DERIVA TOTALITARIA Y FIN DE LA FORMALIDAD DEMOCRÁTICA
Impulsar estrategias que tengan voluntad transformadora es una tarea lenta, y además, en un contexto tan cambiante como el actual es dífícil saber con qué escenarios nos vamos a encontrar en los próximos años. Aún así conviene hacer el esfuerzo de mirar más allá de la próxima manifestación o de la última ley aprobada, pues se trataría no tanto de adivinar el futuro como de atisbar los efectos futuros que podrían tener las apuestas que hacemos hoy. Hay algunas tendencias y situaciones cíclicas que nos dan pistas de lo que puede pasar, y también hay experiencias de lucha que podrían aportarnos ideas sobre cómo encararlo. Lo que sigue es un intento de localizar esas tendencias y pretende ser una contribución para tratar e afinar mejor nuestras propuestas.
En sus orígenes, la idea de crisis se refería a un período decisivo en que se producían cambios fundamentales. En los años 70 comenzó una de esas etapas con la crisis de los combustibles fósiles (1973), más tarde, esa misma crisis se ha ido manifestando con otras formas: como la de las puntocom (2000), la financiera (2008) la del Covid (2020), o las regionales como la de la deuda en Amércica Latina (1982), la asiática (1987) la rusa (1998) o la argentina (2001). A pesar de sus distintas formas, estos períodos son expresiones diversas de una misma crisis de ciclo más largo que puso fin a los llamados Treinta Añós Gloriosos, una época de expansión económica sostenida que se dio en muchos países tras la 2ª Guerra Mundial. Este proceso de crecimiento se apoyó en la reconstrucción tras la guerra, la industrialización, el fomento del consumo y las materias primas baratas extraídas por medio del neocolonialismo, entre otras causas.
En los países de la región noratlántica, la prioridad de los gestores políticos tras la guerra fue mantener la estabilidad y la paz social para no perjudicar a la economía. Con ese propósito los partidos de derechas y los socialdemócratas llegaron a un pacto que algunos han llamado el “consenso social liberal”. Fue un compromiso que definía el especto de las políticas que se entendían como “aceptables”. Este arco incluía la aceptación de un conjunto de leyes compartidas que diesen imagen de neutralidad al Estado, cierta intervención estatal para dinamizar la economía, algunas ventajas para la población asalariada y excluida en forma de políticas soiales, y el reforzamiento de los canales institucionales para la gestión de la conflictividad social.
Así, vemos como el “consenso social liberal” ha sido una construcción ideológica propia del período expansivo de la economía. Este marco ideológico ha servido a los gestores estatales para mantener el debate político dentro de unas coordenadas definidas. Sin embargo, la aparición cada vez más frecuente de las crisis hace que este consenso haya llegado a una especie de época otoñal. Cada vez que las élites económicas han percibido que sus beneficios peligraban, las instituciones estatales han mostrado su parcialidad, como pasó en 2008 con los rescates a las empresas y las leyes represivas dirigidas a contener la protesta. A medida que ha ido avanzando la crisis, el Estado se ha ido deshaciendo de sus sus políticas sociales, al tiempo que los gastos se han ido rredirigiendo hacia el control y el militarismo. La forma democrática está dejando paso a la estructura dura del Estado. Al mismo tiempo, y con el objetivo de adaptar a la población a las nuevas necesidades del Capital, se están promoviendo hábitos y formas culturales que mercantilizan todos los aspectos de la vida.
El espejismo de la neutralidad
“El 15 de marzo de 2020, en plena crisis sanitaria, el gobierno declaró el Estado de Alarma e impuso un confinamiento que duró cien días. En eso meses se desplegaron fuerzas militares y policiales que ocuparon el territorio, sobretodo en las ciudades. Se promocionó una visión punitiva del mantenimiento de la salud colectiva con el fin de ocultar las miserias de la industria alimentaria y de la institución sanitaria. Como consecuencia aumentaron exponencialmente los casos de detenciones arbitrarias y abusos policiales, especialmente entre los sectores de población que son estigmatizados habitualmente por los medios. La estructura autoritaria de l Estado se expresó con la nitidez de una radiografía, asegurándose los beneficios empresariales y manteniendo el orden de forma estrricta a costa de aumentar las situaciones de desigualdad.
A esar del ambiente represivo, muchas personas consiguieron organizarse para establecer redes de apoyo mutuo. La iniciativa partió, a menudo, de organizaciones de barrio que consiguieron implicar a parte del vecindario en el funcionamiento de sesas redes. Se impulsaron bancos de alimentos, actividades de ayuda presencial, espacios para el asesoramiento legal y otras formas de apoyo. Muchas de estas tareas implicaban bordear o saltarse las normas. Aún así, las redes mantuvieron su actividad y algunas contribuyeron al surgimiento de estructuras locales de apoyo mutuo más estables. Posteriormente, podemos ver ejmplos derivados de aquellas prácticas, como la respuesta social a la DANA de Valencia, que heredó rasgos de aquellas iniciativas”.
A veces se comprenden mejor las decisiones de los gobernantes si prestamos atención a las ideas que les inspiran. En los años 50 entre la élite política estaba de moda leer a autores como Hanna Arendt o Max Weber, que eran exponentes de lo que se consideraba un pensamiento aceptable. Sin embargo, un autor muy de moda en el entorno de la política institucional de hoy es Carl Schmitt. Schmitt fue un jurista alemán el cual los años 20 que teorizó sobre la defensa del orden capitalista en períodos de crisis. Lo hizo tras la 1ª Guerra Mundial al servicio de la República de Weimar y luego para los nazis, prestando especial atención al artículo de la Constitución alemana dedicado al Estado de Excepción. Schmitt veía en la gestación de las crisis una oportunidad para que el Estado pudiese desechar las formalidades democráticas e implantar las medidas necesarias para defender el orden capitalista. En aquellos momentos en que el tiempo normal parecía romperse, el Estado debía presentarse como el héroe salvador que declararía una excepción sobre las leyes y tomaría decisiones unilaterales pasando por encima de las formalidades establecidas. Una vez recuperado el orden habitual los gobernantes deberían dar forma legal a aquellas decisiones tomadas. Por su parte, las autoridades también deberían reencantar a la población con la polític ade un Estado fuerte, capaz de defender el orden contra algún enemigo “útil”, exterior o interior, y neutralizarlo.
Curiosamente, Carl Schmitt defendía que los conceptos políticos son ideas religiosas secularizadas. Schmitt veía los momentos de crisis graves en los que el soberano, el Estado, muestra su cara más autoritaria como una especia de milagro que le sirve para legitimarse tanto a si mismo como a sus políticas. En esos momentos de crisis los gobernantes establecen medidas especiales que luego se normalizan en los códigos legales(como el artículo 135 de la Constitución sobre estabilidad presupuestaria o la ley mordaza para las protestas). Las manifestaciones de la crisis son instantes en que la estructura autoritaria del Estado se muestra como en una radicografía. Las vestimentas legales, los complementos parlamentarios y los rituales demodráticos quedan en segundo plano en la medida en que las expresiones de la crisis han sido mas profundas, esta estructura ha ido cobrando más importancia y las formalidades del “consenso social liberal” se han ido ajustando a ella o han ido decayendo. Por eso hace falta desmontar la fantasía del Estdo neutral, que se presenta como un dios imparcial al que es posible redirigir.
Los talismanes legales
“A mediados de los años 70, en plena decadencia agresiva del régimen franquista, las luchas obreras cogieron un gran impulso y se expresaron sobre todo en forma de huelgas. Como consecuencia de este ciclo de luchas, los salarios subieron mucho y las condiciones laborales mejoraron. Otros efectos de estas movilizaciones fueron el establecimiento de mecanismos para gestionar los conflictos desde los despachos y la aprobación de la primera ley de huelgas, que fijaba un marco en que éstas se podían realizar así como unos límites para que no afectasen a la estabilidad del sistema y de la economía.
En 2011, en el contexto de la crisis financiera, un gobierno socialdemócrata decretó por primera vez en 25 años la congelación de las pensiones. Dos años más tarde, ya con un gobierno ded erechas, se instauró una nueva ley que convertía en permanente la medida de emergencia adoptada dos años antes. La subida de los precios y de los beneficios empresariales en los años siguientes contribuyeron a movilizar a los pensionistas, algunos de los cuales seguramente habían participado en las huelgas de los años 70. en el año 2018 las movilizaciones pensionistas tuvieron un gran impacto, consiguiendo que se anulase aquella ley y se volviesen a revalorizar las pensiones”.
Tras el estallido d ella crisis de los 70, ue implicó también una crisis política y social, las élites capitalistas no tardaron en mostrar su respuesta, que comenzó en el Chile de Pinochet, los EEUU de Reagan y l aGran Bretaña de Thatcher. Ante la crisis, los Estados debían reducir su faceta social, aumentar las políticas de control, favorecer la mercantilización del individuo y atacar a las organizaciones sociales. Es más , esa ofensiva capitalista ha ido extendiéndose e intensificándose con el tiempo: hemos visto reproducirse este tio de políticas coincidiendo con situaciones de crisis o emergencias de cualquier tipo. Como ejemplo, podemos ver como las leyes garantistas y la normas no escritas que parecían solidamente afectadas desaparecen o se dejan vacías de contenido. A la vez, se aprueban nuevas leyes adaptadas cada vez más a las necesidades del Capitalismo, unas impulsadas por la socialdemocracia y otras por la derecha.
Estas transformaciones se entienden mejor si tratamos de profundizar en el papel de la Administración Pública. El Estado moderno es, según Marx, la institución que representa a los intereses empresariales fuera de los centros de trabajo. Sus funciones principales son ser el aparato burocrático de dominación del Capitalismo, mantener el orden social y los privilegios de clase, impulsar las leyes e infraestructuras para la explotación de la población asalariada y del entorno natural, y garantizar la transferencia de recursos colectivos hacia las élites. Esta dinámica se ha dado en regímenes fascistas, en los de las democracias parlamentarias y en los del capitalismo de Estado(mal llamados socialismo real).
Las instituciones estatales están subordinadas a los intereses del Capital. Su funcionamiento normal depende de la situación de la economía y de la voluntad de las empresas capitalistas para sostener economicamente a estas entidades principalmente en forma de créditos. De hecho estas organizaciones tienden a funcionar cada vez más siguiendo lógicas empresariales. La política institucional entendida como representación es una forma de encubrir la relación de dominación que ejercen quienes tienen la propiedad y la capacidad de decisión acerca de los medios para sostener la vida, sobre los que solo podemos vender nuestra fuerza de trabajo. Los procedimientos legislativos y la burocratización del sistema de representación son formas de disimular el ejercicio del poder real. Los gestores políticos son solo eso, gestores de las voluntades de las élites.
El sentido y la aplicación de las leyes en cada momento no depende tanto del color político que gobierne como de la relación de fuerzas real, medida en la calle en forma de presión social o capacidad ded esestabilización. En periodos de movilización fuerte, aun con gobiernos de derechas, se suelen conseguir más logros que en otros de paz social, aun con gobiernos socialdemocratas. Por eso, a nivel estratégico resulta interesante prioriar la construcción y el fortalecimiento de comunidades de lucha que estén implicadas en conflictos vinculados con el sostenimiento de la vida. En cambio, aferrarse como si fueran talismanes protectores a leyes concretas puede ser útil fugazmente pero a la larga es una apuesta debilitante que nos deja atrapados en los pasillos de la Adminstración.
La totalidad
“En 1983 Margaret Thatcher fuew reelegida para gobernar Gran Bretaña. En su primer mandato había tratdo de imponer una cultura adapatada a las necesidades del Mercado. Entre otras iniciativas promovió un individualismo hostil a toda idea de colectividad que no se alinease con el Capitalsimo, impulsó políticas para la defensa de la propiedad y promovió la discriminación de determinados sectores de la población como chivos expiatorios hacia los que redirigir el malestar social. Thatcher defendía que la sociedad no existe, solo los individuos y las familias. En sus políticas redujo al máximo la intervención social del Estado, privatizó empresas públicas, desreguló las relaciones laborales y apostó por un control social más férreo de la población. Además, a nivel internacional promovió la guerra en las islas Malvinas. En su segundo mandato decidió cerrar gran parted e la industria minera y de paso declararle la guerra a las organizaciones de trabajadores. Thatcher lo expresó así”: Tuvimos que luchar contra el enemigo externo en las Malvinas. Pero siempre tenemos que estar atentos al enemigo interno, que es mucho más difícil de combatir y más peligroso para la libertad.
“La huelga de los mineros empezó en noviembre de 1984 y duró un año. Entremezclándose con las actividades de protesta de los trabajadores de las minas, surgieron asociaciones de apoyo mutuo en las zonas afectadas. Estas asociaciones estaban impulsadas sobre todo por mujeres y organizaban manifestaciones, recogida de fondos, comedores populares y eventos culturales solidarios. A lo largo de esos meses en las zonas mineras se estableció una convivencia estrecha, cercada por una ocupación policial agresiva. Se experimentó con formas diferentes de relación entre el vecindario que iba en dirección contraria a la ideología individualista y mercantilizadora que estaba tratando de imponer el gobierno. En un contexto de lucha y represión estas mujeres consiguieron generar unas prácticas de lucha que no solo iban en contra, sino que desbordaban las ideologías capitalista y patriarcal”.
La ofensiva del gobierno inglés contra las comunidades mineras y explotadas en general durante aquellos años fue económica, mediática, cultural, represiva y también atacaba toda idea de colectividad que alterase la normalidad el Mercado. A partir de los años 80 la tendencia dominante entre las políticas públicas en los países de la región noratlántica ha seguido, con variaciones, las tesis thacherianas. Se ha impulsado una cultura del emprendedor que nos convierte en productos para el mercado laboral (fomentando la competitividad, la auto-explotación y la culpa por l apropia situación laboral), se ha promovido un ideal de clase media que promete la salvación por medio de la inversión y se han promocionado unos sucedáneos de colectividad basados en las redes y el consumo. Al mismo tiempo se han desplegado mecanismos de control digital y físico mucho más desarrollados. Hay además, una criminalización constante de determinados sectores de la población constantes de determinados sectores de la población, especialmente los migrantes.
La respuesta de las mujeres de las cuencas mineras apuntaba a una crítica que iba más allá de la oposición al cierre de las minas, con sus actividades ponían en cuestión el modelo de vida que se les había impuesto. Sus prácticas cuestionaban la exaltación del individualismo egoísta, el interes económico como eje de la vida o la familia patriarcal como unica forma de colectividad. Un modelo social que pretende dominar todos los aspectos de nuestra vida, gobernar los cuerpos y las almas como se decía en la Edad Media, es un modelo totalitario. Para hacerle frente es necesario cuestionarlo de manera total y afrontar los conflictos en toda su profundidad, renunciar a ésto y adoptar estrategias puramente defensivas es entregarle el campo de disputa a las élites capitalistas.
El modo o el nivel de vida
“Detroit o paterson son dos ciudades de zonas muy diferentes de EEUU, pero tienen al menos dos cosas en común. En ambas hubo una industria fuerte que las convirtió en simbolos del capitalismo estadounidense del siglo pasado. A partir de los años 60 la producción empezó a trasladarse a otros territorios y estas dos ciudades se sumieron en una crisis profunda. Hubo desidos, paro, miseria y emigración. Pero con el tiempo, en ambas ciudades han ido apareciendo productos comunitarios de base que trtan de sostener la vida con prácticas colectivas que escapan a las lógicas capitalistas. En estas redes se ensayan actividades colectivas con huertos urbanos, grupos de apoyo mutuo y espacios culturales y de otro tipo, que tienen como horizonte vivir de forma más digna aún en condiciones difíciles”.
A nivel internacional hemos entrado en una época de competición intensa por recursos, territorios e influencia. Se está imponiendo una lógica de guerra por las debilidades relativas de cada potencia y de cada territorio. La región noratlántica lleva varias décadas inmersa en un proceso de decadencia que no tiene pinta de acabar. En el plano local, el desmantelamiento del tejido industrial, la primacía del sector servicios y el aumento de la población excluida del mercado laboral son ya una constante. La mayoría de las reivindicaciones tradicionales de la izquierda tienen como referente una idea de bienestar basada en la capacidad de consumo y están impregnadas de nostalgia por una imagen idealizada del Estado de Bienestar. Su eficacia se suele medir según el eco mediático, el número de afiliados o la participación en mesas de negociación. La contestación atrapada en el “malmenorismo” es tan nihilista como el Capitalismo, porque asumed e entrada la derrota y renuncia a ir más allá de su juego.
Nuestra práctica debería tener el cuestionamiento del modo de vida capitalista como un eje de intervención estratégico, y el impulso a las iniciativas comunitaria de lucha podría permitir avanzar en eses entido enla menos dos aspectos. A nivel interno, abría la posibilidad de conseguir mayor autonomía en el sostenimiento de la vida respecto a las dinámicas del mercado y de las instituciones y, al mismo tiempo, podría ayudar a ensayar formas de relación que vayan más allá de la lógica capitalista. Hacia afuera, podría ayudar a mejorar nuestra capacidad para tejer alianzas y obstaculizar los proyectos de las élites políticas y econóicas en sus distintos ámbitos.
La circulación
“Los bloqueos de carreteras por los piqueteros durante la crisis argentina en 2001, los cortes de ruta en la guerra del Gas en Bolivia en 2003 y la ocupación de las rotondas por los chalecos amarillos en 2018 forman parte de una misma tradición de lucha. La interrupción de las vías de comunicación por las que circulan mercancías y personas es tan antigua como el Capitalsimo. Ya en el iglo XVIII, con el auge del comercio maritimo, se bloqueaban los puertos europeos para reivindicar subidas salariales y fijar los precios de las mercancías. La principal forma de lucha de la población explotada y excluída de aquella época consistía en interrumpir la circulación de productos en puertos y mercados. La industrialización convirtió a la fábrica en el espacio donde más se sentía la explotación y en el que había más posibilidades de organizarse. A medida que la industrialización se extendió, la huelga pasó a ser la forma de protesta más habitual y se ha mantenido así hastq finales del siglo XX”.
Una de las manifestaciones de la crisis actual es que a las élites inversoras ya no les basta con producir cada vez más, tratando de reducirArt EZ1
yo
Para
alfredo velasco
4 jun
4 jun a las 19:55
DERIVA TOTALITARIA Y FIN DE LA FORMALIDAD DEMOCRÁTICA
Impulsar estrategias que tengan voluntad transformadora es una tarea lenta, y además, en un contexto tan cambiante como el actual es dífícil saber con qué escenarios nos vamos a encontrar en los próximos años. Aún así conviene hacer el esfuerzo de mirar más allá de la próxima manifestación o de la última ley aprobada, pues se trataría no tanto de adivinar el futuro como de atisbar los efectos futuros que podrían tener las apuestas que hacemos hoy. Hay algunas tendencias y situaciones cíclicas que nos dan pistas de lo que puede pasar, y también hay experiencias de lucha que podrían aportarnos ideas sobre cómo encararlo. Lo que sigue es un intento de localizar esas tendencias y pretende ser una contribución para tratar e afinar mejor nuestras propuestas.
En sus orígenes, la idea de crisis se refería a un período decisivo en que se producían cambios fundamentales. En los años 70 comenzó una de esas etapas con la crisis de los combustibles fósiles (1973), más tarde, esa misma crisis se ha ido manifestando con otras formas: como la de las puntocom (2000), la financiera (2008) la del Covid (2020), o las regionales como la de la deuda en Amércica Latina (1982), la asiática (1987) la rusa (1998) o la argentina (2001). A pesar de sus distintas formas, estos períodos son expresiones diversas de una misma crisis de ciclo más largo que puso fin a los llamados Treinta Añós Gloriosos, una época de expansión económica sostenida que se dio en muchos países tras la 2ª Guerra Mundial. Este proceso de crecimiento se apoyó en la reconstrucción tras la guerra, la industrialización, el fomento del consumo y las materias primas baratas extraídas por medio del neocolonialismo, entre otras causas.
En los países de la región noratlántica, la prioridad de los gestores políticos tras la guerra fue mantener la estabilidad y la paz social para no perjudicar a la economía. Con ese propósito los partidos de derechas y los socialdemócratas llegaron a un pacto que algunos han llamado el “consenso social liberal”. Fue un compromiso que definía el especto de las políticas que se entendían como “aceptables”. Este arco incluía la aceptación de un conjunto de leyes compartidas que diesen imagen de neutralidad al Estado, cierta intervención estatal para dinamizar la economía, algunas ventajas para la población asalariada y excluida en forma de políticas soiales, y el reforzamiento de los canales institucionales para la gestión de la conflictividad social.
Así, vemos como el “consenso social liberal” ha sido una construcción ideológica propia del período expansivo de la economía. Este marco ideológico ha servido a los gestores estatales para mantener el debate político dentro de unas coordenadas definidas. Sin embargo, la aparición cada vez más frecuente de las crisis hace que este consenso haya llegado a una especie de época otoñal. Cada vez que las élites económicas han percibido que sus beneficios peligraban, las instituciones estatales han mostrado su parcialidad, como pasó en 2008 con los rescates a las empresas y las leyes represivas dirigidas a contener la protesta. A medida que ha ido avanzando la crisis, el Estado se ha ido deshaciendo de sus sus políticas sociales, al tiempo que los gastos se han ido rredirigiendo hacia el control y el militarismo. La forma democrática está dejando paso a la estructura dura del Estado. Al mismo tiempo, y con el objetivo de adaptar a la población a las nuevas necesidades del Capital, se están promoviendo hábitos y formas culturales que mercantilizan todos los aspectos de la vida.
El espejismo de la neutralidad
“El 15 de marzo de 2020, en plena crisis sanitaria, el gobierno declaró el Estado de Alarma e impuso un confinamiento que duró cien días. En eso meses se desplegaron fuerzas militares y policiales que ocuparon el territorio, sobretodo en las ciudades. Se promocionó una visión punitiva del mantenimiento de la salud colectiva con el fin de ocultar las miserias de la industria alimentaria y de la institución sanitaria. Como consecuencia aumentaron exponencialmente los casos de detenciones arbitrarias y abusos policiales, especialmente entre los sectores de población que son estigmatizados habitualmente por los medios. La estructura autoritaria de l Estado se expresó con la nitidez de una radiografía, asegurándose los beneficios empresariales y manteniendo el orden de forma estrricta a costa de aumentar las situaciones de desigualdad.
A esar del ambiente represivo, muchas personas consiguieron organizarse para establecer redes de apoyo mutuo. La iniciativa partió, a menudo, de organizaciones de barrio que consiguieron implicar a parte del vecindario en el funcionamiento de sesas redes. Se impulsaron bancos de alimentos, actividades de ayuda presencial, espacios para el asesoramiento legal y otras formas de apoyo. Muchas de estas tareas implicaban bordear o saltarse las normas. Aún así, las redes mantuvieron su actividad y algunas contribuyeron al surgimiento de estructuras locales de apoyo mutuo más estables. Posteriormente, podemos ver ejmplos derivados de aquellas prácticas, como la respuesta social a la DANA de Valencia, que heredó rasgos de aquellas iniciativas”.
A veces se comprenden mejor las decisiones de los gobernantes si prestamos atención a las ideas que les inspiran. En los años 50 entre la élite política estaba de moda leer a autores como Hanna Arendt o Max Weber, que eran exponentes de lo que se consideraba un pensamiento aceptable. Sin embargo, un autor muy de moda en el entorno de la política institucional de hoy es Carl Schmitt. Schmitt fue un jurista alemán el cual los años 20 que teorizó sobre la defensa del orden capitalista en períodos de crisis. Lo hizo tras la 1ª Guerra Mundial al servicio de la República de Weimar y luego para los nazis, prestando especial atención al artículo de la Constitución alemana dedicado al Estado de Excepción. Schmitt veía en la gestación de las crisis una oportunidad para que el Estado pudiese desechar las formalidades democráticas e implantar las medidas necesarias para defender el orden capitalista. En aquellos momentos en que el tiempo normal parecía romperse, el Estado debía presentarse como el héroe salvador que declararía una excepción sobre las leyes y tomaría decisiones unilaterales pasando por encima de las formalidades establecidas. Una vez recuperado el orden habitual los gobernantes deberían dar forma legal a aquellas decisiones tomadas. Por su parte, las autoridades también deberían reencantar a la población con la polític ade un Estado fuerte, capaz de defender el orden contra algún enemigo “útil”, exterior o interior, y neutralizarlo.
Curiosamente, Carl Schmitt defendía que los conceptos políticos son ideas religiosas secularizadas. Schmitt veía los momentos de crisis graves en los que el soberano, el Estado, muestra su cara más autoritaria como una especia de milagro que le sirve para legitimarse tanto a si mismo como a sus políticas. En esos momentos de crisis los gobernantes establecen medidas especiales que luego se normalizan en los códigos legales(como el artículo 135 de la Constitución sobre estabilidad presupuestaria o la ley mordaza para las protestas). Las manifestaciones de la crisis son instantes en que la estructura autoritaria del Estado se muestra como en una radicografía. Las vestimentas legales, los complementos parlamentarios y los rituales demodráticos quedan en segundo plano en la medida en que las expresiones de la crisis han sido mas profundas, esta estructura ha ido cobrando más importancia y las formalidades del “consenso social liberal” se han ido ajustando a ella o han ido decayendo. Por eso hace falta desmontar la fantasía del Estdo neutral, que se presenta como un dios imparcial al que es posible redirigir.
Los talismanes legales
“A mediados de los años 70, en plena decadencia agresiva del régimen franquista, las luchas obreras cogieron un gran impulso y se expresaron sobre todo en forma de huelgas. Como consecuencia de este ciclo de luchas, los salarios subieron mucho y las condiciones laborales mejoraron. Otros efectos de estas movilizaciones fueron el establecimiento de mecanismos para gestionar los conflictos desde los despachos y la aprobación de la primera ley de huelgas, que fijaba un marco en que éstas se podían realizar así como unos límites para que no afectasen a la estabilidad del sistema y de la economía.
En 2011, en el contexto de la crisis financiera, un gobierno socialdemócrata decretó por primera vez en 25 años la congelación de las pensiones. Dos años más tarde, ya con un gobierno ded erechas, se instauró una nueva ley que convertía en permanente la medida de emergencia adoptada dos años antes. La subida de los precios y de los beneficios empresariales en los años siguientes contribuyeron a movilizar a los pensionistas, algunos de los cuales seguramente habían participado en las huelgas de los años 70. en el año 2018 las movilizaciones pensionistas tuvieron un gran impacto, consiguiendo que se anulase aquella ley y se volviesen a revalorizar las pensiones”.
Tras el estallido d ella crisis de los 70, ue implicó también una crisis política y social, las élites capitalistas no tardaron en mostrar su respuesta, que comenzó en el Chile de Pinochet, los EEUU de Reagan y l aGran Bretaña de Thatcher. Ante la crisis, los Estados debían reducir su faceta social, aumentar las políticas de control, favorecer la mercantilización del individuo y atacar a las organizaciones sociales. Es más , esa ofensiva capitalista ha ido extendiéndose e intensificándose con el tiempo: hemos visto reproducirse este tio de políticas coincidiendo con situaciones de crisis o emergencias de cualquier tipo. Como ejemplo, podemos ver como las leyes garantistas y la normas no escritas que parecían solidamente afectadas desaparecen o se dejan vacías de contenido. A la vez, se aprueban nuevas leyes adaptadas cada vez más a las necesidades del Capitalismo, unas impulsadas por la socialdemocracia y otras por la derecha.
Estas transformaciones se entienden mejor si tratamos de profundizar en el papel de la Administración Pública. El Estado moderno es, según Marx, la institución que representa a los intereses empresariales fuera de los centros de trabajo. Sus funciones principales son ser el aparato burocrático de dominación del Capitalismo, mantener el orden social y los privilegios de clase, impulsar las leyes e infraestructuras para la explotación de la población asalariada y del entorno natural, y garantizar la transferencia de recursos colectivos hacia las élites. Esta dinámica se ha dado en regímenes fascistas, en los de las democracias parlamentarias y en los del capitalismo de Estado(mal llamados socialismo real).
Las instituciones estatales están subordinadas a los intereses del Capital. Su funcionamiento normal depende de la situación de la economía y de la voluntad de las empresas capitalistas para sostener economicamente a estas entidades principalmente en forma de créditos. De hecho estas organizaciones tienden a funcionar cada vez más siguiendo lógicas empresariales. La política institucional entendida como representación es una forma de encubrir la relación de dominación que ejercen quienes tienen la propiedad y la capacidad de decisión acerca de los medios para sostener la vida, sobre los que solo podemos vender nuestra fuerza de trabajo. Los procedimientos legislativos y la burocratización del sistema de representación son formas de disimular el ejercicio del poder real. Los gestores políticos son solo eso, gestores de las voluntades de las élites.
El sentido y la aplicación de las leyes en cada momento no depende tanto del color político que gobierne como de la relación de fuerzas real, medida en la calle en forma de presión social o capacidad ded esestabilización. En periodos de movilización fuerte, aun con gobiernos de derechas, se suelen conseguir más logros que en otros de paz social, aun con gobiernos socialdemocratas. Por eso, a nivel estratégico resulta interesante prioriar la construcción y el fortalecimiento de comunidades de lucha que estén implicadas en conflictos vinculados con el sostenimiento de la vida. En cambio, aferrarse como si fueran talismanes protectores a leyes concretas puede ser útil fugazmente pero a la larga es una apuesta debilitante que nos deja atrapados en los pasillos de la Adminstración.
La totalidad
“En 1983 Margaret Thatcher fuew reelegida para gobernar Gran Bretaña. En su primer mandato había tratdo de imponer una cultura adapatada a las necesidades del Mercado. Entre otras iniciativas promovió un individualismo hostil a toda idea de colectividad que no se alinease con el Capitalsimo, impulsó políticas para la defensa de la propiedad y promovió la discriminación de determinados sectores de la población como chivos expiatorios hacia los que redirigir el malestar social. Thatcher defendía que la sociedad no existe, solo los individuos y las familias. En sus políticas redujo al máximo la intervención social del Estado, privatizó empresas públicas, desreguló las relaciones laborales y apostó por un control social más férreo de la población. Además, a nivel internacional promovió la guerra en las islas Malvinas. En su segundo mandato decidió cerrar gran parted e la industria minera y de paso declararle la guerra a las organizaciones de trabajadores. Thatcher lo expresó así”: Tuvimos que luchar contra el enemigo externo en las Malvinas. Pero siempre tenemos que estar atentos al enemigo interno, que es mucho más difícil de combatir y más peligroso para la libertad.
“La huelga de los mineros empezó en noviembre de 1984 y duró un año. Entremezclándose con las actividades de protesta de los trabajadores de las minas, surgieron asociaciones de apoyo mutuo en las zonas afectadas. Estas asociaciones estaban impulsadas sobre todo por mujeres y organizaban manifestaciones, recogida de fondos, comedores populares y eventos culturales solidarios. A lo largo de esos meses en las zonas mineras se estableció una convivencia estrecha, cercada por una ocupación policial agresiva. Se experimentó con formas diferentes de relación entre el vecindario que iba en dirección contraria a la ideología individualista y mercantilizadora que estaba tratando de imponer el gobierno. En un contexto de lucha y represión estas mujeres consiguieron generar unas prácticas de lucha que no solo iban en contra, sino que desbordaban las ideologías capitalista y patriarcal”.
La ofensiva del gobierno inglés contra las comunidades mineras y explotadas en general durante aquellos años fue económica, mediática, cultural, represiva y también atacaba toda idea de colectividad que alterase la normalidad el Mercado. A partir de los años 80 la tendencia dominante entre las políticas públicas en los países de la región noratlántica ha seguido, con variaciones, las tesis thacherianas. Se ha impulsado una cultura del emprendedor que nos convierte en productos para el mercado laboral (fomentando la competitividad, la auto-explotación y la culpa por l apropia situación laboral), se ha promovido un ideal de clase media que promete la salvación por medio de la inversión y se han promocionado unos sucedáneos de colectividad basados en las redes y el consumo. Al mismo tiempo se han desplegado mecanismos de control digital y físico mucho más desarrollados. Hay además, una criminalización constante de determinados sectores de la población constantes de determinados sectores de la población, especialmente los migrantes.
La respuesta de las mujeres de las cuencas mineras apuntaba a una crítica que iba más allá de la oposición al cierre de las minas, con sus actividades ponían en cuestión el modelo de vida que se les había impuesto. Sus prácticas cuestionaban la exaltación del individualismo egoísta, el interes económico como eje de la vida o la familia patriarcal como unica forma de colectividad. Un modelo social que pretende dominar todos los aspectos de nuestra vida, gobernar los cuerpos y las almas como se decía en la Edad Media, es un modelo totalitario. Para hacerle frente es necesario cuestionarlo de manera total y afrontar los conflictos en toda su profundidad, renunciar a ésto y adoptar estrategias puramente defensivas es entregarle el campo de disputa a las élites capitalistas.
El modo o el nivel de vida
“Detroit o paterson son dos ciudades de zonas muy diferentes de EEUU, pero tienen al menos dos cosas en común. En ambas hubo una industria fuerte que las convirtió en simbolos del capitalismo estadounidense del siglo pasado. A partir de los años 60 la producción empezó a trasladarse a otros territorios y estas dos ciudades se sumieron en una crisis profunda. Hubo desidos, paro, miseria y emigración. Pero con el tiempo, en ambas ciudades han ido apareciendo productos comunitarios de base que trtan de sostener la vida con prácticas colectivas que escapan a las lógicas capitalistas. En estas redes se ensayan actividades colectivas con huertos urbanos, grupos de apoyo mutuo y espacios culturales y de otro tipo, que tienen como horizonte vivir de forma más digna aún en condiciones difíciles”.
A nivel internacional hemos entrado en una época de competición intensa por recursos, territorios e influencia. Se está imponiendo una lógica de guerra por las debilidades relativas de cada potencia y de cada territorio. La región noratlántica lleva varias décadas inmersa en un proceso de decadencia que no tiene pinta de acabar. En el plano local, el desmantelamiento del tejido industrial, la primacía del sector servicios y el aumento de la población excluida del mercado laboral son ya una constante. La mayoría de las reivindicaciones tradicionales de la izquierda tienen como referente una idea de bienestar basada en la capacidad de consumo y están impregnadas de nostalgia por una imagen idealizada del Estado de Bienestar. Su eficacia se suele medir según el eco mediático, el número de afiliados o la participación en mesas de negociación. La contestación atrapada en el “malmenorismo” es tan nihilista como el Capitalismo, porque asumed e entrada la derrota y renuncia a ir más allá de su juego.
Nuestra práctica debería tener el cuestionamiento del modo de vida capitalista como un eje de intervención estratégico, y el impulso a las iniciativas comunitaria de lucha podría permitir avanzar en eses entido enla menos dos aspectos. A nivel interno, abría la posibilidad de conseguir mayor autonomía en el sostenimiento de la vida respecto a las dinámicas del mercado y de las instituciones y, al mismo tiempo, podría ayudar a ensayar formas de relación que vayan más allá de la lógica capitalista. Hacia afuera, podría ayudar a mejorar nuestra capacidad para tejer alianzas y obstaculizar los proyectos de las élites políticas y econóicas en sus distintos ámbitos.
La circulación
“Los bloqueos de carreteras por los piqueteros durante la crisis argentina en 2001, los cortes de ruta en la guerra del Gas en Bolivia en 2003 y la ocupación de las rotondas por los chalecos amarillos en 2018 forman parte de una misma tradición de lucha. La interrupción de las vías de comunicación por las que circulan mercancías y personas es tan antigua como el Capitalsimo. Ya en el iglo XVIII, con el auge del comercio maritimo, se bloqueaban los puertos europeos para reivindicar subidas salariales y fijar los precios de las mercancías. La principal forma de lucha de la población explotada y excluída de aquella época consistía en interrumpir la circulación de productos en puertos y mercados. La industrialización convirtió a la fábrica en el espacio donde más se sentía la explotación y en el que había más posibilidades de organizarse. A medida que la industrialización se extendió, la huelga pasó a ser la forma de protesta más habitual y se ha mantenido así hastq finales del siglo XX”.
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yo4 jun4 jun a las 19:55DERIVA TOTALITARIA Y FIN DE LA FORMALIDAD DEMOCRÁTICA
Impulsar estrategias que tengan voluntad transformadora es una tarea lenta, y además, en un contexto tan cambiante como el actual es dífícil saber con qué escenarios nos vamos a encontrar en los próximos años. Aún así conviene hacer el esfuerzo de mirar más allá de la próxima manifestación o de la última ley aprobada, pues se trataría no tanto de adivinar el futuro como de atisbar los efectos futuros que podrían tener las apuestas que hacemos hoy. Hay algunas tendencias y situaciones cíclicas que nos dan pistas de lo que puede pasar, y también hay experiencias de lucha que podrían aportarnos ideas sobre cómo encararlo. Lo que sigue es un intento de localizar esas tendencias y pretende ser una contribución para tratar e afinar mejor nuestras propuestas.
En sus orígenes, la idea de crisis se refería a un período decisivo en que se producían cambios fundamentales. En los años 70 comenzó una de esas etapas con la crisis de los combustibles fósiles (1973), más tarde, esa misma crisis se ha ido manifestando con otras formas: como la de las puntocom (2000), la financiera (2008) la del Covid (2020), o las regionales como la de la deuda en Amércica Latina (1982), la asiática (1987) la rusa (1998) o la argentina (2001). A pesar de sus distintas formas, estos períodos son expresiones diversas de una misma crisis de ciclo más largo que puso fin a los llamados Treinta Añós Gloriosos, una época de expansión económica sostenida que se dio en muchos países tras la 2ª Guerra Mundial. Este proceso de crecimiento se apoyó en la reconstrucción tras la guerra, la industrialización, el fomento del consumo y las materias primas baratas extraídas por medio del neocolonialismo, entre otras causas.
En los países de la región noratlántica, la prioridad de los gestores políticos tras la guerra fue mantener la estabilidad y la paz social para no perjudicar a la economía. Con ese propósito los partidos de derechas y los socialdemócratas llegaron a un pacto que algunos han llamado el “consenso social liberal”. Fue un compromiso que definía el especto de las políticas que se entendían como “aceptables”. Este arco incluía la aceptación de un conjunto de leyes compartidas que diesen imagen de neutralidad al Estado, cierta intervención estatal para dinamizar la economía, algunas ventajas para la población asalariada y excluida en forma de políticas soiales, y el reforzamiento de los canales institucionales para la gestión de la conflictividad social.
Así, vemos como el “consenso social liberal” ha sido una construcción ideológica propia del período expansivo de la economía. Este marco ideológico ha servido a los gestores estatales para mantener el debate político dentro de unas coordenadas definidas. Sin embargo, la aparición cada vez más frecuente de las crisis hace que este consenso haya llegado a una especie de época otoñal. Cada vez que las élites económicas han percibido que sus beneficios peligraban, las instituciones estatales han mostrado su parcialidad, como pasó en 2008 con los rescates a las empresas y las leyes represivas dirigidas a contener la protesta. A medida que ha ido avanzando la crisis, el Estado se ha ido deshaciendo de sus sus políticas sociales, al tiempo que los gastos se han ido rredirigiendo hacia el control y el militarismo. La forma democrática está dejando paso a la estructura dura del Estado. Al mismo tiempo, y con el objetivo de adaptar a la población a las nuevas necesidades del Capital, se están promoviendo hábitos y formas culturales que mercantilizan todos los aspectos de la vida.
El espejismo de la neutralidad
“El 15 de marzo de 2020, en plena crisis sanitaria, el gobierno declaró el Estado de Alarma e impuso un confinamiento que duró cien días. En eso meses se desplegaron fuerzas militares y policiales que ocuparon el territorio, sobretodo en las ciudades. Se promocionó una visión punitiva del mantenimiento de la salud colectiva con el fin de ocultar las miserias de la industria alimentaria y de la institución sanitaria. Como consecuencia aumentaron exponencialmente los casos de detenciones arbitrarias y abusos policiales, especialmente entre los sectores de población que son estigmatizados habitualmente por los medios. La estructura autoritaria de l Estado se expresó con la nitidez de una radiografía, asegurándose los beneficios empresariales y manteniendo el orden de forma estrricta a costa de aumentar las situaciones de desigualdad.
A esar del ambiente represivo, muchas personas consiguieron organizarse para establecer redes de apoyo mutuo. La iniciativa partió, a menudo, de organizaciones de barrio que consiguieron implicar a parte del vecindario en el funcionamiento de sesas redes. Se impulsaron bancos de alimentos, actividades de ayuda presencial, espacios para el asesoramiento legal y otras formas de apoyo. Muchas de estas tareas implicaban bordear o saltarse las normas. Aún así, las redes mantuvieron su actividad y algunas contribuyeron al surgimiento de estructuras locales de apoyo mutuo más estables. Posteriormente, podemos ver ejmplos derivados de aquellas prácticas, como la respuesta social a la DANA de Valencia, que heredó rasgos de aquellas iniciativas”.
A veces se comprenden mejor las decisiones de los gobernantes si prestamos atención a las ideas que les inspiran. En los años 50 entre la élite política estaba de moda leer a autores como Hanna Arendt o Max Weber, que eran exponentes de lo que se consideraba un pensamiento aceptable. Sin embargo, un autor muy de moda en el entorno de la política institucional de hoy es Carl Schmitt. Schmitt fue un jurista alemán el cual los años 20 que teorizó sobre la defensa del orden capitalista en períodos de crisis. Lo hizo tras la 1ª Guerra Mundial al servicio de la República de Weimar y luego para los nazis, prestando especial atención al artículo de la Constitución alemana dedicado al Estado de Excepción. Schmitt veía en la gestación de las crisis una oportunidad para que el Estado pudiese desechar las formalidades democráticas e implantar las medidas necesarias para defender el orden capitalista. En aquellos momentos en que el tiempo normal parecía romperse, el Estado debía presentarse como el héroe salvador que declararía una excepción sobre las leyes y tomaría decisiones unilaterales pasando por encima de las formalidades establecidas. Una vez recuperado el orden habitual los gobernantes deberían dar forma legal a aquellas decisiones tomadas. Por su parte, las autoridades también deberían reencantar a la población con la polític ade un Estado fuerte, capaz de defender el orden contra algún enemigo “útil”, exterior o interior, y neutralizarlo.
Curiosamente, Carl Schmitt defendía que los conceptos políticos son ideas religiosas secularizadas. Schmitt veía los momentos de crisis graves en los que el soberano, el Estado, muestra su cara más autoritaria como una especia de milagro que le sirve para legitimarse tanto a si mismo como a sus políticas. En esos momentos de crisis los gobernantes establecen medidas especiales que luego se normalizan en los códigos legales(como el artículo 135 de la Constitución sobre estabilidad presupuestaria o la ley mordaza para las protestas). Las manifestaciones de la crisis son instantes en que la estructura autoritaria del Estado se muestra como en una radicografía. Las vestimentas legales, los complementos parlamentarios y los rituales demodráticos quedan en segundo plano en la medida en que las expresiones de la crisis han sido mas profundas, esta estructura ha ido cobrando más importancia y las formalidades del “consenso social liberal” se han ido ajustando a ella o han ido decayendo. Por eso hace falta desmontar la fantasía del Estdo neutral, que se presenta como un dios imparcial al que es posible redirigir.
Los talismanes legales
“A mediados de los años 70, en plena decadencia agresiva del régimen franquista, las luchas obreras cogieron un gran impulso y se expresaron sobre todo en forma de huelgas. Como consecuencia de este ciclo de luchas, los salarios subieron mucho y las condiciones laborales mejoraron. Otros efectos de estas movilizaciones fueron el establecimiento de mecanismos para gestionar los conflictos desde los despachos y la aprobación de la primera ley de huelgas, que fijaba un marco en que éstas se podían realizar así como unos límites para que no afectasen a la estabilidad del sistema y de la economía.
En 2011, en el contexto de la crisis financiera, un gobierno socialdemócrata decretó por primera vez en 25 años la congelación de las pensiones. Dos años más tarde, ya con un gobierno ded erechas, se instauró una nueva ley que convertía en permanente la medida de emergencia adoptada dos años antes. La subida de los precios y de los beneficios empresariales en los años siguientes contribuyeron a movilizar a los pensionistas, algunos de los cuales seguramente habían participado en las huelgas de los años 70. en el año 2018 las movilizaciones pensionistas tuvieron un gran impacto, consiguiendo que se anulase aquella ley y se volviesen a revalorizar las pensiones”.
Tras el estallido d ella crisis de los 70, ue implicó también una crisis política y social, las élites capitalistas no tardaron en mostrar su respuesta, que comenzó en el Chile de Pinochet, los EEUU de Reagan y l aGran Bretaña de Thatcher. Ante la crisis, los Estados debían reducir su faceta social, aumentar las políticas de control, favorecer la mercantilización del individuo y atacar a las organizaciones sociales. Es más , esa ofensiva capitalista ha ido extendiéndose e intensificándose con el tiempo: hemos visto reproducirse este tio de políticas coincidiendo con situaciones de crisis o emergencias de cualquier tipo. Como ejemplo, podemos ver como las leyes garantistas y la normas no escritas que parecían solidamente afectadas desaparecen o se dejan vacías de contenido. A la vez, se aprueban nuevas leyes adaptadas cada vez más a las necesidades del Capitalismo, unas impulsadas por la socialdemocracia y otras por la derecha.
Estas transformaciones se entienden mejor si tratamos de profundizar en el papel de la Administración Pública. El Estado moderno es, según Marx, la institución que representa a los intereses empresariales fuera de los centros de trabajo. Sus funciones principales son ser el aparato burocrático de dominación del Capitalismo, mantener el orden social y los privilegios de clase, impulsar las leyes e infraestructuras para la explotación de la población asalariada y del entorno natural, y garantizar la transferencia de recursos colectivos hacia las élites. Esta dinámica se ha dado en regímenes fascistas, en los de las democracias parlamentarias y en los del capitalismo de Estado(mal llamados socialismo real).
Las instituciones estatales están subordinadas a los intereses del Capital. Su funcionamiento normal depende de la situación de la economía y de la voluntad de las empresas capitalistas para sostener economicamente a estas entidades principalmente en forma de créditos. De hecho estas organizaciones tienden a funcionar cada vez más siguiendo lógicas empresariales. La política institucional entendida como representación es una forma de encubrir la relación de dominación que ejercen quienes tienen la propiedad y la capacidad de decisión acerca de los medios para sostener la vida, sobre los que solo podemos vender nuestra fuerza de trabajo. Los procedimientos legislativos y la burocratización del sistema de representación son formas de disimular el ejercicio del poder real. Los gestores políticos son solo eso, gestores de las voluntades de las élites.
El sentido y la aplicación de las leyes en cada momento no depende tanto del color político que gobierne como de la relación de fuerzas real, medida en la calle en forma de presión social o capacidad ded esestabilización. En periodos de movilización fuerte, aun con gobiernos de derechas, se suelen conseguir más logros que en otros de paz social, aun con gobiernos socialdemocratas. Por eso, a nivel estratégico resulta interesante prioriar la construcción y el fortalecimiento de comunidades de lucha que estén implicadas en conflictos vinculados con el sostenimiento de la vida. En cambio, aferrarse como si fueran talismanes protectores a leyes concretas puede ser útil fugazmente pero a la larga es una apuesta debilitante que nos deja atrapados en los pasillos de la Adminstración.
La totalidad
“En 1983 Margaret Thatcher fuew reelegida para gobernar Gran Bretaña. En su primer mandato había tratdo de imponer una cultura adapatada a las necesidades del Mercado. Entre otras iniciativas promovió un individualismo hostil a toda idea de colectividad que no se alinease con el Capitalsimo, impulsó políticas para la defensa de la propiedad y promovió la discriminación de determinados sectores de la población como chivos expiatorios hacia los que redirigir el malestar social. Thatcher defendía que la sociedad no existe, solo los individuos y las familias. En sus políticas redujo al máximo la intervención social del Estado, privatizó empresas públicas, desreguló las relaciones laborales y apostó por un control social más férreo de la población. Además, a nivel internacional promovió la guerra en las islas Malvinas. En su segundo mandato decidió cerrar gran parted e la industria minera y de paso declararle la guerra a las organizaciones de trabajadores. Thatcher lo expresó así”: Tuvimos que luchar contra el enemigo externo en las Malvinas. Pero siempre tenemos que estar atentos al enemigo interno, que es mucho más difícil de combatir y más peligroso para la libertad.
“La huelga de los mineros empezó en noviembre de 1984 y duró un año. Entremezclándose con las actividades de protesta de los trabajadores de las minas, surgieron asociaciones de apoyo mutuo en las zonas afectadas. Estas asociaciones estaban impulsadas sobre todo por mujeres y organizaban manifestaciones, recogida de fondos, comedores populares y eventos culturales solidarios. A lo largo de esos meses en las zonas mineras se estableció una convivencia estrecha, cercada por una ocupación policial agresiva. Se experimentó con formas diferentes de relación entre el vecindario que iba en dirección contraria a la ideología individualista y mercantilizadora que estaba tratando de imponer el gobierno. En un contexto de lucha y represión estas mujeres consiguieron generar unas prácticas de lucha que no solo iban en contra, sino que desbordaban las ideologías capitalista y patriarcal”.
La ofensiva del gobierno inglés contra las comunidades mineras y explotadas en general durante aquellos años fue económica, mediática, cultural, represiva y también atacaba toda idea de colectividad que alterase la normalidad el Mercado. A partir de los años 80 la tendencia dominante entre las políticas públicas en los países de la región noratlántica ha seguido, con variaciones, las tesis thacherianas. Se ha impulsado una cultura del emprendedor que nos convierte en productos para el mercado laboral (fomentando la competitividad, la auto-explotación y la culpa por l apropia situación laboral), se ha promovido un ideal de clase media que promete la salvación por medio de la inversión y se han promocionado unos sucedáneos de colectividad basados en las redes y el consumo. Al mismo tiempo se han desplegado mecanismos de control digital y físico mucho más desarrollados. Hay además, una criminalización constante de determinados sectores de la población constantes de determinados sectores de la población, especialmente los migrantes.
La respuesta de las mujeres de las cuencas mineras apuntaba a una crítica que iba más allá de la oposición al cierre de las minas, con sus actividades ponían en cuestión el modelo de vida que se les había impuesto. Sus prácticas cuestionaban la exaltación del individualismo egoísta, el interes económico como eje de la vida o la familia patriarcal como unica forma de colectividad. Un modelo social que pretende dominar todos los aspectos de nuestra vida, gobernar los cuerpos y las almas como se decía en la Edad Media, es un modelo totalitario. Para hacerle frente es necesario cuestionarlo de manera total y afrontar los conflictos en toda su profundidad, renunciar a ésto y adoptar estrategias puramente defensivas es entregarle el campo de disputa a las élites capitalistas.
El modo o el nivel de vida
“Detroit o paterson son dos ciudades de zonas muy diferentes de EEUU, pero tienen al menos dos cosas en común. En ambas hubo una industria fuerte que las convirtió en simbolos del capitalismo estadounidense del siglo pasado. A partir de los años 60 la producción empezó a trasladarse a otros territorios y estas dos ciudades se sumieron en una crisis profunda. Hubo desidos, paro, miseria y emigración. Pero con el tiempo, en ambas ciudades han ido apareciendo productos comunitarios de base que trtan de sostener la vida con prácticas colectivas que escapan a las lógicas capitalistas. En estas redes se ensayan actividades colectivas con huertos urbanos, grupos de apoyo mutuo y espacios culturales y de otro tipo, que tienen como horizonte vivir de forma más digna aún en condiciones difíciles”.
A nivel internacional hemos entrado en una época de competición intensa por recursos, territorios e influencia. Se está imponiendo una lógica de guerra por las debilidades relativas de cada potencia y de cada territorio. La región noratlántica lleva varias décadas inmersa en un proceso de decadencia que no tiene pinta de acabar. En el plano local, el desmantelamiento del tejido industrial, la primacía del sector servicios y el aumento de la población excluida del mercado laboral son ya una constante. La mayoría de las reivindicaciones tradicionales de la izquierda tienen como referente una idea de bienestar basada en la capacidad de consumo y están impregnadas de nostalgia por una imagen idealizada del Estado de Bienestar. Su eficacia se suele medir según el eco mediático, el número de afiliados o la participación en mesas de negociación. La contestación atrapada en el “malmenorismo” es tan nihilista como el Capitalismo, porque asumed e entrada la derrota y renuncia a ir más allá de su juego.
Nuestra práctica debería tener el cuestionamiento del modo de vida capitalista como un eje de intervención estratégico, y el impulso a las iniciativas comunitaria de lucha podría permitir avanzar en eses entido enla menos dos aspectos. A nivel interno, abría la posibilidad de conseguir mayor autonomía en el sostenimiento de la vida respecto a las dinámicas del mercado y de las instituciones y, al mismo tiempo, podría ayudar a ensayar formas de relación que vayan más allá de la lógica capitalista. Hacia afuera, podría ayudar a mejorar nuestra capacidad para tejer alianzas y obstaculizar los proyectos de las élites políticas y econóicas en sus distintos ámbitos.
La circulación
“Los bloqueos de carreteras por los piqueteros durante la crisis argentina en 2001, los cortes de ruta en la guerra del Gas en Bolivia en 2003 y la ocupación de las rotondas por los chalecos amarillos en 2018 forman parte de una misma tradición de lucha. La interrupción de las vías de comunicación por las que circulan mercancías y personas es tan antigua como el Capitalsimo. Ya en el iglo XVIII, con el auge del comercio maritimo, se bloqueaban los puertos europeos para reivindicar subidas salariales y fijar los precios de las mercancías. La principal forma de lucha de la población explotada y excluída de aquella época consistía en interrumpir la circulación de productos en puertos y mercados. La industrialización convirtió a la fábrica en el espacio donde más se sentía la explotación y en el que había más posibilidades de organizarse. A medida que la industrialización se extendió, la huelga pasó a ser la forma de protesta más habitual y se ha mantenido así hastq finales del siglo XX”.
Una de las manifestaciones de la crisis actual es que a las élites inversoras ya no les basta con producir cada vez más, tratando de reducir al mínimo la fuerza de trabajo, para garantizarse beneficios crecientes. Ahora la producción de mercancías está sometida a las condiciones de su transporte y comercialización. La logística y el mercado han recuperdo un nuevo protegonismo en el actual ciclo econóico y eso implica cambios profundos a nivel social. Los sectores económicos ligados al transporte y al comercio se han colocado en el centro de la economía, sobretodo en nuestro entorno cercano. Además, la nueva estructura económica deja fuera del mercado laboral a un sector granded e población que, sin salario. Se enfrenta a precios inflados por los intermediarios y la especulación.
Los bloqueos de vías de comunicación son una de las formas de lucha que ha ido tomando protagonismo en los últimos tiempos, pero no la única. La ocupación de tierras o edificios también interrumpe la circulación de mercancías. Las protestas en los centro de las ciudades (centros sobretodo comerciales), las expropiaciones y los saqueos forman parte también de esta tradición de lucha, que busca intervenir aunque sea fugazmente en el mercado.
La política autoritaria
La crisis de l apolíticainstitucional avanza de forma paralela a la del Capital. En épocas de crisis econóica la gestión estatal se ajusta al milímetro a las necesidades de las élites capitalistas. El carácter autoritario del capital se expresa abiertamente en las estructuras estatales y en la política, sea en su forma mandona o condescendiente. Si la competencia entre países por los recursos nautarales se ha vuelto más agresiva y la competencia entrre empresas por controlar el mercado es cada vez más salvaje, también la competencia entre las fuerzas políticas por captar seguidores se ha hecho feroz. El sometimiento de los gestores políticos a los intereses empresariales les convierte en un producto con poco gancho, de ahí que se puedan ver operaciones similares a las de la competencia empresarial pero en el campo de la política, por un puñado de seguides.
La reñida competición entre organizaciones políticas suele ocultarlas similitudes que comparten con el proyecto capitalista y de las élites. También deja en un segundo plano el hecho de que para conseguir sus objetivos, muchas no dudan en instrumentalizar a determinados sectores de la población, a los que abandonan cuando ya no les son útiles. A nivel interno, la mejor manera de oponerse a esta ola autoritaria es fortalecer la horizontalidad de nuestras organizaciones, fomentar la participación inclusiva en las decisiones estratégicas y mantener las estructuras de coordinación controladas desde la base.
Conflictividad horiaontal o transformación socialdemocracia
“Durante el mandato de Barak Obama, las deportaciones formales de migrantes registraron su máximo histórico (más de dos millones de personas) y la agencia encargada 8ICE) tuvo gran protagonismo. Trump llegó al poder de la mano de movimientos abiertamente racistas y su discurso ha fomentado el enfrentamiento racial y la criminalización de los colectivos migrantes. Las redadas masivas de los últimos meses por los agentesd e ICE se han encontrado de frente con un movimiento de oposición que ha llevado al gobierno a desplegar a los militares en muchas ciudades. El movimiento anti-ICE es heredero y continuador de las luchas anti-punitivas de las feministas negras, las luchas contra los abusos policiales como la de de Black Lives Matter(BLM) o las iniciativas para la desfinanciación de la policía.
Algunas organizaciones politicas y gobernantes, generalemnte de derechas pero no solo, fomentan la discriminación contra determinadores sectores de la población como los migrantes o las mujeres. Lo hacen para transformar los malestares que genera el modelo de relaciones vigente en un enfrentamiento entre colectivos sociales y construir algún tipo de comunidad política en torno a ese enfrentameinto.
Las luchas contra el Capitalismo racista estadounidense, contra su violencia estructural y física han adoptado diversas formas a lo largo del tiempo. Algunas de ellas han conseguido extenderse rápido como BLM o se han desplegado por el territorio, como lal lucha contra las redadas de ICE. Otras, más localizadas, han conseguido ir más allá de lo defensivo para oponerse a la construcción de campos de entrenamiento policial o cuestionando la financiación de la policía. Éstas últimas son especialmente interesantes porque tratan de redefinir el tipo de conflicto. Han ido más allá del marco “guerracivilesco” en que pretenden encerrarnos estas dinámicas y ponen en cuestión el modelo de dominación y las bases sobre las que éste se asienta.
Entrar en una nueva etapa
Atravesar una época de crisis como la actual requiere adaptar nuestras prácticas a un contexto muy cambiante. La nostalgia por el llamado Estado de Bienestar como proyecto político es un delirio de la socialdemocracia que nos impide comprender el potencial transformador de los conflictos actuales. Al margen de las mejoras que se puedan arrancar a las instituciones en algunos momentos, conviene no olvidar la función real que cumple la administración estatal en el modelo capitalista. Especialmente en una situación de crisis, en la que las leyes dependen más que nunca de la relación de fuerzas que se revela en cada conflicto social.
Los malestares sociales giran cada vez más en torno a los medios para el sostenimiento de la vida, por eso convendría poner en el centro del debate qué modelo de vida estamos gomentando. El ideal de la clase media para losnativos cumple la misma función que la promesa de integración para los migrantes: la de domesticar todos aquellos aspectos culturales o de la personalidad que estorban el funcionamiento normal del mercado. En cada uno de esoso desajustes hay un potencial par construir comunidades de lucha.
el Capitalismo necesita expandirse de forma permanente, para ello ocupa territorios donde antes no llegaba y también trata de colonizar las “almas”, nuestros imaginarios. La cultura capitalista, la mentalidad competitiva y los rituales de consumo se integran en nuestras formas de relación y hábitos, desplazando a otras formas de ver y hacer. Este monocultivo cultural a largo plazo genera insatisfacción, nuevos malestares y desesperación. Construir espacios y situaciones donde se pueda recuperar el contacto con la vida es una necesidad para la salud colectiva. Lo colectivo y las relaciones que se generan en el contexto de un alucha, son oportunidades para volver a poner en práctica otras formas de ver el mundo. Esas otras perspectivas y hábitos son útiles para vivir más dignamente hoy, pero también apuntan posibilidades de transformación scoial, porque traen a primer plano las tendencias hacia la emancipación que siempre han estado ahí, aunque su potencial se encuentre en estado latente.
DAVID FUSTER
Extraído de la revista libertaria v”Ekintza Zuzena” nº 52 2026
Una de las manifestaciones de la crisis actual es que a las élites inversoras ya no
