y contracultura

Hollywood siguió la contracultura documentándola, banalizándola y asociándola al vicio y al crimen. Esta fue la realidad a pesar de que el teórico Roszak entendió la contracultura como infiltración mediante la música, el arte, la literatura, el cine, etc en vez de violencia o marginalización. Pero la contracultura fue televisada y produjo una “guerra cultural” con agentes infiltrados y servicios secretos reprimiendo, difamando, caricaturizando y desactivando todo rasgo subversivo. Además, y sin embargo, salir en la televisión en tiempo real produjo un efecto llamada a las ilusiones de los adolescentes.

El Rock and Roll

El rock fue la banda sonora popular de la delincuencia juvenil. Pero se convirtió en un producto de consumo más que despachar y comercializar dentro de una potencial parcela de mercado a explotar. En realidad, el rock transmitió muy pocas sensaciones artísticas. Reforzó la mitología de la juventud y de la novedad constante. Como entretenimiento, adquirió un sentido muy perverso: hacer olvidar los problemas reales. Históricamente, en EEUU, la demografía de posguerra mundial del “baby boom” llenó las universidades de judíos que tocaban folk, crearon circuitos de conciertos, periódicos underground, tiendas, etc. Desde 1965 el rock es un mero negocio que se repite a si mismo. Como la moda o la religión, el rock es una forma de no tener que decidir quién eres. De la contracultura se salva la creatividad artística nacida en y de esas circunstancias. El rock muestra unas frustraciones, pero no dice cómo superarlas.

El hecho social que crea el rock son los festivales musicales masivos. Pero los festivales también fueron campos experimentales para comprobar cómo someter a grandes multitudes con sustancias incontroladas y dejarlos neutralizados. Eran un campo de concentración con gran dispendio de vatios. En realidad, los festivales son la comunión de las masas con su propia alienación.

Balance y legado de la contracultura

Contracultura ha habido siempre. Pero ninguna de las quimeras de la contemporánea se cumplió: Fracasó y fue engullida, y acabó siendo un espectáculo mas (un producto huero del que sacar un beneficio). La rebelión existencial de entonces se ha reducido a unas zapatillas de deporte. El lema de las “Converse”, “la rebelión es lo que te mantiene vivo” convierte el deseo en dinero (lo archisistémico). Para el poder y el Sistema la contracultura fue un banco de ensayo (la juventud es hoy mas manipulable). Hoy la juventud es mas pasiva y cómoda, tiene mucho que perder. Lo antisistema consiste en pasarlo bien y fornicar sin autocrítica ni teoría crítica sustancial. La contracultura sirve a los medios para generar miedo distractor.

En fin, la contracultura es una serie de manifestaciones culturales acaecidas en la segunda mitad del siglo XX a la sombra del mainstream que explican muchas fracturas sociales acaecidas a finales del mismo siglo. La contracultura fracasó y no existe más. Solo quedan hoy sus rastros más superficiales. Hoy no hay contracultura: si hay algo opuesto a la cultura oficial es solo en apariencia, como un subfenómeno creado por uno. Ha permanecido su mitología, ese sentido de ilusión colectiva que hubo y a muchos les gustaría que hubiera otra vez porque necesitamos sentirnos parte de un colectivo. Hoy se ha transformado su aroma en individualismo.

Las fuerzas dominantes siguen determinándonos la vida y en que términos la vivimos, por eso no ha cambiado nada. Fue una gran fuerza ilusoria y optimista a la que sucedió nuestra incertidumbre por precariedad. Algunos movimientos arraigados en la conciencia con afecto, al final concluyeron siendo una moda y una mercancía. Esto nos vuelve pesimistas además del dato de que un legado de la contracultura es que su fantasía y lemas han sido empleados por la publicidad comercial:  Funeraria “La alegre vida”. Hoy, mentar la contracultura, es una tortura orwelliana.

 

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