RESISTENCIAS A LA IMPOSICION ESTÉTICA CORPORAL

Resultado de imagen de la belleza como salud En la actualidad, se está convirtiendo el cuerpo de las personas en un capital que encarna una diferencia social. El cuerpo comunica una identidad denigrada o ensalzada que dota de capital cultural en determinados contextos. Para que un recurso como el cuerpo se haya convertido en un capital significa que está integrado en un mercado de cuerpos. Generalmente no hay un cálculo general del efecto que produce el cuerpo en todos los espectadores.

En la Grecia clásica, los cuerpos no incorporaban las marcas de una diferencia social (los cuerpos de los ciudadanos, los esclavos y los metecos eran indistinguibles). El filósofo Sócrates ligó el atletismo (culto al cuerpo) con la inutilidad política y la enfermedad pues incapacitaba políticamente y el cuerpo era ingobernable en realidad. Eurípides consideraba el atletismo como la peste de Grecia. Las hazañas corporales competían con la capacidad cultural y política. Los griegos consideraban que la belleza física no dependía de un único patrón y no se podía convertir en un capital. No se podía cultivar el cuerpo. Creían que la gordura podía combinarse perfectamente con la salud. En resúmen: el cuerpo era indisponible pedagógicamente; la belleza era plural; el atletismo era inútil. Ni la morfología del cuerpo ni la moda distinguía socialmente. La sociedad griega era desigualitaria pero no arbitró diferencias en las relaciones cara a cara.

El capital erótico del cuerpo es difícilmente institucionalizable pues es insano. Pero no vale solo como recurso. Al hacerse capitalizable supone un patrón único de belleza (que sea retribuíble y capitalizable). El cuerpo debe ser cultivable y transformable y no natural. La cosmética debe justificarse por razones sanitarias. Ha de tener significado político encarnando valores sociales que lo trascienden (por ejemplo, la responsabilidad).

Así, los requisitos de la capitalización del cuerpo son:

1º Un proceso de unificación de los mercados de belleza (es una tendencia nunca consumada y siempre frágil).

2º La belleza corporal y la delgadez equivale al dinero.

3º La medicina vuelve el cuerpo disponible.

En la antigua Roma se unificó el ideal de la belleza por una división política de las clases. La gordura era símbolo de riqueza y elite. La belleza la representaban los adolescentes delgados.

En la Edad Media la belleza se centró en el rostro y la gordura representaba el vicio y la glotonería, pero no era mal vista (representaba valores de fuerza y abundancia). En las cortes, al final, la gordura se vió mal. Decayó la jerarquía de la sangre y el cuerpo se convirtió en espejo del alma.

En los siglos XVI y XVII la belleza se vincula cósmicamente con partes altas y nobles del cuerpo y partes bajas e innobles. Lo bello se asimila a lo divino y espiritual. No es valioso por si mismo sino en relación al alma.

Con el ascenso de la burguesía la virtud del alma se comunica al cuerpo. Hay una fuerte diferenciación social (el gordo y esbelto es rico).

En el siglo XVIII el cuerpo es susceptible de administración pedagógica (auge de la peluquería, la cosmética, etc).

Tras la Revolución Francesa vuelve la diferenciación ( provinciana tosca versus parisina bella, ligera y activa).

El espejo y la báscula aumentan la tensión corporal en las clases dominantes. La belleza del interior y la del exterior se comunicaban.

En el siglo XIX el gobierno del cuerpo se conecta con el gobierno de uno mismo. La belleza y la gordura empiezan a divergir primero en las mujeres y luego en los hombres. Los financieros se caracterizan por tener una fisonomía rotunda. La Bohemia impone un nuevo capital corporal (el imperativo de adelgazar). La delgadez supone aceptación social. El aspecto corporal es capital cultural.

En EEUU la delgadez exhibe el trabajo corporal del alma y su belleza y se legitima por la salud (unificación del mercado de la belleza). La moda no distinguirá edades y se delgadizará. Hay una nueva economía de legitimidad en la clase media (menos intelectual y mas corporal). Pero había diferencias nacionales. La unificación nunca fue completa. Por ejemplo, en EEUU los negros reivindicaban la corpulencia.

Hoy en día, solo las fracciones de clase mas disciplinadas en la nutrición y el ejercicio físico consiguen la delgadez como capital pues el mercado dietético favorece la obesidad y los trabajadores no pueden elaborar sus alimentos y tienden a dietas caloríficas.

En la consideración del cuerpo como capital fue esencial la legitimación sanitaria de la delgadez. Por otro lado, la coquetería femenina siempre fue criticada por el patriarcado, los moralistas y los religiosos. EL Indice de Masa Corporal (IMC) fue una credencial sobre la calidad de un individuo en salud y responsabilidad. Las credenciales son formas de crédito social en los intercambios sociales donde se presenta la incertidumbre. Se rompió la separación entre cosmética y salud. En 1920 la delgadez es marcador de clase y se identifica con la salud. Pero la relación delgado-salud era frágil.

Hoy en día se ha llegada a tal extremo que, por ejemplo, en EEUU los gordos pobres, negros y latinos, denotarían en su complexión su falla moral.

Pero, para asumir la ideología estética actual, se necesita la llamada a ser sujeto del culto al cuerpo, aceptar los baremos sociales dominantes y tener fe en la bondad del éxito corporal. Sin esto no hay interpelación de la norma social. Sin embargo, los fracasos masivos en adelgazar incapacitan para cumplir la norma. El reconocimiento es imposible. Se pierde el afecto si el futuro ansiado se convierte en una quimera. Si se cuestionan los patrones de belleza, o la posibilidad de alcanzarlos; si el atuendo se embrolla en signos sin significado social o si la apariencia física se rechaza como identidad moral parece difícil que se entienda el mercado donde el cuerpo sea capital con recompensa previsible. Nuestra sociedad funciona con patrones de belleza relativamente estables (delgadez), con prácticas de combinación del atuendo que cotizan según transmiten significados simbólicos facturados por la elite y con la idea de que el aspecto físico transmite cualidades morales de los individuos (cuidado de si, autodisciplina) pero cabe cuestionar los modelos hegemónicos de belleza y considerarlos indisponibles para la mayoría, como cual son en realidad. O el valor de los patrones de alta costura y sus imitadores y transmisores o, sencillamente, el sentido de la apariencia física para encarnar algo que no sea la caprichosa herencia genética o una ansiosa voluntad por domesticarla que cercena, por las energías que demanda, las potencialidades del individuo. En ese momento el relato del cuerpo deja de interpelarnos. La ideología de la belleza  nos impone algo que nos hace desconocer su función real. En este fracaso de este aspecto del Sistema social actual el desconocimiento desaparece y comienza la resistencia.

Hoy en día podemos hablar de mercado corporal unificado de belleza y de la conversión precaria del cuerpo en capital cultural. Desde 1930 la unificación de los mercados de belleza, la legitimación sanitaria y la valoración ética promovieron un prototipo determinado de cultura somática. Para la elite la delgadez es inexcusable y constituye el patrón oro de la belleza decretado como salud y atractivo y símbolo de autocontrol. Pero puede alterarse dicho proceso pues los mercados son plurales. No hay cánones oficiales de belleza y no hay acuerdo entre estética, salud y ética de la morfología corporal y las clases sociales divergen en sus condiciones de posibilidad de la belleza (más difícil la belleza cuanto mas pobre). En realidad, la rareza de la delgadez aparece cuando es mas valorada socialmente. En resumen, hay muchas dificultades materiales para encarnar los valores dominantes, lo que favorece la resistencia.

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